Perú: Fujimori y Sánchez van a una segunda vuelta electoral de fuerzas equilibradas
Por Emiliano Guido*
La palabra es fractura, no grieta. La sociedad peruana, en un clímax de polarización política, social y geográfica, acudirá a una cita de balotaje el próximo 7 de junio que replicará la antinomia partidaria de cinco años atrás.
Con aguda crisis de representatividad de fondo, Perú afronta un balotaje muy polarizado
Keiko Fujimori protagoniza su cuarta instancia en una segunda vuelta electoral. En las tres ediciones anteriores perdió y vio fallida la posibilidad de devolver el cetro presidencial a un linaje político que en la década de 1990, con represión ilegal y apertura económica extrema, forjó los contornos de hierro del modelo andino neoliberal vigente desde esos años. En contraposición, el curtido dirigente Roberto Sánchez intentará otro tipo de retorno político, en este caso la consagración institucional de una alianza ambigua en lo ideológico, pero con mucha representación y apoyo en los sectores andinos, rurales y amazónicos.
Carlos Bedoya, analista político que reside en Lima y con una vasta experiencia como consultor en medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil, habló con Tektónikos sobre las claves de la compulsa peruana. En el arranque de la charla, apeló a una figura irónica que gráfica el sentimiento en buena parte de la extensa y ecléctica comunidad progresista y popular del país sudamericano al momento de pensar su propio voto: “Votaré a Sánchez con la nariz tapada”.
A lo largo del artículo explicará el porqué de la expresión y los aspectos estructurales de un sistema político particular, maniatado por el poder de veto del Congreso hacia el Ejecutivo, donde los sellos partidarios se encumbran y desvanecen rápido, como ocurre con los fuegos artificiales.

En principio, Bedoya repara en un rasgo narrativo del sistema de medios de comunicación para explicar lo acentuadamente a la derecha que se ha corrido el menú electoral. En concreto, subraya que una candidata presidencial de la derecha tradicional, la dirigenta social cristiana Marisol Pérez Tello, fue tildada en reiteradas veces de “comunista” en algunos abordajes periodísticos y lo explica, como se advirtió anteriormente, en el hecho de que la primera vuelta electoral, para la cual se anotaron 35 fórmulas, lo que marca la dispersión del arco político, fue mayormente un desfile de expresiones partidarias conservadoras.
En ese sentido, Bedoya advierte que “en algún sentido es Pedro Castillo quien ha ganado la elección, porque logró articular un voto de revancha, sobre todo de las comunidades rurales y campesinas de las zonas andinas sur y norte, que se muestran como un bloque social capaz de cambiar las relaciones de fuerza contra los poderes fácticos que residen en Lima. Es –agrega- una base electoral que en su momento apoyó a los candidatos presidenciales (Ollanta) Humala, (Alejandro) Toledo, Verónica Mendoza o Castillo, una base social que varía de referentes, pero que siempre vota contra el centralismo de Lima, de los departamentos de la costa y los mandamientos políticos de la clase blanca“.
En un reciente artículo en El Cohete a la Luna, la economista Ariela Ruiz Caro señala al respecto que “la señora K, como se la denomina a Keiko Fujimori, ya empezó su campaña presidencial. Por su parte, Roberto Sánchez ha convocado a los partidos políticos del centro hacia la izquierda. A muchos de ellos les desagrada el candidato de Juntos por el Perú, tanto por la alianza que tiene con Antauro Humala como por posiciones consideradas oportunistas en la votación de algunos temas en el Congreso durante los últimos años”.
Un conteo largo con muchas derechas
La elección presidencial peruana tuvo signos de vodevil. Su conocida característica de archipiélago de representación -se trata de un sistema donde no hay hegemonías partidarias consolidadas- se profundizó aún más. Ninguno de los treinta y cinco candidatos alcanzó el 20% de los sufragios. De tal astillamiento, Keiko obtuvo poco más de 17% y Roberto Sánchez llega a la instancia definitoria con la magra cosecha del 12%.
En el artículo mencionado, Ruiz Caro agrega que “los resultados de las elecciones en el Perú dan cuenta de una crisis de representatividad de la sociedad. De un total de 27,3 millones de peruanos registrados en el padrón electoral, el actor más importante de la elección es un bloque de 9,6 millones que no votó por nadie (6,5 millones de ausentismo y 3,15 millones de votos nulos y blancos). Juntos, representan el 35,3% del padrón electoral, y más de tres veces los que ha recibido Keiko, la candidata más votada”.
Igualmente, el desempeño del candidato amigo del expresidente Castillo —el dirigente sindical reconocido por la estampa de su sombrero campesino, hoy detenido y víctima del lawfare peruano— logró una hazaña, introducir su lista en la final gracias a ganarle por muy escasos votos a Rafael López Aliaga, alias “Porky”, el ex alcalde Lima que representaba más que fielmente a la ola trumpista en la plaza local, y que sacó muy pocos votos menos que Sánchez.
El insólito conteo de votos se demoró por varios factores que es menester recordar para subrayar la fragilidad de la democracia peruana: López Aliaga acusó fraude desde el minuto uno sin presentar pruebas fehacientes, pero logró sin embargo que un porcentaje escaso del padrón sufragará al día siguiente en Lima con el resultado expuesto; además, el candidato amigo del intelectual mileísta Agustín Laje prometió una recompensa económica a los ciudadanos capaces de documentar “pruebas del fraude electoral”.
Más allá de las particularidades señaladas el ballotage ya está en marcha. Es interesante, al momento de perfilar a los contendientes, recuperar lo señalado por el periodista e investigador académico peruano Víctor Castillo en el programa de stream argentino “Un mundo feliz”.
En una extensa charla, Castillo caracteriza a Keiko como una integrante sagaz de la icónica familia política ya que, argumenta, la eterna candidata se ha intentado despegar levemente con el paso de los años del legado de su padre, a la manera que lo ha hecho por ejemplo Marine Le Pen en Francia con su propio progenitor. Se trata de un corrimiento leve, porque en lo estratégico implica una continuidad de su papá dictador, pero con el olfato político suficiente para interpretar otro momento histórico. En el citado reportaje, el periodista peruano describe a Keiko como una figura de derecha, pero menos furiosa con respecto a los exponentes de la corriente ultra que ha logrado posicionar presidentes en Argentina y Chile, por ejemplo.
A semanas de la instancia decisiva, los pro y los contra de cada candidato son bien nítidos. Keiko será la dueña de los votos de Lima, y los departamentos costeros; mientras que Roberto Sánchez recogerá su apoyo más fiel en los departamentos distantes de la capital, donde residen las dos cimas institucionales que rigen el poder permanente del modelo peruano, el Banco Central de conducción ortodoxa neoliberal que “garantiza” la “macro” (es decir los negocios, un modelo que quiere para sí el gobierno de Milei según lo ha dicho su ministro de Economía Luis Caputo) y el Congreso. A su vez, Sánchez no solo tiene mucho por crecer en la geografía señalada, también entre los jóvenes y las mujeres. Así lo explicó días atrás el politólogo Jhimer Monzón para el diario limeño La República: “Su estrategia en torno a las problemáticas de género ha sido insuficiente: en el debate (presidencial), no mencionó las condiciones laborales, psicológicas y culturales que enfrentan las mujeres en el Perú. En cuanto a la edad de sus votantes, Sánchez registra uno de los porcentajes más bajos de apoyo juvenil. El congresista cuenta con un 13,5% de respaldo en este segmento, se trata de un número muy bajo”.
Ceviche o papa a la huancaína
Por último, Tektónikos indagó a Carlos Bedoya sobre dos aspectos nodales de la inminente batalla electoral, una pregunta fue para intentar despejar el carácter político ambivalente de Sánchez, el otro interrogante versó sobre su pronóstico para las urnas.
—¿El balotaje será un calco de la última elección presidencial? O por el contrario, ¿en qué aspectos del comportamiento político puede modificarse esa foto a favor de Keiko?
— En esta oportunidad, Keiko tiene una oportunidad de ganar. Hasta el momento los sondeos están muy parejos. Es la primera vez que Fujimori hija, al iniciar una campaña de cara al balotaje, arranca en esa posición expectante. Si gana Keiko, va a contar con el apoyo de 22 senadores; por el contrario, de ganar Sánchez, iniciaría su gobierno con menor representación parlamentaria porque la mayor parte de los partidos con fuerza en el Congreso están más cerca del fujimorismo.
— ¿Qué factores de poder anidan, y con cuál estrategia, en un estamento que se halla de forma inalterable en la cima del modelo peruano como el Banco Central?
— El presidente del Banco Central, Julio Velarde (en su cargo desde hace veinte años) casi que es otro Jefe de Estado, los medios hegemónicos santifican su gestión por la baja de la inflación conseguida, que se sostiene en una represión salarial enorme. En ese sentido, Sánchez no cuenta con la fuerza política para cambiar la conducción ideológica del Banco Central.
— ¿Roberto Sánchez está más cerca de Antauro Humala (hermano del expresidente) y Castillo —es decir un nacionalismo conservador y popular- o de figuras como la ex ministra de izquierda Anahí Durand?
— Sánchez no es Castillo, pero fue ministro del expresidente, ahora se muestra cercano a su figura, lo visita periódicamente la cárcel. Igualmente, no creo que esté recostado de forma definitiva sobre ninguna corriente de su alianza política, se trata de un dirigente que centralmente acumula para su propia figura.
Y agregó el entrevistado: “Sánchez ha convivido con el fujimorismo para sobrevivir en el Congreso y no ser desaforado, pudo permanecer gracias a canjear votos con el anterior gobierno saliente. Me gustaría resaltar lo siguiente: en mi opinión el castillismo no es una fuerza democratizadora, pero sí carga la voluntad democratizadora de las comunidades rurales y campesinas que no quieren vivir bajo el arbitrio del pacto mafioso que reside en Lima. En conclusión, hay dos países totalmente distintos que no quieren vivir juntos”.
* En Tektónikos.
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