Una investigación revela la presencia de científicos vinculados a la petrolera saudí Aramco en los informes climáticos de la ONU

Una investigación revela la presencia de científicos vinculados a la petrolera saudí Aramco en los informes climáticos de la ONU

Las llamas de gas iluminan el cielo en una planta de Saudi Aramco en Ras Tanura.
Fotografía: Thomas J Abercrombie/National Geographic

Por Luz Micelio

El diario británico ‘The Guardian’ identifica al menos una docena de autores del IPCC con vínculos con la petrolera estatal saudí y otras instituciones del reino, y expertos advierten de que su política de conflictos de interés «no es apta para su propósito».

Una investigación publicada por The Guardian, elaborada en colaboración con un equipo de periodistas internacionales, ha revelado que al menos una docena de autores principales del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) están empleados por Saudi Aramco, por instituciones saudíes o mantienen vínculos con intereses petroleros y gasísticos. El IPCC es la organización más autorizada del mundo en ciencia climática y sus informes, aprobados por 195 países, sirven de base para las negociaciones climáticas de la ONU y para las políticas nacionales de todo el mundo.

La investigación se centró en los 223 autores principales del Grupo de Trabajo III, la parte del IPCC que evalúa cómo reducir o eliminar las emisiones de la atmósfera. Precisamente por evaluar políticas y tecnologías de reducción de emisiones, su trabajo es directamente relevante para los intereses económicos de países y empresas. El análisis identificó 20 casos con fuertes preocupaciones de conflicto de interés, de los cuales más de la mitad estaban vinculados a instituciones saudíes.

Dos empleados de Aramco entre los autores

Uno de los casos más llamativos es el de Mustafa Babiker, que trabaja para Saudi Aramco desde hace veinte años y fue nombrado autor principal coordinador del próximo Séptimo Informe de Evaluación. Su designación ya generó controversia en la comunidad científica el año pasado. El artículo relata cómo la profesora Julia Steinberger, de la Universidad de Lausana, coincidió con él en su primer día como autora experta y, al preguntarle si su vinculación con Aramco no constituía un conflicto de interés, Babiker respondió que lo había declarado en el formulario correspondiente del IPCC.

Otro empleado de Aramco seleccionado como autor principal es Diego Armando Moya Pinta, científico de energía y sostenibilidad en la compañía desde 2022. El IPCC solo consigna su afiliación al Imperial College de Londres, donde es investigador honorario. Como uno de los catorce autores principales del capítulo sobre sistemas energéticos, evaluará opciones para reducir emisiones en un sector con implicaciones directas para el negocio de Aramco.

Junto a estos dos empleados, el Grupo de Trabajo III incluye cinco autores del King Abdullah Petroleum Studies and Research Center (KAPSARC), un think tank financiado por el gobierno saudí, presidido por el ministro de Energía del país y cuya misión declarada es «impulsar el sector energético de Arabia Saudí». Esta institución tiene el mismo número de autores en el grupo que el Imperial College de Londres y el Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados de Viena, lo que los convierte en los tres más representados.

Solapamiento entre gobierno y liderazgo científico

La investigación también señala el solapamiento entre el gobierno saudí y el liderazgo científico del IPCC. Malak Al-Nory, una de las siete vicepresidentas del Grupo de Trabajo III, es asesora senior del ministerio de Energía saudí. Los vicepresidentes supervisan el proceso de evaluación, guían su trabajo científico y técnico, y además evalúan las declaraciones de conflictos de interés de los autores, pudiendo remitir casos al comité correspondiente. De forma inusual, Al-Nory ha seguido representando a Arabia Saudí en las negociaciones climáticas de la ONU mientras ejercía como vicepresidenta, y formó parte de la delegación del reino en la Conferencia de Bonn de junio de 2026.

En marzo de 2026, el comité del IPCC encargado de vigilar los conflictos de interés aseguró que ninguno de los autores elegidos para el próximo informe tenía un conflicto de interés. Sin embargo, entre esos autores hay empleados de Aramco, la mayor petrolera del mundo. Para Rachel Kennerley, responsable de campañas del Center for International Environmental Law, esa contradicción es grave: a su juicio, demuestra que la política del IPCC contra los conflictos de interés «no funciona como debería o no se está aplicando bien».

«No es una acusación, es una salvaguarda»

Diversos expertos citados por la investigación subrayan que las reglas sobre conflictos de interés no constituyen una acusación contra nadie, sino un mecanismo para proteger la integridad de las instituciones. «Si el sistema de conflictos de interés del IPCC puede observar a una vicepresidenta que trabaja para el ministerio de Energía saudí, a empleados de Aramco como autores principales y esta concentración de autores de instituciones estatales saudíes, y no encuentra nada que gestionar, entonces la política claramente no es apta para su propósito», afirmó Tzeporah Berman, fundadora de la Iniciativa del Tratado de Combustibles Fósiles.

El IPCC carecía de una política institucional de conflictos de interés hasta 2011, cuando una crisis de credibilidad obligó a revisar sus procedimientos. La política resultante establece que su propósito es «proteger la legitimidad, integridad, confianza y credibilidad del IPCC». Sin embargo, los expertos señalan una brecha entre los criterios escritos y su aplicación práctica, además de un problema de transparencia: las declaraciones de conflictos de interés de los autores no se hacen públicas y el comité no detalla sus deliberaciones.

Un portavoz del IPCC declaró que ningún autor había sido remitido a su comité porque todos los posibles conflictos reportados pudieron resolverse a través de los vicepresidentes de los grupos de trabajo, y defendió que «la fuerza del IPCC reside en su compromiso con un liderazgo y equipos de autores diversos, múltiples procesos de revisión y la naturaleza inclusiva de sus evaluaciones». Asimismo, señaló que los detalles de la revisión son confidenciales por la legislación de protección de datos y que el público puede juzgar si los intereses relevantes se han evaluado adecuadamente a través de los propios informes.

Aramco declinó comentar y ninguna de las otras personas o instituciones respondió a las solicitudes de comentario. La investigación, apoyada por Journalismfund Europe, se publica también en L’Humanité (Francia), Lucy sui mondi (Italia), Visão (Portugal) y Nano (3Sat) en Alemania, Austria y Suiza.

⇒ Puedes leer la investigación completa en el siguiente enlace:
🔗 How Saudi oil scientists ended up working on the world’s most important climate reports – The Guardian

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