Unos apuntes breves sobre Sajonia-Anhalt y el triunfo de los herederos
Manifestantes participan en una manifestación organizada en el marco de un festival por la democracia, la víspera de las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt en Magdeburgo, Alemania, el 5 de septiembre de 2026.
Por Iñaki Alrui*
Que la ultraderecha de AfD haya arrasado en Sajonia-Anhalt no debería sorprender a nadie que haya prestado atención a la deriva de Alemania en los últimos años. No es una anomalía, sino la consecuencia lógica de un sistema político que ha priorizado el rearme, la censura y la sumisión a la OTAN sobre el bienestar de su propia ciudadanía, especialmente en los territorios de la antigua RDA.
El miedo no lo produce solo que los «nietos de los nazis» gobiernen, sino también el camino que los partidos del «establishment» —la CDU de Merz, el SPD y Los Verdes— han allanado para ellos al abandonar a su suerte a millones de ciudadanas y ciudadanos.
La victoria de Alternativa para Alemania (AfD) con un contundente 44,3% de los votos en el estado federado de Sajonia-Anhalt ha hecho saltar todas las alarmas en Europa (siempre tarde, muy tarde). El partido, clasificado como «extrema derecha» por los servicios de inteligencia interna, se ha quedado a las puertas de la mayoría absoluta, un escenario sin precedentes desde antes de la Segunda Guerra Mundial que ha dejado al canciller Friedrich Merz y a su partido, la CDU, en una situación crítica al obtener su peor resultado histórico con apenas un 18,5% de los votos.

Los datos del derrumbe son demoledores. La CDU ha perdido casi 20 puntos respecto a 2021, pagando el desgaste de décadas de gobierno ejerciendo su política de espaldas al pueblo, con los recortes sociales, la crisis de su industria y su reconversión en industria militar, a lo que hay que sumar la impopularidad de su líder federal, Friedrich Merz, el canciller peor valorado desde 1989. Este resultado no es una casualidad ni un simple voto de castigo; es el reflejo de una fractura profunda en el sistema político alemán entre gobernantes y gobernados. La ultraderecha, liderada por el demagogo, pero carismático Ulrich Siegmund, ha sabido capitalizar el malestar de una región envejecida, empobrecida y olvidada, donde la desindustrialización y la sensación de abandono por parte de Berlín son el pan de cada día.
En 1998 neonazis alemanes obligaron a 18 obreros andaluces a dejar Alemania tras incendiar la pensión en la que se hospedaban en Sajonia-Anhalt. Esos fascistas han ganado las elecciones en la región. pic.twitter.com/xHVcOkpF3w
— Fonsi Loaiza (@FonsiLoaiza) September 7, 2026
El «cortafuegos» (Brandmauer) que los partidos que se autodenominaban “democráticos” se prometieron mantener para excluir a la AfD del poder ha quedado en una simple declaración de intenciones. En Sajonia-Anhalt, la aritmética parlamentaria es un laberinto. La posible entrada de la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), una escisión de la izquierda, podría ser la llave que abra las puertas del gobierno a los ultras o que, por el contrario, complique aún más una gobernabilidad ya de por sí frágil. La propia AfD ya ha amenazado con forzar nuevas elecciones si no se le permite gobernar, mostrando su músculo y su estrategia de desgaste institucional.
Mientras tanto, el resto del arco político parece no tener respuestas. Los Verdes y el SPD, artífices de los recortes sociales, que han apoyado el genocidio en Palestina y el rearme del país, llevando a cabo una política exterior belicista, ven cómo su discurso moralista no conecta con un electorado que prioriza el precio de los alimentos, del gas y el miedo a su futuro económico. El tablero político alemán ha saltado por los aires y el fantasma de una nueva era de inestabilidad recorre el país. Lo que podía salir mal, ha salido mal. Ya no hablamos de amenazas futuras, sino del presente. Y lo que está por venir, con la ultraderecha al borde del poder, es un territorio inexplorado en la Alemania reciente, pero tiene apuntes peligrosos para eso que denominamos democracia europea. Ya no se trata de la normalizada Italia de Meloni o la Bélgica de Wever, se trata de Alemania, auténtico eje de las instituciones europeas, actualmente autosaboteadas y serviles con EEUU… pero todo es susceptible de empeorar. Lo que pase en Alemania nos importa a todas y nos afectará a todas.
* Miembro de la Asamblea de Redacción de LQSomos.
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En líneas generales , de acuerdo Iñaki. No hay mejor «cordón sanitario» que la práctica de un política de izquierdas que defienda lo público (ni el tripartito liderado por el SPD lo hizo y Merz ha dado más de la medicina del recorte).
Una política contra el rearme (la izquierda democratera ha sido belicista y sumisa a Trump y la OTAN…hasta las trancas y el gasto va a costa del contribuyente y la agraria y » vaciada» Sajonia sabe mucho de eso) . La energía se disparó por el corte injustificable de los Nord Stream: lo sufren los trabajadores de la ciudad y más aún, los agricultores.
(Etc.) En circunstancias de pobreza ( bajos salarios y ridículas pensiones)… Los y las de abajo explotan «votando a los malos»… porque » los buenos » Han gobernado sin resolver su miseria, es decir que fueron también «muy malos».
Eso es lo que hay y es hora de tomar nota (en Sajonia, en Alemania y en los cuatro puntos cardinales).
El mejor «cordón sanitario» es cumplir con las necesidades de las mayoritarias fuerzas del trabajo. El resto es palabrería estúpida.