Colombia: la Memoria no se desmonta, la Historia no se censura

Colombia: la Memoria no se desmonta, la Historia no se censura

Imagen: Estudiantes y docentes de las universidades Nacional y de los Andes participan en una clase abierta frente al Museo Nacional, en Bogotá, tras el retiro de varias obras y las protestas registradas durante el fin de semana. El encuentro reúne a la comunidad académica para reflexionar sobre lo ocurrido.

Por Agencia LQS

Compartimos un Manifiesto elaborado en defensa del Museo Nacional de Colombia, el patrimonio y la memoria histórica, elaborado por la Red Latinoamericana de Historia Pública.

Manifiesto en defensa del Museo Nacional de Colombia, el patrimonio y la memoria histórica

Recibimos con profunda indignación y preocupación la noticia sobre el retiro de más de treinta piezas de las salas del Museo Nacional de Colombia, relacionadas con las memorias de la violencia política, los movimientos feministas, las luchas por los derechos de las personas LGBTIQ+, la Constitución de 1991 y el Acuerdo de Paz de 2016.

Como antropólogos, historiadores públicos, museólogos e investigadores de la memoria histórica, varios de los cuales hemos tenido una estrecha relación académica y profesional con el Museo Nacional de Colombia, consideramos indispensable pronunciarnos frente a estos hechos.

Algunos de los investigadores de la Red Latinoamericana de Historia Pública (conformada por varios países de la región) hemos dedicado buena parte de nuestra trayectoria a estudiar cómo los museos colombianos representan los pasados difíciles, las violencias y las memorias de quienes durante décadas fueron excluidos de los relatos oficiales. Por eso, lo sucedido nos preocupa profundamente no solamente como historiadores públicos, sino también como colombianos y latinoamericanos comprometidos con la defensa del patrimonio cultural y el derecho a la memoria.

Un Museo Nacional no es propiedad del gobierno de turno. Es una institución pública al servicio de toda la sociedad. Su responsabilidad no consiste en construir una historia unívoca y cómoda para quienes ejercen el poder, sino en coleccionar, salvaguardar, investigar y poner en discusión la complejidad de nuestro pasado.

Los museos existen también para incomodarnos, cuestionarnos y confrontarnos con aquello que preferiríamos olvidar. La historia de Colombia está atravesada por conflictos, exclusiones, violencias, resistencias y luchas por los derechos. Eliminar de las exposiciones las huellas materiales de esas experiencias no modifica lo sucedido. Solamente empobrece las posibilidades de comprenderlo.

El patrimonio cultural no se limita a los objetos que celebran lo que para una pequeña parte de la sociedad son las glorias nacionales. También está constituido por los testimonios de las víctimas, las luchas sociales, los procesos de paz, las expresiones de resistencia y las memorias de quienes históricamente han sido silenciados. Esas memorias también son Colombia.

Resulta particularmente preocupante que, según las denuncias periodísticas, estas decisiones hayan sido tomadas por instrucciones políticas y sin los procedimientos curatoriales correspondientes. La autonomía profesional de los museos no es únicamente un privilegio de sus trabajadores: es también una garantía para toda la sociedad. Las decisiones sobre qué se exhibe, cómo se interpreta y por qué se transforma una exposición deben responder a criterios históricos, museológicos, éticos y académicos, no a imposiciones ideológicas.

Por supuesto, los museos deben transformarse. Sus narrativas deben revisarse, discutirse y enriquecerse permanentemente. Pero existe una diferencia fundamental entre revisar críticamente una exposición y retirar contenidos porque resultan incómodos para quienes detentan el poder. La revisión museológica amplía las posibilidades de interpretación; la censura las restringe.

Colombia conoce demasiado bien las consecuencias del silencio. Durante décadas, innumerables personas y comunidades han luchado para que sus experiencias de violencia, exclusión, resistencia y lucha por obtener derechos ciudadanos básicos sean reconocidas públicamente. Los avances alcanzados en la representación de esas memorias, producto de reflexiones sociales amplias, de los lineamientos de diferentes políticas culturales y de procesos investigativos no pueden quedar sometidos a las preferencias políticas de una administración.

La memoria histórica es colectiva. No pertenece a un presidente, a un ministro ni a un partido político. Pertenece a una sociedad que tiene el derecho de conocer, cuestionar y debatir su pasado desde múltiples perspectivas y eso es justamente lo que se ha hecho en los procesos museológicos de los últimos 20 años en el Museo Nacional a través de consultas y la participación de equipos amplios y diversos así como de organizaciones sociales.

Por eso, consideramos indispensable exigir explicaciones públicas sobre las razones del retiro de estas piezas, los criterios utilizados, los procedimientos institucionales seguidos y el destino de los objetos. También es fundamental garantizar la participación de los profesionales del Museo y el respeto por su autonomía curatorial.

Queremos expresar, además, nuestra solidaridad con los trabajadores, investigadores, curadores y demás profesionales del Museo Nacional de Colombia, cuya labor ha sido fundamental para construir una institución más abierta, crítica, plural e incluyente. Su conocimiento y experiencia deben ser respetados.

Nos preocupa enormemente que este tipo de acciones de censura, ocultamiento e incluso destrucción deliberada del patrimonio cultural de los colombianos pueda replicarse en archivos, museos e instituciones culturales tan relevantes como el Archivo General de la Nación, la Biblioteca Nacional de Colombia y el Instituto Caro y Cuervo -entre otros-, que ya han dado muestras de alinearse con la “Contra-revolución cultural” anunciada en la alocución presidencial del 15 de octubre de 2026.

Condenamos enfáticamente cualquier intento por censurar, manipular o borrar las memorias históricas de Colombia desde las instituciones encargadas de preservarlas. Defender el Museo Nacional significa defender su capacidad de contar historias complejas, contradictorias y, muchas veces, dolorosas. Porque un museo que solamente exhibe aquello que el poder quiere recordar deja de cumplir una de sus responsabilidades más importantes: permitirnos comprender críticamente quiénes somos y cómo hemos llegado hasta aquí.
La memoria no se desmonta.
El patrimonio no se censura.
Y la historia no se borra por decreto.

* Red Latinoamericana de Historia Pública

⇒ Formulario para adherir:
https://forms.gle/eutWKuZEUcYcbeay8

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