16 de marzo de 1892: nacimiento del poeta peruano César Vallejo
Por Daniel Alberto Chiarenza
“El más grande poeta universal después de Dante”
César Abraham Vallejo Mendoza nació en Santiago de Chuco, Perú. César fue el menor de once hermanos. Era claramente mestizo “hombre muy moreno, con nariz de boxeador y gomina en el pelo”, pues sus abuelas fueron aborígenes y sus abuelos sacerdotes gallegos. Sus padres querían orientarlo al sacerdocio, él lo había aceptado de buena gana, por eso existen tantas referencias bíblicas en sus primeros versos. Realizó el primario en su pueblo natal y el secundario en el Colegio Nacional San Nicolás de Huamachuco. Luego concurrió a la Facultad de Letras de la Universidad de Trujillo, pero por dificultades económicas debió regresar a su pueblo para trabajar y ahorrar y después proseguir los estudios. Es el asistente de su padre que es un administrativo en la gobernación de las minas de Quiruvilca. Allí toma contacto con la realidad de los trabajadores lo que reflejaría en su novela El tungsteno.
Viaja a Lima donde se matricula en la Facultad de Medicina de San Fernando. Debe abandonar la carrera por razones económicas. Es preceptor de niños de ricos hacendados en Acobamba, cerca de Junín. Regresa a Trujillo y consigue un empleo en el ingenio “Roma”, en el valle de Chicama. Fue testigo de la cruel explotación a los peones de los pueblos originarios. Logra ingresar nuevamente a la Facultad de Letras, mientras trabaja en una escuela y en un colegio donde tuvo como alumno a Ciro Alegría. En 1915 se gradúa de bachiller en Letras con su tesis El romanticismo en la poesía castellana.

Participa de la “bohemia trujillana” con Antenor Orrego, Alcides Spelucín, Víctor Haya de la Torre y otros. Publica sus poemas en periódicos locales que no dejan de repercutir en Lima. Se enamora de Marías Rosa Sandoval, musa inspiradora de Los heraldos negros. Luego conoce a Mirtho (Zoila Rosa Cuadra), de 15 años, con quien sostiene un apasionado y corto amor. Lo convencen para que viaje a Lima y prosiga los estudios en la Universidad Nacional de San Marcos con el fin de doctorarse. Se codea allí con la intelectualidad limeña: Clemente Palma, José María Eguren, Manuel González Prada. Hace profunda amistad con Abraham Valdelomar y José Carlos Mariátegui. Publica algunos de sus poemas en la revista Suramérica del periodista Carlos Pérez Cánepa.
Trabaja en el colegio Barrós de Lima. Muere el director y Vallejo lo reemplazará. Se enreda en otra tormentosa relación amorosa con Otilia Villanueva, también de 15 años, cuñada de un colega, resultado: pierde su puesto docente. Otilia hubiere inspirado los poemas de Trilce.
Vallejo es considerado el más grande innovador de la poesía del siglo XX. Según algunos fue «el más grande poeta universal después de Dante». Publicó en Lima sus dos primeros poemarios: Los heraldos negros (1918); reúne poesías que, si bien formalmente son aún de filiación modernista, también constituyen el inicio de la búsqueda de una diferenciación expresiva, pues toca la angustia existencial, la culpa personal y el dolor. Estuvo injustamente preso por un accidente sufrido en su pueblo del que se le inculpa. Salió condicionalmente y se dirigió a Lima, donde su cuento “Más allá de la vida y de la muerte” fue premiado en un concurso literario.

Trilce (1922), prologado por Orrego, quien dijo «a partir de este sembrador se inicia una nueva época de la libertad, de la autonomía poética, de la vernácula articulación verbal». Significa la creación de un lenguaje poético muy personal, coincidiendo con la irrupción mundial del vanguardismo de los años ‘20 al ‘30. Lleva la lengua española a límites insospechados: inventa palabras, fuerza la sintaxis, emplea la escritura automática y otras técnicas utilizadas por los movimientos dadá y surrealista. Se adelantó a la renovación del lenguaje literario que usa James Joyce en su relato onírico Finnegans Wake (1939).
En 1923 editó su primera obra narrativa: Escalas melografiadas, reunión de estampas y relatos, algunos de ellos vanguardistas. Y otra narración titulada Fabla salvaje.
Hastiado de la mediocridad local, partió hacia Europa, para no volver más a Perú. Hasta su muerte residió mayormente en París, con algunas breves estancias en Madrid y en otras ciudades europeas. Vivió del periodismo, escribía para el diario El Norte de Trujillo, y las revistas L’Amérique Latine de París, España de Madrid y Alfar de La Coruña, complementado con trabajos de traducción y docencia.
Trabó contacto con importantes intelectuales como Pablo Neruda y Tristán Tzara. Empieza a trabajar como secretario de la recién fundada Les Grands Journaux IberoAméricains o Los Grandes Periódicos Iberoamericanos. Luego, renuncia a este trabajo y conoce a su primera pareja francesa, Henriette Maisse, con quien convivirá hasta octubre de 1928. Conoce en París a Georgette Marie Philippart Travers, una joven de 18 años que vivía con su madre en un apartamento situado enfrente del hotel donde se hospedaba.
Profundiza sus estudios sobre el marxismo. Aparece una narración suya en Amauta, la revista que fundara en Lima su amigo José Carlos Mariátegui y en la que también reproduce varias de sus crónicas periodísticas.
En 1930 viaja a Madrid a raíz de la publicación de su poemario Trilce, que señaló el descubrimiento de su poesía en España. Retorna a París, pero al poco tiempo es expulsado, acusado de hacer propaganda comunista. Junto con Georgette vuelve a Madrid donde pasa dificultades económicas. Allí es testigo de la caída de la monarquía borbónica y la proclamación de la Segunda República Española (1931).
Se relaciona también con grandes literatos españoles como Miguel de Unamuno, Federico García Lorca, Rafael Alberti y José Bergamín. Allí continúa con pasión su tarea literaria, pero los editores españoles se niegan a publicar sus obras de teatro Lock-out y Moscú contra Moscú (conocida después como Entre las dos orillas corre el río), así como su libro de crónicas: Rusia ante el segundo plan quinquenal (continuación de Rusia en 1931), y su recopilación de ensayos: El arte y la revolución.
En la última etapa de su vida escribió una serie de poemas que serían publicados póstumamente. Pero escribió libros en prosa: la novela proletaria o indigenista El tungsteno (Madrid, 1931) y el libro de crónicas Rusia en 1931 (Madrid, 1931), fruto de su experiencia como visitante en ese primer país socialista. Retorna a París y funda la célula parisina del Partido Socialista, que fundara a su vez su amigo José Carlos Mariátegui en Perú (después denominado Partido Comunista Peruano).
En 1934 se casa por el civil con Georgette y termina de escribir otra de sus obras teatrales: Colacho Hermanos o presidentes de América, sátira contra los gobiernos latinoamericanos sumisos al imperialismo yanqui; ningún editor se animó a publicar. También le rechazan otro libro de ensayos que quiso dar a la prensa: Contra el secreto profesional. Entre 1935 y 1936 escribe diversos cuentos: «El niño del carrizo«, «Viaje alrededor del porvenir«, «Los dos soras» y «El vencedor«, bocetos narrativos que serían publicados años después de su muerte.
Modeló también su más famoso cuento, «Paco Yunque«, aunque en su momento le negaron la publicación por ser un relato “muy triste”. En 1936, al estallar la Guerra Civil Española, colabora con mucho fervor en la fundación del Comité Iberoamericano para la Defensa de la República Española y de su vocero, el boletín Nueva España. Le acompaña en esa labor Pablo Neruda. En julio de 1937 vuelve por última vez a España para asistir al Congreso Internacional de Escritores Antifascistas. Visita Barcelona, Valencia, Jaén y el frente en Madrid.
A sus poemas póstumos los agruparon en dos poemarios: Poemas humanos y España, aparta de mí este cáliz (1939) que vieron la luz por la insistencia de su viuda, Georgette Vallejo. Es una poesía de corte social, con azarosos temas de posición ideológica y profundamente humanos. Dicen que los “poemas humanos” son lo mejor de su producción poética, que lo hicieron ganarse el calificativo de “poeta universal”. Por esos días también escribió el drama incaico La piedra cansada.
Cuando se encuentra trabajando en París como profesor de Lengua y Literatura, sufre de agotamiento físico. Es internado por una enfermedad desconocida (después se supo que fue la reactivación de un antiguo paludismo que sufrió de niño). Fallece el 15 de abril del ’38, un viernes santo con llovizna en París. Se le realiza una momificación. El 19 de abril sus restos son trasladados a la Mansión de la Cultura y más tarde al cementerio de Montrouge. El 3 de abril de 1970, su viuda, Georgette, cumple uno de los sueños más caros del poeta y traslada los restos al cementerio de Montparnasse, escribiendo en su epitafio:
“He nevado tanto para que duermas”.
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