29 de junio, 1954, Guatemala: golpe de estado con la mano de EEUU

29 de junio, 1954, Guatemala: golpe de estado con la mano de EEUU

Por Daniel Alberto Chiarenza

“Los mercenarios de Castillo Armas entraban a la capital de Guatemala cantando una canción de guerra yanqui”

29 de junio de 1954: toma el gobierno de Guatemala Castillo Armas -apoyado por Estados Unidos- después que una junta militar derroca al presidente legítimo Jacobo Arbenz.

Desde fines de 1953, venía programándose la operación punitiva y conquistadora. Los Estados Unidos planeaban armar, entrenar e invadir Guatemala con un “Ejército de liberación”, de aproximadamente unos 400 rebeldes bajo el mando del oficial exiliado del ejército guatemalteco coronel Castillo Armas coordinándolo con una extraña acción diplomática, económica y propagandístico a modo de ensayo.

El 18 de junio de 1954 Guatemala era invadida desde Honduras y bombardeada por aviones estadounidenses. Éste era el consabido resultado de la operación encubierta llamada PBSUCCESS (Criptónimo de la CIA); la Central de Inteligencia estadounidense fue quien organizó la maniobra bélica para derrocar al presidente de Guatemala, democráticamente electo, Jacobo Árbenz Guzmán, dándole el apoyo a la oposición macarthista de parte del gobierno estadounidense. Quisieron justificar el golpe de Estado con la excusa –nunca aclarada, por la debilidad de los partidos de los partidos stalinistas en América Latina- de que el gobierno de Árbenz había permitido que los miembros del partido comunista de Guatemala –que, en forma no hegemónica, al contrario, era una expresión mínima, formaba el partido del presidente, el Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT)- confundiendo a la población sobre la sospecha infundada que el PC influía en las decisiones de gobierno, que eran más de tono nacionalista.

Una efigie del expresidente guatemalteco Jacobo Árbenz está apoyada contra un vehículo mientras varios miembros»golpistas» la apuntan con armas. El letrero en la efigie dice: «Regreso a Rusia con Aravelo». Aravelo es el expresidente de Guatemala, al que acusaban de sentar las bases para la infiltración comunista en el país.

Es que a las reformas de Árbenz –más de carácter antiimperialistas-, el espionaje estadounidense las consideró “comunistas” y lo atribuyeron a la influencia soviética (que era “cero” en toda la región). El temor yanqui era que Guatemala fuese a convertirse en lo que el director de la CIA, Allen Dulles, denominó “una cabeza de playa soviética en América”. Esas, en definitiva, fueron las acusaciones utilizadas por lacia y la administración Eisenhower, durante la era anticomunista de del macarthismo.

Uno de los problemas de fondo, anti deglutible para los yanquis, era que el presidente Árbenz se había animado a promulgar una reforma agraria que perjudicaba a la multinacional estadounidense United Fruit Company y a la oligarquía guatemalteca. Fue lo que movilizó a los grupos de presión norteamericanos.

Guatemala apeló al Consejo de Seguridad de la ONU para que ordenase el cese del fuego y designase una comisión de observación allí. Estados Unidos trató de neutralizar la acción del Consejo y referir la cuestión a la OEA, donde los yanquis tenían mayoría. Pero el voto de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) impidió la maniobra.

El Consejo ordenó el cese del fuego y a todos los Estados miembros de la ONU que se abstuvieran de participar en el conflicto. Pero la invasión continuó. Y entró a desempeñar su papel el embajador yanqui en Guatemala, John Emil Peurifoy, que se relacionó con los militares que conspiraban contra el presidente Jacobo Arbenz, aunque el verdadero jefe de la conjuración era él.

Guatemala pidió una segunda reunión del Consejo. Pero nuevamente la acción de Estados Unidos logra que la Comisión Interamericana de Paz nombre una comisión investigadora, con el objeto de impedir que el representante de Guatemala pudiese hablar en el Consejo, pues el asunto que trataría “ya estaba en manos de una organización regional”. Sólo votaron para que se discutiera la cuestión de Guatemala la URSS, Líbano, Dinamarca y Nueva Zelandia; Francia e Inglaterra se abstuvieron. Los cinco miembros restantes del Consejo (Brasil, Colombia, Estados Unidos, Turquía y China fascista) se opusieron.

La Gloriosa Victoria, es una pintura de témpera sobre lienzo del artista mexicano Diego Rivera, creada en 1954. La pintura aborda el golpe de estado de Guatemala de 1954 que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) respaldó para derrocar al presidente de Guatemala democráticamente elegido Jacobo Arbenz. En el Museo Pushkin, Moscú.

Aunque la primera invasión del mercenario Carlos Castillo Armas no triunfó. Éste nunca pudo trasladar su cuartel a Guatemala. La propaganda del Departamento de Estado para provocar un levantamiento popular contra Arbenz fue un fracaso. Los mercenarios tomaron Puerto Barrios, pero fue recuperado por una “avalancha de civiles, campesinos y trabajadores”; luego tomaron Chiquimula, pero debieron abandonarla por incapacidad para retenerla. Los cipayos se encontraban inmovilizados en las posiciones que ocuparon el 18.

Se pensó entonces en provocar una guerra entre Honduras y Guatemala. El 25 de junio Honduras acusa a Guatemala de agresión. Se buscaba un pretexto para legalizar la acción colectiva. Si Honduras y Guatemala entraban en guerra, también lo harían sus aliados militares, Nicaragua y Estados Unidos.

Otro paso era precipitar la traición de los jefes comprados por el embajador Peurifoy. Ese mismo día dieron el ultimátum al presidente constitucional Jacobo Arbenz, exigiendo su rendición incondicional.

El 27 de junio se daba a conocer la renuncia de Arbenz: “a partir de ese momento la participación de Peurifoy, como embajador de los Estados Unidos en guerra con Guatemala, fue pública y desembozada”. Arbenz entregó el gobierno a Carlos Díaz, jefe de las fuerzas armadas, quien ya había pactado con Peurifoy la formación de una junta militar con los coroneles José Sánchez y Elfego Monzón, que era el agente de enlace con la embajada de Estados Unidos. Díaz se obligaba a ilegalizar el Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), al que pertenecía Arbenz, y Peurifoy mediaría para que Castillo Armas reconociese a la junta. Pero Díaz y Peurifoy dejaron de entenderse. Díaz firmó su propio derrocamiento cuando se negó al fusilamiento de los dirigentes “comunistas” –así se les decía como una forma de desprestigio-, exigido por el embajador. Entonces Peurifoy volvió a apoyarse en Castillo Armas y en los aviones de Managua, que nuevamente bombardearon Guatemala. Era la rebelión de los coroneles anticomunistas, que se amotinaron y, acompañados por Peurifoy, exigieron la renuncia de Díaz y de Sánchez y formaron una nueva junta presidida por Monzón. “Fue el momento en que, según las agencias norteamericanas, Peurifoy esperaba solucionar con la mano en la pistola”.

Pero tampoco Castillo Armas y Monzón se entendieron debidamente, y Peurifoy debió intervenir para formar un gobierno provisional de cinco miembros, integrado por Monzón como presidente y dos seguidores suyos junto a Castillo Armas y un lugarteniente suyo.

El 1º de julio, el secretario Foster Dulles podía anunciar a su país que la de Guatemala había sido para la Nación “una nueva y gloriosa victoria”. “Eran los instantes –dice Arévalo- en que los mercenarios de Castillo Armas entraban a la capital de Guatemala cantando una canción de guerra norteamericana”.

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