50 años de la sangrienta transición. Sangres de julio 1976-1982

50 años de la sangrienta transición. Sangres de julio 1976-1982

Imagen: 8 de julio de 1978. Cargas de la Policía en la plaza de toros de Pamplona

Por LQSomos

Para comprender bien el presente, es necesario conocer el contexto en el que se produjo la transición, y los límites que se impusieron a sangre y fuego. Porque la transición, la Constitución, están teñida de sangre y no se fraguaron en un clima de verdadera libertad

En 2018, Alejandro Pacheco (Madrid 1958-2022) e Iñaki Alrui, miembros de la Asamblea de Redacción de LoQueSomos, iniciaron una recopilación de los asesinatos de la transición, coincidiendo con el cuarenta aniversario de la Constitución.

Ahora volvemos a recuperar aquellas recopilaciones con la colaboración de Rosa García Alcón, y es que queremos aprovechar el año uno de la democracia, o sea los “50 años de la transición”, para volver a recordar los crímenes cometidos durante ese periodo que no fue para nada tan pacífico como nos han contado. La transición fue de hecho una violencia brutal desde el aparato del estado, ya fuese a través de sus brazos armados oficiales —la policía y la guardia civil— o por medio de las bandas fascistas (siempre parapoliciales) que se encargaron de reprimir huelgas, manifestaciones y todo tipo de reivindicaciones.

⇒ 50 años de la sangrienta transición⇐

Ninguno de los crímenes aquí recordados han tenido su merecido castigo, ni siquiera han sido juzgados penal o políticamente como lo que son: asesinatos. Asesinatos de Estado o amparados por el Estado. Y recuerden vamos mes a mes, ahora… los Julios:

1976

8 de julio. Santurce (Vizcaya)

Norma Menchaca Gonzalo. 44 años. Celebraba en la calle con sus vecinos el Día de la Sardina. En las cercanías se desarrollaba una manifestación a favor de la libertad de los presos políticos. Un grupo de guerrilleros de Cristo Rey, infiltrados entre los manifestantes y vestidos con la camisa de pescador y pañuelo al cuello, abrió fuego. Begoña recibe un tiro en la cabeza y muere. Otros dos vecinos, Sebastián Peña y José Unamuno, son heridos de gravedad.
Los autores del atentado son vecinos del pueblo, conocidos militantes de Cristo Rey. El hijo de la víctima acude al gobernador civil a denunciarles y, según declaró, es casi detenido él mismo. El juzgado de instrucción de Bilbao abre diligencias, pero, apenas cinco meses después, las archiva “al no aparecer elementos suficientes para acusar a determinada persona como autor, cómplice o encubridor del delito perseguido”.

18 de julio. Madrid

Carlos Hernández Expósito. 29 años. En la madrugada del 18 de julio de 1976, las esquelas franquistas recordaban el alzamiento militar/fascista de 1936. Esa misma madrugada, un centinela de la Guardia Civil del puesto del Puente de Segovia, en Madrid, terminaba con la vida de un vecino de 29 años, Carlos Hernández Expósito. La consiguiente versión oficial, difundida por la Dirección General de Seguridad (DGS) y recogida por medios como El País o Informaciones, por supuesto sin contrastar y siguiendo palabra por palabra la nota oficial, fue contundente: el joven, al que se calificó de “maleante habitual”, había huido al ser advertido por la Benemérita tras una serie de explosiones atribuidas a grupos terroristas en la capital.


Sin embargo, la narrativa oficial empezó a resquebrajarse cuando el padre de Carlos, Fidel Hernández García, hizo declaraciones a la prensa dos días después. Según su testimonio, Carlos no podía correr: había sido operado de una fístula en la pierna derecha quince días antes y cojeaba de manera notoria. “Mi hijo no era maleante habitual. Vivía de su trabajo”, afirmó el padre, denunciando además que la familia no había podido identificar el cadáver hasta horas antes del entierro, una obstrucción que alimentó las sospechas de que el relato policial ocultaba un asesinato.
El contexto de aquella jornada fue clave para construir la coartada que envolvió la muerte de Hernández Expósito. El mismo día, se registran diversos ataques a librerías y vehículos, y veintiocho bombas explotan simultáneamente en diversos edificios públicos de Madrid, Barcelona, Bilbao, Sevilla, Vigo, Ferrol y Sevilla. El diario Informaciones tituló: “Provocación terrorista en el 18 de julio”, vinculando inmediatamente la respuesta policial en Madrid con la lucha contra el terrorismo. La víctima fue así absorbida por el relato de la “guerra sucia” contra los nuevos enemigos del orden, una cantinela que se repetiría con frecuencia durante la Transición.
El periódico El País narraba así los hechos en una pequeña nota:
Intento de manifestación en el paseo de Extremadura.
El lunes, sobre las nueve y media de la noche, unas ciento cincuenta personas intentaron manifestarse, en el paseo de Extremadura, al término del funeral que, por Carlos Hernández Expósito, se celebró en la parroquia de San Leopoldo. Efectivos de las fuerzas de orden público impidieron la manifestación y efectuaron algunas detenciones. Carlos Hernández Expósito fue encontrado muerto, a las cuatro y media de la madrugada del 18 de julio, en la esquina entre las calles de Ramón Molina y Herminia Puertas, a consecuencia de los disparos efectuados por la Guardia Civil del puesto del Puente de Segovia, al no responder, según la versión oficial, a las voces de alto que se le dieron. Posteriormente, su padre manifestó que ni su hijo era delincuente habitual, ‘ni podía correr, puesto que era cojo ́.
(
El País, 4 de agosto de 1976)
Carlos Hernández Expósito no tenía antecedentes políticos ni conexión conocida con la izquierda. Su única detención, según su padre, se había producido diez años atrás por una “conducta impropia”. Su profesión era escayolista, y había emigrado a Australia para trabajar. Su historia se suma a la de otros 38 civiles asesinados por las fuerzas de seguridad y grupos parapoliciales en 1976, el primer año sin Franco, en una espiral de violencia que comenzó en febrero con la muerte del joven gallego Teófilo del Valle Pérez y que alcanzó su punto álgido con la matanza de Vitoria el 3 de marzo.
En el caso de Carlos Hernández, la etiqueta de “maleante habitual” sirvió para desactivar cualquier atisbo de responsabilidad policial. Un asesinato que cuestiona el relato blanqueado de la transición y una pregunta que sigue en el aire: los que dispararon, ¿son los que tenían que protegernos?

23 de julio. Ipar Euskal-Herria

Eduardo Moreno Bergareche “Pertur”. Desaparición del dirigente de ETA (pm). Durante años la policía y los medios de comunicación cargaron la responsabilidad del secuestro y desaparición a ETA (m). Pero el 2008 el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu se desplazó a Italia y tomó declaración a Izzo Angelo, fascista italiano antiguo miembro del Batallón Vasco Español quien dijo que Pier Luigi Concutelli, jefe militar de Ordine Nuovo y condenado por el asesinato del juez Ocorsio le reveló que en una ocasión habían secuestrado y trasladado a una masía en Barcelona llamada por ellos “La Factoría” a un dirigente de ETA, al que interrogaron, torturaron y mataron. Con toda seguridad por las fechas que refirió estaba hablando de “Pertur”.

1977

12 de julio. Súria. Barcelona

Roque Peralta Sánchez “Roc. El vecino de Manresa acudió a Súria el día de la fiesta mayor, donde había una fuerte controversia por la obligatoriedad de que los hombres llevaran corbata y las mujeres fueran de largo para acudir al baile. 150 jóvenes se concentraron en la puerta para protestar contra esta disposición. Un sargento de la Guardia Civil obligó a los concentrados a disolverse, el agente Francisco Ruíz derribó a “Roc” de un golpe con el cañón del fusil, cuando se levantó del suelo lo mató de un tiro.

27 de julio. Cases d’Alcanar. Tarragona

Sillah Abankar. El ciudadano zambiano murió de un disparo de bala de la Guardia Civil durante un intento de detención por parte de la Guardia Civil. Una breve nota informativa se limitó a decir que había sido denunciado por el propietario de un camping por haber molestado en sus instalaciones.

1978

2 de julio. Lapurdi (Iparralde)

Agurtzane Arregi Letamendi. 38 años, madre de 2 hijas. Rosario salía junto a su marido, el ex miembro de ETA Juan José Etxabe, del establecimiento Etxabe Enea, en el que solían reunirse refugiados vascos. Subieron a su coche. Conducía Rosario. Al instante, un coche con matrícula de París ocupado por una mujer y dos hombres, se detiene a su lado y dispara varias ráfagas de metralleta. Más de veinte disparos alcanzan al matrimonio. El cuerpo de Rosario está prácticamente segado por la mitad, con 11 balas en el abdomen. Muere en el acto. Juan José Etxabe queda herido gravemente. El atentado es reivindicado por la Triple A.

8 de julio. Pamplona (Navarra)

Germán Rodríguez Saiz. 27 años. Militante de LKI. Sábado de Sanfermines. El comandante al mando de la Policía Armada era Fernando Ávila. Procedente del tercio Juan de Austria, tercero de la Legión, en Fuerteventura, había solicitado voluntariamente su traslado a Pamplona en marzo de ese mismo año, y había prometido dar un escarmiento a esta ciudad porque “era muy rebelde”.


Ese día, 8 de julio, organizó un despliegue inusitado durante la corrida de toros. Al menos 200 policías armados con material antidisturbios se situaron alrededor de la plaza, dirigidos por el comisario Miguel Rubio. Cuarenta de ellos cargaron contra un centenar de peñistas del tendido de sol que, tras terminar la corrida, paseaban por el ruedo una pancarta con el lema ‘Amnistía Total Presoak Kalera. San Fermín sin presos’. La policía utilizó el pretexto de evitar altercados con los que, desde el tendido de sombra, los adinerados, increpaban a los del ruedo. Tras ese primer asalto, repentinamente, otros 40 policías nacionales entraron en la plaza disparando pelotas de gomas, botes de humo y, finalmente, fuego real. Hubo siete heridos de bala en la plaza. Veinte mil espectadores son testigos de esa brutalidad. Como muchos otros, Germán sale a la calle a protestar y a hacer correr la noticia. La alegría de la fiesta sigue en algunos lugares, ignorantes de la tragedia que se estaba produciendo. La rabia y el dolor de los que saben, llenan las calles de manifestantes y se reproducen los enfrentamientos.


A las 22.15 horas, una ráfaga de metralleta hiere en la cabeza y mata a Germán Rodríguez. La voz del comandante Ávila está grabada: «Tirad con todas las fuerzas, tirad a matar.».
El balance final de víctimas, además de Germán, fue de once heridos de bala y otros 150 con diferentes lesiones. Según la misma policía y el ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, se dispararon más de 150 balas de fuego real, 5.000 pelotas de goma, 1.000 botes de humo y otros 1.000 de gases lacrimógenos.

Sanfermines 78 en la Memoria

11 de julio. San Sebastián (Guipúzcoa)

Joseba Barandiarán Urkiola. 18 años. En respuesta a la represión del 8 de julio en Pamplona, por toda Euskadi y Navarra se convoca una huelga general política. Hay manifestaciones en muchos pueblos, que son igualmente reprimidas con saña. En la celebrada en San Sebastián, un disparo en el pecho mata en el acto a Joseba Barandiarán. Las investigaciones judiciales que siguieron a este hecho demostraron que el disparo había sido realizado por la Policía, pero el caso fue sobreseído “al no poder ser identificado el autor de los disparos”.

Homenaje a Joseba Barandiarán Urkiola

1979

15 de julio. Madrid

Salomé Alonso Varela. 28 años. El populoso barrio madrileño de Malasaña está repleto de jóvenes. Poco después de la medianoche, una tremenda explosión. Una bomba con varios kilos de Goma 2, colocada en un contenedor en el número 23 de la calle San Andrés, junto al bar El Parnasillo, frecuentado por abogados de CCOO, estalla y mata a Salomé Alonso. Su marido, Jesús Cañedo, abogado laboralista, resulta herido de gravedad. Otras diez personas sufren lesiones a causa la explosión. Decenas de locales y edificios quedan afectados, incluido el Teatro Maravillas.
Los responsables del atentado son un grupo fascista vinculado a Fuerza Nueva. Posteriormente se supo que habían sido responsables también de una serie de atentados con bomba a resultas de los cuales resultó muerta otra persona.

1980

19 de julio. Madrid

Noemí Gianotti de Molfino. De nacionalidad argentina, activista de las Madres de Plaza de Mayo, fue hallada sin vida en un establecimiento hotelero de la capital española, en circunstancias que apuntan a un envenenamiento. La víctima había llegado a Madrid escoltada por dos hombres que, según declaró una azafata, “no la dejaban ni ir sola al baño”. En el aeropuerto fue recibida por otros dos individuos que la trasladaron al apartahotel donde apareció muerta.
Su historia de lucha y resistencia comenzó años atrás. En 1979, durante la dictadura militar argentina, su hija Marcela y su yerno fueron secuestrados por efectivos de la Junta Militar. Ambos permanecen desaparecidos y sus cuerpos nunca fueron encontrados. Durante el cautiverio, Marcela dio a luz a un bebé que fue arrebatado y entregado a una familia de militares. Ese niño es hoy Guillermo Amarilla Molfino, quien ha recuperado su identidad gracias a la perseverancia de las Abuelas de Mayo.

Noemí Gianotti de Molfino

Noemí, lejos de callar, luchó incansablemente por esclarecer el destino de su hija. Fruto de su tenacidad, llegó a comparecer ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra, lo que la convirtió en un objetivo del régimen. Fue secuestrada en Lima por un comando de la Junta Militar Argentina y trasladada a Madrid. Su hijo Gustavo, con quien convivía en ese momento, salvó su vida por encontrarse ausente durante el operativo. La investigación del crimen, llevada a cabo por la policía española en su momento, recogió huellas dactilares que fueron cotejadas con la base de datos dactiloscópica española, pero nunca se compararon con los registros argentinos, pese a la gravedad de los hechos. Tras las denuncias formuladas en el documental “No me olvides. El año que Videla mató en Madrid”, un juzgado de Buenos Aires solicitó formalmente el envío de la causa judicial a Argentina. Sin embargo, la documentación remitida desde el Reino de España presenta graves irregularidades: las huellas dactilares no están incluidas y varios folios han sido omitidos sin explicación alguna. Décadas después del crimen, la larga sombra del franquismo parece proteger aún a los verdugos de la Junta Militar Argentina, obstaculizando el acceso a la justicia y la verdad que tanto reclamó Noemí Gianotti de Molfino mientras vivió.

23 de julio. Bilbao

María Contreras Gabarra. 17 años. Embarazada de 8 meses. Antonio Contreras Gabarra. 12 años. Ambos hermanos pasaban junto a la guardería Iturralde, propiedad de Antonio Artiñano, teniente alcalde de Ceberio, militante de Herri Batasuna y miembro de las Gestoras pro Amnistía. Un potente artefacto de Goma 2 colocado para atentar contra dicha guardería, estalla al tocarlo el hermano pequeño, Antonio. Los dos quedan destrozados. También el avanzado feto de María.

Anastasio Leal Cerradillo. 59 años. Empleado municipal de la limpieza. Es herido gravemente con politraumatismos en la misma explosión que María y Antonio Contreras. Trasladado al hospital de Cruces, en Barakaldo, es sometido a una intervención quirúrgica de urgencia, pero, finalmente, fallece.

25 de julio. Las Palmas de Gran Canaria

Belén María Sánchez Ojeda. 16 años. Jornadas históricas de lucha de los trabajadores del puerto de Las Palmas, entre los que estaba el padre de Belén María. Estaban en huelga por el primer convenio colectivo del sector, contra la privatización de los puertos, en defensa de los puestos de trabajo y del derecho mismo de huelga, amenazado por un decreto del gobierno Suárez.


Se está desarrollando una concentración pacífica de mujeres e hijos de estibadores a la entrada del puerto, cuando un coche arremete contra ellos y arrastra más de 150 metros a Belén María, pese a los gritos de los manifestantes pidiendo que parara. La joven fallece unas horas después.
Nunca se ha llevado a cabo una investigación sobre lo sucedido. El crimen, este también, ha quedado impune. Desde esa fecha los estibadores instauraron el 25 de julio como “Día Solidario Nacional de los Trabajadores del Mar”.

30 de julio. Bilbao

Hernando García. 17 años. En la puerta del club Yale de Bilbao, el joven Domingo discute con un policía nacional que va acompañado de otro agente y le dispara un tiro en la cabeza. El policía intentó huir, pero fue detenido.

1981

4 de julio. Madrid

Luis Arribas Santamaría. Luis es un mendigo que duerme en un banco en la calle. Es asesinado por los fascistas del Frente de la Juventud, Rafael Gómez Álvarez, Alejandro Rodríguez Borlado, Jesús Javier Blanco García y Pedro Bel Fernández, autores entre otros numerosos actos violentos de la bomba en la sede de los Amigos de la Unesco en Madrid, de la bomba en el diario El País que mató a Andrés Fraguas y el asesinato, el 6 de junio de ese mismo año, de Carlos Javier Idígoras Navarrete (ver https://loquesomos.es/50-anos-de-la-sangrienta-transicion-sangres-de-junio-1976-1982/).

14 de julio. Bilbao

Ovidio Ferreira Martín. 29 años. Repartidor de periódicos. Es herido de un disparo cuando la policía persigue por las calles, a tiros, a un presunto comando de ETA, en el Casco Viejo de Bilbao. Resulta también herida Aurora Múgica, de 48 años. La versión oficial hablaba de “intercambio de disparos”, pero, según denunció la Asociación de Vecinos Bihotzean, del Casco Viejo, y todos los testigos, la policía “había puesto en peligro la vida de los vecinos” y “los disparos procedieron únicamente de la policía, según demuestran las trayectorias e impactos de los proyectiles”.

1983

8 de julio. Las Landas, Francia

Foto © Guillaume Fauveau

Jean Louis Larre “Popo”. Fue visto por última vez en las inmediaciones de un camping en Léon, en la región francesa de las Landas, y desde entonces su paradero es desconocido. Era militante de la organización Iparretarrak. Ese mismo día, sus tres compañeros que fueron detenidos posteriormente, mantuvieron un tiroteo con agentes de la Gendarmería francesa, en el que falleció uno de los efectivos. Durante la refriega, Popo se adentró en una zona boscosa y nunca más se supo de él. Las autoridades francesas intentaron cerrar rápidamente el caso, dando por hecho su muerte sin que existieran pruebas fehacientes. A partir de entonces es como si a Popo Larre se lo hubiera tragado la tierra. Después de 43 años sigue sin resolverse su desaparición.

Non da Popo? (Donde está Popo?)

¡No olvidamos!

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