A 14 años del golpe de apariencia institucional en Paraguay

A 14 años del golpe de apariencia institucional en Paraguay

Por Daniel Alberto Chiarenza

22 de junio de 2012: Golpe de estado con apariencia institucional. El senado paraguayo destituye en un juicio político que dura minutos al presidente Fernando Lugo, entronizan al fascista Federico Franco.

Responderé “al llamado de los compatriotas, los más humildes y excluidos”

Su nombre completo Fernando Armindo Lugo Méndez. Nacido del 30 de mayo de 1951 en San Pedro del Paraná, Itapúa, Paraguay. Realizó su educación básica en una escuela religiosa en Encarnación y, para que subsista su familia vendía, siendo niño, comida casera en las calles.

Si bien el tenía un futuro político, y de signo opositor, -por empezar- su familia no era particularmente religiosa, pero, sin embargo, participaban en la política conservadora y dictatorial del Partido Colorado. Es más, su tío materno, Epifanio Méndez Fleitas y había participado de la conspiración del golpe de 1954 que contribuyó a que Alfredo Stroessner llegara al poder.

En su adolescencia-adultez, aún en contra de las expectativas familiares que lo obligaban a seguir la carrera del Derecho, para ello primero ingresó a una escuela normal. Fernando inició actividades docentes en una comunidad rural. Aunque abandonó lo que parecía su vocación para seguir otra vocación que fue finalmente la religiosa. A los 19 años ingresó al seminario de los Misioneros de Verbo Divino (SVD-Societas Verbi Divini).

En 1977, cursó estudios en la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción, obtuvo la licenciatura en ciencias religiosas. En ese año fue ordenado sacerdote –el 15 de agosto-, siendo destinado como misionero a Ecuador. Desarrolló su labor pastoral en la provincia andina de Bolívar. En este período fue docente y párroco en las localidades de Guaranda y Echeandía, experiencia que favoreció su contacto directo con problemáticas sociales estructurales y su aproximación a la teología de la liberación.

En 1982 retornó a Paraguay, poco tiempo después lo expulsaron del país. Aprovechó para ampliar su formación en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Allí obtuvo el máster en sociología, especializándose en la doctrina social de la Iglesia. Regresó a Paraguay en 1987, previo al derrocamiento de Stroessner.

El 5 de marzo de 1994, el papa Juan Pablo II, lo designó obispo de San Pedro, jurisdicción eclesiástica que sufre necesidades extremas, pobreza. Su gestión episcopal se destacó por su acompañamiento a sectores campesinos, luchando por el apotegma “la tierra es del que la trabaja”. Tuvo un rol relevante en la articulación de las comunidades eclesiales de base.

Renunció a su cargo de obispo de la Diócesis de San Pedro en 2005. Solicitó la secularización –a la que accedió en 2008, tantas veces negada- para presentarse a las elecciones presidenciales, las que ganó. Fue el 48° presidente de la República del Paraguay, cargo que asumió el 15 de agosto de 2008, tras las elecciones del 20 de abril de ese mismo año.

Esa victoria en 2008 había terminado con el continuismo de más de 60 años del Partido Colorado y fue la primera derrota electoral del mismo en elecciones nacionales. Lugo había sido senador entre 2013 al 2023, por el Frente Guazú.

Volviendo a su gestión presidencial, faltando tan solo nueve meses de las próximas elecciones, el Senado paraguayo –el mismo que impedía el ingreso de Venezuela como miembro pleno al MERCOSUR- destituyó por 39 votos a favor al presidente constitucional Fernando Lugo, quien en su discurso de despedida les aseguró a «todos los paraguayos y paraguayas que sueñan con un Paraguay diferente, que siempre podrán contar conmigo», exhortó a que «cualquier manifestación sea con aristas pacíficas» y pidió que «la sangre de los justos no se derrame nunca más por asuntos mezquinos». Afirmó que a pesar de que «las leyes fueron torcidas de manera cobarde y alevosa» se someterá a la decisión del Congreso y responderá por sus actos como exmandatario «al llamado de los compatriotas, los más humildes y excluidos». Luego de agradecer el apoyo brindado por las Fuerzas Armadas y a las organizaciones sociales que lo acompañaron durante los cuatro años de su presidencia, afirmó que nunca respondió «a claques políticas, las mafias ni al narcotráfico».

«No es Fernando Lugo el que recibe un golpe, no es Fernando Lugo quien es destituido, es la historia paraguaya la que ha sido herida profundamente», aseguró el exmandatario en el inicio de su discurso de despedida y sostuvo que «se han transgredido todas las normas de la defensa de manera alevosa y espero que sus ejecutores tengan en cuenta la gravedad de esto».

«Este ciudadano respondió y seguirá respondiendo a los compatriotas […] Hoy me despido como presidente, pero no como ciudadano». Lugo continuó diciendo: «Esta noche salgo por la puerta más grande de la patria, por la puerta del corazón de mis compatriotas», agregó.

No existía evidencia de las reales intenciones si sólo nos guiamos por el líbelo acusatorio aprobado por la Cámara de Diputados cerca del mediodía del día anterior, casi sin debate, sólo minutos antes de que el plenario del Senado, con la misma velocidad, se interese en esos instantes de la siesta para preparar el escenario de una sentencia ya cantada: destitución sumaria, sí o sí. Los urgentes términos de la acusación en el juicio político son difusos, van desde la responsabilidad por la instalación de la inseguridad en el país, la responsabilidad sobre la matanza de campesinos y policías en una propiedad mal habida durante la dictadura en Curuguaty, hasta la suscripción por parte del Ejecutivo de la Cláusula de seguridad democrática del Mercosur conocida como Protocolo de Ushuaia II, y aún pendiente de aprobación por parte del mismo Parlamento destituyente.

Sólo se escuchaba un término que se repetía de legislador a legislador, casi con unanimidad: celeridad, y más celeridad. Los plazos se cuentan en minutos. Nunca el Parlamento paraguayo trató tema alguno con la misma velocidad. Esta velocidad sólo se asemeja la de un golpe de Estado.

El Partido Liberal, con mayoría parlamentaria, anticipó que el presidente sería destituido, y que en su lugar quedaría Federico Franco, que responde a esa fuerza política, pero tanto como los colorados tienen una notoria base fascista en su conformación ideológica.

Durante una entrevista radial, Lugo aseguró que acatará lo que se decida en ese juicio, al que calificó de “golpe parlamentario con ropaje jurídico”, pero advirtió que impulsará «una resistencia» desde «otras instancias organizativas». Remarcó que cuenta con «un gran apoyo popular» y agradeció los llamados de apoyo que recibió de pares de la región, entre ellos de la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner.

«Es más que un golpe de Estado al Presidente, un golpe parlamentario con un ropaje jurídico, con una herramienta como es el juicio político, pero con motivos que no se ajustan a la verdad», describió Lugo y enfatizó que los motivos esgrimidos por la oposición para iniciarle el proceso «no ameritan» impulsar ese mecanismo. No obstante, ratificó que lo afrontará, a partir del «apoyo popular» y de los «sectores más vulnerables de la sociedad paraguaya».

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