20 de octubre, 1868. Guerra de Cuba: los patriotas se apoderan de Bayamo

20 de octubre, 1868. Guerra de Cuba: los patriotas se apoderan de Bayamo

‘El incendio de Bayamo’ (o La quema de Bayamo) del pintor, dibujante y acuarelista cubano Juan Emilio Hernández Giró (1882–1953)

Por Daniel Alberto Chiarenza

Bayamo, Cuba: quemar la ciudad antes que entregarla a la ocupación colonial… En septiembre de 1868, se había producido la Revolución de 1868 en España y el ‘Grito de Lares’ en Puerto Rico.

Por aquellos días de, pasada la mitad del siglo XIX, en Bayamo se evidencia un importante desarrollo del pensamiento masónico cubano. El nombre de Bayamo tendría dos orígenes: algunos apuntan a que tomó el sustantivo del nombre del cacique que era el líder de la zona; pero otra nos informa que debe su nombre a la existencia allí del Bayam, árbol de la sabiduría, frondoso y de buena sombra.

En aquella ciudad se encuentra un museo con documentos de Carlos Manuel de Céspedes. También se exhibe El Cubano Libre, el primer periódico independiente publicado por Céspedes. En las posteriores etapas de lucha por la liberación nacional, los bayameses siguen integrándose, destacándose muchos que alcanzaron altos rangos en el Ejército Libertador.

Entre los españoles, los ingleses y los yanquis, por una parte, y por otra, la codicia de los hacendados criollos, a la vez conservadores y esclavistas, Cuba atravesó gran parte del siglo XIX sometida al poder colonial. Recién salieron de su aparente aletargamiento en 1868, una parte de los acaudalados criollos de la región oriental, menos ricos que la “sacarocracia” de la zona occidental de la Isla, se alzaron en armas contra España el 10 de octubre de ese año. Fueron muy prudentes al exhibir sus aspiraciones: decían que sólo deseaban la “emancipación gradual e indemnizada de los esclavos”, pero no se presentaron como independentistas –pues ciertamente no lo eran todos, era una alianza de independentistas y anexionistas- por lo menos en un primer momento. Se trataba de un movimiento de agricultores blancos, con pocos hombres afroamericanos en sus filas, pero que llegó a movilizar contra España entre diez y veinte mil hombres. Las grandes figuras de este movimiento fueron el hacendado Carlos Manuel de Céspedes, el capitán mulato Antonio Maceo, que fue el segundo jefe militar del Ejército Libertador de Cuba -conocido como “El Titán de Bronce”- y Máximo Gómez, quien era dominicano de nacimiento, pero luego fue Generalísimo de la Guerra Revolucionaria en Cuba, al igual que Modesto Díaz.

Ellos iniciaron el 12 de octubre de 1868, el llamado Grito de Yara, en el ingenio “La Demajagua”. Los patriotas fueron sorprendidos por una emboscada española, sufriendo gran cantidad de bajas y dispersándose. Junto a Céspedes, proféticamente, quedaron apenas doce hombres (que “encarnarían” 90 años más tarde en los doce revolucionarios que luego del desastre del “Granma” ingresarían a la Sierra Maestra para lograr la liberación de Cuba).

A las autoridades coloniales españolas, para dominar esta rebelión, les costará diez años y que por esta extensión sería conocida como la Guerra Grande. Ya los cubanos están lo suficientemente organizados en logias Masónicas y en aquellas sociedades venían conspirando contra el gobierno español, sin levantar sospechas, pues por lo general estaban formadas por gente ilustrada.

El grupito de Céspedes fue rápidamente encontrado por el general dominicano Luis Marcano, quien había servido a las órdenes de España, pero ahora luchaba junto a los cubanos. El general Marcano convenció a Céspedes de atacar por sorpresa la desprevenida ciudad de Bayamo y éste aceptó.

El 17 de octubre, las tropas cubanas de aproximadamente cuatro mil hombres, aunque no todos bien armados, llegaron a las cercanías de la ciudad. El teniente coronel Julián Udaeta, jefe militar de la plaza al mando de 180 hombres bajo instancias del gobernador de la isla Francisco Lersundi emite un bando en el cual ordena ejecutar a cualquier habitante de la ciudad que coopera con los mambises, pero esta orden no surtió efecto en la población civil, que partió masivamente a ayudar a las tropas mambises. Céspedes comunicó a Udaeta la inminencia del asalto a la ciudad y solicitó su rendición. El jefe español se negó.

El 18 de octubre comenzaron los combates. Céspedes, junto con Francisco Vicente Aguilera y Luis Marcano, toman la ciudad de Bayamo. Marcano acudió a la plaza de la iglesia mayor, donde rindió sin luchar al Brigadier Modesto Díaz, que era pariente suyo y que inmediatamente se unió a las fuerzas cubanas. Perucho Figueredo reparte volantes con la letra del Himno Nacional Cubano al que denominan “La Bayamesa”.

Bayamo es la capital de la actual provincia de Granma (antes Oriente). Aquí, al apoderarse los patriotas de la ciudad, el himno nacional de Cuba fue cantado -un 20 de octubre de 1868- por primera vez. En Bayamo se creó la bandera que Carlos Manuel de Céspedes utilizó en la guerra independentista. Actualmente sigue siendo la bandera de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Los cubanos de hoy continúan cantando “Al combate, corred, bayameses […]”. Fue la primera capital de la República en Armas, proclamada doce días después de La Demajagua (22 de octubre). Crea un gobierno que ayuda a los pobres.

Carlos Manuel Céspedes es llevado en ese día y bajo palio a la Iglesia parroquial, donde se le asigna el título de Capitán General de la Cuba Libre y dirige un emocionado discurso, declarando la libertad de todos los esclavos insurrectos.

El 12 de enero de 1869, ante el inminente contraataque y la reconquista por parte de las tropas españolas del Conde de Valmaseda, los propios habitantes de Bayamo y los patriotas prefirieron quemar la ciudad antes que entregarla al ejército colonial español, hecho que constituye uno de los episodios más trascendentales de la Historia de Cuba. Es la ciudad natal de Carlos Manuel de Céspedes –considerado junto a Martí en el siglo XIX uno de los Padres de la Patria-.

Fueron diez años de una tenaz y desgarradora lucha y sólo las disensiones internas en el frente popular pudieron abatir los inmemoriales deseos de liberación.

La vida de Céspedes terminó en suicidio, siendo reemplazado por Salvador Cisneros Betancourt. Si bien José Martí participó, fue deportado a España en 1871.

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