La guerra silenciada contra los kurdos en Irán

La guerra silenciada contra los kurdos en Irán

Por Leandro Albani*

Los tambores de guerra suenan otra vez alrededor de Irán. El presidente estadounidense hace todo lo posible para anular el memorando de entendimiento firmado entre Washington y Teherán. El estrecho de Ormuz y el tráfico de petróleo se mantiene como un punto crítico por el que pujan Estados Unidos e Irán. El Estado de Israel, principal aliado de la Casa Blanca, continúa actuando con total autonomía y castigando a Palestina y El Líbano.

Medio Oriente cruje cada vez más, con sus placas tectónicas movidas a la fuerza por los intereses en juego. Trump y Benjamín Netanyahu intentan avanzar de forma rápida y concreta sobre la región para desplegar, sin fisuras, su poder hegemónico. Y para eso, Teherán tiene que dejar de ser el hueso más duro de roer.

En medio de esta situación, el pueblo kurdo en Irán -entre diez y doce millones de personas- todavía se sacude los escombros de la guerra reciente. Si bien en un principio se lanzaron versiones sobre que los partidos políticos kurdos y sus brazos armados iban a acompañar por tierra los ataques de Washington y Tel Aviv, de forma muy rápida desmintieron esta posibilidad. Aunque las seis principales organizaciones kurda en Irán -que integran la Alianza de Fuerzas Políticas del Kurdistán iraní (AFPKI), conformada unos días antes de los ataques- dejaron en claro que no iban a participar en la avanzada estadounidense-israelí, se convirtieron en blancos de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní (GRI).

En la primera etapa de la guerra, las fuerzas militares de Irán bombardearon decenas de bases, campamentos y sedes de los partidos kurdos instalados en el Kurdistán iraquí (Bashur). Existe un acuerdo entre Irán, Iraqy el Gobierno Regional del Kurdistán iraquí (GRK) para que las organizaciones kurdas de Rojhelat (región kurda ocupada por el régimen iraní) mantengan sus bases fuera de las fronteras de Irán. Aunque el GRK y la Unión Patriótica de Kurdistán (UPK, segunda fuerza política en Bashur) rápidamente se desligaron de la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel, en el territorio kurdo de Iraq, siguen cayendo las bombas iraníes o, en muchos casos, las Fuerzas de Movilización Popular (FMP o Hashd al-Sha’bi, coalición proxy de Irán) son las encargadas de los ataques internos.

Ataques contra el PJAK

El único partido político kurdo con presencia real en Rojhelat es el PJAK (Partido por la Vida Libre de Kurdistán), integrante del Movimiento de Liberación de Kurdistán, que tiene como líder a Abdullah Öcalan -encarcelado en Turquía desde hace 27 años- y levanta las banderas del confederalismo democrático, el paradigma creado por Öcalan y que tiene como núcleo ideológico al Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK).

Al igual que en las otras tres partes de Kurdistán (Bakur, Bashur y Rojava), durante casi cien años los kurdos fueron víctimas del negacionismo estatal, la persecución, las masacres y el encarcelamiento masivo de sus militantes y pobladores. En el Irán controlado por el Sha Reza Pahleví, como luego de la Revolución Islámica, en 1979, el pueblo kurdo siempre fue desplazados hacia los márgenes de las políticas estatales. Es más, en ambos casos el Estado fue puesto al servicio de su represión.

Antes de que Trump ordenara los nuevos bombardeos contra Irán, la Guardia Revolucionaria Islámica sostuvo enfrentamientos con las Unidades de Defensa del Kurdistán Oriental (Yekîneyên Rojhilatê Kurdistan, YRK), la organización de autodefensa del PJAK. Conocida la noticia, el régimen de Teherán se apresuró a calificar a los y las guerrilleras kurdas como “terroristas” (algo que se repite desde que el tiempo es tiempo). Durante los combates, cuatro guerrilleros kurdos fueron abatidos y entre cuatro y seis soldados de la GRI murieron. A principios de julio, el PJAK difundió un comunicado en el que denunció el ataque militar contra Rojhelat y alertó que tras el acuerdo con Estados Unidos, el Estado iraní intensificó las ejecuciones, las detenciones y las operaciones militares en todo el país.

El PJAK también detalló que las incursiones de la GRI se produjeron en la zona de Bane, cerca de Mahabad, donde cayeron los cuatro guerrilleros. En el comunicado se puntualizó que los miembros de la GRI fueron abatidos en los alrededores Piranshahr. A su vez, el PJAK reveló que la GRI asesinó al civil kurdo Siavash Alak, en Mahabad. En Piranshahr también fueron ultimados seis milicianos peshmerga del Partido Democrático del Kurdistán iraní (PDKI).

Desde que el conflicto bélico entre Washington y Tel Aviv contra Teherán se profundizó, el PJAK en particular, pero también el resto de las organizaciones que conforman la AFPKI, descartaron que su objetivo fuera derrocar al régimen de los ayatolas, aunque dejaron claro que el país necesita una reforma profunda que no solo reconozca los plenos derechos de los kurdos, sino también de otras minorías como los azeríes, baluches y árabes. Y en el caso del PJAK, su dirección despejó cualquier duda sobre su capacidad militar al decir que estaban preparados para ejercer la autodefensa si el pueblo de Rojhelat era atacado.

En el comunicado del PJAK además se descartó que colaboren con gobiernos extranjeros (algo que repiten día y noche desde Teherán).

Notificaciones rojas

La persecución contra los kurdos por parte del Estado iraní se da a todos los niveles. El 29 de junio pasado se conoció que Teherán solicitó notificaciones rojas de Interpol y peticiones de extradición para líderes de partidos políticos de Rojhelat. Aunque dirigentes iraníes que fueron parte del régimen tengan solicitudes similares en Interpol, parece que el Ejecutivo no reniega de esos mecanismos que, en otras ocasiones, fueron denunciados por el propio Teherán.

Según el portal The Amargi, las “resoluciones judiciales iraníes remitieron la solicitud a Iraq, donde tienen su sede algunos partidos políticos kurdos iraníes, así como a países europeos como Alemania, Francia, Bélgica y Suecia. Sin embargo, Interpol no ha emitido ninguna confirmación al respecto”.

Interpol estipula que una notificación roja permite “solicitar a la policía de los países miembros que localice y detenga a una persona para su extradición al país solicitante, pero sin obligación de arrestarla formalmente”.

En marzo de este año, el régimen iraní demandó al gobierno de Bagdad y al GRK que extraditara, o que reubicara en otros países, a los y las dirigentes de los partidos kurdos que tienen sus bases en Bashur.

La solicitud de notificaciones rojas por parte del Estado iraní es algo recurrente: en 2021 aplicó esta medida contra el presidente estadounidense Donald Trump y otros 47 funcionarios estadounidenses por su participación en el asesinato del exgeneral de la Guardia Revolucionaria Islámica, Qassem Soleimani.

Entre los afectados por las notificaciones rojas se encuentran Hassan Sharafi, miembro del Comité Ejecutivo del PDKI, y Riwar Abdanan, portavoz del PJAK.

Nahid Bahmani, de la dirección del partido Komala en Irán, declaró que las amenazas del régimen “son herramientas de larga data de la propaganda y la política de seguridad del régimen. Resistirlas es fundamental para nuestra lucha”.

En una entrevista reciente, Fuad Bêrîtan, del Consejo Ejecutivo del PJAK, analizó con respecto a los pedidos a Interpol que la “iniciativa de Irán no debe considerarse simplemente un proceso legal. Se trata de un proyecto político y de ‘seguridad’ disfrazado de maniobra jurídica. Irán sabe que si declara abiertamente que persigue a líderes y activistas políticos kurdos por su lucha política, la organización de la sociedad y la defensa de los derechos del pueblo kurdo, tal caso carecería de legitimidad a nivel internacional. Por lo tanto, intenta ocultar la naturaleza política, de seguridad e incluso militar del caso tras epígrafes como ‘denuncia especial’, ‘causa penal’ o ‘solicitud judicial’.

Bêrîtan llamó a la comunidad internacional, las organizaciones de derechos humanos, los Estados europeos, el gobierno iraquí y el Gobierno Regional del Kurdistán iraquí a no “dejarse engañar por este intento de legalización fraudulenta”. Y agregó: “Irán es directamente responsable de cualquier amenaza, asesinato, secuestro, presión o acto de violencia contra los líderes y miembros de los partidos políticos kurdos”.

Llueven bombas otra vez

Desde el 17 de julio, las fuerzas militares iraníes retomaron los bombardeos contra Bashur. Ese mismo día, Teherán lanzó entre siete y ocho misiles contra varias localidades de la región, hecho reivindicado por la GRI, en el sur de la ciudad de Sulaymaniyah. En esa zona, el partido kurdo-iraní Komala mantuvo sus cuarteles generales, aunque la mayoría de los campamentos fueron desarmados meses atrás por la presión iraní. Desde que se reanudaron los ataques contra Bashur, ya fallecieron al menos nueve combatientes kurdos y los ataques se mantiene constantes.

En Erbil, capital de Bashur, existen instalaciones militares estadounidenses, el consulado de ese país y varias sedes de misiones diplomáticas, por lo cual, según medios kurdos, los ataques “son interceptados con frecuencia antes de alcanzar sus objetivos”. Pero, agregan, “esto no significa que los grupos kurdos iraníes con base en Erbil se hayan librado de los ataques”.

Para el régimen iraní, los grupos políticos kurdos iraníes con bases en Bashur son su prioridad militar. El ejemplo más claro de esto es que desde el 28 de febrero, cuando comenzó la primera fase de la guerra actual, Bashur recibió más de novecientos ataques con misiles y drones iraníes, con un saldo de treinta personas muertas y casi ciento cincuenta heridos.

Aunque el Gobierno Regional del Kurdistán iraquí condenó los nuevos ataques, el impacto de su postura es débil, pese a la relación estable que mantiene con Irán. Una muestra de ellos es que el presidente del GRK, Nechirvan Barzani, asistió al funeral de Ali Jamenei en Teherán.

Desde el origen hacia el futuro

Aunque los grandes focos mediáticos ya no están sobre lo que “podrían hacer” o “dejar de hacer” los partidos kurdos de Irán -que tuvieron una fuerte exposición durante la primera etapa de la actual guerra-, las políticas represivas contra esas organizaciones, y contra muchos sectores del pueblo kurdo de Rojhelat, casi no se modificaron. El número creciente de ciudadanos kurdos detenidos en las últimas semanas, lo demuestran. A esto se suman las escaramuzas entre la guerrilla del PJAK y la GRI.

A lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, el Estado iraní -como también los otros tres Estados que oprimen a la población kurda-, nunca dudó en atacar al pueblo kurdo en momentos de profundas crisis internas o cuando esas crisis son impuestas desde el exterior. Los casos de Irán y Turquía son los más evidentes: ante los problemas que sus dirigencias estatales no puede, o no quieren, resolver, una de las salidas es redoblar la represión contra los kurdos.

En Irán, la alianza de partidos kurdos es reciente y las diferencias ideológicas entre sus integrantes son históricas, pero también se pueden leer como menores ante la situación actual. En lo que coinciden todas las organizaciones es que Irán debe ser democratizado, las minorías étnicas y religiosas incluidas con plenos derechos bajo un Estado de derecho, y que en el caso puntual de Rojhelat se alcance algún tipo de autonómica o federalismo en la región para que sea gestionada y administrada por sus propios pobladores.

También sigue latente la posibilidad de que los partidos kurdos de Irán se sumen a una nueva aventura bélica de Estados Unidos e Israel. Hasta ahora, la alianza de organizaciones kurdas rechaza esta posibilidad, pero es verdad que no todos los partidos tienen las mismas posturas. Por ejemplo, el PJAK siempre se manifestó radicalmente en contra de participar junto a Washington y Tel Aviv, y en el otro extremo, el Partido de la Libertad de Kurdistán (PAK) tuvo posturas más cercanas a Occidente, al punto de pedir la invasión de Irán a mediados de 2025 durante la guerra de los Doce Días.

La realidad que muchas veces no se quiere mostrar -y por ende analizar y debatir- es que los kurdos de Irán sufren una represión sistemática por parte del Estado y que a nivel del sistema internacional de naciones, nadie interviene o se pronuncia al respecto. Aunque sobre este pueblo caen acusaciones de todo tipo por supuestas relaciones con Estados Unidos o Israel, ni a Trump ni a Netanyahu les interesa la suerte de los kurdos, más allá de querer forzarlos a convertirse en la “fuerza de choque” para una descabellada invasión por tierra.

La historia de los kurdos de Irán -como sus hermanos en Turquía, Siria e Iraq- está sostenida sobre una base construida de resistencias, repliegues y avances, una cultura milenaria, y capacidades políticas que pocas veces ven la luz, pero que se vienen forjando desde hace muchas décadas. Por ahora, ni Occidente ni el régimen iraní tienen intensiones reales de incluirlos como actores de peso para el futuro del país y de la región. Mientras tanto, el pueblo kurdo de Rojhelat sigue su marcha hacia ese lugar íntimo y de una carga política primigenia, que es hablar su propia lengua materna sin que eso signifique una condena a muerte.

* Leandro Albani , periodista y escritor argentino, autor de los libros «Kurdistán. Crónicas insurgentes» (kunto a Alejandro Haddad), «Revolución en Kurdistán. La otra guerra contra el Estado Islámico», «ISIS. El ejército del terror», «Mujeres de Kurdistán. La revolución de las hijas del sol» (junto a Roma Vaquero Diaz), «No fue un motín. Crónica de la masacre de Pergamino», «Ni un solo día sin combatir. Crónicas latinoamericanas» y «Kurdistán urgente. Historias de un pueblo en resistencia». Ha realizado coberturas desde Venezuela, Bolivia, México, Cuba, Ecuador, España, Bélgica, Irán y Bashur (Kurdistán iraquí).
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