“Querer negar el apartheid aplicado por Israel es querer negar la existencia del sol”

“Querer negar el apartheid aplicado por Israel es querer negar la existencia del sol”

Por Leandro Albani

LoQueSomos dialogó con Iván Zeta y Luciana Alter, integrantes de la organización antisionista Judíes x Palestina de Argentina.

En 2021 arreciaban los bombardeos de Israel sobre la Franja de Gaza. En Sheikh Jarrah, uno de los barrios palestinos de Jerusalén, las fuerzas militares de Tel Aviv realizaban una operación de desalojos forzados de familias palestina. La resistencia de los y las pobladoras tuvo como respuesta la represión masiva israelí. Ese año en Argentina, un grupo de jóvenes de origen judío dijo “basta”. Lo que el Estado israelí hacía en nombre del judaísmo debía detenerse, o al menos ser denunciado por la propia comunidad. Por eso, conformaron Judíes x Palestina (JxP), una organización que desde su nacimiento se reivindica antisionista y antirracista. Para Argentina, donde el sionismo tiene una penetración profunda en el Estado y en la mayoría de la clase política, JxP parecía una anomalía. Pero en realidad, la conjunción que tenían las ideas de izquierda, la solidaridad con el pueblo palestino y el rechazo abierto al imperialismo estadounidense en sus primeros integrantes, permitió nuclear a hombres y mujeres que, hasta el día de hoy, no tiemblan a la hora de denunciar los crímenes cometidos por Israel.

Aunque en ese 2021 fue el inicio, recién el 7 de octubre de 2023 JxP se activó del todo. La acción militar lanzada por la resistencia palestina —encabezada por Hamás— contra territorios ocupados por Israel, y el posterior genocidio cometido por Tel Aviv en Gaza, se configuró como el hecho que definió a la agrupación. A partir de ese momento, no solo la denuncia estuvo en los lineamientos de JxP, sino también la necesidad de conocer las historias personales de sus miembros, las discusiones sobre judaísmo, sionismo y antisemitismo, y la vinculación con espacios en Argentina, pero también de otros países del mundo.
En ese pequeño grupo inicial, “empezamos a hablar de que desde hacía muchos años no había una voz contraria desde adentro del judaísmo en contra de los crímenes de Israel. Y así arrancamos”, recuerda Iván Zeta.

Iván explica que la comunidad judía en Argentina es heterogénea, principalmente sus jóvenes, pero que a su vez está cruzada por las ideas del sionismo, una ideología que, con el correr de las décadas, dejó en claro su génesis supremacista.

Militante del Partido Obrero (PO), Iván dice que a partir de octubre de 2023 “fue una montaña rusa de cosas, de marchas, de entrevistas, de pronunciamientos”. “Nos involucramos en el Comité Argentino de Solidaridad con el Pueblo Palestino, que existe desde hace más de cuarenta años y que nuclea organizaciones árabes, organizaciones sociales, partidos políticos, agrupaciones de derechos humanos. Empezamos a hacer reuniones virtuales y presenciales abiertas, con gente de diversos tipos de origen”, rememora.

Iván destaca que esos primeros pasos, atravesados por la urgencia de lo que sucedía en Gaza y por los debates y discusiones entre los integrantes de JxP, “terminaron dándole un color a la agrupación, que es que la mayoría de nosotros recuperamos nuestra identidad judía a partir de debatir el problema de Israel y de la causa palestina”.

Lucía Alter, otra integrante de JxP, acota que para mucha gente fue muy fuerte que ellos tuvieran como consigna “no en nuestro nombre”, porque rompía la utilización que hace Israel de la identidad judía. Lucía también recuerda los primeros debates, donde surgían las preguntas y las búsquedas, todas alrededor de si los judíos eran un pueblo o si el judaísmo es simplemente una religión.

Para Luciana, en JxP encontraron la fuerza para plantear sus posiciones al rescatar a “nuestros abuelos y a nuestras abuelas, y hasta un montón de judíos y judías que lucharon contra el sionismo, que fueron anticoloniales, antifascistas, y no dejar que eso quede enterrado por el horror en el que Israel ha convertido al judaísmo”.

Iván asegura que en el caso de JxP, la mayoría de sus miembros en Argentina “no proviene de una ruptura directa con instituciones judías que hace más de veinte o treinta años están nucleadas alrededor del sionismo”. En estos años, además como agrupación reforzaron su postura de “no en mi nombre”, para dejar en claro que el Estado israelí no habla por todos y todas las judías del mundo. A su vez, describe Iván, encontraron “la necesidad de luchar contra el antisemitismo sin ninguna banalización y sin vincular el problema a Israel. Luchamos contra el antisemitismo como se lucha contra todas las formas de racismo. Eso nos fue dando una identidad de agrupación no solo antisionista, sino de izquierda, antirracista, antiimperialista”.

En la actualidad, JxP no solo participa en el Comité de Solidaridad con el Pueblo Palestino de Argentina, sino que también integra Sandia, una coordinadora transfeminista por Palestina, del ciclo “Cine por Palestina” y, a nivel internacional, es miembro de Global Jews for Palestine.

Debatir por la verdad

La creación de JxP implicó no solo irrumpir en la escena política y social en Argentina con una postura heterodoxa, novedosa y cargada de compromiso, sino que para sus integrantes generó discusiones, charlas y hasta rispideces con sus círculos más íntimos: familiares, amigos, compañeros y compañeras de trabajo. Pero en JxP, siempre apelando al diálogo y a tratar de despertar la conciencia, la ruptura de relaciones personales no fue mayor.

Luciana retoma la palabra para continuar explicando a su organización: “Todos podemos aprender y entender qué es el sionismo, o sobre la existencia misma del Estado de Israel, que no es un problema de ahora o de Benjamín Netanyahu solamente, sino que la existencia misma y la fundación del Estado de Israel fue una fundación colonial”.

“También nos declaramos anticoloniales —agrega—. Uno de nuestros planteos más importantes es una Palestina libre del río al mar, con derecho al retorno”. Luciana aborda la repercusión de la postura de JxP en sus círculos más cercanos: “Tenemos compañeros y compañeras en la agrupación que tienen familiares en Israel, entonces aparece esa idea, que muchas veces se presenta, y se nos acusa de decir Palestina libre del río al mar significa matar a todos los israelíes o tirarlos al mar”. Profundizando en su explicación, analiza: “Quien tiene una mentalidad genocida hoy en día es el gobierno de Israel. Entonces hay explicar qué significa el derecho al retorno, cómo sería. Debatir sobre quiénes no quiere convivir o, más específico, el que vive en la casa de un palestino, y ya vive hace un montón de tiempo, nació ahí, pero no es su casa, entonces tiene que devolver esa casa, si quiere construir una casa al lado, que la construya y que se quede”.

“Esos debates fueron, en general, bastante fraternales, más de aprendizaje mutuo y continuo —remarca—. Los más difíciles fueron sobre el apoyo a la resistencia palestina. Desde el principio tuvimos una postura muy clara de apoyo incondicional a la resistencia, entonces la gente no entendía que apoyo incondicional es que apoyamos incondicionalmente que existe una resistencia”. Luciana aclara que la propia ONU reconoce el derecho de los pueblos a resistir de forma armada ante una invasión colonial. Y también expresa que la resistencia palestina es mucho más amplia que los grupos que realizan acciones armadas.

El antisionismo como bandera

La discusión sobre el sionismo no fue ajena a JxP. La ideología en la que se sostiene el Estado de Israel es un tema espinoso, que en el caso de Argentina puede derivar en poner en el mismo plano el antisionismo con el antisemitismo, algo que desde JxP rechazan de forma tajante.

Este tema “fue parte de un proceso donde el propio grupo debatía internamente y se definía en términos de si se declaraba antisionista o no —cuenta Iván—. Porque había gente que de golpe decía ‘tenemos que ser no sionistas, post-sionistas, pero no antisionistas’. JxP, desde su propia fundación, tiene esas definiciones programáticas y partimos de ahí. Eso tiene que ver con la tradición de los miembros fundadores, que tenemos un perfil de izquierda y a partir de ahí eso tiñe mucho la experiencia de la agrupación”.

Luciana profundiza la explicación de su compañero: “Ser antisionista es ser anticolonialista. En primer lugar, uno tiene que tener una postura anticolonialista, estar con el pueblo palestino, con el pueblo irlandés, tiene que estar con las causas nacionales de diferentes lugares”.

A este análisis, Luciana suma esta reflexión sobre la confusión entre judaísmo y sionismo: “Meter a la religión es para ensuciar, es una maniobra de acusar de antisemita o de judeófobo a alguien, pero evidentemente no es un problema religioso”. A partir de ese punto, “es donde uno tiene que explicar que en el territorio de Palestina convivieron durante cientos y miles de años diferentes religiones, que no hay un problema”, agrega.

Por eso, Luciana asegura que “es muy importante plantear que esto no es un problema religioso, que es un problema político y encuadrarlo en la cuestión del imperialismo y los intereses, en su momento de Inglaterra, hoy en día de Estados Unidos. Israel no es solo Israel, sino entender que el resto de los Estados árabes puedan recomponer sus relaciones con Israel en favor de un orden mundial que le convenga a Estados Unidos”.

Persecuciones

Desde hace varias décadas, la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) se convirtió en el buque insignia del sionismo en el país. Una de sus armas es acusar judicialmente por antisemitismo a cualquier persona que se pronuncie en solidaridad con Palestina. Sucedió con el actor Norma Briski, que al recibir un premio Martín Fierro pronunció varias veces la palabra “Gaza”, o con Vanina Biasi, legisladora del Partido Obrero por la ciudad de Buenos Aires. La causa contra el actor fue desestimada, pero la que persigue a legisladora sigue firme.

Iván cuenta que con respecto a Biasi existe una campaña internacional en su defensa y denuncia que la legisladora tendrá que enfrentar “un juicio federal”. Al respecto, explica “que es una novedad, porque hasta ahora siempre esos juicios fueron a nivel de lo que realmente corresponde, haya delito o no: debían transitar en el tribunal de la ciudad, si es en Buenos Aires, o en los tribunales provinciales. Acá el componente persecutorio queda evidenciado desde que se plantea como delito federal, aunque no es un delito federal y no está tipificado como tal”.

Para el juicio, la defensa de Biasi presentó una lista de cincuenta testigos, entre los que se encuentran el reconocido investigador e intelectual israelí Ian Pappé y académicos estadounidenses.

Ellos, dice Iván, “van a testificar por vía virtual para explicar lo elemental, que venimos diciendo desde el principio: el antisionismo no es antisemitismo, y que estos juicios son una mordaza legal que se pretende poner”. El integrante de JxP señala que en Argentina todavía no se acusó judicialmente a ningún judío por su postura contraria al Estado israelí, pero que en países como Alemania, el Reino Unido y Estados Unidos, “hay causas directamente contra judíos por tener posturas antisionistas. Se los acusa de antisemitas en un claro acto de antisemitismo, porque demandarle a un judío que no opine o que no se asuma como judío para opinar, y eso es judeófobo, es negarle su identidad”.

“Nosotros nos tomamos muy en serio el tema de la persecución y tratamos de jugar el rol más activo posible a la hora de ofrecerle recursos, argumentos, seguridad y confianza a quienes se suman a la causa”, destaca Iván.

El sionismo y Argentina

En Argentina, con el gobierno de Javier Milei la política exterior del país se cuadró detrás de Estados Unidos e Israel como pocas veces se vio. Pero este lineamiento no es algo nuevo, aunque ahora se expresa a viva voz.

En el país, “hay un alineamiento genuino de todas las fuerzas patronales” con Israel, manifiesta Iván. “Eso no tiene que ver con un dominio en la sombra del sionismo, sino que hoy en día, para toda América Latina y en particular para Argentina, el alineamiento con el sionismo es un santo y seña para alinearse con el imperialismo”, destaca.

Para Iván, “el alineamiento del PRO (partido político de Mauricio Macri), de Milei, incluso de la enorme mayoría del peronismo con Israel, no es por una vocación sionista, sino que es la manera que encuentran de triangular una posición para que quede claro que defienden los intereses del imperio yanki al cien por ciento”.

Luciana aporta su mirada al respecto: “En Argentina, alinearse con Israel es alinearse con el imperialismo yanki. Y acá, una gran parte del progresismo apoya a Israel. El término que inventaron en Estados Unidos, en Argentina cabe perfecto: PEP, progresista excepto por Palestina. El alineamiento con Israel permite, de alguna forma, alinearte con Estado Unidos pareciendo progresista. Tiene ese beneficio para un sector político de Argentina y es un problema”.

Al referirse al principal movimiento político del país, el peronismo, Luciana manifiesta que “hay muchas personas que se reivindican peronistas y que tienen una contradicción muy grande, porque el peronismo como fuerza política no ha dicho una palabra. Sí algunas personas individualmente, pero sus principales referentes, el Partido Justicialista, nadie ha dicho una palabra sobre el genocidio en Gaza y entonces se presenta una contradicción. Muchos fueron evolucionando: no rompen con el sionismo, pero sí con que en Gaza hay un genocidio, que Netanyahu se tiene que ir. Hay mucha gente que está muy opuesta a Milei y les resulta muy incómoda la posición de que Milei es uno de los principales defensores de Israel y que, a su vez, ellos son progresistas y defienden a Israel. Ahí se da una contradicción política que es interesante, porque puede avanzar a una ruptura con el sionismo”.

Las resistencias

En agosto de 2025, Iván y Luciana viajaron a Palestina en representación de JxP. Ambos coinciden en que la resistencia del pueblo palestino es constante, pero que el avanece militar israelí en Cisjordania es demoledor. El viaje además les permitió conocer más de cerca qué piensa la sociedad israelí.

Luciana recuerda que en Jerusalén conocieron a unos argentinos “que eran del activismo propalestino. Ellos nos decían un poco que, por un lado, en Israel hay todo un sector muy genocida, con una mentalidad genocida, que es lo que vemos con el movimiento de colonos y la gente que van a hacer sus tours para ver cómo caen las bombas”. Sobre esta realidad, afirma que “es mucho más fuerte de lo que uno puede haber visto o leído de lo que pasaba en la Alemania nazi, donde de alguna manera los campos de concentración se ocultaban. Hay hasta videos de propaganda que hacía el gobierno nazi planteándolos como campos de trabajo o de reeducación. En Israel hay un mostrar la tortura”.

Iván agrega al respecto: “Lo que vimos es una sociedad totalmente corría a la derecha y que son décadas de adoctrinamiento en la propia escuela, de deshumanizar al palestino. Incluso mostrarlo, desde un lado pseudo progresista, de que es un costo necesario por la seguridad, de decir ‘estamos en un lugar donde si no actuamos así, nos comen’”.

La contracara son los sectores de jóvenes activistas israelíes en el que “algunos, sin terminar de romper por completo con la idea de la existencia y el Estado israelí como tal, en su propia práctica cotidiana los lleva a ir a poner el cuerpo a Cisjordania, a tratar de frenar las agresiones —detalla Iván—. La realidad es que si bien ideológicamente no alcanza con oponerse a la ocupación y a los crímenes en Cisjordania, en la práctica el proyecto sionista es tan colonialista, tan supremacista y necesita tanto de un avance territorial permanente, que la propia práctica de oponerse a la colonización de Cisjordania, o ahora a la recolonización de Gaza, los termina empujando hacia sacar conclusiones de que esto no es un desvío, o que Netanyahu y sus ministros son manzanas podridas en el cajón, sino que esto estaba contenido en el propio proyecto original, y tarde o temprano está esa ruptura”.

Luciana recuerda que en su estancia en Palestina algo que la impresionó fue el sistema de check point que despliega Israel y que hace la vida cotidiana casi imposible. Y dice que la represión se siente “en la piel y en los huesos”. “Uno siempre piensa en los check point, que uno tiene que ir por otro lado, pero no eso nomás, sino que de repente el ejército hace un piquete. Yo les digo ‘check point voladores’. Nos pasó de ir de un lugar a otro, donde no había ningún check point, y deciden poner uno, y vos está retenido dos o tres horas, no importa si tenés que ir al médico, a la escuela, no dejan pasar a las ambulancias. La ocupación es una presencia constante que atañe todos los aspectos de la vida. Toda la vida depende del capricho de un general israelí, de un soldado”, sentencia.

Para Iván, Israel construyó en el territorio palestino “un estado carcelario, es la sensación de estar visitando una cárcel a cielo abierto”. Y no duda en decir que lo que hace Israel en Palestina es similar a Gilead, esa nación opresiva y ultraconservadora que la escritora Margaret Atwood plasmó en su novela El cuento de la criada.

“Nosotros fuimos con una organización que nuclea contingentes de lo que hasta hace poco se llamaba ‘presencia protectora’. Hoy no se habla mucho de ‘presencia protectora’, porque ya no protege tanto la presencia ni siquiera de judíos de otros países, ni de judíos israelíes, porque la radicalización de la violencia llegó al punto tal que les pegan, los detienen, los deportan también a los judíos que están ahí tratando de frenar estos ataques, sobre todo las agresiones contra las aldeas rurales”, describe Iván. El miembro de JxP explica que ahora se habla de “presencia solidaria”, porque el nivel represivo de Israel es tan grande que “ya no protege ni filmar, ni estar ahí, ni poner el cuerpo ante las agresiones físicas, las detenciones y las deportaciones”.

Convertir a Cisjordania en Gaza

Del viaje a Palestina, Iván y Luciana destacan la red de solidaridad y resistencia construida por el pueblo palestino a lo largo de los años.

“Lo que uno conoce desde acá, incluso tratando de desvirtuarse de una forma un poco maniquea, es la resistencia. Acá solo se muestra al tipo con una AK-47 en la mano y que grita —describe Iván—. Eso es una parte de la resistencia, que nosotros también reivindicamos, pero vimos cooperativas agroecológicas, organizaciones sociales y culturales que en el día a día se organizan para tener solidaridad mutua, para vincularse con organizaciones internacionales y recibir apoyo, para poder reponer un panel solar que le rompe un colono, para arreglar el tanque de agua que le pinchan. En la práctica se cómo las aldeas palestinas que supieron organizarse, tejer lazos de solidaridad con otras organizaciones, siguen ahí. Y las que no pudieron a tiempo generar esos vínculos, tener un mayor grado de exposición y de visibilidad, generar vías por las cuales esa ayuda pueda llegar, terminaron sucumbiendo ante una limpieza étnica que es muy violenta y persistente, y que todos los días avanza”.

Israel continúa con el avance sobre Cisjordania, con el objetivo de desplazar a su población originaria y ampliar su ocupación ilegal. Luciana analiza que “es un proceso parecido al que hicieron en su momento en Gaza: expulsar a todas las personas de las aldeas, juntarlas en ciudades. En Palestina hay una conciencia muy grande de que son un pueblo en su territorio, y ellos siguen diariamente las noticias de lo que está pasando en Gaza, pero ven que el objetivo es juntar a la gente en ciudades”.

Israel no solo desplaza población, sino que a través de un sistema de rutas y muros separa a los habitantes, generando una desconexión social y humana que el mundo, por lo visto, observa con indiferencia. En ese plan sistemático, “se ve el apartheid —finaliza Luciana—. Querer negar el apartheid aplicado por Israel es querer negar la existencia del sol. Hasta tienen patentes de autos diferentes, tienen carreteras diferentes, es impresionante y apabullante. Hay un proceso de desalojar y hacer una limpieza étnica total en el campo de Cisjordania, juntarlos en las ciudades y, de esa manera, controlar de forma mucho mayor las entradas, las salidas, como lo hicieron en Gaza hasta el 7 de octubre de 2023”.

* Leandro Albani , periodista y escritor argentino, autor de los libros «Kurdistán. Crónicas insurgentes» (kunto a Alejandro Haddad), «Revolución en Kurdistán. La otra guerra contra el Estado Islámico», «ISIS. El ejército del terror», «Mujeres de Kurdistán. La revolución de las hijas del sol» (junto a Roma Vaquero Diaz), «No fue un motín. Crónica de la masacre de Pergamino», «Ni un solo día sin combatir. Crónicas latinoamericanas» y «Kurdistán urgente. Historias de un pueblo en resistencia». Ha realizado coberturas desde Venezuela, Bolivia, México, Cuba, Ecuador, España, Bélgica, Irán y Bashur (Kurdistán iraquí).
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