Miles de millones de personas carecen de agua potable y de saneamiento básico
Por Cecilia Remis*
La OMS advierte: 3400 millones de personas carecen de saneamiento básico y 2100 millones no tienen agua potable. La agencia sanitaria de la ONU lanza una estrategia para la próxima década ante una crisis que provoca 1,4 millones de muertes evitables al año
El acceso al agua potable, al saneamiento y a la higiene continúa siendo uno de los desafíos más acuciantes para la salud pública mundial, a pesar de los avances logrados desde 2015. Así lo ha puesto de manifiesto la Organización Mundial de la Salud (OMS) al presentar su nueva estrategia decenal, que busca reforzar el apoyo a los países, movilizar inversiones y mejorar la coordinación entre sectores clave para hacer frente a una crisis que afecta a miles de millones de personas.
Según los datos revelados por la agencia de la ONU, 2100 millones de personas todavía no disponen de agua potable gestionada de forma segura, mientras que 3400 millones carecen de servicios de saneamiento adecuados. La situación es especialmente grave para los más vulnerables: 106 millones de personas beben directamente de ríos, lagos u otras fuentes superficiales sin tratar, y 354 millones aún practican la defecación al aire libre, una práctica que propaga enfermedades y afecta desproporcionadamente a comunidades rurales, poblaciones desplazadas y zonas con servicios públicos más débiles.

Una crisis prevenible que cobra vidas
La falta de agua segura, saneamiento e higiene no es solo un problema de infraestructura, sino una emergencia de salud pública que se cobra al menos 1,4 millones de vidas evitables cada año. Estas condiciones facilitan la propagación de enfermedades diarreicas y otras infecciones, creando un círculo vicioso de enfermedad y pobreza que golpea con mayor dureza a los más desfavorecidos.
El panorama se agrava por el impacto del cambio climático, los brotes de enfermedades, la migración y el envejecimiento de las infraestructuras. Las sequías reducen la disponibilidad de agua, mientras que las inundaciones contaminan fuentes y dañan redes de distribución, fenómenos cada vez más frecuentes que exigen sistemas más resilientes.
La situación es particularmente crítica en los centros de salud. En 2023, aproximadamente 1100 millones de personas fueron atendidas en instalaciones sin agua suficiente, 1700 millones en centros sin servicios básicos de higiene, y 2800 millones en lugares sin una gestión adecuada de residuos. Esta carencia no solo compromete la calidad de la atención, sino que aumenta el riesgo de infecciones nosocomiales y dificulta el control de brotes como el cólera.

Avances que demuestran que es posible actuar
A pesar de la magnitud del problema, la OMS destaca que las políticas adecuadas producen resultados tangibles. Desde 1990, las muertes por enfermedades diarreicas han disminuido cerca de un 80%, más de 2000 millones de personas han obtenido acceso a agua potable gestionada de forma segura y casi 3000 millones han accedido a mejores servicios de saneamiento.
Estas mejoras demuestran que invertir en agua, higiene y saneamiento no solo previene enfermedades, sino que también reduce la presión sobre hospitales y sistemas de salud, generando un impacto positivo en toda la sociedad.
Una estrategia para la próxima década
La nueva estrategia de la OMS para el periodo 2026-2036 se centra en integrar los servicios de agua, saneamiento e higiene en las políticas sanitarias, los planes de adaptación al cambio climático y la preparación frente a emergencias. El objetivo es que estos servicios dejen de considerarse una cuestión aislada de infraestructura y pasen a entenderse como una parte esencial de la protección de la salud.
La organización pone especial énfasis en hacer que los sistemas sean capaces de resistir sequías, inundaciones, olas de calor y otros fenómenos cada vez más frecuentes, incorporando los riesgos climáticos en las normas de calidad del agua, la vigilancia y las políticas nacionales.

«La OMS no construye tuberías ni sistemas de alcantarillado», aclara la agencia. Su función es establecer estándares de salud, ofrecer asesoramiento técnico y ayudar a los países a crear servicios seguros, regulados y sostenibles, especialmente en comunidades rurales, zonas frágiles y lugares afectados por emergencias.
La estrategia también refuerza la colaboración con UNICEF, que se centra en ayudar a los países a ampliar los servicios para niños, adolescentes y poblaciones vulnerables. Ambas agencias trabajan juntas para establecer orientaciones comunes, vigilar los avances y convertir los datos y las normas en mejoras concretas que protejan la salud y reduzcan las desigualdades.
Vigilancia epidemiológica a través del agua
El informe señala el potencial de analizar las aguas residuales para detectar de forma temprana la circulación de virus y otros agentes infecciosos, una herramienta que puede complementar la vigilancia clínica y permitir respuestas más rápidas ante futuras emergencias, como brotes de enfermedades o incluso la próxima pandemia.
Con esta estrategia, la OMS busca no solo atender la emergencia actual, sino construir sistemas resilientes que protejan la salud de las futuras generaciones frente a los desafíos de un mundo cambiante. La comunidad internacional tiene ahora la oportunidad de actuar para cerrar la brecha de acceso y garantizar que el agua y el saneamiento dejen de ser un privilegio para convertirse en un derecho universal.
* Con información de la Organización Mundial de la Salud – OMS.
Comparte, tus amig@s lo agradecerán…
Mastodon: @LQSomos@; Friendica: Loquesomos;
UpScrolled: @LQSomos; Telegram: LoQueSomosWeb;
Bluesky: LQSomos; Facebook: LoQueSomos;
Instagram: LoQueSomos; WhatsApp: LoQueSomos;
Youtube: @LoquesomosAudiovisual
