Gustavo Petro enciende alarmas: denuncia fraude, amenaza fascista y anuncia resistencia civil
Por Luz Micelio
En un encendido discurso, el mandatario calificó la transición como un «acto público ante el pueblo», arremetió contra críticos, denunció un complot internacional y advirtió sobre el fin de la democracia
A semanas de que el reloj marque la medianoche del 6 de agosto y con ello el fin de su mandato, el presidente de Colombia ha roto el silencio institucional con un discurso que no es ni una despedida protocolaria ni un balance de gestión, sino un documento de batalla. Cargado de acusaciones, denuncias y profecías, el mandatario trazó las líneas de lo que considera el enfrentamiento definitivo entre la democracia y lo que él mismo ha bautizado como «el fascismo que viene».
El tono del mensaje, difundido en medio de la tensa transición con el gobierno entrante, no deja lugar a dudas: el presidente no se va en silencio. Se va combatiendo.
«Los que se retiran del empalme son los que no aguantan que se observe por toda la ciudadanía que no están preparados», fueron las primeras palabras del mandatario, en alusión directa a los miembros del equipo entrante que han abandonado las reuniones de transición. Lo que para muchos es un proceso técnico, para el presidente saliente se ha convertido en un escenario de veredicto popular.

El mandatario fue enfático al recordar que el empalme no es un acto burocrático entre burócratas, sino «una entrega pública del gobierno que termina el seis de agosto a las 12 de la noche». Cada silla vacía en las mesas de trabajo, según su narrativa, es un síntoma de quienes no están dispuestos a rendir cuentas ante la ciudadanía.
«Tal como indica la ley, el proceso de entrega del gobierno continúa ante el pueblo», subrayó, dejando claro que su compromiso no es con los poderes fácticos ni con las élites políticas, sino con la base popular que lo llevó al poder.
«Soy un demócrata»: la defensa de un legado
Uno de los pasajes más álgidos fue cuando el presidente rechazó tajantemente cualquier sugerencia de perpetuarse en el cargo. «Me piden cosas que serían inconstitucionales como permanecer en el poder sabiendo que los que vienen no ganaron las elecciones», denunció.
Con la voz firme, recordó sus orígenes como militante del M19 y su participación en la construcción de la Constitución de 1991, a la que se refirió como «la Constitución de la Paz». «No lo haré porque el mandato popular que se me otorgó tiene un final y soy un demócrata y respeto la constitución que como M19 ayudamos a hacer».
Cuentas bloqueadas y la sombra de Trump
El presidente reveló que sale del gobierno «con menos patrimonio del que tenía cuando entré» y denunció que sus cuentas bancarias permanecen bloqueadas por una orden del gobierno de Estados Unidos. «Al parecer, sin que el presidente Donald Trump sepa», ironizó.
Esta confesión se convirtió en un certificado de honorabilidad: «A pesar de las dificultades, me sirve para demostrar mi honestidad». Y acto seguido, disparó contra su sucesor: «Esto mismo no puede hacer el que viene porque no puede mostrar que hizo empresas recientemente en la Florida con sus familiares para ganarse varios dólares con el dinero que le entregaban los extranjeros para su campaña».

Despedida a las Fuerzas Armadas
En medio de las tensiones, el mandatario encontró espacio para un gesto de reconocimiento. «Reconozco al pueblo real que votó por Abelardo y lo respeto», declaró.
Su mirada se volvió hacia el horizonte militar. El próximo 20 de julio, en el sur occidente de Bogotá, ofrecerá su último discurso como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, a las que, según presumió, llevó a alcanzar «el récord mundial de un combate cada 20 horas» y convertirse en «la mayor incautadora de cocaína en el mundo».
Pero el orgullo militar se tiñó de inquietud cuando reveló que la institución será entregada a un oficial al que él mismo sacó del Ejército «por las acusaciones de cobrarle dinero a los viáticos e ingresos que ganaban sus subalternos».
El ESMAD y la amenaza a la población civil
El presidente dedicó un extenso apartado a lo que considera el principal peligro del gobierno entrante: la transformación de la fuerza pública en un instrumento de represión social.
«Hablan de cambiar el UNDEMO por el ESMAD, no es un cambio de nombre, sino de concepción», advirtió. «El ESMAD no se hizo para capturar criminales sino para actuar en el conflicto social», enfatizó, y recordó que durante su gobierno logró reducir «como ningún gobierno» la violencia estatal contra la población civil.
La advertencia se extendió a otros frentes: «La amenaza que se lanza es contra la población civil, es contra la juventud y el campesinado», dijo, y vinculó esta ofensiva con la reforma tributaria que, según él, golpeará «a toda la gente trabajadora». «Si la Corte Constitucional no da paso a la reforma pensional será también contra la vejez como en Argentina».
Y lanzó una advertencia al sector empresarial: «Si acaban con el estado en su componente social, será contra el mismo empresariado que apoyó a Abelardo».

«Resistencia activa y desobediencia civil»
El pasaje más polémico fue cuando el presidente delineó la respuesta que debe dar la ciudadanía: «La respuesta es resistencia activa y cuando el pueblo decida, desobediencia civil».
Pero fue su definición del fenómeno político que se avecina lo que elevó el tono: «Es el autoritarismo casi totalitario, por el poder hasta ahora conseguido por Abelardo en las Cortes y el Congreso, lo que viene. Es el fascismo lo que viene y con el fascismo no se trata sino que se le derrota».
La denuncia de un fraude orquestado desde el exterior
En el tramo final, el presidente reveló el núcleo de su denuncia: las elecciones habrían sido manipuladas desde el extranjero. «No estamos inventando cuando decimos que el gobierno de Abelardo fue elegido desde el exterior, con votos no existentes en el porcentaje ajustado automáticamente por algoritmos hechos por empresas privadas israelíes con aval de su gobierno genocida».
El mandatario recordó que la empresa encargada de los procesos electorales fue denunciada por él mismo y que «la misma justicia en sentencia plena del Consejo de Estado había ordenado remover desde el año 2018».
«Hoy explicamos a la bancada electa por el pueblo el arsenal de pruebas conseguido y se presentará en demanda de nulidad de elecciones a la justicia como es nuestro deber».
Los que se retiran del empalme son los que no aguantan que se observe por toda la ciudadanía que no están preparados y que sus insultos públicos son calumnias.
Tal como indica la ley el proceso de entrega del gobierno continua ante el pueblo.
Se colocarán sillas vacías en…
— Gustavo Petro (@petrogustavo) July 7, 2026
El cierre fue contundente. El presidente elevó el conflicto colombiano a una categoría universal: «La humanidad conocerá los hechos porque lo sucedido en Colombia ha sucedido ya en otros países, incluso europeos, y seguirá sucediendo».
Y llegó la frase que resonará en los titulares: «Estamos no solo ante la inminencia del fascismo en Colombia sino ante quizás el mayor ataque a la democracia mundial desde la época de Hitler».
El presidente saliente ha dejado claro que su salida del poder no será un acto de sumisión. La demanda de nulidad, el llamado a la resistencia civil y la denuncia de un complot internacional son las armas con las que pretende combatir lo que considera una usurpación.
El 20 de julio, en el sur occidente de Bogotá, el mandatario se despedirá de las Fuerzas Armadas. Será su último discurso público como presidente. Pero si sus palabras de hoy son un indicio, no será una despedida pacífica, sino un acto de guerra declarada contra el gobierno que, según él, no ganó las elecciones.
El reloj avanza hacia las doce de la noche del 6 de agosto. Las sillas vacías en el empalme esperan a quienes, según el presidente saliente, no están preparados para gobernar. Pero el país entero se pregunta: ¿qué sucede cuando un presidente que no reconoce a su sucesor entrega el poder? La respuesta, como el propio mandatario ha advertido, podría ser la resistencia activa y la desobediencia civil. O, en el peor de los escenarios, el inicio de una crisis institucional sin precedentes en la historia de Colombia.
El tiempo, y la justicia, tienen la palabra.
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