Mercadeo electoral

Mercadeo electoral

Por Rafael J. Rodríguez Marrero*

«En los tiempos que corren no podemos olvidar que el neoliberalismo define cierta norma de vida en nuestras sociedades. Norma que “obliga a cada uno a vivir en un universo de competición generalizada…»

Durante los meses de octubre y noviembre se convoca, para participar en las urnas, a las poblaciones de Bosnia y Herzegovina (elecciones celebradas el pasado domingo, día 5) de Brasil (en segunda vuelta) de EEUU (elecciones de mitad de mandato) del estado sionista de Israel y de España.

En América, la población de Brasil (2ª país del continente, en superficie, número de habitantes y potencial económico) elige al presidente, a los miembros del Congreso Nacional, gobernadores, vicegobernadores y asambleas legislativas de todas las unidades federativas del inmenso país; sin olvidar las elecciones también al consejo de distrito del archipiélago Fernando de Noronha. En la primera vuelta (4 de octubre) venció el ultra-conservador F. Bolsonaro, quien aventajó en el escrutinio por algo más de 2 millones de votos al actual presidente, el progresista Lula da Silva. Al no superar ningún candidato el 50% de los votos, se irá a una segunda vuelta; veremos qué acontece en ella el próximo 25 de octubre. Las apuestas juegan a favor de Bolsonaro. Reconozco que me encantaría se equivocaran. En cualquier caso, considero conveniente pararse a debatir acerca de lo que acontece en ese poderoso país. En la primera vuelta se observa una enorme polarización; pero también cansancio: algo más de 33 millones de personas se abstuvieron; algo más del 20% del electorado.

En Asia occidental (llamada también Oriente Próximo) el 27 de octubre está convocada la población israelí para convalidar, o no, al genocida Netanyahu y a su grupo político Likud, quienes -asociados a grupos ultraortodoxos e igualmente fascistas- pretenden continuar con las riendas de un estado que, en el plano internacional, hace aguas. El control mediático y digital de los grupos que apoyan al actual gobierno juegan a favor de la continuidad del mismo, para mayor desgracia de la población palestina, en particular; pero también de la población mundial (incluyo en ella a muchos judíos) que contemplamos con pavor y horror cómo, con los genocidas sionistas, la Humanidad pierde “su alma”.

En EEUU (hegemón mundial en decadencia -además de ser el territorio más grande y con mayor población del continente americano-) acuden a las elecciones legislativas de medio mandato (`midterm´) el tres de noviembre; allí se juega al control de las dos cámaras del Congreso (la Cámara de Representantes y el Senado). Las encuestas, parece, favorecen a los demócratas tras unos años demenciales del Nerón-Trump.
Si bien en EEUU republicanos y demócratas vienen a suponer “tanto monta, monta tanto…”, sin duda produciría enorme satisfacción la derrota de los republicanos. Conducen a las gentes de su país al abismo arrastrando en la caída, o pretendiéndolo, a buena parte del mundo.

Ilustración: El emperador no tiene alma, por Mr. Fish

Y termina el ciclo electoral de 2026 (y con él, el mercadeo) en España. El presidente del gobierno “más progresista de la historia en nuestro país” ha convocado elecciones, acuciado y amenazado por la extrema derecha y la derecha extrema (PP-VOX) y buena parte del poder judicial -que supuestamente debiera ser imparcial-; pero también forzado por la ciudadanía que exige políticas públicas audaces -en vivienda, salarios, pensiones, educación y sanidad,…-.
Los partidos mencionados (de la derechona de siempre) lo tildan, al “pobre Sánchez” de débil frente al moro y al negro (“que nos invaden y no se usa suficientemente al Ejército para repelerlos”, dicen). Y es que, “España, sólo para los españoles; sobre todo, los de bien”

Y, desde la población que trabaja, al otro lado, también Pedro Sánchez y su gobierno reciben críticas, al sentirse maltratada dado que pierde sistemáticamente cuando de repartir riqueza se trata; una población cansada de exigir al gobierno que, ¡coño, eso!, gobierne para la mayoría social.
Gente joven (y también mayor) que no sabe cómo llegar a final de mes si, con salarios escasos como es habitual -para mayor gloria de la patronal-, debe pagar para tener un techo bajo el que cobijarse. Personas, a millones, que exigen -por ejemplo- se cumpla la Constitución que, en su artículo 47 (por repetirlo, no quede) dice claramente: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.”

El presidente español también se ha tenido que enfrentar cierto acoso más allá de las fronteras. La red ultraconservadora internacional (Atlas Network; Political Network for Values; Conservative Political Action Conference -CPAC-;…) que opera con mucho capital y diversos nodos, lo tiene entre sus objetivos. Una red muy amplificada sobre todo tras los éxitos electorales pasados del emperador Nerón-Trump. Y envalentonada tras la debacle de las opciones socialdemócratas, convertidas desde hace tiempo -en el mejor de los casos- en social-liberales de poca monta.
Destino incierto este proceso electoral en España; si bien, los datos que arrojan los estudios demoscópicos (que tantas veces equivocan) apuntan a una victoria clara de las derechas extremas y extremas derechas.

Mientras escribo estas notas, recibo un e-mail en el cual nos piden que mandemos un escrito, ya elaborado, en el que se solicita a todos los grupos a la izquierda del PSOE acudan con una sola papeleta a las próximas elecciones. Loable iniciativa que muestra hasta qué punto genera intranquilidad, al menos, la posible llegada de las derechas extremas a la Moncloa.

Hasta aquí el mercadeo. ¿Y porqué empleo ese concepto?
Más allá de las diversas reglas que articulan los sistemas electorales de los Estados mencionados, algo les une: las elecciones que en ellos irán produciéndose no provocarán cambios esenciales en el discurrir de las sociedades implicadas. Los procesos electorales bajo el “manto neoliberal” son puro espectáculo. Mediatizados hasta la médula, para que una vez el ciudadano deposite el voto y “calme su democrática conciencia”, se vaya a su casa (si dispone de ella). Por eso se constata de manera creciente como los desposeídos participan cada vez menos del espectáculo.
Luego, tras el reparto de escaños, ya se encargarán los representantes electos de otorgar migajas a la ciudadanía; eso sí, mientras no contradigan a aquella minoría poderosa que en el fondo (gracias a la generosa financiación y al poder que otorga el capital) son “los responsables en la sombra” que los han colocado ahí, en las instituciones. Y si no responden como dicen los amos,…

Sabemos que la sociedad del capital, también en la versión neoliberal que padecemos, empata mal con los regímenes democráticos que, entre otras, se fundamentan en la igualdad. Si repasamos la historia no encontramos un tiempo pasado en donde haya existido tanta desigualdad (entre países y al interior de los mismos) como la que hoy se comprueba.

Tras finalizar la Guerra Fría, las fuerzas gubernamentales de todo color y posición se adhirieron al neoliberalismo. Este se convirtió en el pensamiento único. Se aceleró así el desgaste, el descrédito y el vaciamiento de la propia democracia. Todo ese proceso ha resultado esencial para el ascenso vertiginoso de la extrema derecha (fascista, posfascista, neofascista, fascista 2.0,… o como queramos llamarles) que se presenta como alternativa.
No generan extrañeza las palabras de Wendy Brown; la politóloga y profesora norteamericana advertía que la derecha radical es la respuesta no democrática al proceso de desmontar la democracia impulsado por la lógica neoliberal.

La Caja De Pandora, de Eugenio Merino. 2016. Silicona, pelo humano, gorras, ojos de cristal, metacrilato, sobres.

Encontraba el profesor Enzo Traverso en Chile “el precedente histórico de la coexistencia entre el poder político autoritario (la idea de soberanía de C. Schmitt) y el capitalismo neoliberal en que el Estado se somete completamente al capital y se transforma en una herramienta de la sociedad de mercado (la idea de liberalismo de F. Hayek)”. Y, añadía -creo con muchísimo acierto- que el Chile de Pinochet “es el trasfondo histórico del posfascismo de hoy”. (1)

En los tiempos que corren no podemos olvidar que el neoliberalismo define cierta norma de vida en nuestras sociedades. Norma que “obliga a cada uno a vivir en un universo de competición generalizada, impone tanto a los asalariados como a las poblaciones que entren en una lucha económica unos contra otros, sujeta las relaciones sociales al modelo del mercado, empuja a justificar desigualdades cada vez mayores; y transforma también al individuo, que en adelante es llamado a concebirse y a conducirse como una empresa”. (2)

Los síntomas patológicos que se observan de la alianza entre neoliberalismo y pos/neofascismo sólo podrán contrarrestarse desde los movimientos sociales emancipadores, desde las izquierdas (o desde abajo, desde los márgenes, como queramos mencionarlos). Debemos exigir procesos de democracia directa, en donde los representantes institucionales elegidos (en aquellos ámbitos en los que se precisasen) respondieran fiduciariamente ante los electores. Movimientos sociales capaces de responder políticamente mediante proyectos con nuevos imaginarios utópicos que nos permitan vislumbrar un futuro digno para ser vivido colectivamente.

Notas:
1.- Fascismo: pensamiento con historia
2.- Laval, C. y Dardot, P. (2013): “La nueva razón del mundo. Ensayo sobre la sociedad neoliberal”. Gedisa Editorial, Barcelona; p. 14.

* Docente jubilado e insumiso. Fuerteventura (Canarias)
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