9 de septiembre de 1847: tropas yanquis, invasoras de México, ahorcan a dieciséis soldados irlandeses

9 de septiembre de 1847: tropas yanquis, invasoras de México, ahorcan a dieciséis soldados irlandeses

Por Daniel Alberto Chiarenza

Los yanquis –invasores de México- ahorcan a dieciséis soldados irlandeses del batallón de San Patricio, que se habían pasado a la causa patriota azteca.

El general Santa Anna cometió un gran error, en medio de un contexto donde rigen las “leyes de guerra”: perdonarles la vida a los estadounidenses y permitirles la retirada a las tropas del general Zachary Taylor, apodado “old, rough and ready”, es decir viejo, tosco y listo. De esta actitud caballeresca, más tarde, se arrepentiría amargamente.

Luego, Santa Anna se retiró, pero ni imaginó que mientras él se encontraba en el Norte, se producía el desembarco de las tropas estadounidenses en el puerto de Veracruz para tomar la Ciudad de México.

En la batalla de Monterrey las tropas del país invadido fueron dirigidas por el general Pedro Ampudia, militar mexicano de origen cubano, y planteó el ataque desde diversos cuarteles: el Fortín de la Ciudadela, el Fortín de la Tenería, el Fortín de la Federación, Rincón del Diablo, el Fortín Puente de la Purísima y Cerro del Obispado.


En la batalla del Molino del Rey, en Chapultepec, muere el coronel Lucas Balderas, quien luchó heroicamente antes de caer con el batallón de artillería Mina de la Guardia Nacional; Balderas, nacido en una familia pobre, había sido soldado desde la lucha emancipadora del Cura Hidalgo, habiendo llegado a combatir a Barradas en Tampico.

El 9 de septiembre de 1847 las tropas invasoras estadounidenses ahorcan en San Ángel –en la Alcaldía de Álvaro Obregón, al sur de la Ciudad de México-, a dieciséis soldados irlandeses del batallón de San Patricio, quienes originalmente se habían alistado en el ejército yanqui, pero al ser objeto, en innumerables oportunidades, de malos y discriminatorios tratos por parte de los oficiales yanquis y, a causa también, de la religión católica que los irlandeses profesaban; le podemos sumar también a la agresión sufrida por irlandeses y alemanes fundamentalmente: la violencia que sintieron ante lo injusto de esta guerra, de una naciente potencia contra un país débil, desertaron y formaron, entonces, una sección dentro de las fuerzas mexicanas. Esta fue la primera de tres ejecuciones masivas ordenadas por el general estadounidense Winfield Scott contra los miembros del último batallón mencionado, que estaba compuesto en su mayoría por inmigrantes europeos.

El general Winfield Scott llegó a ser hasta candidato presidencial de los Estados Unidos. Fue apodado Fastidio y Pompa por ser excesivamente apegado al reglamento militar (escrito por ellos) y su rigurosa arrogancia en el vestir. En un principio había condenado a muerte a setenta y dos miembros del batallón San Patricio, luego rebajó el tormento del ahorcamiento para cincuenta de ellos, perdonando a cinco y reduciendo la sentencia a otros quince -incluido allí al líder de la Verde Eire, John Riley, que había desertado antes del inicio de la guerra-. Los demás quedaron en la lista para ser ejecutados y, como se dijo, dieciséis de los cuales fueron colgados el 9 de septiembre de 1847 en San Ángel, cuatro al día siguiente en Mixcoac y treinta ejecutados por el coronel William Harney el 13 de septiembre cuando se izaba la bandera de las barras y las estrellas sobre el castillo de Chapultepec.

El escritor Eisenhower, apologista del general Scott, hace notar que el subordinado coronel Harney usó de la imaginación para someter a los mártires a tormento. Así cuando llegó aquella nefasta jornada, colocó a cada desertor sobre una mula con una soga alrededor de su cuello asegurándola a la estructura del patíbulo, entonces durante la denominada batalla de Chapultepec, justo cuando fuera enarbolada la bandera de Los Estados Unidos y vista por encima de los muros de la ciudadela, ordenó a los verdugos fustigar a las mulas, haciéndolas avanzar y dejando a los mal llamados “desertores” oscilando en el aire macabramente.

Los migrantes irlandeses estaban allí desde el Virreinato de la Nueva España, los que fueron perseguidos por la inquisición. Antes de mediados del siglo XIX forman el batallón San Patricio, compuesto por desertores irlandeses que, como se dijo, en un primer momento combatían del lado yanqui y luego con “gringos” de otras nacionalidades defendieron el territorio mexicano, uniéndose a su ejército.

Al día siguiente, las fuerzas invasoras estadounidenses ahorcan en Mixcoac a orillas del Lago de Texcoco- a cuatro irlandeses, tomados presos del batallón de San Patricio, que –como se dijo- luchaba a favor de México.

El 11 de septiembre, ante el acoso a la ciudad de México por los invasores yanquis, el gobernador del Estado de México, Francisco M. Olaguíbel, reúne gente en Toluca y en esta fecha llega a Santa Fe, Distrito Federal, con 700 hombres, para colaborar en la defensa de la capital de los Estados Federados Mexicanos.

Al día siguiente, los norteamericanos iniciaron el bombardeo al Castillo de Chapultepec, defendido por el general Nicolás Bravo y el teniente coronel Santiago Xicoténcatl, al frente del batallón de San Blas, a quienes se unieron los alumnos del Colegio Militar, ubicados en el mismo lugar, en el que se escribió una gesta heroica para el pueblo mexicano.

El 13 de septiembre, acribillado por 30 balas, y casi al borde de la muerte, el teniente coronel Santiago F. Xicoténcatl, con un esfuerzo sobrehumano, alcanza la bandera de su batallón de San Blas y, para protegerla y que no caiga en manos de los “gringos” enemigos, la envuelve en su cuerpo y muere con la insignia azteca en su poder. Casi todo su batallón fue aniquilado en Chapultepec por las fuerzas invasoras.

Las tropas estadounidenses de invasión toman el Castillo de Chapultepec, donde se encuentra el Colegio Militar. En su defensa sucumben gloriosamente los jóvenes cadetes a quienes la historia conocerá como los Niños Héroes: el teniente Juan de la Barrera, Agustín Melgar, Juan Escutia, Vicente Suárez, Fernando Montes de Oca y Francisco Márquez.

Las fuerzas norteamericanas de invasión ahorcan a 30 soldados irlandeses del batallón de San Patricio, quienes luchaban a favor de México.

Al día siguiente, después de haber luchado heroicamente en Chapultepec contra el invasor extranjero, herido de bayoneta en un costado, con la pierna amputada y atendido por el médico Rafael Lucio, en esta fecha muere el cadete chihuahuense Agustín Melgar Sevilla.

El 16 de septiembre ingresan vencedoras a la capital de la República mexicana las tropas invasoras estadounidenses.

“1847
“Ciudad de México
“Los irlandeses
“En la Plaza Mayor de la ciudad de México, los vencedores castigan. Azotan a los mexicanos rebeldes. A los irlandeses desertores, les marcan la cara con hierro candente y después los cuelgan de la horca.
El batallón irlandés Saint Patrick llegó con los invasores, pero peleó junto a los invadidos. Desde el norte hasta Molino del Rey, los irlandeses hicieron suya la suerte, la mala suerte, de los mexicanos. Muchos cayeron defendiendo, sin municiones, el convento de Churubusco. Los prisioneros se balancean, quemadas las caras, en el patíbulo”. Eduardo Galeano: Memoria del fuego II. Las caras y las máscaras. Argentina, Siglo XXI, 1988.

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