La modélica transición. Sangres de Octubre 1976-1983
Manifestación por el derecho a la libre asociación sindical. Archivo de la Fundación Francisco L. Caballero
Por LQSomos
Para comprender bien el presente, es necesario conocer el contexto en el que se produjo la transición, y los límites que se impusieron a sangre y fuego. Porque la transición, la Constitución, están teñida de sangre y no se fraguaron en un clima de verdadera libertad
En 2018, Alejandro Pacheco (Madrid 1958-2022) e Iñaki Alrui, miembros de la Asamblea de Redacción de LoQueSomos, iniciaron una recopilación de los asesinatos de la transición, coincidiendo con el cuarenta aniversario de la Constitución.
Ahora volvemos a recuperar aquellas recopilaciones con la colaboración de Rosa García Alcón, y es que queremos aprovechar el año uno de la democracia, o sea los “50 años de la transición”, para volver a recordar los crímenes cometidos durante ese periodo que no fue para nada tan pacífico como nos han contado, y de paso actualizarlos. La transición fue de hecho una violencia brutal desde el aparato del estado, ya fuese a través de sus brazos armados oficiales —la policía y la guardia civil— o por medio de las bandas fascistas (siempre parapoliciales) que se encargaron de reprimir huelgas, manifestaciones y todo tipo de reivindicaciones.
⇒ 50 años de la sangrienta transición⇐
Ninguno de los crímenes aquí recordados han tenido su merecido castigo, ni siquiera han sido juzgados penal o políticamente como lo que son: asesinatos. Asesinatos de Estado o amparados por el Estado. Y recuerden vamos mes a mes, y llegamos a los octubre(s) de ese aciago periodo entre los años 76 y 83…

1976
10 de octubre. Llodio, Alava
Vicente Velasco Garrán. 39 años. Trabajador de la empresa “Aceros de Llodio” muere a consecuencia de una paliza que le dieron dos “incontrolados” el 26 de septiembre. La Guardia Civil difundió́ el bulo que había muerto como consecuencia de la acción de un piquete que estaba convocando una huelga para el 27 de septiembre, primer aniversario de cinco militantes antifascistas en los últimos fusilamientos del franquismo. Los trabajadores de “Aceros de Llodio” siempre desmintieron esta versión, recibió́ una paliza al salir de un bar a las 2 de la madrugada por parte de dos elementos de ultraderecha amigos de la Guardia Civil y trabajadores también de la empresa “Aceros Llodio”. Con el bulo la Guardia Civil se consiguió́ un doble objetivo: desprestigiar a los huelguistas y proteger a sus “incontrolados”. (Fuente Hala Bedi).
10 de octubre. Burlada, Navarra
Francisco Javier Alonso Castillejos. 24 años. Fue abatido por los disparos que varios miembros del Servicio de Información de la Guardia Civil le realizaron por la espalda cuando trataban de capturarle. Uno de esos disparos le perforó la espalda a la altura del corazón, lo cual le dejó herido de muerte tendido en el suelo, donde estuvo más de media hora hasta que una ambulancia lo recogió. Mientras permanecía en el suelo herido de muerte, los policías que le custodiaban no permitieron que nadie le asistiera. Francisco fallecería instantes después en la ambulancia que le trasladaba al Hospital de Navarra. El funeral por su muerte, realizado por cuatro sacerdotes el 12 de octubre de 1976 en la Iglesia de San Juan Bautista de Burlada, también fue una muestra de solidaridad y expresión de malestar. La conducción al cementerio se convirtió en una gran manifestación de dolor y repulsa. A su finalización se dieron enfrentamientos entre manifestantes y la Policía Armada. Sin embargo, la represión no acabaría allí. Esa misma semana fueron detenidos Miguel Ángel Portillo Uribarri, sacerdote de la parroquia de San Blas, y el sindicalista José Miguel Ibarrola Martín. Su detención estuvo relacionada con su intervención en el transcurso de una asamblea en la citada parroquia. En el mes de diciembre de 1976 fueron procesados por el Juzgado de Orden Público número 2 de Madrid acusados del delito de propaganda ilegal por aquella intervención en una de las asambleas que se celebraron en la parroquia de San Blas.

13 de octubre. Barcelona
José Vicente Artigues Fornés. 25 años. Militante de los GRAPO, natural de Pedreguer (Alacant), en el atraco a un banco, un guardia de seguridad le hirió. Una vez en el suelo y desarmado, le remató. No se investigó su muerte y la guardia civil consiguió que se tratase como un acto de delincuencia común.
29 de octubre. Madrid
Francisco Javier Cano Gil. 16 años. Murió de un disparo en la cabeza, según la nota de prensa policial que publicaba el diario El País: “Un joven de dieciséis años, Francisco Javier Cano Gil, falleció a primeras horas de la madrugada de ayer como consecuencia de un disparo efectuado por un policía que viajaba en un coche patrulla por la zona del Parque de las Avenidas. El hecho, al parecer, sucedió sobre las tres de la mañana cuando Francisco Javier en unión de otros dos compañeros y una muchacha de diecisiete años se encontraban en el interior de un turismo estacionado en la citada zona. Según fuentes próximas a la Jefatura Superior de Policía, la hora y los ocupantes, sospechosos para la Policía, hizo que ésta les diera el alto para proceder a su identificación. Sin embargo, los jóvenes, iniciaron la huida, razón por la que se dio aviso a varios coches patrullas, uno de los cuales logró interceptar a los jóvenes a la altura del número 108 de la calle Arturo Soria. Allí uno de los ocupantes del vehículo perseguido, según las mismas fuentes, arrojó un objeto contundente contra el parabrisas del coche policial acto al que los agentes respondieron efectuando varios disparos uno de los cuales alcanzó en la cabeza al joven Francisco Javier.” (El País, 30-10-1976).
Las mismas fuentes policiales se dedicaron a difundir que Francisco Javier era un maleante habitual, la manera típica policial de criminalizar a las víctimas. Julián Cano Sierra, padre del joven manifestaba a el diario El País que “mentía el que dijera que su hijo era maleante ya que su forma de ser era normal y nunca había tenido nada que ver con la policía; trabajaba y estudiaba sexto de bachillerato y nunca había pasado nada con él. Ayer salió de casa a las ocho de la tarde y ahora está muerto.”
1977
7 de octubre. Andoain (Guipúzcoa)
David Salvador Bernardo. 45 años. Taxista. Aparece asesinado de dos tiros en la nuca, efectuados desde el asiento trasero de su taxi, en las cercanías de la estación de Andoain. La organización fascista Triple A (Alianza Apostólica Anticomunista) reivindicó el asesinato “por confidente de ETA”.
14 de octubre. Baracaldo (Vizcaya)
Gonzalo Pequeño Moyano. 21 años. Viaja con su hermano en un coche. Según la Guardia Civil, se saltaron un control de carretera. Los agentes abrieron fuego y alcanzaron a Gonzalo, que falleció, y a su hermano, Luis Javier, que resultó herido. Los disparos en los controles eran muy habituales. El gatillo era fácil. La coartada era la posible pertenencia a ETA que en este caso, como en la mayoría, no era cierta. Baste señalar que ese mismo día, apenas un cuarto de hora después de la muerte de Gonzalo, una pareja de la Guardia Civil disparó sobre otro coche e hirió a José Antonio Igarza, su conductor, con idéntico argumento: se había saltado un control de carretera instalado en Sestao.
16 de octubre. Alicante

Miquel Grau. 22 años. Militante del Moviment Comunista del País Valencià. El 6 de octubre pegaba carteles en las calles convocando a la manifestación del Día Nacional del País Valencià que se celebraba el 9 de ese mes. Iba acompañado de otros militantes de su organización: Llum Quiñonero (24 años), Miquel Grau (22), Juan Ángel Torregrosa (19) y Javier Álvarez (14). Un militante de Fuerza Nueva, Miguel Ángel Panadero Sandoval, le lanzó desde su balcón un ladrillo que golpeó en la cabeza a Miquel y lo dejó en coma. Diez días después, en el Hospital 20 de Noviembre (hoy Hospital General de Alicante), falleció.
En su entierro acompañaron al féretro más de 18.000 de personas. El gobernador civil ordenó a los antidisturbios que cortasen el paso a la comitiva. Una vez allí arrebataron por la fuerza el féretro a la comitiva y lo llevaron en coche al cementerio, para abortar el acto de protesta. Posteriormente, cargó contra quienes pretendían llegar al cementerio y los dispersaron.
En Valencia, entre 8.000 y 10.000 personas participaron en el funeral organizado por 18 organizaciones políticas y sindicales.
Gonzalo Pequeño Moyano. 21 años. Muerto en Bilbao en un control de la Guardia Civil, ametrallado a la altura de Lutxana, murió́ por fractura de la cervical al chocar contra una farola por agacharse en el coche para esquivar los disparos de los agentes. Su hermano Luis Javier resultó herido.
14 de octubre. Galdácano, Vizcaya
Juan Antonio Igarza Azkarate. Recibía una bala en el cuello disparada por la Guardia Civil. Así de esperpéntica fue la nota oficial sobre su muerte: “Un guardia civil dispara una bala que, al rebotar en el asfalto, alcanza la cabeza de Igarza Azcárate. Hiriéndole en la cabeza”.
1978
6 de octubre. Alcorcón, Madrid
Santiago Gutiérrez Morán. Estaba en la barra de un club de Alcorcón con su hermano y el policía armada Julián Jiménez que se encontraba ebrio inicia una discusión, entonces, “sin otra justificación, extrajo su arma y efectuó cuatro disparos”, según nota informativa de la propia Jefatura Superior de Policía de Madrid. Santiago resultó muerto y su hermano y el propietario del local heridos.
14 de octubre. Barcelona
Jordi Martínez de Foix i Llorens. 21 años. Militante del PCE(i), que según la nota oficial, estaba manipulando unos explosivos. La causa de su muerte instantánea fue la temperatura elevadísima que se produjo en un recinto cerrado. La familia encargó una pericial en la que se detectó fósforo, sustancia extraña en círculos que no estén vinculados o cercanos a estamentos militares o policiales. El accidente no provocó ningún incendio, no había cócteles molotov ni explosivos. Cuando sucedió la tragedia Jordi estaba solo en el piso, aunque esa tarde alguien más, no se sabe quién, estuvo en el piso. Siempre se sospechó de una infiltración policial. Anteriormente en una manifestación contra los Pactos de la Moncloa el 2 de diciembre de 1977, Jordi había sido herido de bala por dos disparos del policía Fernando Saiz Merino, que con el tiempo llegó a comisario. Sin duda, Martínez de Foix estaba en la lista negra de la policía política.

20 de octubre. La Puebla de Cazalla, Sevilla
Domingo Gutiérrez Delgado. 44 años. En la carretera de Marchena a Puebla de Cazalla, en un control de carretera, la Guardia Civil disparó y mató a Domingo. La versión oficial dijo que había intentado atropellar a los agentes. Los asesinos nunca fueron juzgados.
30 de octubre. Madrid
José Andrés Fraguas Fernández. 19 años. Conserje de El País. Un comando ultraderechista del Frente de la Juventud, formado por Pedro Bel Fernández, Rafael Gómez Álvarez y Ramiro Alejandro Rodríguez, coloca un paquete bomba de goma2 en la sede del diario El País que, al estallar, mata a José Andrés Fraguas y deja heridos gravísimamente a Juan Antonio Sampedro Sánchez y Carlos Barranco Armenteros. Los tres acusados deberían haberse enfrentado a condenas de entre 80 y 110 años según lo establecido por la ley; sin embargo, fueron condenados a 30 y no cumplieron más de 12. Uno de ellos, Pedro Bel Fernández, se hizo funcionario de prisiones. Otros dos miembros del grupo fascista, un ex funcionario de prisiones y un ex legionario no fueron condenados. El ex legionario estaba en libertad a pesar de tener una condena anterior por haber participado en los asesinatos de los abogados laboralistas de Atocha.

1979
8 de octubre. San Sebastián
Juan Ignacio Erdozia Larra “Axio”. Militante de ETA muere en un tiroteo con la Guardia Civil en San Sebastián.
17 de octubre. Tolosa, Guipúzcoa
Francisco Aldanondo Badiola “Ondarru”. Último preso político vasco puesto en libertad por la aplicación de la Ley de Amnistía de 15 de octubre de 1977, muere ametrallado por cuatro guardias civiles de paisano en su caserío, cerca de Tolosa. Militaba en los Comandos Autónomos. Testigos presenciales del incidente manifestaron que, sobre las diez y media de la mañana, cuatro personas armadas con metralletas, llegaron a la zona donde se ubica el caserío en un coche rojo. Tras preguntar a los vecinos de un caserío próximo por la situación de la casa que buscaban, uno de ellos se apeó del vehículo y los otros tres se dirigieron hacia el caserío Maita Goikoa, donde tuvo lugar la muerte de Aldanondo. Primero se oyeron unos disparos y de repente se vio rodar por un terraplén el cuerpo de un joven sobre el que disparó el individuo que había descendido del vehículo rojo. Los ocupantes del vehículo y autores de los disparos eran miembros del Servicio de Información de la Guardia Civil de San Sebastián.
Francisco Adanondo Badiola «Ondarru» había sido detenido por la Guardia Civil, el 8 de marzo de 1977, en un control de carretera en la localidad guipuzcoana de Itxaso, cuando viajaba en compañía de otros dos «polis-milis», Nicolás Mendizábal y Sebastián Goicoechea. Sus dos compañeros fueron muertos por la Guardia Civil en el mismo control y él salió herido, siendo detenido. Al parecer este suceso motivó la ruptura de negociaciones entre ETA (p-m) y el Gobierno con vistas a un posible alto el fuego de esta organización.
“Ondarru” fue considerado como el último amnistiado, al ser el último preso político que abandonó las cárceles con motivo de la amnistía de octubre de 1977. La notificación de la medida de gracia se le hizo el 6 de diciembre de ese mismo año y tres días después fue puesto en libertad. A su salida de la cárcel Aldanondo declaró que “me considero de ETA. Ahora que estoy fuera seguiré luchando por la amnistía total y en favor de la COPEL, a través de las gestoras y de los comités de apoyo a COPEL”.
1980
16 de octubre. Baracaldo, Vizcaya
José Luis Sancha Lasa. 17 años. Sobre las 12h de la noche, un grupo de inspectores y agentes de la Policía Nacional, entra en el bar Los Arcos y pide identificación a los clientes. Según la versión oficial, el propietario, Jerónimo Dosier Fontelo, y otros clientes increparon a los policías y arremetieron contra ellos amenazándoles con botellas que habían roto a tal efecto. La nota dice: “Cuando uno de los más agresivos intentó cortar la cara de un inspector, el policía Julio López desenfundó su revólver reglamentario, ante lo cual el citado individuo arrojó la botella al suelo y se abalanzó sobre él, intentando arrebatarle el revólver…. En el forcejeo se disparó accidentalmente la pistola, alcanzando un disparo al individuo que intentó arrebatar el revólver”.
Según todos los testigos, tal forcejeo no se produjo. Sólo hubo enfrentamientos verbales y José Luis Sancha ni siquiera participó en ellos.
1981
21 de octubre. Rentería, Guipúzcoa
José Andrés Izagirre Gogorza “Gogor” y José Jauregi Altube, “Josetxo”. 30 y 23 años respectivamente. Los dos militantes de ETA, mueren acribillados por disparos de ametralladora del Grupos Antiterroristas Rurales (GAR) de la guardia civil, cuando intentaban eludir un control de carretera.
21 de octubre. Amézqueta, Guipúzcoa
Ángela Benito Martínez. 57 años. Muere de un ataque al corazón por la tensión que le causó el cuarto registro de su casa que realizaba la Guardia Civil.
1982
17 octubre. Mos, Pontevedra
Luis Alonso Villa. Muere por disparos de un policía en la puerta de una discoteca. Tras una primera versión de Gobierno Civil, diciendo que diez jóvenes armados con palos agredieron al dueño del local, porque uno de ellos había sido despedido días antes. Una segunda versión, corroborada por testigos directos, dijo que a un grupo de jóvenes se les prohibió el acceso al recinto y que Luis Alonso propinó un puntapié a la puerta accediendo al vestíbulo, fue entonces cuando el policía nacional Carlos Rodríguez Cuña efectuó un mínimo de 12 disparos.
19 de octubre. Lasarte, Guipúzcoa
Marcelo Garciandía Aierdi. 37 años. El día 16 de octubre, el vecino de Tolosa Marcelo Garciandía, regresaba a su domicilio después de una cena con los amigos, según la Guardia Civil no obedeció la orden de alto en un control, por lo que tuvieron que usar sus armas de fuego. Ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Donostia, en un momento de lucidez comentó a los familiares cómo se habían producido los hechos: no había ningún control, él paró en el arcén para orinar y fue entonces cuando un agente de paisano se le acercó y sin mediar palabra disparó. Falleció tres días después.
24 de octubre. Madrid
Anacleto Asenjo Águeda. 87 años. La policía, que perseguía a los ocupantes de un coche robado, mata a Anacleto Asenjo mientras paseaba. También murió uno de los perseguidos, de 15 años, y la niña de seis meses Laura Díaz Ibáñez. En el juicio el Fiscal alegó que el agente José Alfonso Gil disparó sin asegurarse “de la proximidad de otras personas ni adoptó las más elementales medidas precautorias a fin de evitar causar lesiones, despreciando los más usuales y primarios deberes de cautela.”
1983
José Antonio Lasa Arostegi y José Ignacio Zabala Artano. En la madrugada del 15 al 16 de octubre, son secuestrados en Baiona por guardias civiles de paisano, trasladados al cuartel de Intxaurrondo y después al Palacio de la Cumbre en Donostia, edificio propiedad en ese momento del Gobierno Civil. Fueron torturados con saña y sufrieron toda clase de sevicias, por una banda de psicópatas en nómina del Estado, pertenecientes a un instituto armado de naturaleza militar llamado Guardia Civil.

Finalmente fueron asesinados en un paraje llamado la Foia de Coves en el término municipal de Busot y enterrados en una fosa bajo 50 Kg de cal viva. Un cazador descubrió sus cuerpos en enero de 1985. Un año antes su asesinato había sido reivindicado en un comunicado telefónico a la cadena SER de Alicante por los GAL. No fueron identificados sus cadáveres y permanecieron 10 años en un depósito en el cementerio de Alacant, hasta que fueron analizados por el antropólogo forense Paco Etexebarria quien concluyó que, sin ningún género de dudas, pertenecían a Joxi Zabala y Joxean Lasa, los dos jóvenes de Tolosa de 20 y 21 años de edad en la fecha de su muerte. En estos largos años de oscuridad, voces interesadas en el ocultamiento de la verdad difundieron que se trataba de los cadáveres de dos narcotraficantes muertos en una vendetta.
Este secuestro fue la primera acción de los GAL como organización de terrorismo parapolicial. Dos días después, cuatro policías españoles de los GEOs intentaron secuestrar al refugiado vasco Joxe Mari Larraetxea, pero fueron detenidos por la Gendarmería francesa y, tras gestiones del Gobierno español, puestos en libertad. Posteriormente fueron juzgados en rebeldía por el tribunal de Baiona en 1990, a pesar de que cuando fueron liberados habían “jurado por su honor” quedar a disposición de la justicia francesa. También por esas fechas secuestraron por error al ciudadano francés Segundo Marey.
La Audiencia Nacional condenó por los asesinatos de Lasa y Zabala al general Enrique Rodríguez Galindo, al gobernador civil de Gipuzkoa Julen Elgorriaga, al teniente coronel Ángel Vaquero, al sargento Enrique Dorado y al agente Felipe Bayo, a penas que oscilaban entre 67 y 75 años de prisión por los delitos de detención ilegal y asesinato, aunque también fueron absueltos de los delitos de lesiones, pertenencia a banda armada y torturas, pese a las evidencias existentes en sus cuerpos en forma de gasas, vendas y esparadrapos.

No fue juzgada la cadena de mando del Ministerio del Interior, ni la X del GAL que sin ningún género de dudas apuntaba a Felipe González. Un informe de la CIA desclasificado hace unos años lo da por plenamente probado. Rafael Vera, Secretario de Estado fue absuelto, aunque resultó condenado en otro procedimiento por el secuestro de Segundo Marey.
Los guardia civiles Dorado y Bayo ingresaron en prisión en mayo de 1996 y el primero obtuvo el tercer grado en marzo de 2002 y el régimen abierto. Bayo lo obtuvo en diciembre de 2003. Enrique Rodríguez Galindo y Ángel Vaquero entraron en prisión en julio de 2002 y les regalaron el tercer grado en enero de 2005. Julen Elgorriaga, el gobernador civil, no cumplió ni dos años de prisión de los 75 a los que fue condenado y fue puesto en libertad condicional.
El secuestro, tortura y asesinato de Laza y Zabala formaron parte de una política de Estado. Nunca fueron los GAL un grupo descontrolado o una banda armada, siempre fueron “hombres de Estado”, continuadores de los crímenes de las cloacas estatales realizados en otra época bajo la banderas de otras siglas. Lo dijo con claridad en 1996 el general Sáenz de Santamaría: “Yo no separo los GAL de la lucha contraterrorista”. Persistieron mercenarios de la etapa anterior del Batallón Vasco Español, como Jean Pierre Cherid, participaron en la guerra sucia mercenarios de la mafia marsellesa y portugueses contratados por el subcomisario Amedo que, en la confianza de la total impunidad, llegó a pagar en Portugal a estos mercenarios con su propia tarjeta de crédito. Pero como señala “El libro negro de Intxaurrondo”, el rasgo más destacable de la primera época de los GAL fue la participación directa en acciones criminales de miembros de la Policía y de la Guardia Civil. (Fuente: La Sombra de Franco en La Transición)
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