La modélica transición. Sangres de Septiembre 1976-1982

La modélica transición. Sangres de Septiembre 1976-1982

12 de julio de 1976, ciento veinte mil personas recorren la ciudad de Valencia siguiendo la convocatoria “Per la llibertat, per l’amnistia, per l’estatut d’autonomia”

Por LQSomos

Para comprender bien el presente, es necesario conocer el contexto en el que se produjo la transición, y los límites que se impusieron a sangre y fuego. Porque la transición, la Constitución, están teñida de sangre y no se fraguaron en un clima de verdadera libertad

En 2018, Alejandro Pacheco (Madrid 1958-2022) e Iñaki Alrui, miembros de la Asamblea de Redacción de LoQueSomos, iniciaron una recopilación de los asesinatos de la transición, coincidiendo con el cuarenta aniversario de la Constitución.

Ahora volvemos a recuperar aquellas recopilaciones con la colaboración de Rosa García Alcón, y es que queremos aprovechar el año uno de la democracia, o sea los “50 años de la transición”, para volver a recordar los crímenes cometidos durante ese periodo que no fue para nada tan pacífico como nos han contado, y de paso actualizarlos. La transición fue de hecho una violencia brutal desde el aparato del estado, ya fuese a través de sus brazos armados oficiales —la policía y la guardia civil— o por medio de las bandas fascistas (siempre parapoliciales) que se encargaron de reprimir huelgas, manifestaciones y todo tipo de reivindicaciones.

⇒ 50 años de la sangrienta transición⇐

Ninguno de los crímenes aquí recordados han tenido su merecido castigo, ni siquiera han sido juzgados penal o políticamente como lo que son: asesinatos. Asesinatos de Estado o amparados por el Estado. Y recuerden vamos mes a mes, y llegamos a los septiembre(s) de ese aciago periodo entre los años 76 y 82…

Manifestación pro amnistía en Madrid, 1976. RTVE

1976

8 de septiembre. Hondarribia, Gipuzkoa

Josu Zabala Erasun. 24 años. La entonces alcaldesa Mercedes Iridoi recuerda: «En aquella época en todas las fiestas pasaba algo, y le pedí al gobernador que no viniera, y que tampoco mandara a la Guardia Civil, a nadie. Me prometió que así sería”, pero no cumplió su palabra. El 8 de septiembre es el Día Grande de las fiestas del pueblo, en el que se celebra el Alarde. Tras él, aquel año se inició una manifestación en la Marina para denunciar la desaparición del miembro de ETA Eduardo Moreno «Pertur”. La Guardia Civil la disolvió con pelotas de goma y balas, hiriendo con arma de fuego a varias personas. Dos tiros a bocajarro atravesaron a Josu en la calle San Pedro. El guardia civil que lo mató fue sentenciado y amnistiado en el 77. Jamás pisó la cárcel.
El día siguiente a su muerte, Hondarribia salió a la calle. La presencia policial fue enorme, incluso volvieron a cargar con pelotas de goma, causando más heridos.
Hubo huelgas, protestas y los comercios y bares también cerraron. Tras enterrarlo, la tumba estuvo custodiada de noche por cuatro guardias civiles. Y pese a la vigilancia, a la mañana siguiente una enorme ikurriña “que no se sabe quién la colocó, apareció entre las flores” custodiando el panteón.
El cuerpo de Josu fue trasladado a Donostia. A los médicos se les impidió realizar la autopsia. La hicieron los militares, que señalaron como causas de la muerte “una fractura de la columna vertebral” y un “gran hemiperitoneo”, sin mencionar siquiera las balas que le atravesaron el pecho.

8 de septiembre. Badajoz

Joaquín Regidor Ballester, 36 años. Acribillado por la Guardia Civil en un control. Los hechos ocurrieron de madrugada en la provincia de Badajoz, en un punto próximo a la frontera con Portugal. Según la nota oficial difundida por el Gobierno Civil, una patrulla de la Guardia Civil intentó dar el alto a los tres ocupantes de un vehículo que les resultó sospechoso, momento en que el coche emprendió la huida. Los agentes abrieron fuego y alcanzaron a Joaquín Regidor, quien falleció a consecuencia de las heridas, mientras que los otros dos acompañantes resultaron heridos. El comunicado oficial sostiene que los tres individuos eran contrabandistas con numerosos antecedentes penales.

Manifestación pro-amnistía, Barcelona, 1976. Foto de Colita (Isabel Steva Hernández)

14 de septiembre. Robledo de Chavela, Madrid

Isidro Aldea Manzano, de 39 años. Falleció a causa de las lesiones sufridas durante una paliza que, según la querella de su esposa, le propinó el sereno municipal Alejandro Herranz Sánchez el 2 de julio de ese mismo año. El agresor, señalado por los vecinos como el «gorila» del entonces alcalde franquista, fue puesto en libertad bajo fianza pagada por el propio Ayuntamiento y no fue apartado del servicio, pese a la gravedad de los hechos. El caso reflejó la impunidad del poder local en Robledo de Chavela.
– Robledo de Chavela: violencia, impunidad y poder familiar que marcó a un pueblo

22 de septiembre. Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias

Bartolomé García Lorenzo. 21 años, estudiante, militante del Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC). “En la madrugada del 22 de septiembre de 1976, seis policías armados acudieron a la vivienda de Antonia Lorenzo en el barrio de Somosierra, en Santa Cruz de Tenerife, donde se encontraba su primo, el joven independentista Bartolomé García Lorenzo.
La acción policial fue una operación conjunta de las brigadas Político-Social y de Investigación Criminal, así como de la Policía Armada. Los seis policías, de paisano, se apostaron, de dos en dos, en los rellanos de la escalera y en el de la puerta del piso. Bartolomé García Lorenzo abrió la puerta y, al ver a unos pistoleros empuñando metralletas, cerró la puerta. En ese momento los policías hicieron fuego.
Más de 30 impactos de bala recibió la puerta, de los que cuatro dieron de lleno en el cuerpo del compañero Bartolomé García. Dos días después, y pese a ser intervenido quirúrgicamente, falleció. El parte médico indicó que recibió cuatro impactos de bala: “una, en el brazo; otra, en la arteria humeral, y dos, en el vientre, que le afectaron al hipocondrio, con desgarro del lóbulo del hígado y del colon tanto descendente como ascendente y transverso, con estallidos múltiples en la región rectoperitoneal, así como en la región epigástrica superior izquierda, que determinaron su fallecimiento”.
Los seis agentes que ocasionaron la muerte del joven Bartolomé García fueron procesados el 16 de octubre y separados de sus funciones. Al existir entonces el precepto del fuero policial, en virtud del cual los agentes no cumplían la prisión preventiva en cárceles, sino en dependencias policiales, los cuatro policías del Cuerpo Superior quedaron internados en la comisaría de Santa Cruz de Tenerife, y los dos de la Policía Armada, en su cuartel.
Cuatro días más tarde, los agentes fueron trasladados a Madrid, y en el aeropuerto fueron recibidos por dos centenares de policías españoles que mostraron así su solidaridad con los procesados. En los días posteriores al homicidio se sucedieron importantes manifestaciones en Santa Cruz de Tenerife en repulsa por el asesinato del compañero Bartolomé García.
En febrero de 1982, la Audiencia de Tenerife condenó a los agentes y el Tribunal Supremo ratificó esa sentencia a finales de ese año. Pero el 28 de enero de 1986, la Audiencia de Tenerife, mediante un auto, declaró extinguidas las responsabilidades de los policías en el homicidio de Bartolomé García.
Los seis asesinos continúan hoy en día en activo dentro de la policía española y han sido promocionados en distintas ocasiones.” (De Independencia y Socialismo)

27 de septiembre. Madrid

Carlos González Martínez, 21 años. La lluvia caía aquel lunes en Madrid, se habían convocado varias manifestaciones para conmemorar el primer aniversario de los fusilamientos de cinco militantes antifranquistas ejecutados un año antes, el 27 de septiembre de 1975. Carlos, estudiante se encontraba en la calle Barquillo, a la altura del número 13, algo después de las nueve de la noche. La Policía y sus comandos auxiliares, los llamados guerrilleros de Cristo Rey, cargaron contra los manifestantes que se movían entre Alcalá y Gran Vía. Carlos salió corriendo. Fue entonces cuando un disparo le alcanzó por la espalda a escasos metros de distancia. Los asesinos, que gritaron «Viva Cristo Rey», no tenían un objetivo concreto: le eligieron a él únicamente por su aspecto.
Era joven y llevaba el pelo largo. Suficiente para morir. Ingresó en el Hospital Francisco Franco (Actual Hospital Gregorio Marañón) y falleció a las cinco y media de la madrugada del 28 de septiembre. Un año y un día después de los fusilamientos de 1975, el régimen volvía a matar en Madrid. Nadie fue detenido, juzgado ni condenado por su asesinato. El gobernador civil de la época, Juan José Rosón —posteriormente ministro del Interior—, defendió no depurar a los policías de extrema derecha argumentando que podían ser «buenos profesionales». El crimen quedó impune, como tantos otros que jalonaron aquellos años de la llamada Transición, que para muchos no fue sino un camino abierto a tiro limpio.
Carlos González escribía poesía, como tantos otros jóvenes muertos por las balas de la Policía o sus auxiliares, los terroristas de extrema derecha, durante aquellos años. Tenía 21 años, la edad en la que se escribe para intentar explicarse la vida. Aquella noche, sin embargo, no hubo poesía posible. Solo plomo y silencio oficial. Un crimen más de la sangrienta transición que ejemplifica la violencia policial y la impunidad que marcaron los pasos de la transición española, un año después de las últimas ejecuciones del franquismo, remarcamos.
– “Y qué contemplarán los hombres futuros cuando miren los ojos de los poetas muertos?”

Carlos Gonzalez

1977

16 de septiembre. Barcelona

Carlos Gustavo Frecher Solana. 28 años. El 11 de septiembre se celebra la Diada Nacional de Catalunya. Era un día histórico. Más de un millón de personas formaron la manifestación que recorrió las calles durante más de 5 horas, encabezada por la senyera. A su finalización, la Policía interviene en Las Ramblas. Carlos Gustavo sufre un pelotazo de goma en la cabeza, a consecuencia del cual muere días después.
Unas 6.000 personas asistieron al funeral convocado por todas las centrales sindicales de Cataluña en la parroquia de San Andrés. El interior de la iglesia estaba completamente lleno, mientras varios miles de personas se encontraban en el exterior.

20 de septiembre. Barcelona

Juan Peñalver Sandoval. 60 años. Conserje de la revista satírica El Papús. Contra dicha revista iba dirigido el atentado. Le habían entregado un paquete, “del tamaño de una caja de zapatos”, para el Consejo de Redacción. Estalló cuando lo subía en ascensor, entre la primera y la segunda planta del edificio. La onda expansiva alcanzó unos 40 metros, causando desperfectos en edificios y rotura de cristales de la calle de Tallera y plaza de Castilla.
La explosión destrozó de cintura para arriba a Juan, que murió en el acto. La telefonista, Rosa Loren, salió lanzada a la calle a través de la ventana por la violenta onda expansiva. Otra trabajadora, Rosa García, resultó también herida de gravedad. Aparte de ellas, hubo unos 15 heridos, la mayoría transeúntes alcanzados por cristales y pedazos de los edificios y coches reventados. La segunda planta quedó completamente destrozada.
El atentado fue reivindicado por la Triple A (Alianza Apostólica Anticomunista), una organización de terrorismo fascista de la variada sopa de siglas que actuaban con total impunidad durante la violenta transición.

Edición solidaria con las victimas de «El Papus», editada por 73 editoriales diversas del todo el estado

1978

11 de septiembre. Barcelona

Gustavo Muñoz de Bustillo. 16 años. Otro disparo policial que derribó el relato de la transición pacífica… La Diada de 1978 teñía de gualda y grana las calles de Barcelona, el PCE(i) había convocado una manifestación en la plaza de Sant Jaume con un lema rupturista y desafiante: «Fuera las fuerzas de ocupación». La protesta, no legalizada, congregó a más de 2.000 personas. Entre ellas, Gustau Muñoz, un joven de 16 años, militante de la Unió de Joventuts Marxistes-Leninistes (UJML), que formaba parte del grupo de defensa de la convocatoria.
Cuando la columna llegó a la calle Ferran, los antidisturbios cargaron con botes de humo y pelotas de goma y varios policías de paisano irrumpieron en la plaza de San Miguel y dispararon. Gustau fue abatido por una bala de calibre 38 que le entró por la espalda. Otras dos personas resultaron heridas de gravedad: Sergio Viso, residente en la calle El Call, golpeado por seis policías cuando huía hacia su casa, y Laura González Masip, de 19 años, militante de las juventudes de la Liga Comunista Revolucionaria, alcanzada por otra bala.
El crimen quedó impune. La policía adelantó el entierro para evitar un homenaje multitudinario y, cuando los compañeros del PCE(i) acudieron al cementerio, más de 30 militantes fueron detenidos e incomunicados durante siete días. En los meses siguientes, el partido fue prácticamente desmantelado.
La memoria de Gustau Muñoz ha pervivido en una placa en el número 34 de la calle Ferran, y cada Diada se le rinde homenaje. En 2018, su familia se sumó a la querella argentina contra los crímenes del franquismo, buscando justicia para un crimen que la Transición enterró en vida.

20 de septiembre. Sevilla

Manuel Medina Ayala. Militante del PCE acude a un concierto del grupo musical chileno Quilapayún, en la Plaza de América del parque María Luisa. Cuando iba a dar comienzo el concierto, un grupo de unos 100 paramilitares intenta entrar por la fuerza al recinto, coreando consignas anticomunistas. En medio del alboroto y las carreras que se producen, Manuel Medina muere apuñalado con un punzón por uno de los paramilitares ultraderechistas.

27 de septiembre. Barcelona

Francisco Serrano Ruiz, 27 años. A eso de las ocho de la tarde, Francisco Serrano, era trasladado desde los calabozos al juzgado de guardia del Palacio de Justicia de Barcelona para prestar declaración. En un descuido del agente judicial que lo custodiaba, el preso le propinó un empujón y se dio a la fuga por el interior del edificio. La Guardia Civil inició entonces una persecución. Según la versión oficial, los agentes efectuaron primero cuatro disparos al aire. Agotados, siempre según el comunicado, «todos los medios disuasorios para lograr su detención», la fuerza del cuerpo realizó nuevos disparos «con ánimo de herirle en las piernas». Fue entonces, afirma el parte, cuando Serrano se arrojó al suelo. El preso, herido por los disparos, fue trasladado al dispensario Pere Camps, donde falleció. La versión oficial dejaba un reguero de preguntas sin respuesta, un nuevo episodio de violencia letal en unos años donde la impunidad policial era la norma.

30 de septiembre. Navalcarnero, Madrid

Antonio Carrión Muela, 42 años. El cadáver de Antonio, mecánico, apareció semicalcinado en un paraje de Navalcarnero. Presentaba signos de estrangulamiento y múltiples cuchilladas. Los autores materiales, según la investigación, fueron Juan José Vega Parra y José Luis Magaña López, este último con un extenso historial delictivo vinculado a Guerrilleros de Cristo Rey y tenencia ilícita de armas. Un tercer implicado, José Luis Zazo López, quedó en libertad como encubridor. Magaña fue encarcelado a la espera de juicio por el asesinato. Sin embargo, un año después, protagonizó un secuestro junto a uno de los autores del atentado de Atocha: tomaron como rehenes al director de la prisión y a su familia —mujer y cuatro hijos—. Por este delito sí fue condenado con celeridad. Pero el caso de Carrión Muela quedó en el olvido judicial. Cuatro años después del crimen, sin que el juicio por el asesinato se hubiera celebrado aún, la justicia concedió a Magaña un permiso de cinco días, pese a un informe desfavorable de la propia cárcel. Aprovechó la ocasión para fugarse. Nunca se le volvió a ver. La impunidad, una vez más, se impuso a la justicia.

12 de julio de 1976, ciento veinte mil personas recorren la ciudad de Valencia siguiendo la convocatoria “Per la llibertat, per l’amnistia, per l’estatut d’autonomia”

1979

1 de septiembre. Donostia, Gipuzkoa

Iñaki Kijera Zelarain, 18 años. Las Gestoras pro Amnistía convocaban unas jornadas de apoyo a los refugiados políticos vascos. El día anterior, más de 40 cargos electos se habían encerrado en la Diputación de Gipuzkoa con ese mismo objetivo.
La policía antidisturbios disuelve a los manifestantes en el Boulevard de San Sebastián. Iñaki trata de alcanzar los jardines de Alderdi Eder cuando un policía, a menos de 10 metros, le dispara con fusil. La bala le atraviesa de parte a parte, le perfora el pulmón y le fractura las costillas. Los policías impiden, con golpes y pelotas de goma, acercarse a las personas que tratan de auxiliar a Iñaki, entre ellos un médico y dos enfermeros de la Cruz Roja que se identificaron como personal sanitario. Cuando pudieron atender al herido, su situación era ya irreversible.
El autor del disparo, Salvador Méndez Villatoro, fue acusado de un delito de homicidio por imprudencia y tuvo una petición fiscal de 1 año. Su versión fue que ignoraba que hubiera un proyectil de fuego real entre los cartuchos con los que él mismo había cargado el arma.

13 de septiembre, Madrid

José Luis Alcazo «Josefo». 25 años. Seis terroristas de extrema derecha asaltaban a un joven en el madrileño parque del Retiro y le partían la cabeza con bates de béisbol. Horas más tarde, fallecía camino del hospital, con el parietal roto y un profundo derrame cerebral.
Los fascistas procesados por matar al joven, llamados “Los Bateadores”, declararon que querían limpiar el Retiro de “gente sucia” y convertirlo en “zona nacional”. Asimismo, reconocieron que habían atacado a José Luis porque llevaba “melenas y barbas”. Todos los agresores eran hijos de militares de alta graduación. Entre ellos estaba Fernando Pita da Veiga y Corral, sobrino de Gabriel Pita da Veiga, almirante y ex ministro de Marina desde junio de 1973 hasta abril de 1977.
En el juicio se calificó el asesinato como “homicidio sólo con intención de lesionar”. Excepto dos, todos los acusados quedaron en libertad tras el juicio, puesto que se les impusieron penas menores.

José Luis Alcazo y su hermana, Carmen Alcazo

13 de septiembre. Biarriz, Francia

Justo Elizarán Sarasola «Periko», 24 años. A la mañana Periko salió de su casa para ir a trabajar, era delineante en el taller de Julián Madariaga. Sobre las 8:15, cuando se sentó en el asiento de su vehículo dispuesto a arrancar el motor, un automóvil con matrícula francesa pasó por su lado y un individuo se bajó del coche y comenzó a disparar con una ametralladora sobre la víctima. Las balas le atravesaron un pulmón y la columna vertebral. Fue trasladado al hospital, pero falleció semanas más tarde, el 5 de octubre, como consecuencia de las heridas. Cuatro ciudadanos franceses fueron condenados a prisión por el atentado, que reivindicaron dos grupos terroristas de extrema derecha: Acción Nacional Española (ANE) y Grupos Armados Españoles (GAE). Periko, llevaba cinco años residiendo en la zona vascofrancesa junto a su mujer y sus dos hijos.

19 de septiembre. Uviéu, Asturies

Valeriano Martínez Pérez, 44 años. Camionero. Formaba parte de un piquete en la huelga de transporte convocada en Asturies. La Guardia Civil interviene para disolverlos y, en el enfrentamiento, el cabo al mando dispara en el pecho a Valeriano Martínez. Tras su muerte, los autobuses de Gijón y Oviedo pararon en señal de luto y los camioneros convocaron dos jornadas de paro como protesta.

20 de septiembre. París

Pierre Goldman, 35 años. Asesinado por la mafia marsellesa al servicio del Estado español. Pierre Goldman, era un icono de la izquierda revolucionaria francesa y escritor de éxito, fue asesinado por nueve disparos en una plaza del barrio XIII de París. Tres mercenarios, que hablaban en castellano, le ejecutaron a plena luz del día. El crimen quedó impune y el caso abandonado.
Goldman, había sido absuelto en 1976 de un robo con homicidio que le había valido cadena perpetua. Desde entonces, militaba en la clandestinidad en apoyo a causas comunistas, anarquistas y de liberación nacional, y mantenía vínculos logísticos con ETA-pm. Investigaciones posteriores señalaron como autores a mercenarios del grupo terrorista Batallón Vasco Español (BVE), algunos de los cuales pasarían a engrosar las filas de los GAL.
Su entierro reunió a 15.000 personas, entre ellas Sartre, Beauvoir, Montand y Costa-Gavras. Pero la verdad de su muerte permaneció oculta durante años. Antiguos policías y periodistas desvelaron que el atentado fue orquestado desde las cloacas del Estado francés por un grupo dirigido por Pierre Debizet, nutrido por policías y miembros de la OAS.
El asesinato de Goldman no fue un caso aislado. En 1979, el BVE cometió al menos cinco atentados mortales contra refugiados vascos y militantes de extrema izquierda en París y el País Vasco Francés, en una trama de guerra sucia que se prolongaría durante años con la complicidad de los servicios secretos franceses y españoles.

28 de septiembre. Astigarraga, Gipuzkoa

Tomás Alba Irazusta, 42 años. De madrugada el concejal de Herri Batasuna en el Ayuntamiento de Donostia, casado y padre de una hija, fue abatido a tiros cuando salía de un restaurante de Astigarra. El atentado, reivindicado inicialmente por los Grupos Armados Españoles, fue obra del Batallón Vasco Español (BVE). Su asesinato se convirtió en el segundo crimen del llamado «Triángulo de la Muerte» —Andoain, Hernani y Urnieta—, donde el comando terrorista ultraderechista sembró el terror entre 1979 y 1981.
Herri Batasuna calificó el crimen como el «primer paso de la guerra sucia contra la izquierda abertzale» preparada desde Madrid. Miles de personas acudieron a su funeral y a la manifestación de repulsa que recorrió la ciudad.
En 1985, Ignacio Iturbide y Ladislao Zabala, miembros del ‘Comando Iturbide’ del BVE, fueron condenados por el asesinato de Alba. No fue hasta 2016, 37 años después, cuando su familia recibió las indemnizaciones como víctimas del terrorismo.

Memorial de Tomás Alba Irazusta en Astigarraga

1980

6 de septiembre. Dirección General de Seguridad, Madrid

José España Vivas, 25 años. Casado y con un hijo, pertenecía a la Junta de la Asociación de Vecinos del Barrio Venecia en Alcalá de Henares. La policía le detiene y procede a un registro de su casa en la noche del 4 al 5 de septiembre, sin mandamiento judicial. No encuentran nada sospechoso ni ilegal.
Es llevado a la Dirección General de Seguridad (hoy sede de la Comunidad de Madrid), en la Puerta del Sol. La familia trata de verle, pero les anuncian que está incomunicado. El día 6 de septiembre le llevan a la sala de interrogatorios de la Brigada de Información. Apenas una hora más tarde sufre un desvanecimiento, con pérdida de consciencia, miosis, frialdad de miembros con acrocianosis, le sobreviene un estertor y fallece.

6 de septiembre. Bilbo, Bizkaia

Luis Quintana Monasterio, 46 años. Una indignante versión oficial habló de un enfrentamiento entre un policía nacional de paisano y unos delincuentes comunes. Todos los testigos presenciales la desmintieron. Según ellos, los hechos fueron éstos: un joven, de unos 23 años, abofeteó a una mujer mayor del barrio, frente al bar Corinto. Varios jóvenes le recriminaron. El joven de paisano, que resultó ser policía, les pidió la documentación; ellos le contestaron que antes se identificara con su placa de policía. En lugar de hacerlo, propinó varios golpes y puso una pistola en el cuello a una chica que estaba entre los que le increpaban. La gente trató de detenerle, pero él realizó un disparo al aire y comenzó a gritar “Os mato a todos”. Salió huyendo por la calle La Laguna disparando a la gente que trataba de acercarse a él para reducirle.
Luis Quintana resultó muerto de un disparo en el pecho. Los otros heridos graves fueron: Manuel María Urbizu Ortuzar (26 años, montador, herida de bala en hombro); Rafael Carrasco González (25 años, herida de bala en el costado izquierdo), y Juan Diego Bernardo Mogado (24 años, herida de bala en pierna derecha, con fractura de tibia).

7 de septiembre. Hernani, Gipuzkoa

Miguel María Arbelaiz Echevarría y Luis María Elizondo Arrieta. De madrugada los amigos Miguel María Arbelaiz Echevarría, de 33 años, y Luis María Elizondo Arrieta, de 32, fueron abatidos a tiros cuando bajaban por la cuesta de Balanchas en Hernani, tras asistir a una despedida de soltero. Ambos, trabajadores y simpatizantes de Herri Batasuna, recibieron varios disparos; los vecinos escucharon detonaciones posteriores que indicaban que fueron rematados en el suelo. Los asesinos, del grupo terrorista Batallón Vasco Español (BVE), dejaron casquillos de dos marcas distintas, lo que apunta a la participación de al menos dos pistoleros.
El crimen, similar al asesinato de su amigo Felipe Sagarna cuatro meses antes, conmocionó a la localidad. La capilla ardiente se instaló en el salón de plenos del Ayuntamiento, mientras miles de personas se manifestaban y el consistorio, gobernado por HB, PNV y EE, exigía el esclarecimiento de los hechos y el castigo a los responsables, con la abstención del PSE. El 9 de septiembre, una huelga general convocada por fuerzas de izquierda paralizó Gipuzkoa, con cortes de carreteras y vías férreas. La indignación popular creció al denunciarse que la Guardia Civil, con su cuartel a menos de 500 metros del lugar del atentado, no apareció hasta una hora después.

9 de septiembre. Madrid

José María Fernández-Carrión González, 24 años. Según testigos, todo empezó cuando José María Fernández-Carrión llegó con su pareja a un bar de Madrid para recoger a su perro. Al detener el vehículo, un policía nacional que se encontraba en la puerta comenzó a «a decirle barbaridades a la chica, que ni siquiera se había bajado del coche». El agente entró en el local y salió acompañado de un guardia civil, que se dirigió directamente hacia José María, que intentaba meter al perro en el coche. Sin mediar palabra, el guardia civil colocó la pistola en su costado izquierdo y efectuó dos disparos que lo derribaron.
Cuando la víctima cayó al suelo, el agente intentó disparar de nuevo, pero los amigos de José María se abalanzaron sobre él sujetándole los brazos. Pese a ello, el guardia civil continuó «disparando indiscriminadamente», alcanzando a dos de ellos. Simultáneamente, el policía nacional también desenfundó su arma y abrió fuego. José María Fernández-Carrión recibió un impacto en el vientre, mientras sus dos amigos resultaron heridos en una pierna y un brazo.

1981

2 de septiembre. Donostia, Gipuzkoa

Vicente Berrio Pargarai, 28 años. El fallecido, según informaba la agencia “Efe”, había sido detenido esta mañana por la Policía Municipal cuando al parecer trataba de atracar la sucursal del Banco de Bilbao en la calle San Juan, de San Sebastián y trasladado a la Comisaría, donde fue reconocido como autor de varios atracos a mano armada.
Cuando el detenido prestaba declaración, según las fuentes policiales, señaló que, además del revólver calibre 22 que portaba en el momento de la detención, tenía escondidas más armas en un agujero situado en las rocas del puente del Kursaal, junto al mar.
Sigue el relato policial… Sobre las ocho menos cuarto de la noche, Vicente Berrio fue trasladado, con cuatro inspectores del Cuerpo Superior de Policía hasta el lugar indicado. En ese momento, fuentes policiales señalaron que le fueron quitadas las esposas al detenido para poder bajar hasta las rocas y éste, después de empujar a un inspector, huyó hacia el mar.
Vicente Berrio se escondió detrás de unas rocas y, desconociéndose su procedencia, sacó una pistola con la que disparó a los funcionarios, quienes, según las mismas fuentes, repelieron la agresión y uno de los disparos alcanzó en la cabeza a Vicente Berrio que cayó al mar.
Nada más se puede encontrar de este caso, y esta versión difundida por la agencia Efe en versión totalmente policial es llamativamente extraña, aunque acorde con la versiones oficiales de la época…

5 de septiembre. Barcelona

Enrique Cerdán Calixto, 31 años. El 11 de febrero de 1977, el militante de los GRAPO, fue detenido y sometido a 26 días de salvajes torturas. Encarcelado, no renunció a la fuga y, tras nueve meses de preparación, el 17 de diciembre de 1979 logró escapar de la prisión de Zamora junto a otros compañeros. En la madrugada del 5 de septiembre de 1981, fue acribillado por más de un centenar de policías en un piso de Barcelona, tras intentar huir por los tejados. Recibió al menos cincuenta disparos que acabaron con su vida.

1982

26 de septiembre. Donostia, Gipuzkoa

Fernando Barrio Olano, 29 años. Miembro de ETA, muere tiroteado en una emboscada de la Policía. La versión oficial habló de enfrentamiento, los únicos testigos eran los policías que lo mataron. La policía entro en casa de Fernando y se escucharon varios disparos y este cayó muerto.

¡No olvidamos!

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