La disputa de los sectores populares ante las elecciones presidenciales en Colombia

La disputa de los sectores populares ante las elecciones presidenciales en Colombia

Por Olimpo Cárdenas*

Más allá de la disputa entre candidatos y partidos, lo que se juega este 21 de junio de 2026 en Colombia es la orientación del proyecto de país: si se profundizan los esfuerzos de transformación social impulsados en los últimos cuatro años por el “progresismo” en cabeza del reconocido político de izquierda y defensor de derechos humanos Iván Cepeda Castro y la lideresa indígena Aida Quilcue; o si se retrocede a las fórmulas neoliberales que dominaron los últimos 30 años del país, representadas en el candidato ultraderechista Abelardo de la Espriella, un abogado multimillonario con ínfulas de tenor italiano, admirador de Milei, de nacionalidad norteamericana y militancia republicana, cuya fortuna está ligada a la defensa jurídica de narcos y paramilitares.

Para los sectores populares y las fuerzas de izquierda, el panorama está lejos de ser sencillo. La disputa electoral se desarrolla en medio de ataques y señalamientos contra el actual gobierno, a través de narrativas conservadoras difundidas amplia y profusamente en redes y medios corporativos en los que anuncian desastres económicos, expropiaciones y violencia a manos del “comunismo”, provocando miedo, odio, racismo y un descontento social ante el programa político que le daría continuidad al proyecto progresista.

En este contexto, la figura del abogado Abelardo de la Espriella ha ganado visibilidad pública apoyado en poderosas y costosas campañas de redes donde resalta su admiración por los programas políticos y económicos de Milei y Bukele. Desde organizaciones sociales, movimientos progresistas y sectores de izquierda se han formulado fuertes cuestionamientos a su discurso político de corte fascista. Sus críticos consideran que muchas de sus posiciones promueven una visión autoritaria de la sociedad, basada en la confrontación permanente, la exaltación del castigo y la descalificación sistemática de los adversarios políticos a quienes promete “destripar” como se merecen. Promete el abogado una patria milagro a través de la reducción de la inversión social en un 40%, el uso del fracking y la superexplotación minera, la privatización de cientos de empresas; la construcción de mega cárceles privadas y el bombardeo sin piedad contra los grupos armados.

A ello se suma la preocupación que generan sus reiteradas manifestaciones de cercanía ideológica con la política exterior de Estados Unidos, vale recordar que Donald Trump manifestó públicamente su apoyo a este candidato el mismo día en que obtuvo el triunfo en primera vuelta. Analistas y dirigentes sociales advierten que la región continúa siendo escenario de disputas geopolíticas en las que Washington busca mantener influencia estratégica sobre gobiernos, mercados y recursos naturales de Sudamérica. Cualquier proyecto político subordinado a los intereses del imperialismo despierta reservas entre quienes defienden mayores niveles de autonomía e integración de los pueblos en la región.

De tal manera, el escenario electoral no se reduce a una simple confrontación moral entre el bien y el mal. La realidad es más compleja. Las élites económicas conservan el poder en Colombia y la influencia hegemónica, económica y política del imperialismo, es decir, una maquinaria electoral aceitada que están movilizando en favor del abogado Trumpista. Le apuestan a recuperar por cualquier medio el gobierno y sus privilegios.

Cepeda y Petro

La izquierda colombiana enfrenta una encrucijada histórica. Debe defender los avances democráticos y sociales alcanzados, reconocer errores y limitaciones propias, y al mismo tiempo enfrentar el avance de proyectos conservadores que buscan capitalizar algunas fisuras del actual gobierno. El resultado de esa disputa dependerá no sólo de las campañas electorales, sino de la capacidad de los movimientos populares para construir una visión de país que combine justicia social, soberanía, democracia y especialmente una paz con transformaciones y superación de las causas estructurales que provocaron las injusticias en el país. La calle y la movilización como pedagogía política siguen siendo una opción en este momento.

Las propuestas del abogado de la mafia no sólo van encaminadas a defender los privilegios de los ricos de Colombia, sino a profundizar el proyecto extractivista transnacional y especialmente a entregar al imperialismo las ricas regiones del país donde existen minerales, hidrocarburos y agua, que es casi todo el territorio colombiano, uno de los más biodiversos del planeta. En última instancia, el futuro de Colombia no se decidirá únicamente en las urnas. También, en la conciencia de millones de ciudadanos que deberán escoger entre el miedo y la esperanza, entre la exclusión y la solidaridad, entre la subordinación a viejos poderes y la posibilidad de construir un proyecto nacional más justo e incluyente. Se trata de una disputa entre la vida y la muerte, entre la defensa de la naturaleza y la codicia del capital. Se trata de la lucha de los pueblos por su territorio, su vida y su dignidad.

* Del Congreso de los Pueblos, en Observatorio Latinoamericano de Geopolítica
Colombia en LoQueSomos

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