Ignorancia inducida. Acerca de Venezuela
Por Rafael J. Rodríguez Marrero*
El día 5 de enero un grupo de personas defensoras de los derechos humanos y del derecho internacional (sabedores de que, al tiempo que fueron implementados por los vencedores tras la 2ª Guerra Mundial, hoy tales derechos son cuestionados por las élites imperiales desde la caída del Muro de Berlín) organizamos en Fuerteventura una concentración de rechazo a la intervención de EEUU en territorio venezolano con resultado, al corto plazo, de secuestro del presidente constitucional del país caribeño y de su esposa, además de la muerte de varias decenas de militares y de civiles en una cifra que desconozco.
Durante la mañana de ese día acudí a un programa radiofónico (en Onda Fv) al que fui invitado para hablar del tema y para animar a la concentración vespertina. Me encontré, sin previo aviso, con otra persona (un joven venezolano emigrado desde hace diez años a la isla) y con la emisora abierta a la participación popular, vía telefónica. Pronto sospeché que la realizadora había animado a personas venezolanas residentes en la isla a participar en lo que, inicialmente, debía ser una entrevista solo a mi persona con el objetivo antes mencionado: animar a la participación en la concentración.

Es obvia una situación, a saber: la mayoría de venezolanas/os llegados a este archipiélago durante los últimos lustros son radicalmente contrarios al proyecto bolivariano.
Sin embargo, mi presencia e intervención no tenían por objeto hablar de la política interna en Venezuela (defendiendo o criticando al gobierno venezolano) como se dedicaron a hacer aquellas personas, para mí, “inesperados contertulios”. Se trataba, creía, de abordar la grave situación que genera la invasión de un país por otro; de cómo el sistema internacional multilateral inspirado en la Carta de Naciones Unidas sufre un nuevo golpe en este caso a manos de la Administración Trump.
Descorazonadora es la sensación que tuve mientras me encontraba en aquella “supuesta tertulia” en la que abundaban ideas preconcebidas y escaso o ningún interés por clarificar la situación generada.
El malestar que sienten muchas de las personas que han abandonado durante estas décadas Venezuela en desacuerdo con su gobierno, en absoluto creo, puede justificar la alegría que muestran ante un atentado al derecho internacional tan flagrante como el cometido por la Administración Trump. Esos signos de alegría son manifestación de cómo esas personas priorizan sus asuntos privados, individuales, sobre el interés colectivo. Si la operación “Resolución absoluta” (como los norteamericanos han nombrado a este ilegal acto) se vuelve moda, expandiéndose a otros territorios, ¿quienes tienen garantizada la paz?

Es sin duda problemática la pérdida de memoria a la que las poblaciones estamos siendo inducidas; la digitalización creciente de nuestros espacios y encuentros alguna relación tienen con este cada vez más extendido fenómeno. Las falencias de los sistemas educativos que en sus currículos abandonan los estudios críticos de la Historia también ayudan a aquella desmemoria. Manifestación de esto último que señalo podemos encontrarla tanto en Norteamérica como en el llamado “Occidente colectivo” en donde la fragilidad en el abordaje de las enseñanzas de Historia en los centros educativos es notable. Un acercamiento a la Historia que debería, además, ser crítico para evitar el error del historiador “historicista” que le lleva a sentir empatía con el vencedor. Como nos recordaba el pensador Walter Benjamin en su séptima tesis de filosofía de la historia: “Los respectivos dominadores son los herederos de todos los que han vencido una vez” (1)
Aquella desmemoria impide, por ejemplo, recordar las innumerables ocasiones en las que EEUU ha apoyado, mediante financiación y entrenamiento (en América Latina y el Caribe, por circunscribirme a lo que ellos llaman “su patio trasero”) opciones violentas contra partidos, sindicatos, universidades, incluso contra sectores constitucionalistas de las fuerzas armadas, cuando la orientación de clase del estado del que se tratara (pienso en Cuba, en Brasil, en Chile, en Argentina, en Colombia,…) estaba cambiando en el sentido de traspaso del poder a sectores sociales que no formaban parte de las élites de esos países. ¿Hace falta hacer un recorrido histórico para refrendar lo que afirmo?
Permíteme, estimado lector, hacer un necesario paréntesis para dejar hablar a una persona, estudiosa y crítica, quien hace años, en 2005 y en el Prólogo a la obra de Jean Bricmont, “Imperialismo humanitario” nos decía:
“La sociedad estadounidense es inusualmente abierta. De ahí que no exista ninguna dificultad para documentar los principios básicos de su estrategia global a partir de la Segunda Guerra Mundial. Incluso antes de que los Estados Unidos se incorporaran a la guerra, algunos planificadores y analistas de alto nivel habían llegado a la conclusión de que el país debía hacerse de `un poder incuestionado´ en el mundo de la posguerra y dar pasos para garantizar `la limitación de todo ejercicio de soberanía´ por parte de otros estados que pudiera interferir con sus planes globales”. Noam Chomsky (2)
Desde hace años, confirmada la crisis multisectorial que el sistema capitalista mundializado arrastra y que encuentra en el agotamiento de los recursos energéticos y de otros materiales una de sus causas así como uno de sus límites, EEUU (cuya población es la mayor consumidora de petróleo del mundo, auténticos devoradores de energía) no puede permitir que un estado, como la Venezuela en su versión bolivariana, interfiera en sus planes.
Los planes de la Administración Trump lo explicitaba su secretario del Tesoro, Scott Bessent; un plan económico de “tres flechas”: un aumento de la producción de petróleo y gas equivalente a 3 millones de barriles diarios, además de lograr dejar el déficit norteamericano en el 3% y lograr una tasa de crecimiento del 3%. Lo que se traduciría, según señalan algunos analistas en las tres “p”: “perfora, perfora, perfora”.
Conviene recurrir de nuevo a la historia, en este caso, reciente. Recordemos que el 9 de marzo de 2015, Barack Obama emitió una orden presidencial en la que proclamaba que la República Bolivariana de Venezuela constituía una “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”. Una orden que constituía la base jurídica norteamericana para llevar a cabo un bloqueo económico a Venezuela buscando hacer tambalear el comercio y los flujos financieros del país con el mundo. Una orden a partir de la cual se sucedieron -hasta ayer- centenares de sanciones y restricciones con unos efectos devastadores para la economía del país y para sus gentes; buscando la manera de forzar un cambio de régimen. Estrategias ya marcadas con anterioridad, como indicaba el profesor N. Chomsky en el párrafo antes apuntado.

Once años después, con el país en serias y obvias dificultades, el neofascista Trump (¿termina?) la tarea. Buscando así garantizar que los suyos (blancos, anglosajones, consumidores enfermizos y “temerosos de Dios”) lo confirmen en la categoría de emperador.
Por ello, entre otras razones, resulta desmoralizador escuchar a personas que “dependen de sus manos” para poder vivir, justificar a sus dominadores. Quizá con ello quieren sentirse vencedores y dominadores, al menos por un día. Mañana volverán a la faena en donde se les va a seguir explotando aun cuando muchos no lo perciban.
Escuchando a esas personas venezolanas que intervinieron ayer en la inesperada tertulia pude comprobar, una vez más, lo arraigada que anda entre mucha población la vieja teoría económica del derrame según la cual el bienestar de la gente deriva de la acumulación capitalista; la ganancia empresarial se derramaría en beneficio social (gracias la empleo, las políticas públicas,…)
¿Quienes realmente se han beneficiado en lo inmediato, del éxito de la operación “Resolución absoluta” autorizada por el fascista Trump?
1. Las grandes del engranaje militar-industrial norteamericano: Llockheed Martin, Boeing, Raytheon Technologies (RTX). El ataque a Venezuela no sale gratis al pueblo norteamericano.
2. Las Big Oil de Estados Unidos. Exxonmobil y Chevron, cuyas acciones en Wall Street subieron un 18% y un 15%, respectivamente, tras el anuncio del secuestro de Nicolás Maduro. Trasnacionales descendientes de Standar Oil y que tienen a BlackRock como accionista de referencia (3). De hecho “Chevron mantiene sus operaciones en joint ventures con PDVSA (la estatal venezolana) en Petroboscán y Petropiar así como nuevos proyectos en la Faja del Orinoco y produce aproximadamente un cuarto del petróleo de Venezuela (alrededor de 150.000-200.000 barriles por día), principalmente crudo pesado exportado a refinerías de EEUU”. (4)
¿Quiénes se ven perjudicados? Sin lugar a dudas, el pueblo venezolano; amen del debilitado derecho internacional.
Y en el ámbito de la geopolítica y de la economía interimperialista, China también parece se verá afectada; entre otras pues es el principal comprador de petróleo venezolano. Además, como nos indicaba Germán Goirriz “empresas chinas, principalmente la estatal China National Petroleum Corporation (CNPC), operan joint ventures con la estatal venezolana PDVSA, destacando Petrolera Sinovensa, donde CNPC participa en la producción de crudo pesado en la Faja del Orinoco así como proyectos como Petrourica y Petrozumano». (5)
Los BRICS + andan al acecho y, creo, lo hacen con mejor sentido estratégico y, sobre todo, sin lanzar bombas sobre los pueblos.
Y para ir acabando, más allá de nuestras consideraciones respecto a conceptos como el de patria, nación,… considero que es ser tremendamente imprudente, cuando no canalla, llamarte patriota y, al tiempo, aplaudir que tu patria sea invadida por otra, por muy imperial que esta última sea.
¡Efectos de la desmemoria… y de la alienación!
PD: En cualquier caso, la historia la hacen los pueblos y estos aún no han terminado de escribirla.
Notas:
1.- Benjamin, Walter (1955): “Tesis de filosofía de la historia”. En Discursos ininterrumpidos, I. Taurus Ediciones. Madrid, 1982
2.- Chomsky, Noam. Pólogo a Bricmont, Jean (2005) “Imperialismo humanitario”. El Viejo Topo. Barcelona.
3.- Un análisis relativamente optimista sobre el secuestro de Maduro y la agresión a Venezuela.
4.- ¿Están ExxonMobil y Chevron tras la intervención de EEUU en Venezuela?
5.- Ibid.
* Docente jubilado. Desde Fuerteventura.
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