¡¡¡Quererlo todo YA!!!
Por Javi Ávila
La vida destrozada por la inmediatez antes y después de internet…
Un hombre de 60 años nacido en 1966 vivió en primera persona cómo la cultura de la gratificación inmediata puede arruinar una existencia mucho antes de que existieran las redes sociales.
Entre los 12 y los 18 años, este hombre quería todo YA:
Quererlo todo YA, la vida destrozada por la inmediatez antes y después de internet
Un hombre de 60 años nacido en 1966 vivió en primera persona cómo la cultura de la gratificación inmediata puede arruinar una existencia mucho antes de que existieran las redes sociales.
Entre los 12 y los 18 años, este hombre quería todo YA: dinero rápido, emociones fuertes, olvido inmediato del dolor. La heroína fue su primera respuesta. Después llegaron los atracos a bancos. El 28 de febrero de 1984 entró en prisión. Lleva 42 años cumpliendo condena.

En 2005, durante un permiso carcelario, volvió a caer en la misma lógica del “ahora mismo”. Otro atraco. Su compañero recibió un disparo en la cadera. A él le dispararon a bocajarro: el primer tiro le destrozó el cúbito de la mano izquierda; el segundo le rompió la vértebra lumbar 3, dañó el cono del riñón izquierdo y reventó el bazo. Desde entonces vive en silla de ruedas y con dolor constante 24 horas al día, siete días a la semana.
Solo en 2009, con el tercer grado, y más tarde en libertad condicional (desde 2012), empezó a conocer internet. Cumple la condena total en 2029, pero ya está en casa. Desde allí observa cómo esa misma hambre de inmediatez se ha democratizado y multiplicado gracias a las pantallas.
El “síndrome de la inmediatez” no aparece en el DSM-5 (el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, quinta edición, el referente internacional para diagnosticar trastornos mentales). No es una enfermedad clínica oficial. Sin embargo, sus efectos son devastadores y afectan a un altísimo porcentaje de la sociedad actual: se trata de una cultura de la gratificación inmediata que entrena a las personas para rechazar la espera, el esfuerzo y las consecuencias a largo plazo.
La atención pulverizada
La psicóloga Gloria Mark, de la Universidad de California Irvine, ha estudiado durante más de 20 años cuánto tiempo permanecemos enfocados en una pantalla. En 2004 el promedio era de 2,5 minutos. En 2012 bajó a 75 segundos. En los últimos años (datos consolidados hasta 2025-2026) se ha reducido a 47 segundos de media. El cerebro se acostumbra a saltar constantemente entre notificaciones, likes y vídeos cortos, y pierde tolerancia a la frustración y a las recompensas que requieren tiempo.

Dopamina fácil: de la heroína al scroll infinito
Las redes sociales y las apps activan los mismos circuitos de recompensa cerebral que las drogas duras. La psiquiatra Anna Lembke, de Stanford y autora de Dopamine Nation, compara el smartphone con “la jeringuilla moderna”: entrega dopamina rápida, en cantidades ilimitadas y con novedad constante. Likes, notificaciones y scrolls infinitos dan gratificación inmediata, igual que un chute.
Estudios científicos confirman que la preferencia por recompensas inmediatas (impulsividad) está fuertemente ligada a adicciones y conductas de riesgo. Quienes eligen “pequeño ahora” en vez de “grande después” muestran mayor dificultad para planificar a largo plazo. Exactamente lo que le ocurrió a este hombre: quererlo todo ayer, sin importar las consecuencias.
No es nuevo, pero sí se ha multiplicado
Su caso demuestra que la inmediatez existía mucho antes de internet. En los barrios de finales de los 70 y principios de los 80, la heroína ofrecía olvido y placer instantáneo. Hoy, un adolescente puede tener esa misma dopamina en el bolsillo: TikTok, Instagram, compras con un clic o apuestas online.
En España, uno de cada cinco adolescentes (entre 14 y 18 años) presenta uso problemático de internet. Casi un 9 % dedica más de cinco horas diarias a las redes sociales entre semana, cifra que se eleva casi al 20 % los fines de semana. El Informe Mundial de la Felicidad 2026 alerta de que el uso intensivo de redes sociales está reduciendo el bienestar juvenil, especialmente en Occidente.
El psicólogo clínico Juan Jesús Muñoz lo ha expresado con claridad: “Una sociedad marcada por el consumismo y la inmediatez es caldo de cultivo para el aumento de los trastornos de conducta y de la personalidad”.

Consecuencias reales
Baja tolerancia a la frustración, ansiedad constante, dificultad para construir proyectos a largo plazo, deudas impulsivas o adicciones comportamentales. En los años 80 esa lógica terminaba en atracos y prisión. Hoy puede terminar en aislamiento, depresión o conductas igualmente destructivas.
Y lo peor: las grandes tecnológicas saben perfectamente lo que hacen. Diseñan productos adictivos porque nuestra atención es su negocio. Venden dopamina barata mientras destrozan la capacidad de esperar y esforzarse.
Una reflexión desde la silla de ruedas
La vida de este hombre quedó marcada para siempre por quererlo todo ayer. Pagó con 42 años de prisión, con su movilidad y con dolor constante. No culpa solo a la sociedad ni a la tecnología: también fueron decisiones propias. Pero sí señala que el entorno actual multiplica ese riesgo para miles de jóvenes que hoy tienen 12, 15 o 18 años.
No se trata de demonizar los móviles o internet. Son herramientas poderosas. Se trata de reconocer que amplifican un problema humano antiguo: la dificultad de demorar la gratificación.
Quizá sea hora de enseñar a las nuevas generaciones lo que a él le costó aprender demasiado tarde: que las cosas que realmente valen la pena casi nunca llegan YA. Requieren esfuerzo, paciencia y tolerancia a la frustración.
Desde su casa, en régimen de libertad condicional, sigue pagando las consecuencias de aquella inmediatez. Ojalá su historia sirva para que otros no terminen como él: roto, pero todavía vivo para contarlo.

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Cuanta razón, la dopamina como búsqueda de una falsa libertad. Salud