Recuerdo para Manuel Ruiz, hermano de Arturo Ruiz asesinado en la Transición

Recuerdo para Manuel Ruiz, hermano de Arturo Ruiz asesinado en la Transición

Por Iñaki Alrui*

El 21 de noviembre de 2023 nos dejó Manuel Ruiz García, hermano de Arturo Ruiz, el joven asesinado en la transición “modélica”, 23 de enero de 1977, por criminales fascistas, en Madrid, durante una manifestación pro-amnistía.

Al cumplirse dos años de la triste partida de Manuel Ruiz, recuperamos una entrevista, hasta ahora inédita, realizada en 2022, para un proyecto audiovisual que tuvo que quedar aparcado, sobre los asesinados de la transición. Siempre recordáramos que para este proyecto Manuel nos acompañó a varias entrevistas, le gustaba estar presente y participar, siempre evocaba algún dato curioso y retenía las novedades que nos aportaban aquellos diálogos frente a la cámara de grabación de mi compañero Josu Gastón.

En el video nos cuenta como fueron aquellos momentos familiares del asesinato de su hermano, cuando lo grabamos, marzo de 2022, todavía no se había destapado la localización del asesino de su hermano, algo que se haría público en noviembre de 2023, pocos días antes de su fallecimiento, a través del diario El País: La vida secreta del asesino de Arturo Ruiz, gracias al trabajo encomiable de Carlos Anxo Portomeñe: El caso Arturo Ruiz: piedra de Rosetta de la Transición.

Coincidiendo con el segundo aniversario de su fallecimiento os dejamos con el video y la transcripción completa de la entrevista que le hicimos, Manuel Ruiz y su lucha sigue entre nosotros.

Transcripción de la entrevista a Manuel Ruiz

Declaración Universal de Derechos Humanos
Artículo 3. Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

Iñaki Alrui: Tu hermano Arturo era muy joven y estudiaba y trabajaba a la vez. ¿Cómo era su día a día? ¿Qué destacarías de su personalidad, de sus proyectos e ilusiones?

Manuel Ruiz: Bueno, mi hermano Arturo efectivamente tenía 19 años, estaba trabajando y estudiando como hacíamos la mayoría de la gente de su edad en aquella época: trabajar para poder estudiar.
Arturo como persona era un líder, todos sus amigos lo dicen. Era una persona que tenía bastantes inquietudes y sí muy preocupada sobre todo por los temas sociales. Un joven bastante inquieto. Se movía en prácticamente todos los ambientes políticos de Madrid, de izquierda, como era lo normal de la juventud en aquella época.

IA: ¿Cómo recibisteis la noticia del asesinato de Arturo? ¿Cuál fue tu reacción y la de tu familia en ese momento?

MR: La noticia, como ya he comentado en algunas ocasiones, la recibimos estando en el pueblo. Mi padre era secretario de un ayuntamiento de la comunidad de Madrid, Gargantilla de Lozoya, y cuando íbamos a comer, en el telediario de las tres abrieron con la noticia que había muerto un estudiante, y dieron el nombre y apellidos: «Arturo Ruiz García ha muerto en una manifestación». La verdad es que lo recibimos con bastante incredulidad, nos fuimos deprisa y corriendo a Madrid, pensando que podía ser una equivocación, que podía ser un error, y cuando llegamos al Anatómico Forense, mi padre entró y lo identificó. Y efectivamente, pues fue… un día imposible de olvidar.

Activistas memorialistas junto a Manuel Ruiz, en el homenaje a Arturo, 23 de enero de 2021.

IA: El entierro de Arturo se realizó cerca de aquí, en el cementerio de Fuencarral, en absoluta intimidad, a diferencia de otros que hubo después, como el de Mariluz Nájera, que entra también dentro de esa semana trágica, o el de los abogados de Atocha, que fueron multitudinarios. ¿Por qué fue un entierro así?

MR: El entierro de Arturo, la familia en ese momento nos quedamos noqueados, evidentemente, y nos hicimos una piña. La situación en el barrio no estaba muy tranquila, se oían carreras, oíamos desde el piso carreras, manifestaciones, jaleo. Pasaron por mi casa aquellos días multitud de personas, gente desconocida, gente que venía creo que a controlarnos, y la verdad es que estábamos bastante dolidos, fue una cosa terrible. Al cementerio de Fuencarral fuimos en distintos medios de transporte, yo fui en un coche de la policía. Estaban los periodistas en la puerta y fui yo concretamente, es responsabilidad mía, el que dijo que no entrase la prensa. Quería que fuese una cosa íntima: mi madre estaba totalmente noqueada y lo único que queríamos era sufrir nosotros en la máxima intimidad.

IA: Los asesinos —por lo menos materiales— de tu hermano, ¿nos puedes decir algo de Fernández Guaza y de Cesarsky?

MR: El asesino de Arturo, que fue José Ignacio Fernández Guaza, era una persona que se autodenominaba como de la Guardia Civil. Decía que trabajaba para la Guardia Civil, incuso su hermana manifiesta que él hacía trabajos para la Guardia Civil que esta no podía hacer. Este, el asesino material, que fue el que hizo los disparos, José Ignacio Fernández Guaza, huyó de Madrid al día siguiente y se fue al País Vasco. Consta en el sumario que el dinero que le mandaba la familia, se lo mandaba a un guardia civil del País Vasco, Juan Cabrera, que era el que hacía la recepción del dinero. Desde allí pasa a Francia, y en Francia se le pierde la pista. Digamos que las conclusiones que puedo hacer mientras alguien no me demuestre lo contrario, es que huyó con fondos reservados y con la protección de las fuerzas del orden público. Esto, el autor material.

El colaborador, que era el portador de la pistola y el que se la dio al asesino, era Jorge Cesarky Goldenstein, un argentino de la triple A. Era un argentino judío y con ideología nazi, que se autodenominaba como que había sido designado para acabar con el comunismo. A este hombre se le acusó en primera instancia de terrorismo y tenencia ilícita de armas, recurrió al Tribunal Supremo y le quitaron el delito de terrorismo en una sentencia con una velocidad terrible, cosa que no es habitual, y solo cumplió diez meses. Durante su estancia en prisión en Carabanchel, él temía por su vida, [temía a] sus propios compañeros de ideología, por si hablaba. Y fue un juez llamado Gómez Chaparro quien se encargó de hacerle el traslado a Herrera de la Mancha, [donde estuvo] hasta que salió de la cárcel.
Una vez que salió de la cárcel, se permitió el lujo de andar por las televisiones hablando del tema, intentando hacerse una persona mediática hablando del asesinato de Arturo.

IA: Después del asesinato de Arturo, al día siguiente vendría el asesinato de Mariluz Nájera y de los abogados de Atocha, lo que se viene a llamar la Semana Negra de Madrid. Esos sucesos terribles fueron un revulsivo en la conciencia de mucha gente. ¿En qué te afectó a ti? ¿Cambió tu percepción de la política?

MR: Digamos que la percepción de la política no, por lo menos en mi caso no, y me imagino que en el caso del resto de mi familia tampoco, hemos seguido con la misma ideología que teníamos. El eco que tuvo el entierro de abogados de Atocha sí que nos llegó. Y hay muchas dudas, yo tengo muchas dudas de cómo se hizo la legalización de los partidos, este tipo de cosas, en un momento puedo pensar que incluso fue una performance que hizo el PC, el hacer que mantenía el orden. Yo, mientras no se me aclare todo este tipo de cosas, yo puedo tener, estoy legitimado a tener todo tipo de dudas sobre los papeles que ha mantenido tanto el Partico Comunista como el PSOE en aquella época.

IA: La soledad familiar. Un golpe de este tamaño es mucha soledad familiar, ¿cómo se vive internamente en una familia eso, la relación de padres, de hermanos, de amigos? ¿En algún momento hay alguna relación, algún tipo de apoyo o manifestación por parte de instituciones o partidos?

MR: Efectivamente, la soledad se manifiesta desde el punto de vista de que no se habla del tema. En casa no se habla nunca del tema; durante muchos años se ha estado sin hablar del tema de Arturo, yo he estado muchos años sin verbalizar el nombre «Arturo», porque no me salía. Y yo, digamos que hablo en nombre de mis hermanos también, lo que más nos dolía era que mi padre sufriera, que sufriera mi madre, así que procurábamos no hablar del tema. Sin embargo mi madre sí, las mujeres son más valientes para esto, ella sí que hablaba de Arturo con mi mujer y con mis cuñadas. Con nosotros no. Y siempre me imagino que es un acto de autodefensa sobre el resto de los hijos, lo que quería mi madre era que no nos metiésemos en más líos. Para ella hubiera sido facilísimo inculcarnos el odio, y yo creo que lo hizo muy bien. Por mi parte, lo único que queremos es tener justicia: no venganza, sino justicia. Y en ese aspecto creo que mis padres son ejemplares.

La segunda parte de tu pregunta era que si nos habían apoyado algunos partidos o instituciones. No. La sentencia que condena a José Ignacio Fernández Guaza y a Jorge Cesarsky, les condena por terrorismo. Entonces nosotros, posteriormente, nos declararon víctimas del terrorismo. Hicieron un reconocimiento en el Congreso cuando las víctimas del terrorismo, entre ellos incluyeron a mi hermano. Pero era una cosa que ya estaba hecha porque la condena, la sentencia, era por terrorismo.

Pero sí que es cierto que, que yo tenga constancia, nunca jamás ningún partido, de derechas por supuesto es impensable, pero de izquierda jamás se ha puesto en contacto nadie con nosotros para nada. Ni al principio ni últimamente; ahora estoy teniendo más contacto pero porque soy yo quien me acerco a ellos, no ellos a mí. Y la verdad es que, por parte de la izquierda de este país, hemos tenido una ignorancia total. La derecha es lógico que no quiera saber nada del terrorismo de extrema derecha, pero lo que he detectado es que somos incómodos también para la izquierda.

IA: La ley 46/1977, del 15 de octubre de ese año, la ley de amnistía, dejaba impunes los crímenes del franquismo y de la incipiente transición. Es toda una ironía que aquello que reclamaba Arturo, que era la amnistía, luego con una ley quedara de alguna manera lavando también a los propios verdugos, a los asesinos.

MR: sí, yo pienso que fue una ley trampa. Una ley de punto final. La gente que se manifestó el 23 de enero de 1977 en la Plaza de España, lo que pedían era que los presos políticos salieran a la calle, y aprovechando esto, los gobernantes del 77 lo que hicieron fue blindar y dotar de impunidad a todos los torturadores y a todos los del régimen de Franco. Evidentemente, la gente que se manifestó el 23 de enero de 1977 en la Plaza de España no querían lo que se hizo, se les engañó. Es una ley trampa, una ley de punto final, que en justicia, por lo menos en el artículo 2 apartados E y F tendrían que ser anulados, por lo menos para poder juzgar a los torturadores y a la gente que abusó de otra gente durante el régimen de Franco.
Por parte de algunos partidos políticos están diciendo que la ley de amnistía no exime de poder juzgar a la gente. Y yo me pregunto: ¿a cuánta gente se ha juzgado del franquismo? Yo creo que a ninguno.

IA: Con la información que se ha ido rescatando de estos terribles años del final de la dictadura y de lo que fue la transición, ¿se puede hablar hoy en día de un plan preestablecido contra quienes estaban por una ruptura democrática, por una democracia verdadera, por acabar con el franquismo?

MR: Los hechos demuestran que, si no había un plan preestablecido, se le parecía mucho. Porque en el momento que había alguna huelga, manifestación o reivindicación, o alguien salía protestando por algo, se acababa con ellos; no hace tantos años de esto, hace 45 años (son muchos años pero para mí que soy mayor no es tanto), y las bandas parapoliciales, las bandas de extrema derecha y la policía salían a la calle a matar gente. Que el día siguiente de morir Arturo mataron a Mariluz Nájera y la mató la policía. Que un mes antes, el día 15 de diciembre, mataron a Ángel Almazán, fue la policía de una paliza. La policía mataba a la gente. Las bandas de extrema derecha mataban a la gente por la calle. Y eso te vuelvo a decir: si no era un plan, se le parecía mucho. Yo puedo pensar que sí era un plan, mientras no se demuestre lo contrario. Porque el tema de la transición ahora mismo es una cosa que es intocable, es un tabú que no le mete mano nadie, ni por parte de la derecha ni de la izquierda, y ahí está la piedra angular: que nos expliquen qué pasó durante la transición.

IA: Cuarenta y cinco años , un largo camino en busca de justicia.

MR: Cuarenta y cinco años, un largo camino en busca de justicia por parte de mi familia. Mi hermano Miguel Ángel, que es mayor que yo, ha estado luchando durante todos estos años tratando de reabrir el caso. Se cerró definitivamente en 2013 por la Audiencia Nacional, y uno de los ponentes que decidió cerrar el caso fue el actual ministro del interior, Grande Marlaska. Otra vez yo he vuelto a la carga para intentar reabrir el caso, porque me están llegando nuevas informaciones, incluso me han mandado anónimos diciendo dónde puede estar el asesino Fernández Guaza, que la policía no ha hecho nada por encontrarlo, la judicatura tampoco, y anda en paradero desconocido. Que es un señor que debería dar cuentas a la justicia y no mantener su impunidad de por vida.

IA: ¿Cómo se encuentra el caso del asesinato de Arturo actualmente en esa búsqueda de la verdad, justicia y reparación?

MR: Pues yo estoy ahora mismo en la querella argentina, estoy querellado contra el que consideramos el responsable político, Rodolfo Martín Villa. Y aparte de eso, estamos tratando de tener contacto con la fiscalía para reabrir el caso, porque está habiendo nuevos datos. Entonces, creo que es de justicia volverlo a abrir. Veo que en el otro bando, cuando hay algún asesinato que no se ha llegado a aclarar, insisten, insisten, insisten. Pues yo creo que tendríamos que tener la misma vara de medir para todos, tanto una parte, como la otra.

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* Miembro de la Asamblea de Redacción de LQSomos.
@InakiAlo

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