Jerarquías del duelo: Gaza y la mirada occidental

Jerarquías del duelo: Gaza y la mirada occidental

Por Marina Alonso Tomás

Las vidas que no se lloran

La forma en que percibimos el sufrimiento ajeno nunca es inocente. Ante lo que ocurre en Gaza y en el conjunto de Palestina —lo que cada vez más voces del ámbito académico, jurídico y humanitario nombran abiertamente como genocidio— una parte significativa de la opinión pública occidental sigue respondiendo con una distancia difícil de ignorar.

Esa distancia no suele venir de una ausencia total de empatía. Es algo más complejo, más estructural, y también más incómodo. Y tiene nombre.

Cuando el dolor se vuelve abstracto

La psicología social lleva décadas estudiando cómo la lejanía —no solo geográfica, sino también cultural y simbólica— transforma lo concreto en abstracto. Las víctimas se convierten en cifras antes de que podamos preguntarnos quiénes eran. Antes de saber que tenían nombre, familia, una vida interrumpida.

Judith Butler lo formuló con precisión: no todas las vidas son igualmente “llorables” dentro del imaginario colectivo. Algunas muertes generan duelo público, otras apenas atraviesan el umbral de la atención.

La pregunta incómoda es inevitable: ¿quién decide cuáles son cuáles?

Los medios no son espejos

No es una idea nueva. Los medios no funcionan como espacios neutrales, sino que operan dentro de relatos políticos, económicos y culturales concretos.

En el caso de Israel y Palestina, la narrativa dominante en Occidente ha estado condicionada durante décadas por alianzas geopolíticas y por el peso del Holocausto —una historia de sufrimiento real que, paradójicamente, ha funcionado a veces como escudo frente a otras historias de sufrimiento.

Eso no significa que un dolor invalide otro, sino que el encuadre mediático influye en qué se individualiza y qué se diluye. La cobertura de un niño ucraniano muerto en un bombardeo suele ir acompañada de nombre, historia y contexto familiar. En muchos casos, en Gaza, las víctimas aparecen como cifras acumuladas o estadísticas generales. Esa diferencia no es neutral: es un efecto del relato.

Eso moldea el lenguaje, las imágenes que circulan, qué rostros se individualizan y cuáles quedan reducidos a datos numéricos.

El orientalismo que no se ve

A esto se suma lo que Edward Said llamó orientalismo: la construcción histórica que ha tendido a representar a las sociedades de Oriente Medio como más violentas, más homogéneas o menos comprensibles. Como si su dolor fuera de otra categoría. Como si su sangre pesara menos.

No hace falta que nadie lo piense de forma consciente para que opere. Está en los filtros culturales, en los sobreentendidos, en lo que no hace falta explicar porque ya se da por supuesto. Y lo que se da por supuesto, rara vez se cuestiona.

Ilustración de Ash Hayes

Fatiga de la compasión: el sistema que se protege a sí mismo

Hay también un límite menos ideológico y más psicológico. La exposición constante a tragedias produce lo que se conoce como fatiga de la compasión: una reducción de la respuesta emocional como mecanismo de defensa.

Las cifras enormes generan, pese a lo que cabría esperar, menos reacción que una historia individual. No es lo mismo leer “decenas de miles de muertos” que conocer el nombre de una sola persona.

No se trata necesariamente de insensibilidad moral, sino de saturación. Pero el efecto final es el mismo: el horror se normaliza. Y lo que se normaliza deja de exigir respuesta.

El miedo como arma política

La empatía también se distribuye de forma ideológica. Parte del apoyo a Israel en el discurso occidental contemporáneo se articula desde marcos de seguridad y autodefensa que, especialmente desde el 11 de septiembre, se han consolidado en el imaginario colectivo.

El relato del “terrorismo” no surge de la nada: se construye, se amplifica y se estabiliza hasta convertirse en sentido común. Y ese sentido común traza fronteras claras entre quién aparece como sujeto de protección y quién aparece como posible amenaza.

El miedo, cuando se gestiona políticamente, no solo protege: también redistribuye la empatía. Hace que la violencia sobre ciertos cuerpos no solo sea aceptable, sino que parezca necesaria. Eso no es seguridad. Es propaganda con otra etiqueta.

La filas del hambre en Gaza, infancias asesinadas

Nombrar es un acto político

En este contexto, el lenguaje no es neutro. Llamar “conflicto” a lo que distintos informes describen como violencia estructural prolongada no es solo una cuestión semántica. Hablar de “bajas” en lugar de personas también construye realidad. Omitir la palabra genocidio cuando organismos internacionales la utilizan es, también, tomar partido.

Nombrar —genocidio, crímenes de guerra, limpieza étnica— no es únicamente una disputa terminológica. Es una forma de visibilizar o de borrar. Nombrar devuelve humanidad donde el discurso la ha borrado. Y obliga a quien escucha a posicionarse.

Una educación que no reproduce jerarquías

Todo esto tiene implicaciones educativas y culturales. La empatía se aprende, pero también se moldea. Y una educación crítica, centrada en los derechos humanos, debería ser capaz de detectar estas jerarquías invisibles sobre qué vidas parecen más dignas de duelo.

No se trata solo de qué se enseña, sino de qué se vuelve normal. Qué sufrimientos se vuelven inteligibles y cuáles se perciben como ruido de fondo.

Lo que no puede seguir siendo normal

Quizá el problema no sea solo que algunas vidas sean menos lloradas, sino que hemos aprendido a mirar de una forma en la que eso parece natural. Una forma de mirar que se enseña, que se refuerza y que, si no se cuestiona activamente, se hereda.

Mientras esa jerarquía siga intacta, el sufrimiento no será solo un hecho. Será también una estructura. Y las estructuras no caen solas —se desmontan nombrando, cuestionando, negándose a aceptar una distancia emocional que nunca debería haberse creado.

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Un comentario en «Jerarquías del duelo: Gaza y la mirada occidental»

  1. DE GAZA A LIBANO: quieren normalizar el genocidio y la limpieza étnica y lo están consiguiendo en parte gracias a una PRENSA OCCIDENTAL CRIMINAL Y COLABORADORA DEL GENOCIDIO que blanquea y manipula cada brutalidad de Israel hasta normalizarlo. Y de gobiernos que no hacen nada. Y de empresas que sacan tajada.
    La pregunta es: ¿qué país será el siguiente en ser arrasado por Israel o EEUU con completa impunidad?
    Spanish Revolution (vídeo)
    https://www.youtube.com/shorts/UIS536URt8w

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