1º de Mayo: Avanzamos para ganar derechos y ganar el futuro

1º de Mayo: Avanzamos para ganar derechos y ganar el futuro

Cartel del Primero de Mayo diseñado por Yakov Guminer, URSS, 1923.

Por Vicent Maurí Genovés

«El 1º de Mayo debería ser un punto de inflexión para el movimiento sindical: un momento para volver a las calles, fortalecer las redes de solidaridad y construir una respuesta colectiva»

El Primero de Mayo llega, un año más, en un contexto marcado por la incertidumbre, el aumento de las desigualdades y la ofensiva de la extrema derecha contra derechos sociales y laborales conquistados después de décadas de lucha. Pero también llega con una idea cada vez más clara: la mejor forma de frenar el autoritarismo es garantizar vidas dignas para la clase trabajadora.

Allí donde crecen la precariedad, la inseguridad y la desigualdad, también lo hacen los discursos de odio y división de la sociedad. No es casualidad. Cuando amplias capas de la población ven cómo empeoran sus condiciones de vida -con salarios insuficientes, dificultades crecientes para acceder a una vivienda digna o una precariedad laboral cronificada- mientras una minoría acumula riqueza, se crea el terreno perfecto para que arraiguen falsas soluciones que sólo buscan señalar culpables entre los de abajo.

En este escenario, la extrema derecha avanza alimentando el miedo y la frustración y desviando la atención de los verdaderos responsables de las desigualdades. Su discurso no ofrece soluciones reales, sino que fractura a la sociedad y debilita la capacidad colectiva de respuesta.

En la País Valencià, esta realidad tiene nombres y apellidos. Sufrimos una infrafinanciación crónica que limita la capacidad de las instituciones para dar respuesta a las necesidades sociales, unos salarios por debajo de la media estatal y un modelo productivo basado en la temporalidad, la precariedad y el bajo valor añadido. Sin soberanía fiscal real, el autogobierno queda severamente limitado y resulta difícil desplegar políticas que mejoran las condiciones de vida de la mayoría social.

Por eso, la reivindicación de una «financiación justa» debe ir ligada a la exigencia de avanzar hacia mayores cuotas de soberanía fiscal. Sin embargo, este expolio no puede ser excusa para aplicar políticas antisociales y antivalencianas como las que impulsa el Consell de la Generalitat, contrarias a los intereses de la mayoría y especialmente lesivas para los sectores más vulnerables.

Por otra parte, nuevos retos como la irrupción de la inteligencia artificial en el mundo laboral trabajan grandes interrogantes. Lejos de ser una herramienta al servicio de la transformación social, puede convertirse en una herramienta para intensificar la explotación laboral, reforzar el control social y precarizar aún más las condiciones si no se regula en beneficio de la mayoría social.

En paralelo, la situación de las personas migrantes sigue marcada por la vulnerabilidad. Con demasiada frecuencia condenadas a la irregularidad ya la explotación, su regularización no es sólo una cuestión de derechos humanos, sino también una necesidad para combatir la economía sumergida y garantizar condiciones laborales dignas para todos.

A pesar de años de “diálogo social”, la realidad es tozuda: no ha servido para mejorar de forma estructural las condiciones de vida y laborales de las trabajadoras y trabajadores valencianos. Con demasiada frecuencia —por no decir siempre— se ha convertido en un mecanismo de contención y desmovilización más que en un instrumento de transformación real. Hay que decirlo claro: no es suficiente con el diálogo social y las tablas de negociación si no hay voluntad de confrontar los intereses de quienes acumulan beneficios a costa de la mayoría.

En este contexto, es imprescindible recuperar y fortalecer un sindicalismo valenciano, de clase, arraigado en el territorio, asambleario y combativo, capaz de generar una correlación de fuerzas favorable a los derechos laborales. Un sindicalismo que no pida permiso, sino que gane derechos a través de la lucha y la movilización.

Las movilizaciones recientes en la enseñanza valenciana son un buen ejemplo de ello: la respuesta colectiva y sostenida puede frenar recortes y abrir escenarios de mejora de las condiciones laborales y de la educación. Ahora debería extenderse esta dinámica al conjunto de las administraciones públicas y del mundo del trabajo.

Ante la ofensiva de políticas antisociales impulsadas por el Consell, se hace imprescindible avanzar hacia un ciclo de movilización general en el País Valencià, capaz de articular una respuesta amplia y sostenida de la clase trabajadora y del conjunto de la sociedad, sin descartar una nueva huelga general como la del pasado 29 de mayo de 2025. Sólo con organización, movilización y confrontación los servicios públicos.

Al mismo tiempo, es necesario construir un marco valenciano de relaciones laborales y de protección social que responda a nuestra realidad. No podemos continuar subordinados a decisiones tomadas lejos del País Valencià. Necesitamos una agenda valenciana que apueste por salarios y pensiones dignas, la reducción de la jornada laboral, la superación de las desigualdades en el mundo del trabajo, una renta básica universal, centros de trabajo seguros, un nuevo modelo productivo, servicios públicos fuertes, el acceso universal a la vivienda y una fiscalidad justa.

Valencianizar las relaciones laborales no es sólo cuestión económica o social; es también una cuestión de soberanía, de democracia real y de justicia social.

Sin embargo, el sindicalismo no puede limitarse al ámbito local. En un mundo globalizado, las respuestas también deben ser globales. El movimiento sindical internacional defiende los derechos de la clase obrera en todo el mundo, la soberanía de los pueblos, se opone al neoliberalismo, al autoritarismo ya las guerras imperialistas, al colonialismo —también al nuevo colonialismo digital—, a los genocidios ya la limpieza étnica, y denuncia las graves vulneraciones de los derechos humanos.

El Primero de Mayo es, también, una jornada de internacionalismo y de solidaridad entre pueblos. En un contexto marcado por el neoliberalismo y el auge del autoritarismo, la coordinación y la unidad del movimiento sindical internacional se convierten en herramientas fundamentales para defender derechos y construir alternativas.

Pero esta dimensión global sólo será efectiva si se construye desde el ámbito local. Por ello, es necesario reforzar los sindicatos combativos y de clase, a la vez que tejer alianzas amplias entre el movimiento sindical, los movimientos sociales y las organizaciones políticas comprometidas con la transformación social. Sólo así se podrán articular respuestas que conecten las luchas locales con las globales y que sean capaces de disputar el modelo económico y social dominante.

Este 1º de Mayo debería ser un punto de inflexión para el movimiento sindical valenciano: un momento para volver a las calles, fortalecer las redes de solidaridad y construir una respuesta colectiva a la altura del momento histórico. Porque sólo con organización, lucha y conciencia de clase, y con un sindicalismo fuerte, podremos ganar derechos y garantizar un futuro digno para la clase trabajadora y el pueblo valenciano.

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