El penal franquista, fuerte de San Cristóbal, ya es lugar de memoria
Aurresku de honor a la placa que simboliza la declaración de Lugar de Memoria Histórica del fuerte
Por Agencia LQS
El emblemático enclave del monte Ezkaba, conocido como fuerte de San Cristóbal o fuerte de Ezkaba, deja de ser solo un símbolo de la represión para convertirse en un espacio de reconocimiento y pedagogía histórica
En un acto solemne cargado de simbolismo, el fuerte de Ezkaba, el antiguo penal franquista que albergó la mayor fuga carcelaria de la Europa contemporánea, ha sido declarado este pasado martes oficialmente como Lugar de Memoria Democrática. La resolución, publicada en el Boletín Oficial del Estado, marca un hito en el reconocimiento a las víctimas del franquismo y blinda el recinto contra el olvido.
Bajo un sol primaveral, los acordes de ‘El cant dels ocells’ y un aurresku a cargo de un txistulari recibieron a las autoridades y familiares de los represaliados en la puerta del fuerte. La vicepresidenta segunda y consejera de Memoria y Convivencia del Gobierno de Navarra, Ana Ollo, y el secretario de Estado de Memoria Democrática, Fernando Martínez, descubrieron una placa conmemorativa en castellano y euskera que oficializa la nueva etapa del recinto, que durante la Guerra Civil y la posguerra fue un infierno para miles de presos políticos.
«Sin memoria no se hace camino»: el emotivo testimonio de una hija
El momento más emotivo de la jornada lo protagonizó Ana Fernández Gurrutxaga, hija de Jovino Fernández, uno de los tres únicos presos que lograron cruzar la frontera francesa tras la histórica fuga del 22 de mayo de 1938. Con 82 años y acento francés, Ana se dirigió a su padre como si aún pudiera oírle: «Papi, estamos en Pamplona, en la puerta del fuerte de San Cristóbal. Hemos venido a presenciar un suceso notable ya que el fuerte pasa a ser un monumento de la memoria histórica. Imagino el orgullo que sentirías».
A continuación, leyó fragmentos de un testimonio donde Jovino describía la brutalidad del penal: «Me entregaron al jefe del penal como si se tratara de un fardo. Sin ropa, sin colchoneta, sin nada. (…) El que enfermaba, o si le hacían enfermar, no tenía médico ni medicinas. Moría como podía».
Ana Fernández ensanchó la memoria hacia el exilio de miles de republicanos que, como su padre, fueron recibidos en Francia «como indeseables». Con la voz firme, sentenció: «No lo olvidamos, sin memoria no se hace camino».
El acto no fue solo un gesto simbólico. Previamente, en el Palacio de Navarra, se constituyó la Comisión de Seguimiento paritaria entre el Estado y el Gobierno Foral. Este organismo coordinará el diagnóstico del estado de conservación del fuerte —aún propiedad del Ministerio de Defensa—, el régimen de visitas y el futuro proyecto memorialista.
El secretario de Estado, Fernando Martínez, subrayó la necesidad de llegar a la juventud: «Hay que recordar para no olvidar, pero es necesario que se conozca qué es lo que pasó (…) especialmente para la gente joven, que es la que posiblemente esté más desinformada». En la misma línea, la consejera Ana Ollo advirtió sobre el contexto actual: «En este agitado inicio del siglo XXI en que el negacionismo y la involución autoritaria son una amenaza clara, estas ideas de libertad y democracia son necesarias reivindicar».
Una fuga que marcó la historia europea
El fuerte de Ezkaba, concebido como fortaleza defensiva, fue habilitado como prisión tras la sublevación militar fascista de 1936. En sus galerías se hacinaron cerca de 2.500 presos políticos por sus ideas libertarias, socialistas, nacionalistas o republicanas.
El 22 de mayo de 1938, 800 reclusos protagonizaron una heroica y trágica fuga al hacerse con el control de la instalación. La represión franquista fue inmediata: más de doscientos fugados fueron abatidos en los montes. Solo tres lograron llegar a Francia. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el penal fue clausurado y el Ejército lo utilizó como depósito de municiones hasta su abandono en 1987.
La asignatura pendiente: el Monumento a los Caídos
Al término del acto, representantes de la Agrupación de 33 Asociaciones Memorialistas de Navarra entregaron una carta abierta al secretario de Estado. En ella, califican el Monumento a los Caídos de Pamplona como un elemento «execrable y aborrecible», construido en plena dictadura para homenajear a los sublevados. Las asociaciones piden que sea declarado «contrario a la Memoria democrática» y se ordene su retirada, manteniendo así viva la exigencia de justicia en la capital navarra.
El acto concluyó con una ofrenda floral, sellando un compromiso para que el monte Ezkaba sea, por fin, un lugar de luz y aprendizaje sobre los cimientos de lo que fue una de las mayores sombras de la historia reciente de España.
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Recomiendo lectura del estudio memorialista sobre el Fuerte de San Cristóbal escrito por los compañeros Félix Sierra e Iñaki Alforja. Se publicó en 2006 por la editorial Pamela Argitaletxea (Pamplona).
Estaría bien que mencioneis la importancia del Esperanto y la CNT en esa fuga