En el 50.º aniversario de su asesinato: Carlos González Martínez, el poeta póstumo
Por Iñaki Alrui*
El 27 de septiembre de 1976, Madrid conmemoraba con tristeza el primer aniversario de las últimas ejecuciones del franquismo, los cinco fusilados aquel 27 de septiembre de 1975: José Humberto Baena Alonso , José Luis Sánchez-Bravo Solla y Ramón García Sanz, del FRAP, y Jon Paredes Manot «Txiki» y Ángel Otaegi Etxebarria, de ETA, todos ellos luchadores antifranquistas que pagaron con su vida su resistencia frente a la dictadura…
Esa noche, en la confluencia de las calles de Alcalá y Barquillo, el estudiante de Psicología Carlos González Martínez, de 21 años, huía de una carga policial, después de la dispersión violenta de la manifestación de Homenaje al 27-sep-75 y por la amnistía, convocada en la glorieta Alonso Martínez, en su huida se topó de frente con un comando de fascistas que le tirotearon por la espalda al grito de «¡Viva Cristo Rey!». Cayó herido sobre el asfalto y falleció en la madrugada del 28 de septiembre. Nadie fue detenido, juzgado ni condenado por su asesinato.
⇒ Ver: La modélica transición. Sangres de Septiembre 1976-1982
Carlos escribía poesía. En el momento de su muerte llevaba un poema en el bolsillo. Como tantos otros jóvenes muertos por las balas de la policía o por las bandas fascistas (parapoliciales) durante la llamada Transición, buscaba en la poesía «explicarse la vida».

Un poeta oculto, un libro póstumo
Aquel joven de 21 años no militaba en ningún partido político, pero, como escribieron sus amigos y su compañera Marién en la presentación de su libro póstumo, «militaba en las filas del pueblo». Para él, viajar era un acto político, escribir poemas era un acto político, salir a la calle gritando libertad era un acto político.
Un año después de su muerte, la editorial Akal publicó POEMAS, una selección de los versos que Carlos había escrito en los años previos a su asesinato. El libro, dividido en cinco partes —El poeta que no fue nada, Poemas de amor, Desde el encierro, En la libertad, tal vez y Otros poemas—, reúne una obra que, en palabras del escritor gallego Celso Emilio Ferreiro, fue «formada, no en la fría sapiencia libresca, sino en los hechos que cada día acucian al hombre de nuestro tiempo».
⇒ Ver: «¿Y qué contemplarán los hombres futuros cuando miren los ojos de los poetas muertos?»
Ferreiro lo definió como «un poeta extraordinario», «un hombre hecho verbo trascendido». Y añadió: «Un poeta hoy inédito, mejor diría oculto, y hasta ahora solamente conocido como tal por las personas de su entorno más íntimo».
Su poesía, escrita con una madurez asombrosa para su edad, está atravesada por un halo trágico: como si el joven Carlos hubiese presentido, desde siempre, que un acto de violencia completamente inútil pondría fin a su vida. «Muere que yo llego a lo lejos», escribió. «Soy el que no se ve y que, sin embargo, espera al otro lado de la esquina; soy el tenazmente golpeado, el de las sienes enrojecidas… soy el gran corazón herido, la trinchera sangrante, parturienta, la vena abierta de par en par, el brazo cortado de tajo, el pájaro de una sola ala».
«Que incendien mi cuerpo, que quiero ser humo»
Que incendien mi cuerpo
que quiero ser humo.
Uno de sus poemas, que llevaba escrito en su cartera el día de su asesinato, se dirigía a Marién hablando ya de la muerte:
Marién, es largo el sentimiento de la muerte,
cuando alguien sin nombre se reduce al silencio.
Yo, aquí, estático como el más terrible muñeco de cristal
que espera su fin (sin fin). Lo comprendo todo, todo…
Las últimas palabras que dejó escritas fueron: «Araño al tiempo que me queda, al tiempo desconocido, desde un miércoles 22 de octubre hasta X…». Quedaban tan solo unas pocas horas para que la X de la incógnita se resolviese.
La memoria como deuda pendiente
Carlos era el quinto hijo de Eduardo González Calderón, redactor deportivo de Radio Madrid, y de Margarita Martínez Corredor, quien durante años luchó porque la memoria de su hijo no fuese pisoteada ni humillada. Durante tres décadas, a Carlos se le negó la categoría de víctima del terrorismo. En mayo de 2005, el Consejo de Ministros presidido por José Luis Rodríguez Zapatero le denegó una condecoración alegando que no había sido víctima del terrorismo sino de una «banda armada». Un año después, el Tribunal Supremo enmendó la plana al Gobierno y le concedió la Gran Cruz de la Real Orden de Reconocimiento Civil.
Su crimen nunca fue resuelto. Aunque hubo detenciones en los primeros días, nadie fue jamás juzgado ni condenado, todos sabemos las relaciones tan fraternales que existían entre la policía y la ultraderecha en aquellos días. Los asesinos de Carlos continuaron viviendo en libertad.

50 años después
Se cumplen ahora 50 años de aquel 27 de septiembre de 1976. Cinco décadas en las que la figura de Carlos González Martínez ha permanecido casi oculta, como su poesía, mientras su memoria —y la de todos los asesinados en esas fechas por la policía o por bandas fascistas— sigue reclamando justicia.
Su libro póstumo, POEMAS, es hoy un testimonio estremecedor: la obra de un joven que, a los 21 años, ya sabía dominar «los resortes que promueven el milagro poético». Un poeta que se desvivía por los demás, que padecía con el marginado y el perseguido, que se daba sin reservas.
Como escribieron sus amigos: «No es nuestra intención hacer de Carlos un héroe o un mito, sólo queremos que, con sus poemas, se vea a una persona de carne y hueso, que ríe, llora, sufre y se alegra con su pueblo, con sus compañeros, sus amigos y sus amores».
Y quizá lo más importante, lo que nos sigue enseñando Carlos, es que «los que han muerto como él no son seres aparte, seres únicos. Cualquiera de nosotros puede morir de la misma forma; en cierto modo nos matan lentamente, sin dejarnos decir lo que pensamos».
Su memoria, y la de todos los asesinados en esas fechas, sigue viva hoy. Como el humo que quiso ser.
Carlos González Martínez (1955–1976), poeta, estudiante de Psicología y Sociología, militante de las filas del pueblo. Asesinado por fascistas el 27 de septiembre de 1976 en Madrid. Su libro póstumo, POEMAS, fue publicado por Akal en 1978. Este sábado 26, le recordaremos en el Homenaje que se celebra en Madrid.
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* Miembro de la Asamblea de Redacción de LQSomos.
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