Noviembre de 2005: IV Cumbre de las Américas. No al ALCA

Noviembre de 2005: IV Cumbre de las Américas. No al ALCA

Por Daniel Alberto Chiarenza

“Crear trabajo para fortalecer la gobernabilidad democrática”

Un título tentativo que quedó grabado en la Historia de América es “No al ALCA”, pero agregando también una ocurrencia del entonces presidente de Venezuela Hugo Chávez: “ALCA ALCA-RAJO”. En definitiva, representó un movimiento integrador de lo político-social que fue llevado a cabo por gobiernos, partidos políticos, sindicatos y organizaciones sociales se todo el continente americano, con el objeto de oponerse al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), establecida por los distintos gobiernos del Continente americano a partir de 1994 ajustándose al proyecto de Estados Unidos, que debía entrar en vigencia a partir de enero de 2005. El movimiento anti-alca se opuso a la principal regla del Área, la de fomentar –aún más- el Libre Comercio (Free Trade) -diría el ignorante de Milei tratando de ganar el apoyo de los EEUU- como reguladora de las relaciones internacionales, sosteniendo que promovía la desigualdad y la pobreza, y propuso un cambio en las relaciones internacionales, basado en criterios que permitieran reducir las asimetrías, como promover el comercio justo (fair trade), además de la integración económica regional y subregional y la complementación productiva.

Finalmente, entre la previa y la formal, el 5 de noviembre de 2005 se reunió la IV Cumbre de las Américas en Mar del Plata para poner en funcionamiento el ALCA. Se produjo, entonces, un histórico enfrentamiento entre los gobiernos que defendían el ALCA –liderados por el presidente de Los Estados Unidos, George W. Bush- y aquellos que se oponían, conducidos por “Los Tres Mosqueteros”, los presidentes Lula da Silva, Néstor Kirchner y Hugo Chávez, de Brasil, Argentina y Venezuela respectivamente-, en que se tuvo como resultado la paralización definitiva del ALCA.

“Estoy un poco sorprendido. Acá pasó algo que no tenía previsto”, dijo George W. Bush a Néstor Kirchner, despidiéndose. Estados Unidos no pudo imponer una mención de reapertura del ALCA en el documento final de la IV Cumbre de las Américas que cerró el 5 de noviembre en Mar del Plata. Fueron nerviosas las negociaciones entre los presidentes, pero no hubo consenso y salieron dos declaraciones: una, menciona la reapertura del ALCA presentada por Panamá y apadrinada por Estados Unidos, y la otra, del Mercosur y Venezuela, en la que destacan las asimetrías existentes entre las economías del continente que dificultan la puesta en marcha de un área de libre comercio. “La cumbre funcionó muy bien. El Mercosur y Venezuela han obtenido una acción muy importante que han tenido que reconocer las naciones más importantes”, evaluó por la noche Kirchner, cansado luego de pilotear las sesiones, que consumieron unas nueve horas.

El quiebre con el que culminó el encuentro continental es llamativo e inédito. Por la indefinición, se convino que los 34 países participantes del encuentro esperarán lo que suceda en diciembre en Hong Kong, en la reunión de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Si allí Estados Unidos acepta una reducción en sus subsidios agrícolas, Colombia organizaría una nueva cumbre –sería en 2006– en que se discutiría la suerte del ALCA.

Las Cumbres de las Américas nacieron atadas al ALCA y en su primera edición, en 1994, hubo un acuerdo para lanzar el área de libre comercio en enero de 1995. Pero dadas las “asimetrías” el tratado promovido por Estados Unidos fue ganando cada vez más enemigos hasta quedar paralizado hace 20 meses.

Estados Unidos y sus aliados volvieron a la carga por imponer una reapertura del ALCA. Las rondas de negociadores pasaron de los cancilleres a los presidentes, pero sin el resultado buscado. Kirchner calificó lo que ocurrió como “histórico”.

Las sesiones en el salón Versalles del Hotel Hermitage habían sido convocadas con todas las formalidades del caso. En la de las 9:00 h se hablaría de “Crear trabajo para enfrentar la pobreza” y en la de las 10:45 h de “Crear trabajo para fortalecer la gobernabilidad democrática”. Pero esos lemas duraron poco en pie. Hasta que, el presidente de México, Fox, pidió que se trate el tema del ALCA. Kirchner lo cortó. “No es tema de esta cumbre”, dijo y le dio la palabra al próximo orador. Enseguida, Bush se paró y fue darle la mano a Fox en señal de agradecimiento.

Pero también habló el primer ministro de Canadá, Paul Martin, y a partir de allí el ALCA se convirtió en el tema de la reunión, trastrocando todos los horarios previstos. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, no participó en esta última jornada. Se fue temprano porque debía preparar la visita de Bush que pocas horas más tarde saldría para Brasilia. Antes, dio una conferencia de prensa en la que confirmó la postura común con Argentina y su visión de que si antes no se discuten los subsidios agrícolas yanquis no tiene sentido entrar en deliberaciones por el ALCA.

La Declaración de Mar del Plata consta de 76 artículos, pero el debate estaba centrado en el fatídico 19. Panamá presentó una postura supuestamente de consenso, que enseguida se notó era el párrafo que Estados Unidos estaba dispuesto a conceder y que fue el que finalmente quedó por la posición mayoritaria. Era, obviamente, pro-ALCA, pero añadía un toque crítico, reconociendo las dificultades que había evidenciado la puesta en marcha del área de libre comercio. Admitía las asimetrías, pero “estaba lleno de conceptos valorativos”. Expresaba el “compromiso” de alcanzar un acuerdo. “No queremos ningún compromiso. Primero que Estados Unidos baje los subsidios”. Los panameños no aceptaron el rechazo.

–Acá hay 29 países que piensan una cosa y sólo cinco que están en contra –dijeron.
–Estoy asombrado por un planteo de esta naturaleza, no es cuestión de votos sino de consenso. No creo que quieran enemistarse con el 75 por ciento del PBI de América del Sur –respondió Kirchner.

A la posición panameña se sumó Bush y el resto de los pro-ALCA. El colombiano Álvaro Uribe y el chileno Ricardo Lagos se mostraron como los más interesados por llegar a un consenso. “El texto es muy parecido al del Mercosur, ¿por qué no lo aceptan?”, medió Uribe. “Si es muy parecido ¿por qué ustedes no votan el nuestro?”, le respondieron.

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