Madrid, corte de los milagros, versión siglo XXI: Presentando a Almeida y su magia pelotagia

Madrid, corte de los milagros, versión siglo XXI: Presentando a Almeida y su magia pelotagia

Por Luis Suárez-Carreño*

«Valle Inclán probablemente se regodearía constatando su premonitoria visión de esta villa de milagros cortesanos, donde medran e intrigan tantos marqueses de Bradomín por pasillos y despachos oficiales…»

Que me perdone la muy exclusiva clase empresarial, pero, desde mi ignorancia sobre emprendimientos, rentabilidades y otros enigmas del mundo de los negocios, me permito aventurar la duda de que haya otro sector mercantil donde se den los milagros como se dan en el inmobiliario, y, particularmente en el de la ciudad de Madrid, ciudad, por cierto, como todo el mundo sabe (y si no lo sabe que se vaya enterando), cuna de la libertad, envidia de propias y extrañas por esta y otras maravillas.

¿A qué me refiero con milagro? A ver si consigo explicarme: ¿Se acuerdan del cuento de la multiplicación de los panes y los peces de la Biblia? O, lo que es lo mismo: la creación de riqueza sin hacer nada.

Si no estoy confundido, en cualquier campo de negocios o de actividad emprendedora, el éxito requiere uno o varios de estos ingredientes: una buena idea, recursos para invertir, capacidad para crear y comercializar… y no siempre, aun disponiendo de los ingredientes, la cosa funcionará. El éxito mercantil siempre tiene algo de incierto.

 

Lo que en todo caso es imposible es que el éxito comercial nos sonría si no ‘inventamos’ algo, es decir, si no introducimos alguna novedad en el catálogo de los bienes o servicios que ya existen. Crear, transformar, inventar…, o, en otras palabras, esfuerzo, imaginación, recursos… parece que son imprescindibles cuando se aspira a hacer un negocio. Sólo mediante un milagro podría algo que ya existe, y que no tiene capacidad de generar riqueza, convertirse, de un día para otro, sin transformación alguna en su naturaleza material ni en su comercialización, ni tampoco como resultado de cambios caprichosos de los apetitos y modas sociales, en fuente de ingresos.

Pues bien, ese fenómeno sobrenatural se da y mora entre nos… concretamente, en los despachos del ayuntamiento de Madrid. Pues, ¿cómo, salvo por magia y hechicerías explicar que unos terrenos, de la noche a la mañana, sin mediar cambio alguno en su situación física, multipliquen exponencialmente su valor?

La varita mágica la tiene el alcalde Almeida, y se llama, recalificación. O sea, y perdón por la decepción, no es magia-magia, y su poder en realidad es la facultad de definir el régimen urbanístico del suelo atribuido a las autoridades locales por la ley, aunque, en teoría (dice la ley) en beneficio del interés general, evitando la especulación y asegurando el cumplimiento de la función social de la propiedad del suelo. En teoría, subrayo.

Sé que esta revelación puede caer como un jarro de agua fría para las personas ajenas al urbanismo, la idea de la varita mágica y los hechizos era más bonita, desde luego. Pero no nos vengamos abajo, aunque la realidad es más prosaica, algo de ese misterio subsiste, y con esto voy al grano que hoy nos ocupa:

La propuesta de recalificación e incremento de edificabilidad que está promoviendo el ayuntamiento de Madrid en la actual Ciudad Deportiva del Real Madrid (en el barrio de Valdebebas, al noroeste de la ciudad) supone, que, por arte de birlibirloque, esas 120 hectáreas pasan de valer, actualmente, unos 16 millones de euros a valer, dentro de unas semanas, una vez consumado el trámite, unos 364 millones … ¿Cómo? ¿perdón? ¿es una broma?

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, junto a Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, y el alcalde de la ciudad, José Luis Martínez-Almeida, durante la presentación del nuevo distrito tecnológico que el club pretende desarrollar en los suelos de su ciudad deportiva de Valdebebas

Efectivamente, lo de la multiplicación de los panes y los peces parece un chiste en comparación con esta alquimia urbanística que transforma el suelo en oro. Ya lo anuncié, es un fenómeno único en el mundo de los negocios: sentarse y esperar que caiga el maná del cielo… y, con los contactos adecuados, caer cae, aunque no del cielo precisamente, sino del Ayuntamiento de Madrid, pero, por otra parte, ¿no dicen eso de que de Madrid al cielo?

Nuestro alcalde Martínez Almeida ha devenido así en un remedo del recientemente fallecido y genial mago -este sí- Juan Tamariz, aunque a su magia (la de Almeida), en lugar de potagia, podríamos denominarla pelotagia, por su relación con las pelotas, y no solo por su afición a chutar (con escasa fortuna) en cualquier inauguración deportiva, ni por su afán en hacerle la pelota a la Sra. Ayuso o al propio presidente del Real Madrid, sino porque hay que tener muchas pelotas (léase, falta de escrúpulos) para lanzar estos pelotazos, y cuando son pelotazos urbanísticos y futbolísticos (futbanísticos), pelotazos por partida doble.

En descargo de Almeida hay que decir que la especulación futbanística y la pelotagia no las ha inventado, ni mucho menos, él; en concreto, el Real Madrid se ha beneficiado históricamente de esta fuente de enriquecimiento, siempre mágico, es decir, inmerecido, y en ocasiones, como la recalificación de la anterior ciudad deportiva, en Chamartín, de forma aún más estratosférica que esta actual. Aquella recalificación y multiplicación de la edificabilidad, cuyo resultado son las actuales 4 torres y media que han cambiado el paisaje de esta ciudad, parece que pudieron reportarle al Real Madrid hasta 500 millones de euros.

Pero de lo que se habla menos es de los efectos sobe la ciudad de estos. ¿Cuánta alquimia urbanística va a realizar el ayuntamiento para beneficio de propietarios descontentos con su actual calificación urbanística; y cuál será el efecto en la ciudad? Pregunta retórica.

Valle Inclán probablemente se regodearía constatando su premonitoria visión de esta villa de milagros cortesanos, donde medran e intrigan tantos marqueses de Bradomín por pasillos y despachos oficiales, tramando conspiraciones y sellando con buenos caldos vitivinícolas pactos en los reservados de las mejores casas de comidas… o, mejor, en el palco VIP del estadio Bernabeu.

Mientras tanto, en las calles de Madrid, comisiones judiciales siguen desahuciando a quienes nada tienen salvo sus estrecheces y números rojos, parte de la gran mayoría excluida de la magia de las administraciones públicas madrileñas. Estas, gobernantes y gobernantas, siguen legislando y gestionando para sus beneficiados y benefactores, porque para quienes todo lo tienen, los milagros sí existen.

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