El calor extremo causó 710.000 muertes en 2023, el 71% atribuibles al cambio climático

El calor extremo causó 710.000 muertes en 2023, el 71% atribuibles al cambio climático

Por Luz Micelio

El informe Lancet Countdown 2026, elaborado con la colaboración de la OMS, advierte de que los daños sanitarios del cambio climático se aceleran y denuncia que las grandes petroleras van camino de producir un 150% más de lo compatible con 1,5 °C. El estudio reclama reconocer formalmente el cambio climático como emergencia sanitaria mundial.

El cambio climático ya no es una amenaza futura: es una causa directa y medible de mortalidad. En 2023 se registraron 710.000 muertes globales asociadas al calor, una cifra récord, y por primera vez el 71% de esa carga fue atribuible al cambio climático de origen humano. Así lo concluye la última edición del informe Lancet Countdown on Health and Climate Change, liderado por el University College London, elaborado con la colaboración de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y publicado en The Lancet. El trabajo, que analiza 54 indicadores, cuenta con 146 autores y 71 instituciones colaboradoras de todo el mundo.

Los datos, accesibles en el explorador público del proyecto, confirman que los daños sanitarios del cambio climático se están acelerando y que la expansión de los combustibles fósiles frena los avances. «Las muertes relacionadas con el calor, las sequías y otros riesgos climáticos están aumentando más rápido que hace una década, incluso cuando las inversiones en energía limpia y la acción climática empiezan a reportar beneficios sanitarios», señalan los autores.

Foto: ADB/Igor Burgandinov

Sequías récord y pérdida de capacidad laboral

El informe sitúa el incremento de las muertes por calor en casi el 36% en los años posteriores al Acuerdo de París de 2015 respecto a la década anterior. Las sequías extremas afectaron en 2025 a más del 51,8% de la tierra emergida durante al menos un mes, el segundo nivel más alto registrado, y avanzan un 704% más rápido que hace una década.

El impacto económico también es considerable: la exposición al calor provocó en 2025 la pérdida de 573.000 millones de horas de trabajo potenciales, el segundo nivel más alto registrado y un 35% más que la media anual de 2006-2015. El estudio examina igualmente la relación entre temperaturas y transmisión del dengue: las condiciones propicias para el mosquito Aedes albopictus aumentaron un 24% entre 1981-90 y 2016-25, y un 7% para el Aedes aegypti.

Mosquito Aedes aegypti, vector del dengue. Imagen de Wikipedia

La advertencia a las petroleras

Uno de los pasajes más críticos se dirige a la industria fósil. Según los datos a marzo de 2026, las 100 mayores compañías de petróleo y gas van camino de superar en un 150% su cuota de producción compatible con mantener el calentamiento en 1,5 °C para 2040, frente al 138% proyectado un año antes. Los autores reclaman reconocer formalmente el cambio climático como una emergencia sanitaria mundial, de cara a la COP31 en Antalya (Turquía), y piden acelerar la reducción de emisiones, aumentar el apoyo a la adaptación y reforzar la resiliencia de los sistemas sanitarios.

Avances reales, pero desiguales

El informe recoge señales positivas. La inversión global en energía limpia creció un 7,2% en 2025 hasta un récord de 2,10 billones de dólares, un 82% por encima de la inversión en combustibles fósiles. Las muertes por contaminación del aire en los hogares por uso de combustibles sólidos cayeron de 2,4 millones en 2016 a 2,0 millones en 2023 en los 65 países estudiados. Además, 41 países han reducido sus emisiones de gases de efecto invernadero del sector sanitario desde 2016, y la investigación en salud climática se multiplicó: la financiación pasó de 42 a 316 millones de dólares entre 2016 y 2024, un 655% más.

En adaptación, 56 de los 194 Estados miembros de la OMS cuentan ya con una estrategia nacional de salud y clima (frente a 14 hace una década), y 47 han realizado una evaluación de vulnerabilidad y adaptación desde 2020. Sin embargo, las leyes climáticas que mencionan la salud —multiplicadas por 50 entre 2000 y 2025— se concentran en los países ricos, lo que evidencia una profunda desigualdad en la protección.

Plataforma petrolífera en el mar del Norte, de Philippa McKinlay

La producción científica también marca récords: en 2025 se publicaron 3.400 artículos que vinculan impactos sanitarios con cambios de temperatura o precipitaciones de origen humano, un 19% más que el pico anterior de 2023. La cobertura mediática que menciona salud creció un 3,6% entre 2021 y 2025, con mayor presencia en periódicos de países de renta baja y media.

Seis prioridades para una respuesta centrada en la salud

El informe cierra con seis prioridades globales, entre ellas crear un nuevo instrumento de la OMS que reconozca formalmente el cambio climático como emergencia sanitaria mundial; alinear la gobernanza internacional en torno a clima y salud; impulsar una reducción «urgente, justa y equitativa» de emisiones; integrar la salud como objetivo central de toda la acción climática; establecer un «commons» global de datos de clima y salud como bien público; y aumentar la financiación en forma de subvenciones y préstamos altamente concesionales, cumpliendo las obligaciones del artículo 9.1 del Acuerdo de París.

La OMS, por su parte, mantiene su labor de vigilancia, sistemas de alerta temprana y apoyo a los países más vulnerables a través de la alianza ATACH, mientras sigue de cerca los efectos sanitarios del actual episodio de El Niño. La advertencia de la Organización Meteorológica Mundial de que los niveles de CO₂ alcanzaron máximos históricos en 2025 refuerza el mensaje central: la ventana de oportunidad se estrecha y la inacción tiene un costo medible en vidas humanas.

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