Homenaje a Juan Antonio García Acero, asesinado en Gusen (1941)

Homenaje a Juan Antonio García Acero, asesinado en Gusen (1941)

Foto: vista del campo de concentración de Gusen después de la liberación. 27 de junio de 1945

Por Juan Miguel Nogués García*

Juan Antonio garcía Acero, republicano español antifascista en Francia durante la Segunda Guerra Mundial, asesinado en el campo de concentración de Gusen el día 23 de diciembre de 1941

Juan Antonio García Acero nació en Villanueva de la Serena (Badajoz) el día 17 de noviembre de 1893 en la Calle del Polvo (hoy de Díaz Ambrona), en el seno de una familia numerosa compuesta por sus padres, Justo y Damiana, y cinco hermanos: Claudio, Francisco, Elvira, Emilia y él.

Como quiera que su padre se dedicaba a la construcción y la situación económica de la familia era precaria, solicitó la emancipación de la familia y se enroló en el ejército, siendo destinado a Melilla. Como consecuencia de las vivencias experimentadas en el ejército en Africa, en 1917 solicitó su ingreso en el Cuerpo de Carabineros, siendo admitido finalmente en 1919.

En dicho Cuerpo estuvo en diferentes destinos, siendo destinado finalmente en Madrid, en donde vivía en un Cuartel de Carabineros, sito en la Calle Saavedra Fajardo, número 2, junto a su esposa y seis hijos.

El 31 de mayo de 1936 falleció su esposa, quedando viudo con seis hijos. El 18 de julio de 1936 se produce el golpe de Estado fascista, permaneciendo fiel a la República y al orden legítimamente constituido junto a la práctica totalidad del Cuerpo de Carabineros, interviniendo en las primeras acciones contra los facciosos en el frente de Somosierra, pues se encontraba de inspección de las instalaciones del canal de Isabel II.

Cuando en octubre de 1936 se reorganiza el Ejército Popular con la creación de las Brigadas Mixtas pasa a integrarse en la Quinta Brigada Mixta de Carabineros, al mando del capitán de intendencia retirado Francisco Sabio Dutoit. En la Batalla de Madrid, en noviembre de 1936, se cedieron dos batallones de la Brigada para la defensa de Madrid, interviniendo en el sector de Vallecas, así como en el intento de ocupación del Cerro Garabitas, tras ser instructor de carabineros en la Ciudad Universitaria. En diciembre se encontraban en el sector de la derecha de la defensa de Madrid, que se extendía desde Valdemorillo hasta la Ciudad Universitaria, al mando del general Kebler. Al formarse el Cuerpo de Ejército de Madrid, la Quinta Brigada Mixta fue adjudicada a la 5ª División que mandaba el comandante de infantería Juan Perea Capulino. Esta División intervino en la batalla del Jarama.

Cuando se producen los hechos de mayo en Barcelona, el Gobierno de la República envía a los carabineros a la frontera con Francia para desplazar a los anarquistas, con la finalidad de que las armas que entraban a través de la frontera fueran destinadas al Ejército Popular, y no a manos de los anarquistas, que las destinaban para uso propio. Desde la frontera, concretamente desde Cantallops y La Junquera, escribió diversas postales a su familia, dando noticias de su estado.

En el período de guerra fue ascendido a cabo, sargento y finalmente teniente, ascensos todos por méritos de guerra. A finales de 1937 fue asignado al 26 Batallón de Carabineros. En abril de 1938 se organizó la 179 Brigada Mixta en el frente de Lérida con los Batallones 26, 40 y 41 de Carabineros. Participó en las diversas ofensivas de la Batalla de Lérida. Ante el empuje de los golpistas en su ofensiva contra Cataluña en diciembre de 1938, se replegaron hasta Mayals y Llardecans. Finalmente, y tras sufrir otro ataque en Sierra Grossa, no les quedó más remedio que retirarse a la frontera con Francia. En noviembre de 1938 se encontraba en Alcoletge (Lérida), última posición que se encuentra datada en su expediente.

El 25 de diciembre de 1938 escribe solicitando el traslado a Madrid, pues se entera que su madre, Damiana, había fallecido en octubre y quería trasladarse para cuidar de sus hijos, que estaban en Madrid, en su último domicilio en la Calle Huerta del Bayo, número 5, traslado que se le concede y se señala que pasa a la 50 Comandancia de Madrid y pasar revista en febrero de 1939.

Dicho traslado no se pudo llevar a cabo, pues el traslado a Madrid se hace imposible. Ante la ofensiva fascista, tanto él como otros muchos, pasa a Francia por San Laurent de Cerdáns, población en donde los franceses establecieron un campo de clasificación, y al no encontrarse ni herido ni enfermo fue trasladado al  Campo de Judes o Septfonds. Es desde este último campo donde envía varias cartas a su domicilio en la Calle de Huerta del Bayo, número 5.

Campo de Judes o Septfonds

Juan Antonio, como el resto de deportados republicanos que se exiliaron a Francia, sufrieron tres derrotas: La primera, la de la propia guerra de España, que no fue una guerra civil, sino que fue el comienzo de la segunda guerra mundial, pues lo que se dilucidaba era un enfrentamiento entre la democracia y el fascismo. La segunda se produjo cuando una vez finalizada la segunda guerra mundial, en la que participaron en el bando aliado contra el fascismo y el nazismo, el régimen implantado en España se mantuvo con el beneplácito de las potencias aliadas. La tercera, es que los deportados sobrevivientes de los campos nazis, un tercio de los que allí acabaron, no tuvieron un lugar donde volver, pues el régimen fascista impuesto en España les consideró apátridas. Tuvieron que acogerse a las condiciones de acogida que les dispensaban otros países, principalmente Francia.

Desde su exilio en Francia, una vez finalizada la guerra de España, la opción de volver a España era inviable, dado el régimen de terror impuesto por el régimen golpista, ya que se trataba sin duda de no obrar con magnanimidad. Que se entendía la represión como una empresa a largo plazo quedó claro en el discurso que el dictador Franco dio el 19 de mayo de 1939, día en el que presidió el espectacular Desfile de la Victoria: “No nos hagamos ilusiones: el espíritu judaico que permitía la alianza del gran capital con el marxismo, que sabe de pactos con la revolución antiespañola, no se extirpa en un día y aletea en el fondo de muchas conciencias.” En su discurso de fin de año de 1939 rechazó cualquier consideración de amnistía de reconciliación con los vencidos: “Es preciso liquidar los odios y pasiones de nuestra pasada guerra, pero no al estilo liberal, con sus monstruosas y suicidas amnistías, que encierran más de estafas que de perdón, sino por la redención de la pena por el trabajo, con el arrepentimiento y con la penitencia; quien otra cosa piense, o peca de inconsciencia o de traición. Son tantos los daños ocasionados a la Patria, tan graves los estragos causados en las familias y en la moral, tantas las víctimas que demandan justicia, que ningún español honrado, ningún ser consciente puede apartarse de penosos deberes.” En definitiva, se trataba de mantener el estado de guerra decretado el 28 de julio por la Junta de Defensa Nacional en Burgos, el cual se mantuvo en vigor hasta marzo de 1948 y en el que se programaba la determinación de la Junta de castigar a todo aquel que “cegado por un sectarismo incomprensible, cometiera acciones u omisiones que causaren perjuicio a los fines que persigue este Movimiento redentor de nuestra Patria”.

De lo expuesto, la posibilidad de volver a España de Juan Antonio García Acero, como la de miles de republicanos, era nula, dada la represión impuesta por el régimen dictatorial vencedor de la contienda bélica. En la retirada a Francia, y desde el mes de enero de 1939, las autoridades francesas difunden una campaña de incitación para la vuelta a España de los exiliados. A finales de marzo de 1939, 70.000 personas ya regresan a España, pero Francia ejerce un juego de engaño frente a los republicanos. Aunque las autoridades públicas son conscientes de la represión salvaje contra los republicanos en Cataluña, el Gobierno incita a las familias a que se reúnan en sus tierras natales, apoyado por la propaganda de Carlos Romero de Luque, jefe de la policía militar de Puigcerdá, que declara que los exiliados de vuelta a España no corren ningún peligro.

En Francia, a nivel legislativo, es el Decreto de Daladier de 12 de abril de 1939 que servirá de base a la creación de la CTE (Compañía de Trabajadores Extranjeros), cuyo artículo 2 estipula que “los extranjeros beneficiaros del derecho de asilo están sometidos a todas las obligaciones impuestas a los franceses sobre la organización de la nación en tiempos de guerra. Pueden ser objeto de requerimientos individuales o colectivos, generales o locales, fundadas sobre la nacionalidad, sobre la edad o sobre la profesión”. El artículo 3 indica que “los extranjeros masculinos, de edad comprendida entre 20 y 48 años, deberán abastecer desde el tiempo de paz a las autoridades militares francesas, para una duración igual a la duración del servicio impuesto a los franceses. El carácter de las prestaciones y el modo de ejecución son los determinados por el Decreto”.

En la movilización decretada en 1939, la prioridad de la contratación se consagra al Ministerio de Trabajo para la industria de guerra, así como a la autoridad militar para la organización de los equipos de los trabajadores enviados a las grandes obras de la costa atlántica y de la Línea Maginot. En el campo ya citado de Septfonds, en donde se encontraba Juan Antonio, cuyo dossier consta con el número B-133, se integró en la 8ª Compañía de Trabajadores Extranjeros, ya que los exiliados que se negaran a someterse a la legislación francesa sobre el trabajo se arriesgaban a la expulsión a España.

Al principio de 1940, a través del Decreto de 13 de enero se transforman las Compañías de Trabajadores Extranjeros en compañías militares, es decir, todos los refugiados españoles masculinos, de entre 20 y 48 años, son requeridos como militares. En la mayoría de los casos, se juntan los republicanos exiliados contratados en la Compañías de Trabajadores Extranjeros y el ejército francés en las zonas estratégicas.

Compañía de Trabajadores Extranjeros, norte de Francia 1940

El 14 de mayo de 1940 la Wehrmacht lanza su ofensiva sobre Bélgica y el este de Francia. Millares de españoles incorporados en las Compañías de Trabajadores Extranjeros, emplazados en la fortificación de la Línea Maginot participan en los combates. Todos los integrantes incorporados en los batallones de marcha deben trocar las herramientas de trabajo por un arma, a veces bajo la amenaza del mando francés.

A partir del 10 de julio de 1940 se instaura el régimen de Vichy y Francia es gobernada por los elementos más reaccionarios, nacionalistas y xenófobos. Para los refugiados republicanos, el advenimiento del nuevo régimen agrava su situación en lo sucesivo, pues el estado francés es un fiel colaborador y mantiene relaciones privilegiadas con las autoridades alemanas, pero también con la España franquista. El gobierno de Vichy lleva a cabo una política de colaboración con el ocupante nazi: una colaboración económica, estatal e ideológica. Por este acto deliberado, el régimen tendrá una gran responsabilidad en el proceso de la deportación de republicanos españoles desde Francia, que concernió a 161.000 hombres y mujeres, entre los que estaban 76.000 judíos. El 10 de octubre de 1940, una circular del Ministerio del Interior clasifica la situación de los republicanos españoles de “peligrosos para el orden público y una sobrecarga para la economía nacional”.

Deshonrados por los dirigentes del Estado francés y por el régimen nazi, los republicanos españoles fueron las primeras víctimas de la deportación. En efecto, en el curso de la batalla de Francia en mayo de 1940, más de 10.000 exiliados españoles integrados en el ejército francés (miembros de las Compañías de Trabajadores Extranjeros) son capturados por la Wehrmacht y luego detenidos en stalags, la última etapa antes de los campos de concentración. Juan Antonio fue apresado en torno al 20 de junio de 1940 por los nazis en la zona de la Línea Maginot, en concreto en Saint Die (Des Vosgues), siendo hecho prisionero de los nazis y trasladado, posteriormente, al Stalag V-D, sito en Estrasburgo con el número 3.174.

De acuerdo con las autoridades franquistas, los nazis efectúan redadas en los stalags para seleccionar “los combatientes rojos en España”, asimilados a comunistas peligrosos para la seguridad del Reich. En este registro, el encuentro de Serrano Suñer (ministro del Interior franquista) y Adolf Hitler constituye un acontecimiento decisivo para la suerte de los presos españoles detenidos en Francia, ya que, dos días más tarde, los altos dirigentes alemanes difunden una orden oficial de deportación sistemática.

La admiración de Hitler por París era conocida. Pero provenía de lecturas; nunca había estado en ella. Esta fue su primera y única visita. “Ahora París me abre sus puertas”, dijo el líder nazi

La colaboración del régimen de Vichy, con el régimen franquista y los nazis llega al extremo de que bandas falangistas operan en territorio francés a la búsqueda, como buitres, por todo el país vencido, a víctimas para los pelotones de fusilamiento de Franco. El procedimiento para las extradiciones de la Francia de Vichy empezaba con Blas Pérez González, fiscal general del Tribunal Supremo, que expedía las órdenes de detención. Estas pasaban primero al Ministerio de Asuntos Exteriores, desde donde se hacía la correspondiente solicitud a Vichy. En noviembre de 1940, José Félix de Lequerica, embajador de España ante el régimen de Vichy, había entregado una lista de unos 3.000 republicanos buscados para ser juzgados en España. Así, Lluis Companys es arrestado por la policía falangista y los hombres de la Gestapo en la Francia ocupada, conducido a España y fusilado diecisiete meses y medio después de acabar la guerra. La misma suerte corrió Joan Peiró, ex ministro de Industria de la República Española, miembro de la CNT, que fue conducido a España de la misma forma y ejecutado en Valencia en 1942. Francisco Largo Caballero, ex presidente del Gobierno de la República Española, cayó en manos de la Gestapo en 1943, en la Francia no ocupada y fue conducido al campo de concentración de Sachsenhausen, siendo liberado en 1945, sobreviviendo a tan trágica experiencia y muriendo meses después en París. También Julián Zugazagoitia, el cual fue detenido en París por la Gestapo y entregado a las autoridades franquistas, y tras un juicio sumarísimo fue fusilado el 9 de noviembre de 1940. Por tanto, el objeto de la guerra de España, según escribió Serrano Suñer, ministro del Interior y de Asuntos Exteriores en el régimen franquista, era “la fortaleza de la raza. Para ello hay que huir de toda clase de intolerancia y de sectarismos, inspirándose solamente en la equidad y en el beneficio de todos los ciudadanos…. Para que este programa ideal pueda cumplirse hace falta practicar una EXTIRPACION A FONDO DE NUESTROS ENEMIGOS, de esos intelectuales, en primera línea, productores de la catástrofe”.

En ese contexto de colaboración del régimen de franquista de España, colaboracionista de Vichy y de la Alemania nazi, Juan Antonio García Acero acabó en el stalag V-D de Estrasburgo. En estas instalaciones, en donde se encontraban los republicanos españoles, los prisioneros estuvieron en alguna medida bajo cierto grado de supervisión por parte de la Cruz Roja Internacional, motivo que les facilitaba el enviar correspondencia. No obstante, los más de 10.000 españoles que fueron hechos prisioneros por los alemanes fueron totalmente marginados e ignorados por el gobierno de Vichy, ya que no llevó a cabo intento alguno de protegerlos según los acuerdos internacionales sobre prisioneros de guerra, en concreto la Convención de Ginebra de 1929 relativo al trato debido a los prisioneros de guerra. En esa coyuntura, el alto mando alemán tomó la decisión de negar a los españoles la condición de prisioneros de guerra. Esta decisión se tomó sobre la base de que Alemania no estaba en guerra con España, aquellos españoles no tenían pasaporte y, por tanto, eran apátridas.

En estas instalaciones se encontraban los deportados cuando se produce la visita del ministro de la Gobernación español del régimen golpista y presidente de la Junta Política de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, Ramón Serrano Suñer, a Berlín. Visita que se lleva a cabo entre los días 14 al 24 de septiembre de 1940. Cuando se lleva a cabo la misma ya habían llegado a Mauthausen más de mil españoles. Esta visita es digna de resaltar, pues un grupo de republicanos españoles cautivos entonces en Berlín fue reunido en el Estado Olímpico, donde Serrano Suñer y sus anfitriones les pasaron revista, ordenándoles que contestaran con el saludo nazi. Un testigo, Enrique Ruiz, relata la escena. Los republicanos se resistieron, ante lo cual Serrano Suñer levantó contra ellos su bastón, y de un golpe hizo sangrar a Ruiz por la nariz, al tiempo que les llamaba rojos cobardes.

Ya con anterioridad a la visita de Serrano Suñer, en el mes de agosto de 1940, las autoridades alemanas consultan al Ministerio de Asuntos Exteriores español sobre qué hacer con los refugiados españoles que se hallan en los campos de concentración instalados en los territorios franceses ocupados por las tropas alemanas, pero es en la visita de Serrano Suñer en septiembre de 1940 cuando se decide la suerte de los republicanos españoles, al manifestar éste que “españoles son los que viven en España”, lo que reafirmaba la decisión ya adoptada por el alto mando alemán de considerarlos apátridas. La consecuencia de esa decisión se vio reflejada en una instrucción explícita recogida en una Orden Circular de 25 de septiembre de 1940 en la que se establece por orden de Hitler que los españoles que hasta entonces se encuentran en campos de prisioneros de guerra deben ser transferidos a un campo de concentración en Alemania. Es importante resaltar esta fecha de 25 de septiembre de 1940, pues es un día después de la última jornada de la ya citada visita de Ramón Serrano Suñer a Alemania en calidad de ministro de la Gobernación de España. En esa jornada se reunió con los más altos dirigentes nazis, incluyendo al propio Hitler, Heinrich Himmler (jefe supremo de las SS, de quien dependían los campos de concentración) y Reinhard Heydrich, jefe de la Oficina Central de Seguridad del Reich.

Vista de la puerta principal y la Appellplatz (plaza de inspección) en el campo de concentración de Gusen.

El campo de concentración de Mauthausen era considerado, de categoría III, de no retorno, de los más severos según la terminología nazi, y es por donde inicialmente pasaron la gran mayoría de deportados españoles, aunque donde se produjo la gran matanza de republicanos españoles fue en el campo de Gusen, que llegó a ser un campo aún más grande que el de Mauthausen y se le denominó el cementerio de los españoles, pues de dicho campo sobrevivieron muy pocos, pues entre enero y diciembre de 1941 en los citados campos murieron 3.165 españoles, de ellos 2.716 en Gusen.

Gustaw Przeczek, que estuvo cinco años en Gusen, describió la vida en ese campo de la siguiente manera en el poema: “Este soy yo, el número”.

El día está cayendo, maldita sea la tortura.
El poder de tus músculos en la ropa desgarrada,
a rayas. Este soy yo, el número.
Ni siquiera podrás identificarme por mi voz.
Tuberculosis en los pulmones, sangre y tos.
Entre los cientos de trabajadores, un desgraciado.
Caminando hacia la puerta.
Mi columna vertebral se romperá debajo de la roca.
Me echarán a un lado como un hacha inútil,
tomarán mis pies y mis brazos sangrientos
y dejarán mi cuerpo en la apellplatz:
Por último, mi número, por fin.
Mañana en el recuento estaré ausente.
No más llanto de viento de alambres,
que rompe las ramas del sauce llorón,
y golpea las ventanas de mi corazón.
Y susurra en el sueño de mi hijo la canción:
NUNCA OLVIDES.

El Gobierno franquista que detentaba el poder en España desde la finalización de la guerra de España (abril de 1939) tuvo conocimiento de que Juan Antonio García Acero y otros miles de españoles más fueron hechos prisioneros de los nazis, sin que en ningún momento se preocupara por su situación ni por la salvaguardia de sus derechos. Al contrario, les fue negada la nacionalidad española, pasando a la situación de apátridas. Ratificando lo anterior, en una circular de 27 de junio de 1941, August Eigruber, el Gauleiter de Oberdonau, en Austria, a oficiales nazis declaraba: “Cuando el año pasado ocupamos Francia, herr Petain nos entregó a seis mil rojos españoles diciendo: ¨No los necesito y no los quiero¨. Ofrecimos esos seis mil rojos al jefe del Estado fascista Franco, el caudillo español. Los rechazó diciendo que nunca repatriaría a quienes habían combatido por una España soviética. Así que los rojos españoles terminaron sus días en Mauthausen.”

Queda patente la abstención del deber que un Estado tiene de protección de sus ciudadanos en el extranjero, violando así todas las Convenciones Internacionales, no pudiendo escudarse en el desconocimiento de lo que estaba ocurriendo en los citados campos de concentración nazis, pues las autoridades españolas intercedieron para que algunos presos de nacionalidad española fueran liberados, abandonando a su suerte a los más de nueve mil que acabaron en los citados campos de concentración.

La República Francesa, en una Resolución de 9 de agosto de 1992, a través de la Secretaría del Estado para Antiguos Combatientes y Víctimas de Guerra, dio a conocer un listado de víctimas de republicanos españoles en los campos de concentración nazis y en 29 de julio de 2004 se publicó en el Journal Officiel de la Republique Française un Decreto por el que se habilitaban una indemnización de los familiares de las víctimas asesinadas en los campos nazis, El reconocimiento habido por la República Francesa no ha sido llevado a cabo en momento alguno por el Estado español al no poderse juzgar en España los crímenes franquistas por no aplicarse el principio de justicia universal a los delitos de lesa humanidad.

Juan Antonio permanece en el stalag V-D de Estrasburgo hasta el día 11 de diciembre de 1940, siendo trasladado al campo de concentración de Mauthausen el día 13, junto con otros 846 españoles, asignándole el número 4.811 de matrícula. A lo largo del internamiento 557 republicanos españoles fueron asesinados, entre ellos Juan Antonio García Acero.

El día 17 de febrero de 1941 fue transferido al campo de concentración de Gusen, asignándole en ese campo el número de matrícula 10.811, denominado el cementerio de los españoles, donde es asesinado en 23 de diciembre de 1941 e incinerado el 29 de diciembre de 1941.

Consta que estuvo en la barraca 32 del campo de concentración de Gusen, denominada de los inválidos, donde lo peor era el capo que la mandaba, llamado “El Tirillas”, que era un preso político alemán, siendo su lugarteniente el español Tomás Urpí, los cuales fueron ejecutados nada más ser liberado el campo.

Las ejecuciones que llevaban a cabo en el citado campo de concentración de Gusen, y en concreto a los que se encontraban en la barraca 32, se llevaban a cabo en las duchas, ya que los prisioneros se veían obligados a ducharse con agua muy fría, y esto les ocasionaba la muerte al encontrarse en condiciones físicas extenuantes. A los que se resistían les hacían que el agua les llegase a las rodillas, tapándoles los desagües, recibiendo palos en las piernas hasta que se desplomaran y morían ahogados, y los pocos que podían levantarse los kapos les aplastaban con las botas la cabeza hasta ahogarlos.

Cuando a los prisioneros de la barraca 32 les decían que iban a las duchas, si les daba tiempo, se despedían de sus amigos y compañeros de la barraca y hacían la misma petición: “SI ALGUNO DE VOSOSTROS SOBREVIVE, CONTAR LO QUE AQUÍ PASO.”

Sin duda, Juan Antonio, hombre fiel y leal a la República, con valores y principios en defensa de la justicia y la libertad, viudo con seis hijos a los que dejó huérfanos, en sus últimos momentos sin duda dedicó sus últimos pensamientos a ellos, a Flora, Francisco, Félix, Antonio, Elvira y Carmen.

Flora, su hija, pudo estar presente en el homenaje que le hizo la iniciativa en Madrid Stolpersteine, cuyos mecenas y artífices en Madrid es el matrimonio de Jesús e Isabel, colocando una de esas “piedras del tropiezo” en su último domicilio, que fue la calle Huerta del Bayo, número 5 de Madrid, el día 29 de abril de 2019. Lo único que pudo decir es: “Ya te tengo aquí”, pues para ella es como si hubiera sido enterrado en ese momento estando ella aún viva. También pidió que cuando muriera parte de sus cenizas se depostiran en el crematorio donde fue incinerado su padre. En el año 2022, fueron depositadas en el crematorio de Gusen, estando acompañados algunos familiares con amigos, Jesús e Isabel, así como del hijo de José Alcubierre, cuyo padre y abuelo también fueron deportados en mauthausen.

* Nieto de Juan Antonio García Acero. Deportado al campo de concentración de Mauthausen-Gusen, número 4.811. Asesinado el 23 de diciembre de 1941.
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