18-12-1956: ¡Una docena de combatientes alcanza la espesura!
Por Daniel Alberto Chiarenza
18 de diciembre de 1956- Cuba: hombres opuestos al régimen de Batista logran internarse en Sierra Maestra…
La resistencia popular exigía el alejamiento del “Sargento”, devenido en “General”, Fulgencio Batista del gobierno de Cuba y la solicitud de la inmediata convocatoria a elecciones libres. Así se pronunciaron, al menos, el Partido del Pueblo Cubano y la fracción “Auténtica” (del Partido Revolucionario Cubano) de Prío Socarrás.
Aunque los prosélitos de Ramón Grau San Martín -fundador del Partido Revolucionario Cubano y que había alcanzado dos veces la presidencia de Cuba- se mostraron dispuestos a concurrir a la consulta electoral fraudulenta -con el nombre de partido de la Cubanidad- preparada por Batista, autor del último golpe de Estado del 10 de marzo de 1952.

Las elecciones se concretaron en noviembre de 1953, participando los seguidores de Grau San Martín y una coalición batistiana.
Horas antes de las elecciones, comprendiendo lo perdido de la causa, Grau retiró su candidatura. Se abría el camino de Batista hacia el unicato.
Los militantes políticos se sumergieron en un dislate de contradicciones, menos los que respondían al Partido del Pueblo Cubano, aún con fuerte apoyo popular. A su vez, su conducción era disputada por tres sectores, lo que debilitaba su accionar.
Fidel Castro pertenecía a una de las fracciones en pugna, pero al ser indultado por su frustrado “Asalto al Cuartel Moncada: 26 de Julio de 1953”, no había lugar para él en ningún movimiento político de oposición al batistato, y desde la Isla de Pinos (actual Isla de la Juventud) marchó al exilio.

Los sucesos atemorizaban a Batista, quien intuía que la oposición sobrepasaba el plano declamatorio para tomar directamente el camino de la acción violenta como el único posible. El dictador respondió con más represión, apelando a la respuesta más sencilla de todos los fascistas.
Entretanto, Fidel Castro residía en México, desde su amnistiada libertad, conspirando con un grupo de revolucionarios. Se organizaba militarmente y fundaba el Movimiento 26 de Julio en homenaje al frustrado estallido inaugural, el asalto al cuartel Moncada.
La opinión pública cubana se mostró confundida ante la corrupción del régimen y la dividida oposición.
Los precios mundiales del azúcar y la afluencia de turistas al –entonces- “burdel yanqui”, determinaron una momentánea prosperidad económica, cuyas beneficiarias eran las clases altas y medias, que se mantendrían al margen del conflicto.

Subía la ola de atentados, ascendía la acción represiva. Y se produjo, el 29 de abril de 1956, el ataque por grupos armados al cuartel de Goicuría, en Matanzas, concluyendo con la muerte de la mayoría de los 66 atacantes. En México, pasaban las últimas semanas de instrucción –adiestrados por el coronel del ejército republicano español Alberto Bayo- esos exiliados que estaban conducidos por Fidel. Los rebeldes aprendieron a lanzar granadas, armar y desarmar fusiles automáticos y marchar por pasos similares a la selva cubana.
El 25 de noviembre, 82 jóvenes, apiñados en la cubierta de una pequeña embarcación de 20 metros de eslora –el Granma, un yate fuera de moda- abandonaron la desembocadura del río Tuxpan, internándose en las aguas del Golfo de México. La capacidad del Granma era de ocho a diez pasajeros. De los 82 tripulantes, sólo cinco no eran cubanos. Entre ellos un anónimo –hasta entonces- médico argentino: Ernesto “Che” Guevara. El crucero Granma, debido al excesivo peso que portaba, navegaba dificultosamente; hacía agua internamente que los jóvenes pugnaban por desagotar y enfrentaban un viento de 40 nudos con un irresistible oleaje.
Pero, la costa cubana ya no estaba lejos cuando, al ser barrida la cubierta por una ola, arroja al mar al oficial navegante que oficia de guía de la expedición liberadora. Se pierde una preciosa hora en la localización del náufrago. Finalmente, el desventurado será izado a bordo, pero han desaparecido tras él los instrumentos de navegación.
Se alejan, entonces, del punto de desembarco. Ya es 1 de diciembre. Las primeras luces del amanecer iluminan la playa cubana. Horas más tarde se produce el accidentado desembarco, donde los arriesgados jóvenes enfundados en su uniforme verde oliva sostienen atentos las armas. Mientras, una lancha patrullera, descubre al Granma encallado.
Cazas gubernamentales ametrallarán la zona –el paraje, de fortuito y accidentado desembarco, se denominaba Alegría del Pío- y un millar de soldados de la dictadura rastrearán la región, entablando combates aislados con los recién llegados guerrilleros.
Sólo una docena de combatientes alcanzarán la espesura, huyendo de la persecución. Entre los sobrevivientes se hallan Fidel y Raúl Castro, Ernesto Guevara y otros. Los demás murieron o fueron apresados. Comienza la casi legendaria aventura revolucionaria en Sierra Maestra…
Titulándolo “Los doce locos” en su obra Memoria del Fuego 3 El Siglo del Viento, Eduardo Galeano nos relata así aquella heroica hazaña: “Una semana pasan sin dormir, vomitando, apretados como sardinas en lata, mientras el viento norte se divierte jugando con el barquito Granma. Después de mucho subibaja en las aguas del golfo de México, desembarcan el lugar equivocado. A poco andar los barre la metralla o los queman vivos las bombas incendiarias.
“Casi todos caen en la matanza. Los sobrevivientes caminan orientándose por el cielo, pero se confunden de estrellas. Los pantanos les tragan las mochilas y las armas. No tienen para comer más que caña de azúcar y van regando a su paso el bagazo delator. Pierden las latas de leche condensada, por llevarlas con los agujeritos para abajo. En un descuido mezclan con agua de mar la poca agua dulce que les queda. Se pierden, se buscan. Al fin un grupito descubre a otro grupito en los acantilados, por error, y así se juntan los doce salvados de la aniquilación.
“Estos hombres o sombran tiene en total siete fusiles, unas pocas municiones mojadas y muchas llagas y heridas. No han cesado de meter la pata desde que empezó la invasión. Pero esta noche está el cielo blanco de estrellas y se respira un aire más fresco y limpio que nunca, así que Fidel dice, plantado anta las lomas de la Sierra Maestra:
“-Ya ganamos la guerra. ¡Se jodió Batista!”
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