11 de febrero, 1945: termina la conferencia de Yalta, se reparten el poder mundial

11 de febrero, 1945: termina la conferencia de Yalta, se reparten el poder mundial

Por Daniel Alberto Chiarenza

Las teorías de la “guerra resolutiva” se desmienten con un vistazo a la “historia real”

Yalta evoca el reparto del mundo que hicieron los “Tres Grandes”: Iósif Stalin (URSS), Winston Churchill (RK) y Franklin D. Roosevelt (EE. UU.). Momentos antes de dar por terminada la Segunda Guerra Mundial, la situación de los países no ha dependido de lo que ha sucedido en ellos, sino de la decisión que de ellos se tomó en Yalta, ratificada en la Conferencia de Potsdam, para que permanecieran dentro de una órbita obligada. Yalta tuvo lugar en un antiguo Palacio Imperial de Livadia, en Crimea.

Pero, no son sólo los soviéticos los que enmiendan el pasado. Roosevelt enmendaba el presente cuando explicaba en su Congreso el resultado de la Conferencia de Yalta: “La Conferencia de Crimea pone el punto final a los sistemas de acción unilateral, de alianzas exclusivas, de zonas de influencia, de equilibrio de fuerzas, y a todos los arreglos que se han intentado desde hace muchos siglos y que, invariablemente, han fracasado. Europa será políticamente más estable de lo que haya sido jamás: estoy seguro”. Se estaba muy lejos de esa seguridad preconizada. Meses antes, Churchill había visitado a Stalin en Moscú; y el propio premier británico relató esa entrevista que precedía a los acuerdos de Yalta y Potsdam: “Vamos a arreglar nuestros problemas en los Balcanes –dijo Churchill a Stalin-; no merece la pena que regañemos por pequeñeces. En lo que concierne a nuestros dos países (no estaba presente en la reunión ningún representante de Estados Unidos), ¿qué diría usted del reparto de nuestras influencias de la forma siguiente?”. Escribió unas líneas en una hoja de papel: “Rumania: los soviéticos, 90%; los demás, 10%. Grecia: Gran Bretaña, 90%; URSS, 10%. Yugoslavia: mitad y mitad. Hungría: mitad y mitad. Bulgaria: URSS, 75%; los otros, 25%”. Stalin consideró la propuesta durante unos instantes: luego tomó un lápiz azul y marcó un gran trazo: parecía de acuerdo. “¿No parecemos un poco cínicos al arreglar esta cuestión de esta manera tan poco formal?” “No –respondió Stalin-: guarde usted este papel”.

En Yalta, ya en presencia de Roosevelt, las cosas fueron de una manera ligeramente diferente. “Aquellos porcentajes –contaba Churchill, años más tarde- eran meramente aproximados”.

Pero, ¿en qué situación se producía la conferencia de Yalta? Era el 4 de febrero –la reunión duraría hasta el 11-. Hitler todavía no había descendido al bunker de la Cancillería (bajó por primera vez el 16 de febrero). La contraofensiva angloamericana de las Ardenas progresaba, aunque más lentamente y con menos contundencia que en el Frente del Este. Berlín empezaba a ser ablandado por la aviación aliada; los soviéticos llegaban al Oder, cerca de Frankfurt, para después encarar un explosivo avance. Aún pretendían los alemanes una paz por separado con las democracias, e incluso una última alianza con ellas para detener y derrotar a los soviéticos. Pero, los vencedores estaban ya repartiéndose Alemania: era el objeto principal de la conferencia de Yalta.

Churchill y Roosevelt se citaron previamente en la isla de Malta, a solicitud del primero, que quería corregir la tendencia de Roosevelt a considerar a Stalin como un aliado seguro; pero éste apenas le escuchó. Roosevelt estaba, se sabía, próximo a la muerte y quería legar al mundo la paz estable –que él no merecía, pues los primeros que alcanzaron y aniquilaron al Reich fueron los soviéticos-, que definiría poco después en su discurso al Congreso. En la noche del 2 al 3 de febrero saldrían de Malta las 700 personas que formaban el séquito del premier y del presidente. Churchill viajó también esa noche y durmió en su avión. El fatigado Roosevelt viajó al día siguiente. Stalin había viajado de Moscú a Minsk, donde celebró una reunión con sus jefes de Estado Mayor, que le informaron de la situación militar en Alemania. Parece que Stalin temía que la ofensiva pudiera detenerse a orillas del Oder –última línea de resistencia alemana- y que los alemanes pudieron infligir una derrota grave a los soviéticos; necesitaba partes triunfales para apoyarse en ellos en la conferencia de Yalta. La orden era seguir hacia Berlín. ¡Y vaya si siguió!

Los historiadores suelen considerar que allí es donde tiene comienzo la Guerra Fría. Algunos de los problemas del mundo actual tuvieron su origen en la Conferencia de Yalta: Polonia, Grecia, la división de Alemania, el equívoco estatuto de Berlín, el derecho de veto en las Naciones Unidas… Las teorías de la “guerra resolutiva” –es decir, aquella que se hace para resolver definitivamente y por la fuerza una situación irregular o peligrosa- se desmienten con el más somero vistazo a la historia real.

Sin embargo, las decisiones finales de la Conferencia, de acuerdo a lo que se resolvió estipulaba: La declaración de una Europa liberada, lo que significaba que ya no necesitaban continuar en estado de guerra, permitiendo elecciones democráticas en todos los territorios liberados; una conferencia en abril en San Francisco para organizar las Naciones Unidas (Conferencia de San Francisco); se concibió la idea de un Consejo de Seguridad para la ONU, y se acordó que la república socialista soviética de Ucrania y la república socialista soviética de Bielorrusia tuvieran escaños independientes en la ONU; la cuestión de los crímenes de guerra quedó pospuesta; las decisiones sobre las fronteras de Italia con Yugoslavia y Austria se pospusieron, así como las concernientes a las relaciones entre Yugoslavia y Bulgaria, y otros temas.

En cuanto a Alemania: El desarme, desmilitarización y partición de Alemania, fue visto por las tres potencias como un requisito indispensable para la futura paz y seguridad. De esta manera –a diferencia de lo ocurrido una vez finalizada la Primera Guerra Mundial- Alemania no mantendría un gobierno nativo, sino que se dividiría en cuatro “zonas de ocupación”, una para cada aliado, que concentraría la autoridad civil y militar; indemnizaciones a pagar por Alemania por las “pérdidas que ha causado a las naciones aliadas en el curso de la guerra”; estas indemnizaciones podían salir de la riqueza nacional (maquinaria, barcos, participaciones en empresas alemanas, etc.), el suministro de bienes por un período a determinar, o el uso de la mano de obra alemana; estadounidenses y soviéticos acordaron una cifra de veinte mil millones de dólares de indemnización, mientras que los británicos no creyeron posible llegar a una cifra definitiva; se estableció que la “zona de ocupación en Alemania” otorgada a la Unión Soviética comprendería casi un tercio del país con las regiones de Turingia, Sajonia, Mecklemburgo, Brandeburgo y Antepomerania, incluyendo Berlín y sus alrededores; se acordó trasladar, entre otros, a los alemanes de Polonia, Hungría y Checoslovaquia a los terrenos de Alemania Occidental.

También llegaron a pre acuerdos con respecto a la futura Alemania, por cierto, bastante ambiguos; con respecto a Polonia, a Yugoslavia y a Japón.

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