“Sólo se muere una vez: la denuncia no la retiro”

“Sólo se muere una vez: la denuncia no la retiro”

Por Daniel Alberto Chiarenza

7 de abril de 1935: muere la desbaratadora de la Zwi Migdal, Raquel Liberman “La Polaca”.

Raquel Liberman nació en Berdichev, Ucrania (Imperio Ruso), el 10 de julio de 1900. En realidad, su nombre era Rokhl Lea –o Rushla Laja- Liberman. Berdichev, en aquel momento, contaba con unos cincuenta mil habitantes, de los cuales el 80% eran judíos. De muy pequeña emigró a Varsovia (Polonia) junto a sus padres. En 1919 contrajo matrimonio, en Polonia, con Yaacov Ferber y, al año siguiente, tuvo su primer hijo, Joshúa (Josué) Ferber. En 1921, cuando se encontraba embarazada de su segundo hijo, Moshé (Moisés), su esposo emigró a la Argentina en búsqueda de trabajo. El 30 de septiembre de 1922, Raquel llegó a la Argentina con sus dos hijos para reunirse con su esposo y se instalaron en el pueblo de Tapalqué, ubicado en el centro de la provincia de Buenos Aires.

Raquel Liberman trabajaba como costurera. El fallecimiento de su esposo de tuberculosis, en 1923, le hace conocer la miseria. Liberman desconocía el idioma español, viéndose obligada a dejar a sus dos hijos pequeños en casa de unos vecinos en Tapalqué. Se mudó a la ciudad de Buenos Aires, lugar en el que busca trabajo, pues creía fácil poder encontrar labores de costurera rápidamente. Amargamente sacudida, advirtió que sólo podía vivir dedicándose a la prostitución para mantener a sus hijos. “Es muy posible que Raquel llegara al prostíbulo –afirma Myrtha Schalom en su biografía novelada La Polaca– a través de su cuñada, que tenía un negocio de lotería y era integrante de la Zwi Migdal, red constituida por dos mil prostíbulos, y cuatrocientos socios”.

Algunos afirman que no ingresó voluntariamente en algún burdel, sino que fue secuestrada por la red de trata Zwi Migdal que, bajo la apariencia de una Sociedad Judía de Socorros Mutuos, reclutaba mujeres del mismo origen religioso, pobres en Europa del Este, para explotarlas sexualmente en Buenos Aires y otras ciudades del país.

Eduardo Parise dice de la Migdal: “Parecía una estructura sólida. Su sede estaba en un palacio, al 3.280 de la avenida Córdoba –entre Gallo y Sánchez de Bustamante-, tenía un cementerio para socios, teatros propios con obras en idish y hasta una sinagoga. Inicialmente, cuando se fundó en 1906, se llamó Sociedad Israelita de Socorros Mutuos ‘Varsovia’… estructura mafiosa sostenida por policías corruptos, políticos venales y jueces amigos… Cambio su nombre por ‘Zwi Migdal’”. Parece que “Migdal era el apellido de uno de sus fundadores (y Zwi equivaldría a Luis) … otros dicen que significa ‘gran fuerza’ en idish… los rufianes iban especialmente a Polonia y Rusia, para seducir a chicas entre 16 y 22 años… En los prostíbulos de la organización (El Chorizo, Las Esclavas, Gato Negro, Marita, Las Perras, con epicentro en Lavalle y Junín) las ‘polaquitas’ atendían a unos cincuenta clientes, de las 16:00 h (es decir, de la tarde) a las 04:00 h de la madrugada, a la tarifa de dos pesos por cada servicio”.

Durante seis años Liberman permaneció prisionera de esta red, pero logró ahorrar dinero a escondidas para lograr su libertad con la complicidad de un cliente, que se apiadó de ella y ofreció comprarla al proxeneta para su propio prostíbulo de judías en Mendoza. El cafishio de la Migdal aceptó y Raquel le pagó su precio al cliente. Con lo que le quedaba de sus ahorros “La Polaca” compró un local en la calle Callao, pero fue velozmente detectada por la Varsovia. La Sociedad criminal comenzó a acosarla y amenazarla para evitar que otras prisioneras de la red trataran de seguir su ejemplo. La Zwi Migdal envió a un rufián (José Salomón Korn) para engañarla con promesas de matrimonio. Ella se casó con Korn y al poco tiempo éste le robó sus ahorros y la recluyó en un burdel-cárcel en Buenos Aires.

Hay otra versión sobre la aparición de “La Polaca” en Buenos Aires, la cual relata que en Polonia conoció a un hombre llamado Jaime Kissinger –no sé si será esta la versión más verosímil, pero que el tipo tiene apellido de perverso, la hace creíble), quien con promesas de matrimonio la llevó a Buenos Aires, donde la dejó en manos de la Zwi Migdal. Una vez atrapada por esta red de trata, Raquel sufrió todo tipo de vejaciones, corporales y morales, por parte de los “caftenes” (tratantes judios en los distintos prostíbulos diseminados por todo el país.

Raquel es una de las tres mil esclavas sexuales cuya infame explotación denunciará en 1927, el periodista Albert Londres –misteriosamente desaparecido- en su libro “El camino de Buenos Aires”, entonces importante centro de prostitución.

“La Polaca”, a los 29 años –con increíble coraje- se presentó a la justicia (1929) para denunciar a la Zwi Migdal como organización dedicada al tráfico y explotación de mujeres. La conjunción de intereses locales y extranjeros, policiales, judiciales y rufianescos parece tan poderosa que la denuncia es considerada ridícula. Pero el Golpe del 6 de septiembre de 1930 da un giro inesperado al relato: los gobernantes se caracterizan por un “nazionalismo” reaccionario, expresado en su admiración al Duce, su cerrado anticomunismo y su furibundo antisemitismo. Ese odio absurdo hacia la colectividad judía –a pesar de la crítica que la misma comunidad manifestó contra la sociedad de rufianes- se vuelve en la persecución de la Zwi Migdal. Se quiebra la alianza de proxenetas y jueces y éstos, el 27 de septiembre de 1930, hacen lugar a la denuncia de Raquel y dictan prisión preventiva a ciento ocho miembros de la Zwi Migdal. “La polaquita” se transforma en la pesadilla de sus explotadores.

El poder del dinero logra la excarcelación de los procesados (enero de 1931), lo que también prueba que para el uriburismo era más sensible la plutocracia que los delirios antisemitas; pero la denuncia marca la declinación de la sociedad de proxenetas. Transitan –sin antiguos privilegios- por la Década Infame –la misma justicia primero los declara “asociación legal”, pero luego se contradice con la “asociación ilícita” cuando lo piden trabajadoras que requieren personería-. El comisario Julio Alsogaray escribe (1933) su libro “Trilogía de la trata de blancas, rufianes, policía, municipalidad” y se presentarán proyectos de ley que prohíben la prostitución legal. Se dice que el comisario le preguntó a Raquel si estaba dispuesta a declarar ante el juez y ella afirmó: “Sólo se muere una vez, la denuncia no la retiro”.

A partir de 1936, la Ley Serrey prohíbe el vil negocio y éste pasa de la gran ciudad a los suburbios: Avellaneda y San Fernando son las sedes principales de los prostíbulos, las drogas y el juego en los últimos años de la década del ‘30.

Liberman se reunió con sus hijos y vivió en Buenos Aires. Pero, lamentablemente, un par de años después enfermó de cáncer de tiroides y Raquel murió el 7 de abril de 1935 a los 34 años, dejando huérfanos a sus dos hijos de 15 y 14 años. Antes de morir estaba tramitando unos pasaportes para volver a Polonia con sus hijos para estar con su familia. Su insólita valentía marcó un hito histórico y anticipó los tiempos por venir, los de la dignificación y los derechos de la mujer. Aunque su nombre cayó en el olvido y ni siquiera las organizaciones feministas lo revindicaron como corresponde, fue un poeta el que la traería a la palestra a través de “Milonga de una mujer”, pero el bardo también fue silenciado por la muerte: Humberto Costantini.

El ejemplo de Raquel Liberman “La Polaca”, inspiró semificciones en varios autores, no sólo en Costantini, sino también en Carlos Serrano, Myrtha Schalom (con su excelente obra “La Polaca”), Nora Glickman y Elena Vinelli. En Argentina existen los “premios Raquel Liberman”, dedicados a los derechos humanos contra la violencia de género.

En 2019, se estrenó la telenovela “Argentina, tierra de amor y venganza”, con un personaje basado en su vida. Ese mismo año, se decidió que llevara su nombre la estación Callao de la red de Subterráneos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

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