“El extractivismo y la deuda externa son temas nodales en Argentina”
Fotografía: Julio Carrizo (Minga/Tierra Viva)
Por Leandro Albani*
El periodista Darío Aranda habla con Lo Que Somos sobre su nuevo libro, “Tierra y dignidad”, pero también explica cómo impacta el agronegocio, la megaminería y la industria petrolera en los territorios indígenas y campesinos del país.
De norte a sur y de este a oeste. En tierras cultivadas y defendidas por campesinos y campesinas, y en comunidades indígenas que comparten sus ceremonias y se organizan para defender sus territorios. En campos que tienen la pulsión de la vida gracias a la agroecología. Todo esto junto a las historias mínimas de sus protagonistas, hombres y mujeres en Argentina que dicen “no” al agronegocio, a los agrotóxicos y al extractivismo. Por este camino transita desde hace años el periodista Darío Aranda, que hace apenas unas semanas publicó “Tierra y dignidad (luchas ancestrales, voces de futuro)”, un libro que recoge 31 crónicas periodísticas que abarcan un período de dieciocho años (entre 2006 y 2024).
En “Tierra y dignidad…”, publicado por la editorial Sudestada, aparecen dos planos que transitan en paralelo, tensionados todo el tiempo: la voracidad del extractivismo, el agronegocio y un Estado que reprime a indígenas y campesinos por igual, y las experiencias concretas no solo de resistencia frente a esta política oficial, sino de construcción de nuevas formas de producción, de cuidado del medio ambiente, de alimentación y de defensa de territorios ancestrales. Los relatos que cuentan estas historias se enmarcan en la vieja (y por momentos olvidada) tradición de la crónica periodística latinoamericana. Y este estilo es un acierto. Porque con sus crónicas, Aranda permite conocer conflictos y problemáticas estructurales de Argentina desde la multiplicidad de voces y descripciones desde el llano, a su vez que desacraliza temas que para el simple lector por momentos se vuelven imposibles de abarcar y comprender en su totalidad.

Integrante de la cooperativa de noticias Tierra Viva y autor de “Argentina originaria. Genocidios, saqueos y resistencias”, “Tierra arrasada. Petróleo, soja, pasteras y megaminería” y “¿Quiénes hacen periodismo? Historias y miradas sobre el oficio”, Aranda habló con Lo Que Somos sobre su nuevo libro, la situación de las comunidades indígenas en el país, las luchas permanentes del movimiento campesino y los intentos actuales (pero también pasados) de extranjerizar la tierra y, de esa forma, condenar a los pueblos al despojo.
“Los temas relacionados con el territorio y al extractivismo son nodales de Argentina y de Latinoamérica —explicó el periodista—. Hay muchas organizaciones, compañeros y compañeras, y colegas que creen que estos son temas secundarios o “ambientales”, ligados más a la conservación. Somos muchos y muchas los que creemos que en realidad son temas de fondo, que hacen a la dependencia y a la pobreza de nuestros países”.
Para Aranda, cuando se habla de megaminería, agronegocio o explotación petrolera, no solo se refiere al “ambiente o ligado a la contaminación, sino que hablamos de derechos humanos, de historia, de geopolítica, de economía. Hablamos justamente de la dependencia de los países periféricos, tercermundistas, subdesarrollados, del Sur Global, como le dicen ahora pomposamente”.
En el mundo actual, según el periodista, “somos cada vez más dependientes de las potencias mundiales que van decidiendo qué se hace en cada territorio, junto a sus lacayos locales. En ese sentido, el periodismo, la academia o las voces que cuestionan estos temas son centrales para la liberación de los pueblos, incluso para una vida digna. No por casualidad en el libro se utiliza la palabra ‘dignidad’. A veces lo comparo con el tema de la deuda externa, que está ausente en el debate público, más allá de ciertos nichos. Es un tema central, porque genera pobreza, que los jubilados no tengan una jubilación digna, que los docentes y los médicos no tengan salarios dignos, que miles y miles de chicos no puedan cenar a la noche. El extractivismo y la deuda externa son temas nodales, pero no son los únicos”.

— LoQueSomos: ¿Qué importancia tiene contar historias sobre temas como el agronegocio, los pueblos originarios o las luchas campesinas desde la crónica periodística? Te lo pregunto porque son temas que a veces se abordan de forma muy general y hasta difíciles de abarcar.
— Darío Aranda: Contarlos desde la crónica periodística tiene el agregado de haber estado en los lugares, de participar, de haber escuchado, de transitar esas tierras y escuchar a los protagonistas, a los que viven y defiende el territorio. Lo que se valora y se remarca en cada crónica son las voces que habitan esos territorios. No hay un influencer, desde Buenos Aires, hablando sobre los incendios en la provincia de Córdoba, sino que hay un brigadista defendiendo el monte y enfrentado las llamas. La crónica, así como los reportajes y la investigación, son centrales del oficio periodístico. En las últimas décadas y años, lamentablemente se fue perdiendo cada vez más. El libro es sobre extractivismo, sobre pueblos indígenas, sobre campesinos, sobre agroecología, pero también es un libro de periodismo. Mientras estamos en épocas en que parece que la realidad la cuentan los influencers, las redes digitales —porque las redes sociales son los clubes de barrios, la familia, los amigos, las organizaciones—, el libro al ser de periodismo no lo hace alguien hablando desde un escritorio, escribiendo o teorizando sobre algo. Estuve en esos lugares y me siento un privilegiado, porque estas crónicas no habrían sido posible sin el recibimiento de familias campesinas, comunidades indígenas, académicos críticos y ONG’s que acompañan desde el territorio. Las crónicas son posibles gracias a ellos.
«El Poder Judicial, con sus jueces y fiscales, es el más retrógrado y conservador de los tres poderes del Estado, además de que es vitalicio. Es casi imposible echar a un fiscal o a un juez, y ellos están entre los principales cómplices del avance del extractivismo en Argentina…»
— LoQueSomos: ¿Qué cosas se repiten en las diferentes experiencias que relatás en el libro?
— Darío Aranda: Mucho de eso está en el título y en la bajada del libro. Por un lado, la disputa por la tierra, por el territorio. Coincido en hablar de territorio, pero en las crónicas, en general, los pueblos indígenas, los campesinos, cuando se refieren al lugar que habitan y que defienden, hablan de tierra. Recuperando esa palabra o haciéndome cargo de esa vivencia, a lo largo del libro mil veces se habla de territorio como un concepto más amplio. Pero que se hable de tierra, para campesinos e indígenas no quiere decir que el concepto sea más chico, sino que lo definen de esa manera.

Lo que hay en común en el libro es la lucha, la defensa, la disputa, el cuidado de la tierra, y la dignidad de quienes se paran frente a una topadora, de quienes hacen agroecología, de los que se juntan para pensar el futuro y analizar la situación actual. La dignidad de los docentes y las familias de la ciudad de Saladillo, que votan y deciden ponerle el nombre del científico Andrés Carrasco a una escuela que está frente a un campo fumigado. La dignidad de los pueblos indígenas que se defienden y recuperan territorios ante una empresa forestal, o no dejan ser cooptados en el feudo de Gildo Infrán [gobernador de la provincia de Formosa].
— LoQueSomos: Aunque en la Constitución y en la legislación argentina existen ciertos derechos para los pueblos originarios y para la producción campesina, contás que esas leyes se violan permanentemente. ¿A qué se debe esto?
— Darío Aranda: Los pueblos indígenas de Argentina tienen legislación de avanzada. Es impresionante la cantidad de leyes a su favor, en los tratados internacionales de derechos humanos y en la Constitución nacional. Los que vulneran sistemáticamente esos derechos son los Estados, ya sea nacional, provincial o municipal. El Poder Judicial, con sus jueces y fiscales, es el más retrógrado y conservador de los tres poderes del Estado, además de que es vitalicio. Es casi imposible echar a un fiscal o a un juez, y ellos están entre los principales cómplices del avance del extractivismo en Argentina.
Hay legislación que prevé consultar a los pueblos indígenas ante cualquier evento que pueda afectarlos. Consultar no es hacer un llamado o mandar un mensaje, sino que es entregar un plan informativo de qué se quiere hacer, y los pueblos indígenas tienen sus tiempos para decidir si quieren una actividad en sus territorios, ya sea el ingreso de una petrolera o la construcción de una represa aguas arriba. Los que vulneran ese derecho básico —que se llama consulta libre, previa e informada— son los poderes económico y político, con la complicidad del Poder Judicial. Desde los tribunales inferiores hasta la Corte Suprema de Justicia son los que se ponen de acuerdo para respetar la “seguridad jurídica” de las corporaciones, pero muy rara vez se ponen del lado de los pueblos indígenas y de los pueblos que luchan. En el caso de la megaminería en Andalgalá [en la provincia de Catamarca], donde no hay pueblos indígenas, pero sí hay violación a los derechos ambientales, la Corte Suprema de Justicia siempre miró para otro lado. El Poder Judicial es un ejemplo de la complicidad.

— LoQueSomos: ¿Existe en Argentina una cultura de la alimentación sana?
— Darío Aranda: Hubo un avance en las últimas décadas de muchos debates nacidos desde abajo hacia arriba sobre la alimentación. Lo que tiene que ver con la ley de etiquetado frontal de ultraprocesados es un ejemplo de eso. La ley tiene pocos años, pero el actual gobierno ya la modificó en favor de las grandes corporaciones y ahora intenta derogarla. No digo que esa ley sea el ejemplo de la alimentación sana, pero es una referencia clara. Después hay otro debate de ciertos lugares, en ciudades grandes o en lugares privilegiados de Buenos Aires, como el barrio de Palermo, donde hay toda una cuestión de lo orgánico y de argumentaciones que apuntan más a un sector privilegiado de la sociedad, con medios de comunicación y referentes y referentas que abordan ese tema. Yo me siento muy lejano a eso. Creo que hablan para un nicho muy particular, muy poderoso económicamente y que fija opinión pública, pero es más de los sectores privilegiados. Pero desde abajo, desde sectores populares, hay debates y se sabe del tema. Los comedores populares se alimentan básicamente con fideo, arroz y polenta. ¿Qué alimentación sana vamos a tener si el país está sumergido en la pobreza? Y no es solamente por el gobierno de Javier Milei. A los sectores populares, a las escuelas, se les brinda alimentos que no son sanos, no son nutritivos, que no aportan a la salud de la población. No hay una política alimentaria clara o beneficiosa para los sectores populares mayoritarios en Argentina, no solo con este gobierno sino con otros. Pienso mucho en Miryam Gorban, una gran referenta de la nutrición en Argentina, fallecida el año pasado, que marcaba un poco esto. Ella trabajó durante cincuenta años en sectores populares, era titular de la cátedra de soberanía alimentaria de la Facultad de Medicina, en la carrera de nutrición.

Es uno de los grandes temas, entre muchos otros, para pensar cómo nos alimentamos. Ahí tiene mucho que ver quién nos alimenta. En el país, el 90% de su territorio cultivable es en base a commodities de exportación. Se suele decir que Argentina produce alimentos para cuatrocientos millones de personas y eso es mentira. El país produce en gran cantidad commodities para los chanchos y las aves de Asia y de Europa. ¿Cuántos de nosotros comemos soja transgénica? Muy poquitos, por suerte. Pero si Argentina produjera alimentos en todo ese territorio, alimentos diversos, sanos, sin agrotóxicos, sería muchos más fácil para las familias, sobre todo de sectores populares, poder acceder a alimentos, ya sean carnes, lácteos, frutas y verduras, porque serían más accesibles económicamente. La alimentación sana tiene que ver con quién es el sujeto productivo. Si ese sujeto es la empresa Grobocopatel o la Sociedad Rural, no va a haber una alimentación sana para la población. Si el sujeto productivo son los campesinos, los pueblos indígenas, la agricultura familiar cooperativa, ahí se estaría dando vuelta la tortilla. Estaríamos hablando de algo de lo que no se habla, pero que se viene impulsando desde los movimientos campesinos a nivel internacional, y es la soberanía alimentaria. Argentina tiene que seguir luchando, como lo hacen los movimientos campesinos y los pueblos indígenas, a favor de una mayor soberanía alimentaria, que sea el propio pueblo que decida qué producir, cómo producir y quién lo produce.
«El debate de fondo no es el pasaporte de quién tiene la tierra, sino la tierra para quién y para qué. Eso nos lleva, por un lado, a discutir la reforma agraria…»
— LoQueSomos: ¿Existe en el país la posibilidad que las industrias petrolera y minera sean acordes al respeto de los pueblos originarios y el medio ambiente?
— Darío Aranda: No hay ninguna posibilidad de que las industrias petrolera, minera, sojera o forestal sean respetuosas con los pueblos indígenas y el ambiente, porque se dedican a extraer, a explotar y exportar la naturaleza, esa naturaleza que tanto defienden los pueblos indígenas y campesinos. Las empresas y los funcionarios ven a las montañas, a los montes, a los lagos, como recursos naturales. Los pueblos indígenas definen a esos territorios como “nuestra vida”. Mirá la diferencia que hay en las concepciones. No hay posibilidad de una actividad extractiva que respete esos derechos y esa concepción de la vida. Se suele decir que es un oxímoron hablar de minería sustentable. Nunca puede ser sustentable una actividad que explota de manera masiva, en el menor tiempo posible y con sustancias tóxicas, un territorio y lo único que busca es extraer esas riquezas y llevárselas a otros lados sin importar las consecuencias. Algunos dicen que se pueden hacer esas actividades de forma controladas. Un Estado, un gobierno, un país que no puede controlar las condiciones de un recital o de un boliche, como pasó en la Masacre de Cromañón [2004], donde murieron cientos de jóvenes, o que no pueda controlar un tren que ocasiona una tragedia, cómo va a controlar a corporaciones gigantescas en la cordillera de Los Andes a cinco mil metros de altura. No se trata ni siquiera de decisión, más allá de que los gobiernos no la tienen. Como dice don Marcos Pastrana, un abuelo diaguita, los que debieran controlar, en estos casos los gobiernos, son los mejores lobbystas de las corporaciones. No hoy posibilidad, sobre todo porque un sector político, una casta política, está al servicio de estas corporaciones para obtener sus beneficios.

— LoQueSomos:¿Cómo ves lo que sucedió recientemente con el rechazo en las calles y en la Cámara de Senadores de la ley de extranjerización de la tierra que impulsa el gobierno?
— Darío Aranda: Fue muy importante la movilización y todo lo que generó la discusión sobre la ley de extranjerización de la tierra. Hacía mucho tiempo que no se hablaba tanto del tema tierra y eso es bienvenido. El freno a los capítulos sobre la extranjerización nunca lo sabremos si fue por la movilización popular, por la presión de la opinión pública, porque en las redes se agitó mucho, o si fue en marco del Mundial de Fútbol con la selección argentina con la bandera de Malvinas. Veo que ese conjunto de cosas logró eso, por lo que celebro las movilizaciones que hubo en todas las calles del país. Era un tema tan importante como la ley de glaciares [impulsada por el Ejecutivo y aprobada por el Congreso en 2026] y cuando se votó eso, hubo mucho menos gente.
Después hay algunos aspectos un poco más finos: cuando se aprobó la ley inicial de extranjerización, en la época de Cristina Fernández [en 2011], en ese momento lo escribí, debatí y polemicé con varios compañeros y compañeras, que el problema de Argentina no es la nacionalidad de quién tiene la tierra, más allá de que está bien y corresponde legislar el tema. En ese momento, planteaba por qué si [el capital extranjero] ya tenían un 5% de tierras, se permitió que posean hasta el 15%. Ese es un debate importante, necesario, porque en ese momento se amplió la cuota de extranjerización. Por otro lado, y a modo de debatirlo, no sé si que Benetton tenga un millón de hectáreas, como las tiene realmente en la Patagonia, o que Grobocopatel tenga un millón de hectáreas, va a ser mejor para el país que las tenga Grobocopatel, que es un argentino nacido y criado, o la tenga la Sociedad Rural o Aapresid [Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa], que buscan hacer una economía extractiva. El debate de fondo no es el pasaporte de quién tiene la tierra, sino la tierra para quién y para qué. Eso nos lleva, por un lado, a discutir la reforma agraria. A algunos les da miedo discutir la reforma agraria, porque parece algo setentista, como si fuera malo. Podemos hablar de redistribución de tierras para que esas personas no se asusten. A su vez, eso lleva a discutir la reparación histórica para con los pueblos indígenas, algo que nunca hubo en Argentina. Hubo una reparación histórica para un genocidio cívico-militar que tuvo que ver, por un lado, con los estrados judiciales, y también una reparación económica, debatible, cuestionable, había sectores de los derechos humanos que lo rechazaron. Pero con los pueblos indígenas nunca hubo una reparación.

— LoQueSomos: ¿Por qué nunca hubo esa reparación?
— Darío Aranda: Porque la primera reparación que piden los pueblos indígenas es la tierra, el territorio. Si queremos discutir de verdad el tema de la tierra, hay que discutir para qué y para quién, hablar de la redistribución de tierras o de una reforma agraria integral de base popular, y obviamente de la reparación a los pueblos indígenas. Muchos de los que han sido aliados en contra de la extranjerización toman distancia, porque hasta ahí llega su progresismo o su reivindicación de derechos. No hay que ser ingenuos: muchos de los que estuvieron en la movilización o que estuvieron debatiendo el tema de la extranjerización, ante un eventual cambio de gobierno el año que viene, o cuando suceda, son sectores que cuando la actividad petrolera, minera o forestal la impulsan los gobiernos de su signo político, ya no están en la calle y ya no hablan. Eso ha sucedido y hay que ser consciente de quiénes son los aliados momentáneos y quiénes son los que han mostrado una coherencia a lo largo del tiempo en la lucha.
— LoQueSomos: Aunque se rechazó el capítulo de la ley que permitía una mayor extranjerización de las tierras, otros puntos sí fueron aprobados.
— Darío Aranda: No es menor que de los artículos que tienen media sanción del Senado, uno es el que frena o limita mucho el tema de las expropiaciones. Ese es un gran problema, sobre todo para las fábricas recuperadas por sus trabajadores, pero también para las expropiaciones en el ámbito rural referido a territorios campesinos e indígenas en manos de grandes empresas. Que ese artículo haya quedado es peligroso. Mucho más peligroso es lo de los desalojos express, que sigue estando en la media sanción de la ley. Los principales perjudicados de esto, además las tres millones de familias inquilinas que hay en Argentina, tiene que ver con los territorios rurales y campesinos-indígenas. Si sale esta ley se da más vía libre al desalojo de campesinos y pueblos indígenas, con un mecanismo muy aceitado que ya viene desde hace años y que no tiene que ver directamente con el gobierno actual. Lo que viene a hacer Milei es legalizar más y dar más facilidades para que ese poder político, económico y judicial siga desalojando a campesinos y pueblos indígenas.
* Leandro Albani , periodista y escritor argentino, autor de los libros «Kurdistán. Crónicas insurgentes» (kunto a Alejandro Haddad), «Revolución en Kurdistán. La otra guerra contra el Estado Islámico», «ISIS. El ejército del terror», «Mujeres de Kurdistán. La revolución de las hijas del sol» (junto a Roma Vaquero Diaz), «No fue un motín. Crónica de la masacre de Pergamino», «Ni un solo día sin combatir. Crónicas latinoamericanas» y «Kurdistán urgente. Historias de un pueblo en resistencia». Ha realizado coberturas desde Venezuela, Bolivia, México, Cuba, Ecuador, España, Bélgica, Irán y Bashur (Kurdistán iraquí).
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