PISA 2025: Más allá del desplome, una lectura crítica necesaria
Por Iñaki Alrui*
Los resultados son los peores de la historia, es una realidad, pero solamente parcial: la educación en el estado español requiere una gran discusión con más información y menos polarización de las explicaciones simplistas que recogen los medios de comunicación, reclama una mirada más profunda
Los resultados de España son los peores de la historia, sí, pero que no cunda el pánico, gracias a publicaciones como Science Media Centre, cuyo análisis, sin ser un informe al uso o un gran estudio, nos sirve para desmontar las explicaciones simplistas recogidas por la mayoría de los medios de comunicación y poder apuntar a los factores clave que los grandes titulares ignoran. Para ello cuenta con las reacciones ante el Informe de personas expertas en educación, sociología, desigualdad, tecnología educativa y pedagogía.
En estos días el Informe PISA 2025 está dando mucha carnaza a los “mass media” que, lejos de analizar a fondo qué es el informe PISA (lo que dice y lo que NO dice) se dedican a repetir con total simpleza, cual loros, los datos estadísticos publicados, convirtiendo el Informe en un «ranking olímpico», una carrera para el más listo de la clase. Es bueno recordar que PISA mide solo tres competencias: matemáticas, ciencias naturales y lectura. Y deja fuera otros conceptos como valores, convivencia, artes o humanidades.

Después de un paseo por la prensa y la visita correspondiente al Informe, se deduce, a modo de conclusiones, que los alumnos españoles de 15 años han obtenido su peor resultado histórico en el Informe PISA 2025. El desplome es generalizado y severo: en Lectura, la caída es de 23 puntos respecto a 2022, hasta los 451; en Matemáticas se hunde 16 puntos, hasta 457; y en Ciencias retrocede siete, hasta 477. La cifra más demoledora quizá sea otra: los estudiantes españoles están medio año escolar por detrás de la media de la OCDE en Lectura. Y en el nivel más alto de comprensión lectora, el que permite abordar textos extensos y conceptos abstractos, solo alcanza un pírrico 2% del alumnado, frente al 6% de media en la OCDE.
Según el diagnóstico general publicado hay unanimidad en apuntar a pantallas, distracción digital e inteligencia artificial como grandes culpables. Un 54% de los estudiantes españoles declara usar chatbots de IA para aprender al menos una vez a la semana —frente al 46% de la OCDE—, y un 40% los emplea para resumir textos que debían leer.
Sin embargo, como suele ocurrir, la realidad es más compleja, y ese es el objetivo de esta nota, sin querer quitar “hierro” o importancia a los datos de PISA 2025. Un vistazo al artículo “Interpretación de los resultados del informe PISA 2025”, publicado por Science Media Centre, nos ofrece otra perspectiva que apenas se deja ver en el debate público, y que invita a una reflexión mucho más sosegada…

El espejismo de la tecnología: no es la pantalla, es el método
María del Mar Sánchez Vera, catedrática de Didáctica y Organización Escolar e investigadora en Tecnología Educativa, lanza una advertencia metodológica que debería ser el punto de partida de cualquier análisis: PISA se basa en datos percibidos, no en observación directa de las prácticas docentes en el aula. Esta limitación es inherente a cualquier investigación con encuestas autoinformadas. PISA es excelente para describir patrones y tendencias, pero «insuficiente para establecer relaciones causales claras entre el uso de la tecnología y los resultados académicos”.
El problema no es la cantidad de horas de uso tecnológico, sino el tipo de tarea y el planteamiento didáctico. José Saturnino Martínez, sociólogo especializado en educación y profesor de la Universidad de La Laguna, lo explica con claridad: «Conocer la cantidad de horas no es suficiente para afirmar que es el uso de la tecnología lo que condiciona el rendimiento, ya que no tiene en cuenta el tipo de tarea que se realiza o el planteamiento didáctico del docente”. Leer un libro de texto digital no es lo mismo que programar un robot, y el informe no distingue entre ambas actividades.
La evidencia empírica respalda esta cautela. Países altamente digitalizados como Estonia, Japón o Corea del Sur mantienen altos rendimientos en PISA, lo que demuestra que «el problema no es la tecnología, sino el acompañamiento» . Si la tecnología fuera el factor determinante, los países más digitalizados serían los que peores resultados obtendrían, y no es el caso. El foco debería estar, por tanto, en el diseño pedagógico y el papel del docente, no en demonizar las pantallas.

IA: herramienta pedagógica o atajo para hacer deberes
El debate sobre la inteligencia artificial sigue la misma senda, pero con un matiz crucial. Los titulares alertan de que los estudiantes que usan IA para resumir o redactar obtienen peores resultados. Sin embargo, el Science Media Centre matiza: el impacto de la IA «depende de la intencionalidad pedagógica y el diseño de la tarea por parte del docente». No es lo mismo utilizar la IA en el aula «como una herramienta guiada (por ejemplo, para contrastar alucinaciones de un modelo, analizar sesgos o diseñar un proyecto bajo supervisión) que delegar en ella la resolución autónoma de los deberes en casa, donde a menudo se usa como un mero atajo”.
El informe PISA pregunta a los estudiantes sobre el uso de la IA, pero no distingue entre estos usos tan diferentes. La conclusión de que la IA «contribuye a un peor rendimiento» es, por tanto, precipitada. El factor determinante es cómo y para qué se utiliza, y eso es una decisión pedagógica que PISA no puede capturar. La tecnología, bien utilizada, puede ser una aliada; mal utilizada, un obstáculo. Pero la responsabilidad no es del artefacto, sino del diseño educativo.

El descenso en las familias de alto nivel cultural: la crisis de la conciliación
Uno de los datos más llamativos es que el descenso en el rendimiento es mayor en las familias de más alto nivel socioeconómico y cultural en muchos países. La explicación fácil —más dispositivos, más distracción— no convence a Saturnino Martínez. «Creo que también habría que explorar las condiciones de vida de este grupo», afirma. Los datos de PISA señalan que «los adolescentes están recibiendo menos apoyo en casa», y eso es coherente con algo que ya se observó en 2022: “el empeoramiento de las condiciones laborales de las madres y padres les impide dedicar más tiempo a sus familias.”
Su hipótesis apunta a un efecto indirecto de la crisis de 2009: «haber dificultado la conciliación y, por tanto, el apoyo familiar”. Los adolescentes de ahora han crecido en la ‘nueva normalidad’: familias de clase media alta con menos disponibilidad de tiempo para dedicar a sus hijos. No es que haya más pantallas, sino que hay menos presencia adulta y menos acompañamiento. Este factor, que no aparece en las lecturas superficiales, es fundamental para entender la caída en el segmento socioeconómico más alto.
Las comunidades bilingües: el factor lingüístico no es la clave
Otro de los hallazgos que el análisis simplista no puede explicar es el empeoramiento de varias comunidades bilingües. Euskal Herria, Cataluña o la Comunidad Valenciana, que antes de 2015 estaban en la media o por encima, han empeorado significativamente. La explicación fácil —la lengua—, sostiene Saturnino Martínez, «no explica los resultados previos a 2015”. Y los datos de Cataluña apuntan en la misma dirección, aunque no son directamente comparables, según advierte el propio informe, pues “ya que la muestra de alumnado que ha realizado la prueba no es representativa del conjunto de alumnado de Cataluña”.
Martínez reclama «un estudio sosegado y fundado en el análisis de la realidad concreta de cada comunidad, no solo mirando los datos de PISA de forma superficial”. La cuestión lingüística es políticamente sensible, pero eso no debe impedir un análisis riguroso. No podemos atribuir a la lengua lo que probablemente tiene causas pedagógicas, sociales o incluso relacionadas con la gestión educativa. La simplificación, en este caso, es además un obstáculo para encontrar soluciones. Sin olvidar que anteriormente tenían buenos resultados siendo igualmente bilingües.

La bajada en lectura: el problema está en los adultos
El desplome en comprensión lectora es quizá el dato más preocupante: 45 puntos perdidos en diez años, un descenso que equivale a más de un curso escolar. Se suele atribuir a las pantallas y a la IA, pero Enric Prats, profesor de Pedagogía Internacional en la Universidad de Barcelona, añade un factor incómodo: «lo más inquietante es el nivel de lectura de la población adulta, que no sirve de ejemplo y modelo a niños y jóvenes”.
Prats recuerda que «la lectura es una competencia de desarrollo prolongado, que empieza muy pronto, por lo que las causas no pueden centrarse en lo que se haya hecho en los últimos tres-cuatro años”. La formación lectora se juega en la infancia, y el modelo principal son los adultos. Si los adultos no leen, si no hay libros en casa, si los padres no dedican tiempo a leer con sus hijos, difícilmente los jóvenes desarrollarán un hábito lector sólido. Atribuir la caída solo a la tecnología es, en este sentido, un modo de eludir una responsabilidad social más amplia.
Paradójicamente, los adolescentes leen más que nunca en su tiempo libre, pero en formatos breves y fragmentados. Lo que ha cambiado no es la cantidad de lectura, sino su calidad y, sobre todo, su capacidad de atención en textos largos y complejos. Este matiz, que aparece en el muestreo de Science Media Centre, es crucial para entender el fenómeno.
Lo que PISA no mide
Repitamos: PISA mide tres competencias —Lectura, Matemáticas y Ciencias— y deja fuera valores, convivencia, artes o humanidades. En esos aspectos, que no refleja el ranking, el estado español destaca en convivencia, pertenencia y bajo acoso, factores que son esenciales en educación pero que quedan fuera de la foto fija. También sobresale en curiosidad y perseverancia, aspectos que los rankings no reflejan pero que son esenciales para el aprendizaje a lo largo de la vida.
Esto no resta gravedad al desplome, pero sí invita a una lectura matizada. La educación no se reduce a tres competencias medidas por la OCDE. Y las políticas educativas no deberían reducirse a mejorar el rendimiento en PISA. Esa es una trampa en la que han caído muchos países, y que conduce a un empobrecimiento del currículo y a una visión instrumental de la educación. La advertencia en Science Media Centre es clara: «Los datos de PISA resultan sumamente interesantes, pero deben ser analizados con cautela”.
La complejidad como camino
El desplome de España en PISA 2025 es real y grave, pero la explicación es más compleja que una simple guerra contra las pantallas o la inteligencia artificial. Reducir el debate a la tecnología es no solo simplista, sino un obstáculo para abordar los verdaderos desafíos pedagógicos y sociales. «El factor determinante es la intencionalidad pedagógica y el diseño de la tarea por parte del docente”. Este es el verdadero debate: cómo formamos y apoyamos a los docentes, cómo diseñamos las tareas, cómo acompañamos a los estudiantes en el uso de la tecnología y cómo involucramos a las familias.
La educación en el estado español requiere una gran discusión con más información y menos polarización, algo que por nuestro propio futuro no deberíamos eludir.
Fuentes, información y más…
– Interpretación de los resultados del informe PISA 2025
– PISA 2025. Informe español
– Soberanía digital educativa frente al capitalismo digital
– PISA 2025. Informe internacional
– Informe PISA en la Wiki
– The international launch of the Programme for International Student Assessment (PISA) 2025 report
– Debate educativo en base a las evidencias
– La educación pública, laica y crítica frente a los enemigos de la democracia
* Miembro de la Asamblea de Redacción de LQSomos.
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@InakiAlo
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