Más de mil trabajadores humanitarios muertos en tres años: los drones armados convierten la ayuda en un blanco mortal
Un equipo de la ONU inspecciona una bomba sin detonar en una carretera principal de Jan Yunis, Gaza. © ONUCAH/Themba Linden
Por Cecilia Remis
La ONU alerta de que Gaza, Sudán y Colombia son los escenarios más letales mientras la tecnología militar barata transforma los conflictos en una trampa para el personal de auxilio. Gaza, Sudán y Colombia encabezan la lista de los contextos más letales, mientras la tecnología militar transforma las zonas de conflicto en trampas mortales para el personal de ayuda. Se conmemoró este pasado miércoles el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria
La ayuda humanitaria, cuyo objetivo es salvar vidas en los rincones más hostiles del planeta, se ha convertido en una misión de alto riesgo letal. La Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) ha denunciado este miércoles, coincidiendo con el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, que más de 1.000 trabajadores humanitarios han sido asesinados en los últimos tres años, una cifra que califica de «absolutamente inaceptable».
El informe anual del organismo revela que en 2025, 907 trabajadores humanitarios fueron víctimas de actos de violencia, de los cuales 350 perdieron la vida, situándose como el segundo año más mortífero de la historia. Los datos parciales de 2026 no ofrecen tregua: ya se contabilizan 82 muertes, 97 heridos y 39 secuestros.

Gaza y Sudán: el epicentro de la tragedia
Por tercer año consecutivo, la Franja de Gaza se ha consolidado como el lugar más peligroso para el personal de auxilio. A pesar del alto el fuego declarado en octubre de 2025, 186 trabajadores murieron en el enclave durante el año pasado, siendo los bombardeos aéreos la causa del 68% de estas muertes.
En Sudán, la escalada del conflicto elevó las muertes por quinto año consecutivo hasta un récord de 71, en su mayoría por disparos de armas ligeras. Otros contextos de alta inseguridad incluyen Ucrania, Etiopía, Siria, Haití, Chad y Camerún, donde los secuestros y los bombardeos aéreos son las formas de violencia más habituales.
«Muerte desde el cielo»: la nueva amenaza de los drones
El elemento más preocupante del informe es la proliferación de drones armados, que están cambiando la naturaleza de los conflictos y poniendo el poder de ataque en manos de un número cada vez mayor de actores, a menudo sin control.
En Colombia, los ataques con drones armados se cuadruplicaron entre 2024 y 2025, pasando de 61 a 333 incidentes, según el Servicio de la ONU de Acción Contra Minas. En Sudán, estos artefactos fueron responsables del 80% de las muertes de civiles durante los primeros cuatro meses de 2026, alcanzando mercados y centros de salud.

«Los drones armados se han convertido en el nuevo rostro de un viejo peligro: la destrucción deliberada o temeraria de la vida de civiles», declaró Tom Fletcher, coordinador de Asuntos Humanitarios de la ONU. «La tecnología puede cambiar, pero las leyes de la guerra no».
Los trabajadores sanitarios son un blanco cada vez más frecuente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha registrado ya 639 ataques contra la atención sanitaria en lo que va de 2026. En marzo, un trabajador humanitario murió en la República Democrática del Congo cuando un dron impactó contra un edificio residencial, y en Ucrania, cuatro convoyes humanitarios fueron alcanzados en una sola semana de mayo.
Detrás de las cifras: el compromiso que desafía la muerte
La campaña de este año, bajo el lema Actúa por la humanidad, busca poner rostro a las víctimas y visibilizar el sacrificio de quienes, a pesar del peligro, eligen quedarse. La historia de Emmanuel Madragule, un conductor humanitario con más de 20 años de experiencia en el este de la República Democrática del Congo, es un ejemplo de ello. Sobrevivió a un ataque en 2024 pero decidió regresar al terreno: «No puedo dejar así a mis compañeros. Tengo que quedarme con ellos», declaró a Noticias ONU.
El Día Mundial de la Asistencia Humanitaria se conmemora en recuerdo de los 22 trabajadores de la ONU que murieron en el atentado contra el Hotel Canal en Bagdad, en 2003, un recordatorio de que la protección del personal humanitario no es un gesto, sino una obligación legal y moral que la comunidad internacional sigue incumpliendo.
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