La guerra entre hermanos que no lo eran y que perdimos todos, pero ganaron unos cuantos
Histórica fotografía de los que no ganaron la guerra… Paso de frontera de la familia Gracia Bamala, 16 marzo de 1939, éxodo de los republicanos que, huyendo de España, cruzan la frontera para pasar a Francia, y establecerse en la localidad fronteriza catalano francesa de Prats de Molló
Por Manuel Blanco Chivite
Momento A
Para salvar la cara al franco/fascismo (golpe de Estado, guerra civil y continuación de la tal guerra mediante una dictadura tan sangrienta como militarizada) se editaron el año pasado, en línea con lo que se ha dado en llamar “tercera España” (la de los que se conformaron y se quedaron frente al televisor esperando que otros luchasen por las libertades, los derechos humanos y la democracia), algunos textos de carácter, ya abiertamente defensores del tal franco/fascismo o ya, desarrollo creativo de lo anterior, equidistantes, es decir, que tan estupenda o tan mala fue la II República como los militares asesinos y su dictadura al mando de Franco. En fin, que la guerra fue una desgracia de responsabilidad común, la dictadura algo equiparable con la democracia republicana y que, en definitiva, perdimos todos. En esta línea, se convocó para estos días en Sevilla (allí donde un general golpista españolísimo invitó a sus huestes uniformadas a violar mujeres republicanas) una especie de reunión de picoteo, parloteo y viajes pagados, autodenominada “1936, la guerra que perdimos todos”.
Hace unos años, en una feria del libro de Valladolid, estuvo quien esto pergeña con unos amigos en el puesto de libros de una editorial igualmente amiga. Entre los títulos a la venta había uno que, en los años noventa, había tenido cierto éxito de título “Los niños que perdimos la guerra”, de un autor de merecimiento, aunque ya olvidado, Luis Garrido. En un momento dado, en tarde soleada y apacible, un venerable señor, anciano entre los setenta y ochenta años, vio el volumen y, con cierta irritación, señalándolo con un dedo ligeramente tembloroso de emoción, espetó: “La guerra la perdimos todos”.
Le miré sonriente y cortés, y le repliqué: “Hombre, eso debería usted decírselo a los que la ganaron; le aseguro que todavía no se han enterado”. Creo que los cerebritos reunidos en Sevilla, entre el academicismo, el conformismo, la pedantería y la prepotencia tampoco se han enterado o, quizás, pertenecen a esa “tercera España” de esquiroles políticos o, no pocos de ellos, se agrupan, por libre decisión, en las prietas filas de los vencedores caralsol.
Momento B
Suele decirse que una guerra civil es una guerra entre hermanos. Suele decirse, sí, pero creo yo que se dice siempre con cierta ambigüedad de intenciones, también con cierta incoherencia de pensamiento y hasta en clara contradicción entre lo que se dice y lo que se hace.
¿Guerra civil igual a guerra entre hermanos? ¿Y por qué no decir que toda guerra es una guerra entre hermanos? ¿No se oye frecuentemente eso de que “yo no soy nacionalista” (expresión risible sobre todo en boca de cualquier patriota español) o eso de que “somos cristianos” (cada brazo armado español, desde el ejército hasta las policías municipales tiene una virgen o un santo como patrono)? Entonces, ¿por qué las llamadas guerras civiles son guerras entre hermanos y no las otras guerras?
Además, aparte de un tópico demagógico e interesado, ¿qué realidad tiene tal afirmación? Un gran número de naciones, de nuestro entorno, sin ir más lejos y de un modo u otro, se han forjado a través de guerras civiles: Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Rusia, Italia, …
¿Fueron en verdad guerras entre hermanos? ¿Me siento yo, en el caso de la última guerra civil española (1936-1939 y su continuación mediante una dictadura) hermano de los golpistas del 17 de julio, de los falangistas, militares, fascistas, monárquicos y demás zurrapas? No, ciertamente. Ni ellos, desde luego, se sienten ni son, claro está, hermanos míos.
Como eso de decir, volviendo al Momento A, que “la guerra la perdimos todos” o, más modernamente, pero producto de la misma raíz cínica de razonamiento, eso de que “la crisis nos afecta a todos y todos la sufrimos”. Y una mierda, colega (o hermano).
Hay quienes ganaron la guerra y resultaron sumamente beneficiados, desde todos los puntos de vista, por esa victoria, victoria que siguen reivindicando y defendiendo como antecedente de su poder y riqueza actual. Y hay quienes la perdieron y acabaron arruinados, bajo la tortura, en la cárcel, en el exilio, o ante pelotones de fusilamiento que funcionaron hasta 1975, protagonizados por el ejército. Si eso es que “todos perdimos” …
De manera semejante, en cualquier crisis económica y hemos pasado ya unas cuantas durante los últimos años, hay quienes han acabado sin trabajo, sin casa, suicidándose ante su propio desahucio, hay quienes han acabado en los comedores de caridad pública, en las llamadas colas del hambre o durmiendo en un banco de la calle y hay quienes han aumentado sus beneficios económicos y los siguen aumentando cada año: bancos (a quienes se les regaló vía ejecutiva todos los miles de millones que exigieron extraídos de los bolsillos de los trabajadores), eléctricas, fondos de inversión, inmobiliarias,…
No, queridos niños, no hay guerras entre hermanos y los componentes de todos y cada uno de los gobiernos del mundo y todos y cada uno de los dueños de ese mismo mundo y todos y cada uno de los Estados Mayores de los ejércitos y de las policías del planeta lo saben perfectamente y obran en consecuencia en defensa de quienes les pagan, con el dinero que nos extraen a todos. Si alguien viene con la monserga de la guerra entre hermanos o que “perdimos todos” tened por seguro que es un redomado estúpido o, mucho más frecuentemente, un redomado pícaro, un beneficiado defensor de quienes la ganaron.
Momento C
Al parecer, las condiciones para llevar adelante las jornadas respecto a la citada falsa e insultante prédica del “perdimos todos” no han sido las más adecuadas. Renuncias de algunos convocados a participar en el montaje patriota, reacciones anti-desfachatez en alguna prensa y el riesgo de perder mercado lector han aconsejado a los convocantes, de cuyos nombres no quiero acordarme, a “posponer” la actividad. Las sesiones, por tanto, nos las “perdemos todos”, ¡qué lástima! Quizás las próximas fechas de carnavales y disfraces festivos sean un buen momento para intentarlo de nuevo.
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Buen texto amigo Manuel, clarito y contundente… y con ese acento de sarcasmo tan necesario, para que no nos devore la úlcera de estómago (producto de acumular mala leche ante tanta ignominia y reescritura de la historia).
Salud y Amistad.
Faltáis a la verdad, vencedores. Nosotros sí perdimos. En primer lugar, nuestras vidas, por batallas, fusilamientos sin juicio previo, encarcelamientos, campos de concentración, exilio, … En segundo lugar, nuestra II República, nuestros avances en derechos sociales y de la mujer, nuestras libertades múltiples, nuestra condición de ciudadanos, nuestra nacionalidad a veces, nuestra libertad de pensamiento, nuestra religión o no, nuestro acceso a la educación, también nuestros hogares, nuestros trabajos, nuestros medios de subsistencia, nuestras familias, nuestra dignidad humana, …
Y ¿quiénes sí ganásteis en la guerra y por la guerra? Todas y todos aquellos que usurpásteis lo que fue nuestro y se os apeteció: el hogar, el trabajo, el patrimonio, las tierras, las cosechas, los animales de granja o de labor, los recuerdos familiares (joyas, muebles, textiles, enseres varios, hasta los juguetes de nuestros hijos). Bastaba con una falsa denuncia y la complicidad del militar al mando en cada parroquia o población.
No nos contéis milongas, estuvimos allí, o estuvieron nuestros padres o abuelos. No nos toméis más por ignorantes o por cortitos. Vosotros ganásteis, de acuerdo, también algún familiar o alguna comodidad suplementaria perdísteis, quizá tuvísteis miedo como nosotros, pero mejorásteis vuestra posición social afecta al Régimen fascista y se os compensó por ello. Facilitaron la vida de vuestros hijos y nietos, en detrimento de los nuestros. No os vamos a felicitar por vuestra victoria, no lo esperéis en vano. No se felicita un golpe de estado militar contra una legítima democracia.
La familia de la foto no se apellidaba García. Es la familia GRACIA BAMALA de MONZÓN de RIO CINCA (Huesca).
AMADEO, (1935-2019): «No odio, aunque sí odié; no quiero revanchas, aunque en otro tiempo las deseé…No creo que nunca se llegue a hacer la más mínima justicia sobre tanto dolor, escarnio y humillación», dejó escrito.
Amadeo Gracia Bamala es el niño de cuatro años que aparece en la fotografía de Hélène Roger-Viollet en segundo plano, dando la mano a un hombre al que le falta una pierna. A Amadeo también le falta un pie como consecuencia de la misma metralla de la bomba facciosa que mató a su madre y segó la pierna de su hermana Alicia, de siete años, que va por delante apoyada en una muleta, dando la mano a su padre, Mariano Gracia. Por detrás de Amadeo avanza su hermano Antonio, con doce años. El hombre que va con Amadeo no es un familiar. Se llamaba Thomas Coll, un mutilado de la primera Guerra Mundial que decidió ayudar a la familia como ciudadano francés para que, una vez pasado el Coll d’Ares, los gendarmes no separasen a los Gracia Bamala.
La familia había abandonado Monzón, en el valle del Cinca, localidad en la que se casaron Mariano y Pilar, un obrero de Azucarera Española y una costurera. Mariano Gracia participó en la colectivización de esa empresa y era el encargado de hacer sonar la sirena de la fábrica en casos de bombardeo. Cuando sonó el 20 de noviembre de 1937, el vecindario salió corriendo despavorido hacia el campo. Fue en ese momento cuando Pilar encargó a Antonio que regresara a casa a buscar un dedal. ¿Qué significado podría tener aquel dedal para Pilar, por cuya búsqueda el mayor de los hijos posiblemente se libró de la muerte? Las bombas hirieron de suma gravedad a su madre, al proteger con su cuerpo el del pequeño Amadeo, pero la metralla segó su pie y la pierna de Alicia, protegida a su vez por una vecina que también murió en el bombardeo. Pilar solo sobreviviría dos semanas con el vientre destrozado….
https://www.elsaltodiario.com/los-nombres-de-la-memoria/amadeo-gracia-bamala-el-nino-mutilado-de-los-espanoles-del-exodo-y-el-llanto#
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Ellos no ganaron Miguel Angel Benito.
La sinrazón se puede imponer por la fuerza; pero nunca podrá convencer más que a los desinformados y manipulados.
Ni ganaron ni ganarán nunca. La razón, aún secuestrada, siempre será la triunfadora.