Garrincha: la alegría del pueblo
Por Daniel Alberto Chiarenza
20 de enero de 1983: muere el futbolista brasileño Garrincha.
De la obra de Eduardo Galeano: El fútbol a sol y sombra. Buenos Aires, Catálogos, 2005.
“Una industria de exportación”
“Al sur del mundo, éste es el itinerario del jugador con buenas piernas y buena suerte: de su pueblo pasa a una ciudad del interior; de la ciudad del interior pasa a un club chico de la capital del país; en la capital, el club chico no tiene más remedio que venderlo a un club grande; el club grande, asfixiado por las deudas, lo vende a otro club más grande de un país más grande; y finalmente el jugador corona su carrera en Europa.
“En esta cadena, los clubes, los contratistas y los intermediarios se quedan con la parte del león. Y cada eslabón confirma y perpetúa la desigualdad entre las partes, desde el desamparo de los clubes de barrio entre los países pobres hasta la omnipotencia de las sociedades anónimas que en Europa manejan el negocio del fútbol al más alto nivel.
“En Uruguay, por ejemplo, el fútbol es una industria de exportación, que desprecia al mercado interno. El continuo drenaje de jugadores mediocriza al deporte profesional y desalienta al público, cada vez menos numeroso y menos fervoroso. La gente deserta de las canchas uruguayas y prefiere ver partidos internacionales por televisión. Cuando llegan los campeonatos mundiales, nuestros jugadores, diseminados a los cuatro vientos, se conocen en el avión, juegan juntos por un rato y se dicen adiós sin tiempo para que el equipo se convierta en un verdadero equipo, o sea: un solo bicho de once cabezas y veintidós piernas.
“Cuando Brasil conquistó su cuarto trofeo, los periodistas lo celebraron por unanimidad, aunque algunos no ocultaron su nostalgia por las maravillas de otros tiempos. El equipo de Romario y Bebeto había hecho un fútbol eficaz, pero había sido bastante raro en poesía: un fútbol mucho menos brasileño que aquel fútbol espléndido de 1958, 1962 y 1970, cuando las selecciones de Garrincha, Didí y Pelé se habían coronado jugando en trance. Más de uno habló de crisis de talento, y varios comentaristas acusaron al estilo de juego exitoso, pero sin magia, impuesto por el director técnico: Brasil había vendido el alma al fútbol moderno. Pero hay un hecho también revelador, que casi no fue mencionado: aquellas selecciones del pasado estaban formadas por once brasileños que jugaban en Brasil. En el equipo del ´94, ocho de los once jugaban en Europa. Romario, el jugador latinoamericano más cotizado, estaba recibiendo en España un sueldo mayor que la suma de los once salarios, relativamente modestos, que recibían en Brasil los jugadores de 1958, entre los cuales estaban algunos de los artistas del fútbol.
“Las estrellas de antes estaban identificadas con un club local, Pelé era del Santos, Garrincha de Botafogo y Didí también, a pesar de alguna fugaz experiencia en el exterior, y uno no puede imaginarlos sin aquellos colores o sin el amarillo de la selección nacional. Así era en Brasil y en todas partes, por amor a la camiseta o por obra de los contratos de servidumbre feudal que hasta hace pocos años ataban al jugador de por vida. En Francia, por ejemplo, el club tenía derecho de propiedad sobre el jugador hasta los 34 años de edad: quedaba libre cuando ya estaba acabado. Exigiendo libertad, los jugadores franceses se incorporaron a las jornadas de mayo de mayo del ´68, cuando las barricadas de París estremecieron al mundo. Los encabezaba Raymond Kopa”.

Hasta aquí Galeano, ahora una sintética biografía:
Manuel Francisco dos Santos –el auténtico nombre de “Garrincha”-, nació en Pau Grande, Magé, Estado de Río de Janeiro, el 28 de octubre de 1933 y murió con un cuerpo totalmente carcomido por su alcoholismo crónico, también en la ciudad carioca, aunque en la capital del Estado. Este futbolista brasileño, apodado “Garrincha”, debido a éste es el nombre de un pájaro (el Troglodytes musculus) que vive en las selvas del Mato Grosso, en Brasil. Dicha ave es fea, pero al mismo tiempo increíblemente veloz y torpe, por lo que suele ser cazada con mucha facilidad. “Mané” –otra de las denominaciones del gran jugador, que representa un apócope de Manuel- se ganó aquel nombre porque sus hermanos consideraban que era libre, puro y feo, como aquel pájaro al cual se aludió. Garrincha era zambo, tenía los pies girados 80 grados hacia adentro. Su pierna derecha era seis cm. más larga que la izquierda; además, tenía la columna vertebral torcida, y sus problemas se agravaron por una severa poliomielitis. De pequeño lo habían operado para curarle la anormalidad de las piernas, pero igualmente no quedó bien, y esas mismas piernas le sirvieron para confundir a sus rivales, amagando jugar para un lado e irse para el otro.
Los médicos no le diagnosticaban un gran futuro deportivo; por porfiado y para llevarles la contra aprendió a jugar al fútbol y fue realmente un virtuoso en esa actividad. El psicólogo del seleccionado brasileño, el profesor João de Carvalahaes, opinaba que Garrincha era “un débil mental no apto para desenvolverse en un juego colectivo”.
Sus primeros pasos futbolísticos fueron en el equipo de la empresa textil en la que trabajaba. Su primer equipo profesional fue el Botafogo de Río de Janeiro, club en el que cumplió sus más brillantes actuaciones, desde 1951 a 1966. En esta formación obtuvo tres títulos.
Mané Garrincha es considerado una de las máximas glorias del fútbol mundial. Junto a Pelé, fue el jugador más querido de la afición brasileña, por lo que lo apodaron “LA ALEGRÍA DEL PUEBLO”.
Formó parte de la selección de fútbol de Brasil que ganó la Copa Mundial de Fútbol de Suecia 1958 y la de Chile 1962, ocasión en que fue elegido unánimemente como el mejor futbolista del torneo. Es considerado el mejor extremo derecho de la historia, y ocupa el octavo lugar en el ranking del Mejor futbolista del siglo XX. También jugó en el Mundial de Inglaterra de 1966. En Suecia 1958 formó la delantera junto a Pelé, Didí, Vavá y Mario Zagallo. Jugó con la selección sesenta partidos, de los cuales ganó cincuenta y dos, empató siete y perdió solo uno, el cual fue su último partido con Brasil en el Mundial de Inglaterra en 1966. Un dato curioso es que Brasil nunca fue derrotado con Garrincha y Pelé jugando juntos con la Verdeamarela o Canarinha.
Catalogado por la FIFA y otros medios como el mejor gambeteador en la historia del fútbol.
En 1967 pasó al Corinthias de São Paulo. En 1968 llegó al Junior de Barranquilla, en lo que fue una transferencia muy costosa para Colombia. En su primer partido, contra Santa Fe de Bogotá, piso el césped del Estadio Romelio Martínez de Barranquilla, en el que no entraba una persona más para verlo jugar. Aunque, en el mismo 1968, pasó al Flamengo. En 1971 fue contratado por el Red Star París, en Francia, y en 1972 jugó en el Olaria, de Río de Janeiro, club en el que cerró su trayectoria deportiva.
Garrincha era adicto al tabaco y al alcohol. Tuvo catorce hijos reconocidos, con distintas esposas –entre ellas Elza Soares (una de las primeras cantantes de Bossa Nova) y Nair Marques- y otras mujeres.
Garrincha falleció el 20 de enero de 1983 en Río de Janeiro a los 49 años, por “congestión pulmonar, pancreatitis y pericarditis, todo dentro del cuadro clínico de alcoholismo crónico”, según los partes médicos. Su velatorio se realizó en el estadio Maracaná, y su ataúd fue cubierto con una bandera del club que lo vio brillar, el Botafogo. Fue inhumado en el cementerio de Pau Grande, su epitafio dice “Aquí yace en paz la que fue la Alegria do Povo, Mané Garrincha”. En 2017 sus restos fueron desaparecidos en medio de un confuso trámite en ese cementerio y aún permanecen sin ser hallados.
El 14 de diciembre de 2020, fue incluido como puntero derecho en el segundo dream team histórico del Balón de Oro.
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