El cerco de la violencia y la economía de guerra en Myanmar
Una mujer que huyó de su hogar debido a la violencia mira por la ventana de su refugio temporal en Sittwe, Myanmar. © PMA/Htet Oo Linn
Por Cecilia Remis
Un nuevo informe de la ONU documenta cómo el colapso del Estado de derecho en el país asiático ha convertido a los civiles, especialmente a los rohinyás, en víctimas de una sistemática explotación que combina abusos militares con el saqueo de minerales críticos. El éxodo masivo de 2017 no fue el final de la pesadilla, sino un capítulo más de una crisis que se agrava
Las minorías, atrapadas entre la tortura y la extracción salvaje de recursos
Nueve años después de aquella violencia que forzó el éxodo de cientos de miles de personas hacia Bangladesh, la comunidad rohinyá que permanece en Myanmar sigue atrapada en una dinámica de horror cada vez más compleja y letal. La guerra civil, que desde 2021 ha fracturado el país, no solo ha multiplicado los actores armados en el terreno, sino que ha creado un ecosistema de violencia y explotación donde el sufrimiento de las minorías se ha convertido en moneda corriente.

Según un informe publicado este martes por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), que cubre el período hasta mayo de 2026, los civiles de Myanmar son víctimas de una doble estrategia: la represión brutal por parte de los distintos grupos armados y la depredación sistemática de los recursos naturales que, paradójicamente, alimenta el conflicto y las redes criminales transnacionales.
“Una vez detenidos, los individuos declararon haber sido víctimas habituales de malos tratos”, señala el documento. El informe recoge testimonios escalofriantes de tortura: palizas con cañas de bambú, tubos de goma y cinturones; quemaduras con cerillas y cigarrillos; suspensiones boca abajo hasta la pérdida de conocimiento; o el arrancamiento de uñas. Estos abusos se suman a la violencia sexual, las desapariciones forzadas, la confiscación de tierras y bienes, y la destrucción de aldeas y lugares de culto.
La comunidad rohinyá, entre dos fuegos
Históricamente perseguidos por el ejército birmano (Tatmadaw), los rohinyás del estado de Rakhine, en el suroeste del país, se enfrentan ahora a un nuevo y poderoso verdugo: el Ejército de Arakan, un grupo armado de la mayoría budista rakhine que ha extendido su control territorial a raíz de la guerra civil. El informe de la ONU le atribuye a esta facción una larga lista de crímenes, incluyendo detenciones arbitrarias, tortura, violencia sexual y el obligar a los civiles a trabajar o a unirse a sus filas.
Atrapados entre el ejército estatal que bombardean desde el aire y las milicias étnicas que controlan el terreno, los civiles ven cómo se cierran todas las vías de escape. Los niños, de apenas seis años, tampoco se salvan. El informe menciona a niños obligados a desbrozar la jungla, construir edificios e incluso a recoger los huesos y cráneos de las víctimas de una masacre.

La guerra oculta de las tierras raras
Paralelamente a esta violencia abierta, se desarrolla una economía de guerra subterránea que está devastando el país. El colapso del Estado de derecho ha convertido regiones como los estados de Kachin y Shan en paraísos para la extracción ilegal de minerales de tierras raras, esenciales para la tecnología global.
Las imágenes de satélite son elocuentes: desde el golpe militar de 2021, en Kachin han surgido 302 nuevos sitios mineros (un aumento del 149%), mientras que en Shan la cifra ha pasado de 12 a 85. Este lucrativo negocio, que alcanzó un pico de 1400 millones de dólares en 2023, no solo financia a los grupos armados, sino que también alimenta una red criminal que incluye la trata de personas, centros de estafa en línea y la producción de drogas.
«Este informe dibuja un cuadro desgarrador de sufrimiento, miseria y crueldad», declaró el Alto Comisionado Volker Türk, quien instó a los Estados, empresas e inversores de todo el mundo a una «profunda introspección» sobre su responsabilidad en estas cadenas de suministro que se nutren de sangre y destrucción.
Un futuro sin refugio y con recortes
La publicación de este informe coincide con un llamamiento urgente del Secretario General de la ONU, António Guterres, para que la crisis de los rohinyás no sea olvidada. La situación se ha visto agravada por los recortes presupuestarios que afectan a la ayuda humanitaria vital, mientras que para quienes intentan huir por mar, las posibilidades de rescate son cada vez menores y las redes de trata, más activas.
En un contexto donde el discurso de odio y la desinformación campan a sus anchas, el balance de la ONU es desolador: casi una década después del éxodo masivo, los rohinyás, en Myanmar y en las rutas del exilio, tienen hoy más dificultades que nunca para ponerse a salvo.
* Con información de Noticias ONU.
⇒ Birmania-Myanmar en LoQueSomos
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