“Pancho” Aricó: “La cola del diablo. Itinerario de Gramsci en América Latina”
Por Daniel Alberto Chiarenza
27 de julio de 1931: nace el pensador José Aricó
José María “Pancho” Aricó, nació en Villa María, provincia de Córdoba (Argentina), el 27 de julio de 1931.
Destacado pensador argentino, verdadero intelectual orgánico, militante marxista. Su adopción filosófica se remonta a su adolescencia, durante el idealismo revolucionario estudiantil. Allí descubre el materialismo histórico en las páginas de Orientación, semanario del Partido Comunista. Su vocación política temprana se despertó a los trece años en la Villa María Natal. Sería un forjador de la cultura socialista latinoamericana.
Dirigirá la biblioteca de Villa María hasta octubre de 1955, cuando se produce el cruento golpe de Estado contra el presidente constitucional Perón. Por sus ideas cercanas al marxismo debe marchar brevemente al exilio. Durante su juventud militó en el Partido Comunista stalinista (pro-soviético), donde conoce a Héctor Agosti –quien ya está evolucionando hacia un pensamiento crítico, anti-ortodoxo-. Es Agosti quien lo introduce tempranamente en las ideas del teórico italiano Antonio Gramsci y las discusiones contemporáneas que suscitaban sus ideas en el ambiente comunista italiano. Por aquellos días, Aricó colaborará con traducciones del pensador italiano para las ediciones que preparaba Agosti.
Pero, más que nada, Pancho fue un autodidacta y creativo, nunca reconocido en el plano académico pese a sus importantes aportes. Apasionado lector, siempre se preocupó por la vinculación entre la cultura y la política.
Fue constante su preocupación de vincular la teoría con la praxis. En todos los ámbitos fue un verdadero excluido que contrarió las normas de la “ortodoxia”, verdadero cáncer del campo intelectual y académico de nuestro país.
Escribió “Marx y América Latina” (1980) y “La cola del diablo. Itinerario de Gramsci en América Latina” (1988), analiza las vicisitudes del pensamiento gramsciano en esta región. Este último texto nace a consecuencia de su participación en el seminario internacional realizado por el Instituto Gramsci en Ferrara (Italia) en septiembre de 1985, y que tuvo como primer título “Las transformaciones políticas de América Latina. Presencia de Gramsci en la cultura latinoamericana”.
La tarea no fue fácil de realizar por los años ‘60, ahora “cualquier cacatúa sueña con la pinta de Carlos Gardel”, inclusive la derecha.
Él dice: “La labor inicial de hacer conocer a Gramsci fue, en realidad, una actividad ajena a la tradición y a la cultura de los comunistas argentinos y comprometió únicamente a un sector muy limitado de sus intelectuales”.
Comenzó su militancia en el PC junto a Juan Carlos Portantiero, éste apuntalado por Héctor Agosti, director de la Revista Cuadernos de Cultura, la que lo convocó a escribir sus primeros artículos; publicados entre 1957 y 1960, aún en la ortodoxia stalinista del partido. Ocupa la secretaría de organización de la Federación Juvenil Comunista de Córdoba. Él y Portantiero atacan con dureza a Rodolfo Mondolfo y a la “nueva izquierda”.
Hacia 1961, ya sufre la ausencia de debate en el seno del partido y allí se produce su acercamiento al pensamiento gramsciano. Se da cuenta que hay un abismo de contradicciones entre sus análisis teóricos y la práctica política del PC.
Lo consideran un “apóstata”. En mayo del ‘63 funda, sin salir del PC, la Revista Pasado y Presente; se editan nueve números. Gracias a Aricó se profundizó el proceso de la valoración intelectual del pensamiento gramsciano y el significado enriquecedor y basal del marxismo.
Contribuyen: Juan Carlos Portantiero, Oscar Masotta, Oscar del Barco, Héctor Schmucler, Samuel Kiczkowski y otros jóvenes. Gramsci los sedujo por su preocupación por el papel activo de los intelectuales, la resignificación de la cultura, el arte, la religión, el Estado, la sociedad civil y las distintas formas ideológicas en la gestación de la sociedad socialista, así como la necesidad de la articulación de nuevas formas de la lucha de clases y el papel del partido en su vinculación con la clase obrera.
La propuesta no era atractiva para jóvenes esclerosados por la “línea soviética” de Codovilla y Ghioldi quienes los expulsan acusándolos de “chinoístas o maoístas”.
Aunque Gramsci era el eje, los jóvenes de Pasado y Presente estaban influenciados desde el sociólogo estadounidense Charles Wright Mills, pasando por la Revolución Cubana y el Che Guevara, hasta la polémica chino-soviética.
Colaboraron en la radicalización de varios núcleos intelectuales que pasaron de la moderación del PC a la experiencia de la lucha armada.
En 1963, Aricó entabló una relación personal y política con Jorge Ricardo Masetti del Ejército Guerrillero del Pueblo, que en aquel momento se encontraba abocado a instalar un foco guerrillero en Orán, Salta.
Derrotan al EGP, muere Masetti (marzo-abril 1964), la revista, no realiza una autocrítica y retorna a su postura obrerista clásica desdeñando la idea de la guerra revolucionaria.
Concentra su atención en la situación política del movimiento obrero cordobés en la experiencia clasista de la fábrica FIAT. Hacia 1969 establece un nexo político (aunque no prosperará) con el Partido Comunista Revolucionario.
En los ‘70 apoyaron a Montoneros y en los ‘80, a la dictadura militar en la Guerra de Malvinas y luego al alfonsinismo.
Dejando de lado algunos “errores” (“grosos”, como vimos), vale la pena destacar la obra de difusión cultural de “Pancho” Aricó.
Colaboró con Mangieri en La Rosa Blindada en muchos volúmenes de esa editorial.
Al cierre de la revista (1965) fundó, primero, EUDECOR (Editorial Universitaria de Córdoba) y luego GARFIO.
Funda la Editorial Pasado y Presente (1968). Así nacieron los legendarios Cuadernos del Pasado y Presente. Fueron publicados 98 títulos en quince años, en una línea heterodoxa y radical.
Estuvo en Editorial Signos y Siglo XXI Argentina. Dirigió Biblioteca del Pensamiento Socialista. Pasado y Presente apareció fugazmente tras el triunfo de Cámpora en 1973, pero luego del golpe del ’76 Aricó debió exiliarse en México, donde publicó trabajos sobre Mariátegui y la crítica al artículo de Marx sobre Bolívar. Dictó cursos en la Universidad de Puebla y en la sede mexicana de FLACSO. En 1983 retornó del exilio colaborando con la revista Punto de Vista orientada por Beatriz Sarlo y Carlos Altamirano. En julio de 1984 funda el Club de Cultura Socialista y, en 1986, con su amigo Portantiero y Jorge Tula editan la revista La Ciudad Futura. Es su época pro-alfonsinista.
En Argentina, será investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
Murió en Buenos Aires el 22 de agosto de 1991; el menemismo se le hizo insoportable, como a tantos otros que se dieron cuenta que no tenía nada de peronismo y mucho de neoliberal.
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