Vincularnos a la tierra: conversando con Jeromo Aguado, campesino anticapitalista
Acacio Puig y Jeromo Aguado en un momento de la entrevista, granja Las Barrializas.
Foto: Simone Vögele
Por Acacio Puig*
Recientemente Pol·len Edicions y la Revista Soberanía Alimentaria han ecoeditado las reflexiones contracorriente de nuestro amigo y compañero Jerónimo Aguado. Su libro, Vincularnos a la tierra, compila un saludable torrente de textos que rebosan autenticidad, experiencia y crítica al productivismo capitalista y sus demoledores efectos sobre los ecosistemas, la destrucción del campesinado y el vaciamiento del mundo rural.
Jeromo ha formado parte, durante décadas, de la organización agraria COAG, del laborioso proceso de recuperación como pueblo vivo de Amayuelas de Abajo y de la Plataforma Rural, también puso en marcha la agroecología campesina en su granja Las Barrializas, es decir, la huerta y la agricultura-ganadería extensiva a pequeña escala, autónoma y autosuficiente, lo que el mismo define como Agricultura Pobre.

Ya Jubilado, forma parte de la Asociación autogestionada Volver al campo (ocupada intensamente en la acogida de migrantes, en la que su granja Las Barrializas juega importante papel) y del comité editorial de la Revista Soberanía Alimentaria.
Sobre algunos de esos aspectos hablamos aquí con él…
Acacio Puig: “Mantener y reconstruir sociedades con alma campesina” es el sólido cimiento de tus reflexiones que se ocupan tanto tu tierra como de ese 50% de población mundial constituido por el campesinado global, los pueblos indígenas, los sin tierra… Empecemos hablando del alma campesina, de sus señas de identidad y de la defensa de algo tan existencial como escribes: el “apostar por otra forma de vida”.
Jeromo Aguado: Si, en el centro de mis reflexiones pongo las culturas campesinas – en plural, dada su rica diversidad – como espacios o lugares donde poder adquirir algunos de los conocimientos que hoy nos faltan para enfrentarnos al gran desafío que hoy tenemos por delante: entender que el modelo de desarrollo que nos ha traído hasta aquí no sirve a la especie humana, dado que en un breve lapso de tiempo – visto desde una perspectiva histórica – ha puesto al borde del abismo a la inmensa mayoría de los ecosistemas que sostienen la vida en éste planeta y en el que nos ha tocado vivir; es decir, las lógicas, que han legitimado el proyecto del capitalismo sustentadas en la explotación del proletariado, el crecimiento ilimitado y en la apropiación despiada de los recursos naturales, debemos darlas por obsoletas, son la causa fundamental del sufrimiento para millones de personas.
Si embargo, las sociedades campesinas aún hoy pueden ser referentes de por donde orientar las alternativas al capitalismo, porque lo que nos sugieren a la hora de tenerlas en cuenta, no es un cambio en las formas de producir alimentos, que también; sino, un cambio en nuestras formas de vivir, asumiendo como seres humanos, que somos parte de los ecosistemas donde estamos asentados, y el papel que nos corresponde como tal es coparticipar con el conjunto de seres vivos en su sostenibilidad.
Eso sí, advierto que nada de lo que propongo es la panacea, pero intuyo que el regreso a la tierra, para abrazarla y no agredirla, puede que sea una de las pocas salidas que le queda al ser humano ante la situación de caos y vulnerabilidad en la que estamos inmersos.

AC: En varias ocasiones abordas el proceso de destrucción de la agricultura tradicional, de la vida comunitaria, de los pueblos antes vivos y de sus causas y consecuencias: emigraciones, proletarización de campesinos en pro del hacinamiento poblacional en periferias de gigantescos centros urbanos… Unos lo llaman “modernización” nosotros, brutales resultados del modelo de desarrollismo capitalista. Desaparecieron las comunidades rurales para ser sustituidas por la atomización social. La sencillez y austeridad son reemplazadas por el horizonte del consumismo… (Aunque muy teñido por la amenaza del paro y la precariedad) ¿Hay algo rescatable en esa deriva hacia la rentabilización capitalista del trabajo y de la vida?
JA: Del modelo de desarrollo capitalista hay poco que rescatar. Diría más, muchas de las de experiencias sociales nacidas con la voluntad de ser alternativas al sistema, desde el momento que abrazan sus lógicas están encaminadas al fracaso, sobre todo al fracaso de la dimensión ecosocial para las que nacieron.
Mi defensa de lo campesino se sustenta en la lógica del mantenimiento de un modelo de vida que se sale fuera de los principios del capital. El campesinado se sustenta en el principio de la simplicidad y la sobriedad, trata de ser autónomo, huye de la proletarización, reniega de vender su fuerza de trabajo al mejor postor, no entra en las dinámicas del mercado, cuida la tierra porque entiende que es su sostén, y mira a las instituciones lejanas a su territorio con mucho recelo y desconfianza, huye de ser un súbdito de las mismas.
Claro, defender estos postulados en un contexto donde lo campesino casi pasó a la historia, y donde ya no existe una noción clara de cual podría ser su cometido, es más difícil que encontrar una aguja en un pajar. Pero, de lo que no somos conscientes es de que a día de hoy una parte muy importante de la población mundial está configurada por rostros campesinos, y sus vidas dependen de ese interactuar con cada uno de los ecosistemas que los acoge. Muchos de los pueblos originarios, que han resistido y perdurado hasta hoy en día, son los responsables directos de mantener con vida gran parte de las selvas tropicales de las que dependemos para poder respirar, sus formas de vivir impidieron su destrucción definitiva. Millones de personas sobreviven gracias al trozo de tierra al que están apegados y que les permite producir sus propios alimentos, compartidos con la comunidad más cercana, fuera de las lógicas mercantilistas. Es más, algunos analistas han descubierto que las agriculturas de pequeña escala, que son las que ha manejado el campesinado a lo largo de su historia, alimentan a más personas que las que dependen del intercambio monetario para acceder a los alimentos, donde cerca de mil millones de seres humanos se quedan fuera del sistema para engrosar las listas del mundo de los hambrientos.
Aun así, es justo reconocer, que en el norte rico donde nos encontramos, surgen cada vez más iniciativas de recampesinización, que cuestionan con sus prácticas al modelo agroalimentario dominado por las grandes corporaciones; y, aunque son minoría en la estadística agraria, y cuentan con muchas dificultades para acceder a la tierra; tengo que decir, que dichas iniciativas vienen cargadas de utopías y esperanzas, y no son una quimera. Sus prácticas agroecológicas, nutridas del conocimiento campesino, están dando respuestas para recuperar los suelos maltratados por el productivismo y la intensificación agraria, recuperan las semillas locales que usurpó la industria semillera modificándolas genéticamente y patentarlas, cuidan del agua, hacen una gestión integral de los bosques con la práctica del pastoreo extensivo, ponen en valor una agricultura que cuida de la gente y de sus territorios, y poco a poco van ocupando pueblos contribuyendo a una recuperación sensata de la demografía del medio rural.

AC: Son muchas tus alusiones a la Revolución Verde, que con razón pones en la picota. El palabro, acuñado en 1968, se maquilló como la vía para “acabar con el hambre en el mundo”. Hoy sabemos que aceleró la demolición de la agricultura tradicional, empobreció la biodiversidad y que su abuso de pesticidas y agroquímicos creó “territorios drogodependientes” que necesitan cada vez mayores dosis para producir. Aparejada a una mecanización acelerada, generó exclusión de unos y endeudamiento de muchos otros. Además los alimentos se empobrecieron, alejándose de la calidad exigible a una alimentación sana y que esa deriva hacia el híper productivismo, abrió la puerta a los transgénicos. Ahora, olvidado el palabro pero vigente su ideología, es ocasión de que analices ese cáncer que crece.
JA: Las grandes corporaciones económicas hace años que se dieron cuenta de que la alimentación es un nicho muy importante de negocio. La gente tiene que comer todos los días, y teniendo recursos económicos, nadie renuncia a cubrir esa necesidad vital. Cubrir esa demanda mediante el intercambio monetario, dada la desvinculación del ser humano y el alejamiento, en las sociedades modernas, de los lugares donde se produce la comida, se ha convertido en uno de los grandes negocios de las corporaciones que conciben la alimentación como pura mercancía. El reto de la industria agroalimentaria es conseguir llenar todos los días las estanterías de las grandes superficies con alimentos ultra procesados para el consumo y venidos de cualquier punto del planeta, sin importarles para nada los métodos productivos y sus impactos medioambientales, la calidad de los alimentos, el empobrecimiento de los suelos; y, por supuesto, los costes energéticos, que siempre son ignorados y en muchas ocasiones son sufragados con dinero público.
El modelo de agricultura, que promueve la industria agroalimentaria, y que arranca en el siglo pasado bajo la denominación de “revolución verde” es insostenible, además de responsable de una parte importante del deterioro medio ambiental y su repercusión en el cambio acelerado del clima. También es el responsable de la expulsión del campesinado de sus pueblos, dejando el camino abierto para el acaparamiento de la tierra por parte de grandes fondos de inversión, como forma encubierta de nuevos sistemas de colonización, al imponer una agricultura con meros fines especulativos u otros negocios lucrativos que destruyen los territorios que pueden alimentar al mundo.

AC: Siguiendo con lo anterior, destruida la agricultura tradicional, la de pequeña escala y circuitos de distribución próximos, colonizadas por la industria la agricultura y ganadería, con la alimentación en manos de las grandes superficies (que también aprovechan y recuperan como mercancía las marcas “bio” y “del campo a la mesa”) y con la población concentrada en grandes núcleos urbanos (junto a otros despropósitos)… ¿Qué se podría hacer para tener alimentos sanos en las urbes y en el mundo rural?
JA: No resulta fácil abordar este desafío. Dar de comer a la gente que vive en grandes urbes con el derecho que les confiere de alimentarse con productos sanos y nutritivos, cuando el control de la alimentación, incluida mucha de la producción ecológica, está dominado cada vez por menos empresas, se hace cada vez más difícil.
Aun así cabe destacar el trabajo realizado por todas las iniciativas sociales que han construido alianzas entre el campo y la ciudad, creando redes de distribución de alimentos alternativas para acercar la comida sana a la gente que se predispone a autogestionar los sistemas alimentarios, todo ello sin menos preciar las iniciativas de huertos urbanos que surgen en muchas ciudades. Todas ellas son redes que no solo ayudan al autoabastecimiento de la alimentación de las familias; sino, también, facilitan el acercamiento a la tierra, a no olvidar que ésta es la que nos cuida si interactuamos correctamente con ella; de ahí la idea, de vincularnos a la tierra.
En la actualidad está surgiendo un movimiento Europeo, con presencia también en nuestro País, que reclama una SEGURIDAD SOCIAL DE LA ALIMENTACIÓN, sostenido en la idea de poder conseguir que los estados contemplen la alimentación como un derecho ciudadano inalienable, como hasta ahora han venido siendo la Sanidad o la Educación. Se trata de poner en marcha mecanismos que aseguren a todas las personas una dieta sana diaria con alimentos de cercanía producidos por el campesinado local.

AC: La España Vaciada ha pasado a ser también la España Colonizada por la “transición energética verde” (basada en macro parques de eólicas y fotovoltaicas). La UE estimula el proceso con generosas subvenciones que van a las mismas transnacionales históricamente atareadas en hacer billones con las energías fósiles. Si son rentables –algo a debatir en el medio largo plazo y también en el corto- ¿por qué no derivarlas a empresas públicas y sometidas a control social y autogestión de usuarios y trabajadores?
JA: La respuesta a esta pregunta se me hace sencilla, porque las grandes corporaciones eléctricas se quedarían sin los grandes beneficios que les reportan el control energético bajo diferentes sistemas de producción, sin olvidar que muchos de sus buenos resultados económicos proceden del Estado, bajo acuerdos sibilinos que nunca están al alcance de la ciudadanía.
En el fondo no existe cambio alguno de modelo energético con la promoción -invasión – de las energías renovables y algunos científicos vienen demostrando su insostenibilidad. En todos estos procesos de cambios tecnológicos para cubrir la demanda energética se ignora el debate del consumo y del crecimiento ilimitado. En el centro de la ecuación sigue primando exclusivamente el lucro de unos pocos – capitalismo verde – y para ello se renuncia, mediante las políticas públicas, a promover modelos energéticos de pequeña escala, gestionados por los pueblos, y no por la gente con mayor capacidad económica.
Tampoco podemos olvidar los impactos paisajísticos que supone la ocupación del territorio por mega proyectos energéticos con base en la energía renovable, muchos de ellos territorios agrícolas prestados al desarrollo de esta nueva actividad. Es cierto, que para el desarrollo de este modelo se cuenta con el beneplácito de mucha población local, que se beneficia de las migajas que ofrecen las empresas energéticas para expandir sus nuevos negocios, comprando u ofreciendo rentas altas por el uso de terrenos agrícolas privados o comunales.
AC: Hace años escribías en El Norte de Castilla un texto que hoy nos sigue interpelando; lo titulabas “Reforma Agraria o Reforma de la PAC”. Como es tema pendiente nada menos que desde la Segunda República Española y creo que muy candente en territorios como Andalucía, Extremadura y algunos más, te invito a desarrollarlo.
JA: El texto respondía a una realidad palpable que se vive en la diversidad de territorios rurales. La reforma agraria, como aspiración política, que permitiera hacer un uso social de la tierra, mediante un reparto más justo de la misma, ha sido abandonada. Tras 49 años de democracia burguesa y representativa, la reforma agraria ha pasado al baúl de los recuerdos como reivindicación de la mayoría de las formaciones políticas; incluso, también para algunas de las organizaciones representativas de los pequeños agricultores.
Las sucesivas reformas de la PAC han absorbido todo el debate político relacionado con la agricultura y la alimentación, quedando reducido al uso de la suma de millones de euros que Europa destina en cada reforma al sector agroalimentario.
Desde mi punto de vista la PAC, desde sus inicios, declaró la guerra al campo, al convertirse en una herramienta financiera para consolidar el modelo agroalimentario desarrollado por las grandes corporaciones, donde el agricultor es un mero intermediario de importantes flujos financieros, que terminan en manos de la agroindustria. Todo ello sin olvidar el reparto injusto que se ha hecho de dichos fondos, al aplicar como criterio de distribución la superficie cultivada, adjudicando aproximadamente el 80% de los mismos al 20% de los propietarios.
La PAC a acelerado el descenso de población activa en la agricultura a la misma velocidad que se introducen paquetes tecnológicos que hacen a los agricultores personas dependientes de los mismos, restándoles autonomía, convirtiendo a estos en trabajadores de la agroindustria sin ningún tipo de derechos laborables, y además con conciencia de haber conseguido ser empresarios agrícolas, nada más lejos de la realidad, pues muchos de ellos sucumben cuando les viene una mala cosecha que les impide afrontar todas riesgos financieros que cargan bajo sus espaldas.
Todos estos procesos, venidos de la mano del productivismo agrario, y que siempre han tenido como resultado la desaparición de una agricultura con agricultoras y agricultores, están llegando a su máxima expresión con la implantación de la agrotecnología. El futuro agroalimentario será digital o no será, dicen los activistas agrotecnológicos.
Dicho esto, no podemos olvidar, la urgente necesidad que tenemos de promover un movimiento ciudadano que se oponga a todos los procesos de acaparamientos de tierra por parte de multinacionales y fondos de inversión, recuperando el sentido que sigue teniendo una reforma agraria, que ponga en el centro de la cuestión, el uso social de la tierra bajo la idea de que siempre esté en manos de aquellos que la cuidan para producir alimentos nutritivos para la gente, como siempre hizo el campesinado.

AC: Y vamos concluyendo querido Jeromo, abordando las Resistencias. En tu libro hay valiosas reflexiones sobre lo hecho (COAG, el SOC y hoy SAT, Amayuelas y sus Foros por un mundo rural vivo, el Banco de Semillas, Plataforma Rural, La Universidad Rural Paulo Freire y otras iniciativas) también sobre el esfuerzo por vincular las resistencias campesinas y los movimientos sociales urbanos… Te ocupas en otras páginas de “organizaciones hermanas” y de “compañeros de viaje”. ¿Qué hay de todo ello para ir avanzando lo que describes en tu libro Vincularnos a la tierra?
JA: Con ello intento visibilizar las luchas y las esperanzas generadas y desarrolladas en un mundo rural cada vez más vaciado. Verdaderamente creo que hemos luchado, aunque con escasos resultados, pues el enemigo que tenemos de frente es muy grande. Construir alternativas en un periodo donde al capitalismo lo abarca y lo integra todo, se hace cada vez más difícil y complicado, pero no imposible. A lo largo de estos último 40 años he sido testigo del desarrollo de muchos proyectos. Podemos hablar de diversidad de experiencias culturales y de educación popular que ayudaban a crear conciencia crítica entre las gentes de nuestros pueblos, vinculando los procesos educativos a los procesos de desarrollo local. No podemos olvidar los muchos proyectos de economía social y alternativa creados con base y espíritu cooperativo. También es importante reconocer el papel de una parte importante del sindicalismo agrario que surge en el marco de la Uniones de Campesinos – COAG, con voluntad de defender al campesinado como clase social explotada, que sufre las consecuencias de la revolución verde, sin olvidar el trabajo de éstas colaborando en la construcción de la Vía Campesina. Y por último, no podemos olvidar el desarrollo de proyectos e iniciativas que han facilitado el asentamiento de nuevos pobladores, a la vez de poner en valor el comunitarismo que se vivía en nuestros pueblos.
En todos estos procesos se han vivido experiencias cargadas de mucha humanidad, pero también algunas decepciones, como han sido el desmantelamiento de muchas organizaciones, o el cierre de muchas iniciativas, primando mucho el cambio de rumbo ideológico, para responder más al concepto de eficacia y no quedarnos atrás con la idea de la modernidad, que el gran capital a inoculado a la población en general. O eres moderno y te adaptas a los cambios que el sistema económico vigente produce mediante paquetes de consumo, o te conviertes en una persona inadaptada y marginal. Pero paralelo a estas decepciones podemos también decir que siguen emergiendo muchas iniciativas con vocación de transformación social, muchas de ellas lideradas por personas que vuelven al campo y a los pueblos, con una vocación clara por establecer vínculos con la tierra.
AC: Finalmente, dedicas varias páginas a glosar el papel fundamental de Vía Campesina. y su esfuerzo por internacionalizar las luchas contra el neoliberalismo. Vía Campesina y su defensa de la soberanía alimentaria es una clave transversal en todas tus reflexiones e iniciativas de acción social. Vía Campesina rechaza la siniestra actividad de instituciones como la OMC, el BM y el FMI. Concluyamos pues repasando esas actividades y también recomendando la web de Vía Campesina, porque es un gran referente en la recomposición global de las luchas anticapitalistas… aunque siga siendo poco conocida por los movimientos sociales urbanos.
JA: Cuando hablo de la Vía Campesina me gusta mucho ensalzar el doble significado que encierran estas tres palabras. Por un lado, queda claro que es el nombre de uno de los movimientos más importantes de este siglo, que hace frente al neoliberalismo, expresado en las luchas que las organizaciones que componen dicho movimiento realizan todos los días frente a los organismos – OMC, FMI, BM – que implementan políticas abusivas para con el campesinado. Plantando cara también a las grandes corporaciones económicas que practican el extractivismo, aterrizando en nuestros campos para apropiarse de los recursos naturales, imponiendo modelos agrícolas para cultivos especulativos, que solo abastecen mercados y quitan de comer a la gente, expulsando al campesinado y a los pueblos originarios de sus territorios.
Por otra parte, el nombre de la Vía Campesina expresa con rotundidad la alternativa que ofrecemos las personas que creemos en la necesidad apremiante y urgente de volver a la tierra, para cuidarla, siendo portadora de alimentos que nutren al ser humano, y que permiten que los pueblos sean soberanos alimentariamente.
La Vía Campesina ha sido capaz de articular más de 170 organizaciones de 10 regiones diferentes del mundo, con presencia en 80 países, estando organizados más de 200 millones de personas con rostros campesinos. La Vía Campesina se ha convertido en la voz de los pueblos originarios, del campesinado sin tierra, y de los pequeños y medianos productores y productoras de alimentos. Trabajar y luchar juntos desde lo diversos que somos como pueblos campesinos, ha sido y sigue siendo uno de sus valores más importantes. Aunque las realidades del campesinado global son distintas en cada territorio, en La Vía Campesina siempre se dice que son más las cuestiones que nos unen que las que nos separan. La soberanía alimentaria, la agroecología campesina, las luchas por una reforma agraria integral, y la defensa de las semillas campesinas, son algunas de sus luchas y de sus esperanzas globalizadas.
Nota: La petición del libro Vincularnos a la tierra (18 euros) se puede hacer a través de este email: suscripciones@soberaniaalimentaria.info
Cuando se hace la petición te indican la cuenta donde ingresar el dinero y te hacen el envío a domicilio.
⇒ Fotografías de Simone Vögele.
* Artista plástico, activista desde la España Vacía y miembro de la asamblea de redacción de LoQueSomos.
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