Puerto sin mar: poesía de la entereza

Puerto sin mar: poesía de la entereza

Por Rosa Burgos López*

Puerto sin mar (Chamán Ediciones, Albacete, 2025), el nuevo libro de poesía de Esther Abellán se alza como un territorio simbólico donde la pérdida, la memoria y la esperanza dialogan desde una voz profundamente femenina y colectiva. Ya desde el Pórtico, la autora sitúa al lector ante una imagen devastadora y elocuente: el desastre ecológico del mar de Aral, en Asia Central, convertido en metáfora de todo aquello que desaparece mientras vivimos. Frente a la catástrofe, la lucha persistente y serena se plantea como una forma de resistencia.

Esther Abellán sostiene que a las mujeres nos une un hilo invisible que nace de la poética del silencio y sus consecuencias. Las palabras explícitas muchas veces sobran. Ese hilo recorre todo el libro, uniendo cuerpos, experiencias y heridas que no siempre han sido nombradas, pero que laten con fuerza en cada verso.

El poemario se estructura en cuatro partes, que funcionan como estaciones emocionales y vitales: Entre caricias y silencios, Del declive de las medusas muertas, Frente a un puerto sin mar y En el umbral eterno de la vida.

Entre caricias y silencios

Esta primera parte es la más íntima y subjetiva. Aquí la voz poética se enfrenta al derrumbe personal y al descubrimiento doloroso de la realidad. El poema que abre esta sección sitúa al lector en un tiempo suspendido:

Era abril
y dejaron de germinar
todas las flores de la tierra

La referencia inevitable a Eliot —“abril es el mes más cruel”— subraya la idea de un nacimiento o de un renacer frustrados. El amor, la memoria y la pérdida se mezclan en imágenes de gran potencia simbólica:

Como barcos en arrecifes de luna
sentíamos el desastre.
El aire ardía y la noche
hielo voluntario
mecía la llama incontrolable del adiós.

El yo poético acumula memoria, drama y ceniza, intentando salvar incluso la mentira para que el dolor deje de doler, para no seguir sangrando en “un universo habitado por inocentes y estrellas”. La realidad irrumpe con crudeza:

No es posible que el día se acabara tan pronto
que las noches lloraran sangre
mientras los pájaros volaban cerca de la costa.

Del declive de las medusas muertas

La segunda parte ahonda en el dolor colectivo, en la incomprensión y en la violencia silenciosa. Aquí la verdad aparece como un círculo vicioso del que no hay escapatoria. La guerra —emocional, social, histórica— arrasa con todo:

…nadie vio nada.
Nadie escuchó el llanto de los niños
ni el laberinto que habitaba en todas las camas…
La guerra fue silenciosa.
Nadie se dio cuenta.

El sufrimiento tiene nombre, rostro y peso físico. La poeta intenta huir de la barbarie mientras el mundo se desmorona. El mar que desaparece vuelve como símbolo central:

Recuerdo cuando desapareció el mar
cuando la tierra pedía ser salvada
y los barcos reclamaban un lecho donde dormir…

Ulises, los esturiones, el viaje imposible: todo conduce a la escritura “frente a un puerto sin mar”, un lugar lleno de deseos y visiones, pero privado de agua, de origen, de regreso.

Frente a un puerto sin mar

La tercera parte consolida ese espacio simbólico. El puerto es ahora desierto, varado, testigo de una ingenuidad perdida. Sin embargo, también es lugar de alumbramiento:

…Una mujer alumbra la vida
al mirar el rojo del amanecer
mientras los siglos desfilan
testigos de guerras antiguas
y desastres milenarios…

El abismo está siempre bajo los pies, pero también la posibilidad de escribir, de limpiar las paredes, de hacer brotar sauces nuevos, de coser las viejas redes. La palabra se convierte en acto de reconstrucción.

En el umbral eterno de la vida

La última sección abre el libro hacia una dimensión casi mística. En la memoria de “otros tiempos”, lo líquido —el agua, el mar, el cuerpo— pertenecía a todos. Volar sobre el desierto de Aral es una imagen tan imposible como necesaria. Aparece la libertad, la supervivencia, la fe renovada:

…y creo. Por primera vez creo
en el sol en los astros en la luz
en la eternidad,
en la existencia y en el infinito…

La voz poética se reconoce finalmente:

Yo mujer. Mujer océano que calma su voz proscrita
para reconocerse
en un poema que me deje sobrevivir.

Puerto sin mar es un libro de heridas abiertas y de esperanza obstinada. Un poemario que habla de desastres ecológicos, guerras invisibles y vidas desérticas, pero también de la capacidad de las mujeres para sostener la memoria, nombrar la llaga y seguir creyendo. Un puerto sin agua, sí, pero no sin voz.

Puerto sin mar
Autora: Esther Abellán.
Chamán Ediciones
Colección: Chamán ante el fuego (Poesía)
Páginas: 84.
ISBN: 979-13-990098-7-3

* Rosa Burgos López, es licenciada en Derecho por la Universidad de Granada. Perteneciente al Cuerpo Jurídico Superior de la Administración de Justicia, ejerción como Letrada de la Administración de Justicia.Figura en la Antología “Escritoras y artistas contemporáneas andaluzas”, Instituto Andaluz de la Mujer, 1997, donde le publican el poema La difamación. Fue finalista del Premio de Poesía del Ateneo de Málaga en 1998, con la obra Fuga de voces. En 1999, el mismo Ateneo le publica, en sus ‘Hojas de Cortesía’, Sigue las pisadas de mis tacones rojos. Figura en la Antología de poemas, canciones, visuales y cómics, “Aldea Poética II”, 2002, donde le publican el poema Madrugada del 7 de febrero de 1995 o Carne desvenada. En 2019 publica «Palacio de Justicia». Como investigadora de nuestra historia reciente, es autora de los libros: La muerte de García Caparrós en la transición política , 2007; El sumario Fernández Quesada, ¿una transición modélica?, 2008; La bala que cayó del cielo, 2012; Las muertes de García Caparrós, 2017.

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