Nepal: entre la rebeldía juvenil y la violencia anárquica de los algoritmos
Por Lía Rodríguez de la Vega*
Nepal, un país de poco más de 30 millones de habitantes, evidenció durante septiembre de 2025 grietas de las asimetrías vigentes a su interior, las que expusieron especialmente la situación de la denominada “Generación Z”. Se trata de un pequeño estado que sostuvo una monarquía absoluta, luego pasó a una monarquía parlamentaria, atravesó una prolongada guerra civil y en 2008 se transformó en república democrática federal.
Como en Sri Lanka y en Bangladesh, demandas genuinas acicateadas por las plataformas.
El orden anterior, que fue registrando los mencionados cambios, tuvo un punto de inflexión en junio de 2001, cuando una masacre en el palacio acabó con la vida del rey Birendra y gran parte de su familia, a manos de su propio hijo, lo cual derivó en la llegada al trono del hermano del rey fallecido, Gyanendra. El nuevo rey pronto habría de revelar su costado autoritario: en 2005 disolvió el Parlamento, impuso el estado de emergencia y censuró a la prensa. Como reacción frente a ello, se produjo el movimiento popular Jan Andolan II, de 2006, con cientos de miles de personas protestando contra tales circunstancias, desafiando el toque de queda, obligando al rey a restablecer el parlamento.
En 2008, tras la guerra civil, se abolió formalmente la monarquía y Nepal fue declarado república democrática federal. En ese contexto, los maoístas locales se convirtieron en el partido más grande del parlamento. Sin embargo, la demora en redactar y promulgar una nueva constitución conllevó una pérdida de apoyo popular. En 2018, los maoístas y el partido Comunista de Nepal-Marxista-Leninista Unificado (CPN-UML) se fusionaron para formar un único partido comunista de Nepal, aunque posteriormente habría de dividirse en sus dos componentes.
Actualmente, el primer ministro K.P. Sharma Oli (CPN-UML), quien ya había ocupado ese cargo entre 2015 y 2016 y entre 2018 y 2021, lideraba el gobierno del país desde julio de 2024. Y es en el marco de su gestión en que se produjo la prohibición de 26 plataformas sociales —Meta (Facebook, Instagram, WhatsApp), Alphabet (YouTube), X (anteriormente Twitter), Reddit y LinkedIn, entre otras—, por no registrarse ante el Ministerio de Comunicación y Tecnologías de la Información, como les había solicitado el gobierno tras una orden del Tribunal Supremo del año pasado, que requería establecer un punto de contacto y nombrar a un responsable de gestión de quejas de los residentes y a un responsable de cumplimiento (muy similar a lo que sucedió en Brasil cuando el Tribunal Supremo de Justicia reclamó, y logró, lo mismo de X de Elon Musk este mismo año; India también tuvo una situación similar) .
En Nepal, por su parte, TikTok, Viber, Witk, Nimbuzz y Popo Live no fueron prohibidas porque se encuentran registradas, mientras se estaban examinando las solicitudes de Telegram y Global Diary. Anteriormente, el gobierno había bloqueado el acceso a Telegram, argumentando que la plataforma se utilizaba para fraudes en línea y lavado de dinero y en 2024, Tik Tok había sufrido la prohibición, que se levantó tras adecuarse a derecho.
Mientras es sabido que la regulación de las plataformas no resulta simple, la situación social general del país era ya compleja, expuesta primero por la pandemia y luego por una economía que venía cayendo, cuya inflación superó el 7 % en 2022-23, con el consiguiente aumento de los precios tanto de los alimentos como del combustible. En ese contexto, el desempleo entre los jóvenes de entre 15 y 24 años aumentó hasta casi 21% en 2024. La emigración de gran cantidad de personas, atendiendo a la situación económica, trajo el aumento de la importancia de las remesas, que representan más de un tercio del PIB de Nepal, y esa dinámica, si bien contribuyó a reducir la pobreza absoluta, afianzó también la desigualdad.
Este panorama, que implicó también la denuncia en redes sociales de situaciones de exposición descarada de la riqueza por parte de los hijos de los políticos, a través de etiquetas como “#NepoBabies” y “#NepoKid”, produjo la renuncia de Oli, quien denunció la presencia de infiltrados, al igual que algunos participantes en las marchas públicas. Llevó asimismo al establecimiento de un gobierno interino, a cargo de Sushila Karki, expresidenta de la Corte Suprema, electa por medio de las redes y refrendada por el presidente, quien detenta la misión de llamar a elecciones en seis meses. De igual manera produjo —incluso antes del estallido de septiembre—, oportunidades para la derecha nepalí, hasta ahora marginada, que dio cuenta de sus ambiciones en manifestaciones prorestauración de la monarquía, en marzo de 2025.
Lo que se inició como una protesta pacífica, fue escalando hacia episodios de violencia que establecieron una geografía del diferencial de poder percibido: no solamente se incendiaron el edificio del parlamento y las sedes de diversos partidos políticos, sino que también se avanzó sobre propiedades de diversos funcionarios (apedreadas o incendiadas), en una de las cuales resultó muerta la esposa del ex primer ministro Jhalanath Khanal, Rajyalaxmi Chitraka.
Aunque el elemento que activó las mayores protestas en mucho tiempo fue la prohibición de las redes sociales por parte del gobierno nepalí, el levantamiento derivó en una revuelta nacional, que tomó las cuestiones socioeconómicas más amplias. Frente a las protestas que habían alcanzado ciudades como Katmandú, Pokhara y Biratnagar, las fuerzas de seguridad ofrecieron una respuesta desproporcionada, que sumó al uso de balas de goma, gases lacrimógenos, agua, etc., el uso de proyectiles comunes, que contribuyeron a extender rápidamente la cantidad de muertos, que ya para mitad de septiembre se tradujo en 72 muertos y más de 2000 heridos, en pocos días. Incluso previo a la crisis final, hasta cinco ministros del gobierno de Oli habían renunciado a modo de queja por la gestión gubernamental de las protestas.
El panorama de la región
La región de Asia Meridional posee la mayor población de jóvenes del mundo (30% del total mundial de adolescentes —340 millones). Tal ventaja demográfica constituye un gran potencial de crecimiento, pero contrasta al mismo tiempo con grandes desafíos, relativos a la insuficiencia de recursos, los problemas tanto de calidad como de abandono en el ámbito educativo (más del 30% de los jóvenes no asiste a la escuela y tampoco trabaja o recibe formación y el 49% de ellos son mujeres), conflictos de diverso tipo, pero también desastres de carácter recurrente, una urbanización creciente, la evidente desigualdad de géneros (matrimonio infantil, embarazo precoz, etc.) y la dinámica de las redes sociales, que constituyen no solamente un espacio de entretenimiento, sino también de expresión.
Esta población joven se destacó en otras revueltas sucedidas hace no mucho tiempo, como las de Sri Lanka, traducida en el accionar del movimiento popular “janathaaragalaya” (“lucha del pueblo”, en idioma cingalés), en 2022. Como cabe recordar que a inicios de ese año las reservas de divisas del país tocaron fondo, en paralelo a la caída de la moneda local, circunstancias que dejaron al país en una situación catastrófica, con los consabidos escasez de combustible, cortes de energía, etc. que debilitaron a los diversos sectores de la economía nacional.
La protesta pública se propuso destituir al entonces presidente, Gotabaya Rajapaksa, y al clan Rajapaksa, que dominaba la política nacional desde aproximadamente 2005, y sustituir a los representantes del pueblo de la Asamblea Legislativa, por otros nuevos. En ese contexto, ya expulsado Rajapaksa, el líder histórico de la derecha neoliberal, Ranil Wickremesinghe, consiguió acceder a la presidencia y se resistió a la disolución del parlamento y su reconstitución. Las fuerzas de seguridad llevaron adelante una represión notoria, similar a la de ahora en Nepal, pero con menos muertos y heridos, que contribuyó a impulsar la reacción popular, al tiempo que se aplicaba un programa de austeridad del Fondo Monetario Internacional. Todas estas circunstancias prepararon la llegada al poder de la coalición “Poder Popular Nacional”, cuya figura central —hoy la principal autoridad política del país— es Anura Kumara Dissanayake, electo en septiembre de 2024 (primer gobierno de la izquierda local).
Las protestas, extendidas en ciudades y pueblos como Colombo, Anuradhapura, Badulla, Galle, Gampola, Kandy, Matara, Ratnapura, etc., que se fueron desarrollando progresivamente con distintas acciones, también terminaron ocupando la sede de la presidencia, las residencias oficiales del presidente y el primer ministro (también incendiada), interpelando por igual a los diversos poderes de la estructura local. Tales protestas se dieron desde una población que rechazó a todos los partidos representados en el parlamento, hizo un valor de no actuar con violencia, se desarrolló sin líder dominante ni portavoz y buscó cambios estructurales del sistema. Los protagonistas cubren un rango etario de entre 20 y 40 años (aunque se observan figuras de mayor edad, también, entre ellos, activistas de larga trayectoria), de mayoría cingalesa y budista —a pesar de que existió un componente multiétnico, de género, creencias y otros factores—, jóvenes de clase trabajadora y estudiantes de clase media baja, autónomos, aspirantes a profesionales, mayoritariamente hombres, aunque con mayor representación y visibilidad de las mujeres, que en otros ámbitos.
En ese marco, y más allá de otros usos de las redes en el contexto, se dio una gran cantidad de memes que se burlaban del presidente Rajapaksa y su familia, acusándolos de nepotismo, corrupción y de arruinar el país, que fueron ampliamente compartidos en las redes sociales, articulando el humor político como recurso de disenso, potenciado por las plataformas.
En 2024, otro movimiento popular desbancó a la entonces primera ministra de Bangladesh, Sheik Hasina, que alcanzó más de 20 años en el poder. Aquí, al igual que en los otros casos, se generó una violenta represión por parte de las fuerzas de seguridad. La juventud destacada en las protestas rápidamente evidenció elementos propios, como la circulación de canciones de raperos/artistas del hip hop locales conocidos, como Massrur Jahan Alif y Hannan Hossain Shimul. Por lo demás, la violencia contextual quedó reflejada en diversas turbas, que atacaron lugares de carácter religioso y a minorías, y muchas imágenes de lo sucedido en las protestas fueron compartidas en línea. Las pinturas y grafitis callejeros tuvieron asimismo un espacio entre los medios de expresión de la protesta, con lemas que apelaban a Hasina e incluso alguno condensó el momento histórico: “Si tienes miedo, estás acabado; pero si te resistes, eres Bangladesh”.
A todo ello se repitió el uso de memes como catalizador de las protestas, que continúa hasta la actualidad. En línea con ello, un estudio reciente examinó críticamente el papel de la desinformación digital, la amplificación algorítmica y la propaganda en el fomento de las ideologías yihadistas sobre los jóvenes en Bangladesh durante el período julio-agosto de 2024. Ese año, más de 70% de la población tenía acceso a internet, y el uso de redes sociales entre los jóvenes era uno de los más altos del sur de Asia. Si bien este empoderamiento digital ha beneficiado la educación, el comercio y la participación cívica, también ha abierto caminos para el adoctrinamiento ideológico mediado por algoritmos, donde el contenido emocionalmente provocativo tiene mayor probabilidad de viralizarse, que la información basada en hechos. Los grupos demográficos más jóvenes de Bangladesh, especialmente aquellos de 15 a 29 años, están cada vez más expuestos a contenido en línea con un enfoque religioso, carente de profundidad teológica, pero rico en atractivo visual y emocional. Al momento del estallido, se observó un aumento repentino de este tipo de contenido, generalmente con lemas acompañados de imágenes de guerra, noticias distorsionadas o vídeos manipulados generados por IA, que incitaban al público. Algorítmicamente, dado que estas plataformas están optimizadas para priorizar el contenido que genera interacción, el contenido incendiario recibe una visibilidad desproporcionada en comparación con el contenido moderado o verificado.
Notas finales
Los sucesos repasados llevan a considerar lo que sucede con las redes sociales en la región y su gobernanza. El panorama de medios cambió de manera sustancial a lo largo de los años, alterando también la forma en que los Estados interactúan con las empresas de redes sociales. La promesa de comunicación descentralizada de las redes se presentó como un gran avance, que eludía los controles editoriales de los anteriores medios, especialmente después de que las redes sociales facilitaran grandes movimientos sociales, depositándose en gran medida la regulación de contenidos en los mismos usuarios. En ese contexto, el panorama político da cuenta en la actualidad de la manera como internet es ya un medio de comunicación directo entre los ciudadanos entre sí y de los ciudadanos con los políticos, en un entorno caracterizado por el uso de un lenguaje y dinámica de relación más inmediatos.
El entorno emergente dispone por supuesto de herramientas útiles para la creación de significado y la difusión de valor. Además, los medios digitales, gracias a los dispositivos móviles, generan un fenómeno de mediamorfosis permanente que abarca toda la realidad social, que nos mantiene siempre en atención de todo lo que sucede. Sin embargo, diversos acontecimientos recientes generaron inquietud acerca de la capacidad de las redes para lidiar con la desinformación, al mismo tiempo que de servir como espacios públicos y abiertos para el debate de ideas. Pueden incluso aparecer como espacios que fomentan la polarización, la radicalización, incluso la despolitización, al tiempo que pueden desinformar y resultan susceptibles de manipulación. No solamente constituyen un espacio de entretenimiento y expresión sino también para la figuración de narrativas, que pueden contribuir a moldear las identidades colectivas que subyacen a las protestas sociales. Constituyen de ese modo una herramienta importante para la organización tanto como para la movilización y también la propagación de diversas dinámicas sociales y su uso fue destacado en los recientes acontecimientos de Sri Lanka, Bangladesh y Nepal, verificándose en todos ellos diversos cortes en el acceso a redes sociales, durante los períodos de protestas mencionados.
En la región considerada, la trama social ligada a las redes observa también un creciente reconocimiento de nuevos tipos de amenazas que surgen en el ciberespacio, entre ellas: tecnologías digitales con fines maliciosos, como ciberdelitos. Entre ellos, por ejemplo, el robo al Banco de Bangladesh, en febrero de 2016; el ataque de malware en 2019, que se infiltró en los sistemas de seguridad de la mayor central nuclear de la India, Kudankulam, que aunque comprometió sólo el sistema administrativo del reactor, despertó grandes preocupaciones; la escalada de ramsonware/secuestro de datos, que ha perjudicado ya al Hospital AIIMS de la India, al gobierno de Sri Lanka, la empresa ferroviaria de Bangladesh y diversos sectores de Paquistán), interrupciones de servicios esenciales (como el hackeo de la red eléctrica de Mumbai, en 2023), desinformación (por ejemplo, en países con minorías islámicas, como India, Sri Lanka y Nepal, se han propagado por internet sentimientos islamófobos, que potencian las tensiones intercomunitarias ya existentes, como sucedió con noticias falsas durante la pandemia sobre la población islámica en/hacia Nepal como portadores de covid-19), ciberespionaje, ciberterrorismo (preocupación particularmente relevante en Sri Lanka, tras los atentados de Pascua en 2019).
Por lo tanto, a las legislaciones ya vigentes en algunos países (Bangladesh, India, Paquistán y Sri Lanka), con distintos niveles de implementación y enfoque, debieran agregarse consensos mayores, de carácter regional, que integren estándares internacionales, sumen campañas de concientización de la cuestión y la promuevan las mejores prácticas sobre el tema.
– Nepal en LoQueSomos.
* En Tektónikos.
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