La prensa científica y el desafío de lo inmediato
Mumbai (India), 2025. © V Drone/Shutterstock
Por Subhra Priyadarshini*
En la India, al igual que en otros lugares, los periodistas científicos se enfrentan a un doble reto: luchar contra la desinformación y presentar fenómenos complejos en un mundo que prefiere emociones y afirmaciones categóricas.
Cuando se acerca el verano, la periodista medioambiental Jayashree Nandi observa que circulan mapas térmicos en los que se afirma que el país es “el lugar más cálido del planeta” o que se anuncia un calentamiento apocalíptico, desvinculado de los matices meteorológicos. “Esos mapas son enormemente engañosos. Hay una enorme tendencia a caer en el sensacionalismo, incluso en los reportajes científicos”, lamenta.
En vez de refutar cada afirmación viral, Nandi prefiere reubicar los datos en una perspectiva más amplia, usando los valores históricos del clima, las variaciones regionales y los datos oficiales del Departamento Indio de Meteorología. Pero, aún así, es preciso que el público esté dispuesto a realizar un esfuerzo mínimo. “La ciencia es imprevisible y abierta”, señala, “y solo cierto tipo de lectores acepta que los hechos científicos se presenten en toda su complejidad”.

Falsas soluciones
El periodismo científico ha evolucionado mucho en pocos años. Hasta ahora, funcionaba como un sistema de transmisión: los científicos generaban conocimientos que los periodistas adaptaban para el público en general. Pero ese modelo ya quedó obsoleto. Ahora, el periodismo científico opera en un contexto en el que la confianza en las instituciones se ha erosionado y la polarización política influye en la interpretación de los datos. El público, por su parte, está expuesto de manera simultánea a afirmaciones científicas, teorías conspirativas, contenidos generados por influencers y una indignación amplificada por los algoritmos.
Lo anterior es particularmente cierto en el ámbito climático, donde resulta difícil determinar la frontera entre la incertidumbre científica legítima y la duda deliberadamente inducida. “Cuando la desinformación asume la forma de un relato que contiene medias verdades, es mucho más difícil combatirla”, se lamenta Aditi Tandon, jefe de redacción de la plataforma medioambiental Mongabay-India.
En los últimos años, Tandon ha coordinado una serie de investigaciones sobre lo que los expertos en climatología denominan “falsas soluciones”, que son presentadas como remedios milagrosos para la crisis del clima, y cuya repercusión real sigue siendo incierta o sobrevalorada.

“Los defensores de esas soluciones, los miembros de la industria y las autoridades, e incluso los propios científicos, exageran sus efectos”, explica. “Eso nos obliga a ser muy rigurosos en nuestro trabajo: es preciso indagar el alcance, la escala y la viabilidad de las soluciones propuestas, en vez de dedicarnos simplemente a promoverlas”. Dicho en otros términos, se impone la necesidad de explicar lo que está en juego de manera implícita, descifrar la jerga técnica y hacerlo todo con sentido pedagógico.
Una credibilidad engañosa
Mariyam Alavi, periodista especializada en la desinformación en el área de salud y en verificación de datos, considera que hoy en día la desinformación prospera porque se disfraza con el lenguaje y la apariencia de la credibilidad. “La información falsa no llega en forma de declaraciones estrafalarias”, explica. “Ahora se presenta en forma de relatos emocionales seductores, consejos sobre el bienestar, referencias científicas incompletas y vídeos de influencers que parecen fiables”.
La desinformación prospera actualmente porque se disfraza del lenguaje y la apariencia de la credibilidad
Sahana Ghosh, redactora de Nature India, coincide con este enfoque. Ghosh ha comprobado que los relatos dudosos sobre el clima hacen gala de una falsa prudencia científica para afirmar que las energías renovables no han demostrado realmente su eficacia, que las políticas climáticas son insostenibles desde el punto de vista económico o que determinados ecosistemas están condenados definitivamente.

Para refutar los mecanismos que sirven de apoyo a estos relatos, Ghosh prefiere usar las extensas investigaciones que aplican la paleoclimatología, los datos históricos y el pensamiento sistémico. En particular, cita un informe que demuestra cómo las variaciones climáticas a largo plazo pueden malinterpretarse cuando las comparaciones históricas se establecen de manera parcial. “Esta investigación demuestra cómo deben evitarse los prejuicios retrospectivos y cómo es posible manipular las pruebas cuando el relato predomina sobre el análisis de los hechos”.
Privilegiar las emociones
Pese a los esfuerzos realizados por los periodistas científicos, la desinformación se propaga cada vez más rápido porque los sistemas mediáticos digitales otorgan prioridad a las certezas y los contenidos emotivos. En contraste, la ciencia progresa lentamente y mediante refutaciones sucesivas. “La ciencia está hecha de matices e incertidumbres”, recuerda Tandon, “pero los formatos en los que publicamos y la capacidad de atención del público lector la impulsan hacia conclusiones absolutas”.
A diferencia de los relatos simplistas y las afirmaciones categóricas, el periodismo científico responsable suele exigir prudencia, una cualidad difícil de estimar en sistemas mediáticos regidos por algoritmos. “A veces, cuando estamos listos para publicar un artículo de perfecta argumentación, la desinformación ya ha causado estragos”, se lamenta Tandon.
A esos problemas se añade cierto cansancio de la audiencia, cuando no un rechazo, en lo que se refiere a las noticias medioambientales. En la última década, psicólogos e investigadores de los medios han advertido sobre la “ecoansiedad” que se manifiesta, sobre todo entre los jóvenes, cuando están expuestos a una corriente incesante de noticias negativas sobre clima, pandemias, pérdida de la biodiversidad, olas de calor extremo o inseguridad alimentaria.
El periodismo científico se basa en procesos que difícilmente pueden reproducirse mediante el uso de la IA
El auge de la inteligencia artificial generativa plantea otro desafío. Aditi Tandon señala la frecuencia con que la IA figura en los proyectos de artículos presentados por sus colaboradores. Sin embargo, el periodismo científico se basa en procesos que difícilmente pueden reproducirse mediante el uso de la IA, ya que implica adquirir competencias a lo largo de los años, comprender la incertidumbre y mostrar capacidad de discernimiento. La buena noticia es que los redactores son cada vez más capaces de detectar los textos generados por IA: contenidos fluidos, pero superficiales, que contienen referencias apócrifas y estructuras narrativas que imitan al periodismo, pero sin estar respaldados por el necesario trabajo de investigación.

Un periodismo de plazos largos
Sin embargo, el mayor peligro que amenaza hoy al periodismo científico no es la desinformación en sí misma, sino el debilitamiento de las instituciones mediáticas capaces de resistirlo. En la India, al igual que en muchas otras regiones del mundo, la concentración de los órganos de prensa, la disminución de los presupuestos de las redacciones y el hundimiento de los recursos publicitarios han reducido paulatinamente el número de servicios especializados en asuntos científicos.
Ahora bien, este periodismo especializado requiere tiempo. Para redactar un artículo serio, es preciso leer publicaciones académicas, entrevistar a varios expertos, comprender la complejidad del tema, personarse en el terreno, familiarizarse con un lenguaje técnico y verificar todas las declaraciones. “Son muchos los periodistas independientes que, simplemente, no pueden permitirse dedicar las horas de trabajo que exige un reportaje científico riguroso”, señala Tandon.
“Se trata también de una lucha por lograr espacio y notoriedad”, añade Jayashree Nandi, afirmando que los redactores científicos y medioambientales se ven obligados a rivalizar con una amplia gama de asuntos que monopoliza la atención del público. En su opinión, el periodismo científico debe existir en la prensa de manera permanente y no solo durante los periodos de crisis. “No se puede echar mano de este tipo de periodismo solo para aportar una reacción ‘en caliente’ sobre un tema de actualidad”, declara.
A pesar de estas limitaciones, hay indicios de resistencia. Los medios independientes, los nuevos órganos de prensa de carácter no lucrativo, las iniciativas en lenguas regionales y los programas de becas generan nuevos espacios en los que las investigaciones científicas serias pueden encajar. La estrategia adoptada por los periodistas indios especializados en cuestiones medioambientales trata cada vez más de vincular las crisis mundiales -cambio climático, disminución de la biodiversidad, contaminación ambiental- con las realidades cotidianas que las comunidades locales deben afrontar. “La población es capaz de hacer frente a las verdades difíciles”, opina Tandon, “siempre y cuando esos relatos se cuenten con claridad, se sitúen en el contexto y no se transmitan con sensacionalismo”.
* Subhra Priyadarshini es jefe de redacción de Nature India y miembro del consejo de administración de la Federación Mundial de Periodistas Científicos. Publicado en El Correo de la UNESCO
Comparte, tus amig@s lo agradecerán…
Mastodon: @LQSomos@; Friendica: Loquesomos;
UpScrolled: @LQSomos; Telegram: LoQueSomosWeb;
Bluesky: LQSomos; Facebook: LoQueSomos;
Instagram: LoQueSomos; WhatsApp: LoQueSomos;
Youtube: @LoquesomosAudiovisual
