La memoria que no cesa: medio siglo después siguen sonando su nombres
Imagen: Homenaje en el cementerio de Vigo, 27 septiembre, 2026
Por Agencia LQS
El pasado fin de semana se celebraron por todo el estado español diversos actos de recuerdo con los últimos fusilados de la dictadura. Valencia, Vigo, Murcia, Zarautz y Madrid acogen homenajes simultáneos por el 51 aniversario de las ejecuciones del 27 de septiembre de 1975, mientras familias y colectivos memorialistas reclaman verdad, justicia y reparación
Se han cumplido 51 años de la última vez que el franquismo mató a alguien por razones políticas, fuerón las ejecuciones del 27 de septiembre de 1975 —José Luis Sánchez-Bravo, Xosé Humberto Baena y Ramón García Sanz, del FRAP; Jon Paredes Manot Txiki y Ángel Otaegi, de ETA— . Este año tambien se recordo la figura de Carlos González, el primer asesinado de la Transición en Madrid, el 27 de septiembre de 1976.
Valencia: Ca Revolta celebra el 51 aniversario entre testimonios, memoria y música
El viernes 25, Ca Revolta (Valencia) acogió el 51 aniversario de los últimos fusilamientos del franquismo. Se recordó que al alba del 27 de septiembre de 1975 fueron asesinados Xosé Humberto Baena, José Luis Sánchez-Bravo, Ramón García Sanz, del FRAP, y Juan Paredes Manot Txiki y Ángel Otaegi, de ETA. Sus consejos de guerra han sido declarados ilegales y sus condenas nulas por la Ley de Memoria Democrática de 2022: «No les retorna a la vida, pero confirma nuestra memoria».

El acto consistió en la presentación del libro de la Plataforma Al Alba *27 de septiembre de 1975*, moderada por Lucila Aragó, con la intervención de Alfons Cervera, que animó a «decir las cosas por su nombre». Ángela Jareño leyó fragmentos y tomaron la palabra varios testigos directos. Fernando Sierra, condenado a 20 años en los mismos consejos de guerra, advirtió de que aún quedan «impunidad y herencias ideológicas y materiales amasadas con represión y miedo durante 40 años de dictadura». Carmen Pérez, Pep Pacheco y Vicente Carrión compartieron cómo vivieron aquellos asesinatos. Sergio Manzanera, entonces jugador del Racing, narró cómo él y Aitor Aguirre salieron al campo el 28 de septiembre de 1975 con cordones negros en protesta por las condenas. La activista María aportó la voz de una mujer que no vivió los hechos pero con los que ha construido su cultura antifascista.
El acto concluyó con la actuación de Buenaventura Folk a la contra, cantando himnos de lucha —El gallo rojo, los maquis, las milicianas, la batalla del Ebro— en un cierre «mezcla de nostalgia y optimismo».
Vigo: «Non esquezamos os seus nomes»
En el cementerio de Pereiró, la Comisión 27 de Setembro celebró su homenaje número 50 —el primero fue en 1976— ante representantes del BNG, Esquerda Unida, Anova, la Asemblea Republicana y colectivos memorialistas. Emilia Alonso, portavoz de la Comisión, denunció que «por mucho tiempo que pase y muchos cuentos que nos quieran contar sobre democracia y libertades, no debemos olvidar por qué murieron estos cinco jóvenes idealistas». «Sus objetivos permanecen aún hoy perfectamente vigentes», añadió, antes de reclamar que «sus muertes no sean inútiles».

Murcia: el testimonio de una hermana
En el cementerio de Espinardo, donde descansan los restos de Jose Luis Sánchez-Bravo, su hermana Victoria tomó la palabra. Recordó que su hermano tenía solo 21 años y que, la noche antes de la ejecución, él, Humberto y Ramón, separados en celdas distintas, se acompañaron cantando canciones gallegas. «Tres jóvenes separados físicamente, pero buscando en sus voces una forma de permanecer juntos», describió. Su familia cuenta ahora con una Declaración de Reconocimiento y Reparación Personal, pero, subrayó, «ningún documento puede devolver el tiempo». Hizo un llamamiento a la unidad: «La división nos hace más débiles. La unidad nos hace más fuertes».

Zarautz: Gudari Eguna y el grito antifascista
En el cementerio de Zarautz, la asociación Ahaztuak 1936-1977 homenajeó ante la tumba de Txiki a los cinco fusilados, en el marco del Gudari Eguna. Martxelo Alvarez denunció «el embate fascista que está en ebullición» y subrayó que la respuesta antifascista «es imprescindible, no solo en la calle, también desde las instituciones». La izquierda abertzale celebró después un segundo acto ante el monolito de Gudaris en Villa Manuela, donde reivindicó el 27 de septiembre como «el día del movimiento de liberación nacional».
Madrid: 50 años del asesinato de Carlos González, y 51 aniversario
La plataforma Abierta al ALBA reunió en Madrid a veteranos antifranquistas, familiares y memorialistas para recordar el 50 aniversario del asesinato de Carlos González, poeta y activista, y el 51 de los últimos fusilamientos. Pablo Mayoral, uno de los trece procesados en los consejos de guerra de 1975, recordó que los condenados «en su mayoría tenían 21 años» y fueron sentenciados «sin ninguna prueba, sin ninguna posibilidad de defensa». «En el año 75 no había cambiado nada», afirmó, antes de desmontar la idea de un franquismo «suave» en su final: «En el año 75 hubo más de 30 asesinatos».

Pablo Mediavilla, amigo de Carlos González, relató cómo la noche del 27 de septiembre de 1976, durante una manifestación en el primer aniversario de los fusilamientos, los «grises» aparecieron y la gente corrió. Él se quedó protegiendo a su madre y nunca volvió a ver con vida a Carlos. Lo encontró en el piso de Marién, su novia, «tirado en una cama, muy mal». Un taxista se negó a seguir la ambulancia. El hermano de Carlos, cirujano, participó en la operación y «murió entre sus manos». La policía le preguntó con quién estaba Carlos; Mediavilla dio su nombre pensando que ayudaría a la investigación. «Por eso estuve en los calabozos de la Dirección General de Seguridad. Y no sirvió de nada».
La hija de Marién aportó el testimonio de su madre, recogido en el documental Punto y Final: el miedo que se le quedó, el taxista que se negó a recogerlo, la detención de una noche. «Para eso eran esos asesinatos: para inocular el miedo no solo en ellas, sino en las generaciones futuras».
El acto concluyó con la lectura de un poema de Carlos González escrito el 9 de mayo de 1975, que llevaba en el bolsillo la noche en que fue asesinado: «Callarme no es apagar un fuego / ni matar al jilguero. / No me pueden matar porque yo soy el pueblo / que canta y grita…».
51 años de silencio y memoria
Los cinco fusilados de 1975 fueron ejecutados tras cuatro consejos de guerra sumarísimos que dictaron once penas de muerte, de las que seis fueron conmutadas. Fueron los últimos ejecutados por el franquismo, apenas dos meses antes de la muerte del dictador. Medio siglo después, sus nombres siguen pronunciándose cada 27 de septiembre. Las familias reclaman verdad, justicia y reparación. Y los colectivos memorialistas insisten en una idea que Victoria Sánchez-Bravo resumió con claridad en el acto-homenaje de Murcia: «Mientras sigamos reuniéndonos cada 27 de septiembre, mientras sus nombres continúen pronunciándose y mientras su historia pase de una generación a otra, el silencio no volverá a ocupar el lugar de la memoria».
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