La ilusión de «navegar» por Internet: Qué hace realmente tu «navegador» web

La ilusión de «navegar» por Internet: Qué hace realmente tu «navegador» web

Por Jorge Izquierdo*

Todos los días, miles de millones de personas y máquinas abren Google Chrome, Safari, Firefox o Edge. A esta acción la llamamos «entrar a Internet», y a los programas que usamos los bautizamos con un nombre que evoca aventura y exploración: los navegadores. Hablamos de «navegar por la red», como si fuéramos capitanes de un barco digital moviéndonos de un puerto a otro. Sin embargo, el nombre «navegador» es, en realidad, una de las ilusiones más exitosas de la historia de la informática. Para el usuario común, la palabra induce a un pequeño error de concepto: pensar que cuando entramos a una página, nosotros (o nuestro ordenador) «viajamos» hacia ella. La realidad es completamente distinta y funciona exactamente al revés.

el nombre «navegador» es, en realidad, una de las ilusiones más exitosas de la historia de la informática y del marketing

Tú no vas a la página; la página viene a ti

Para entender qué es realmente un «navegador» web, tenemos que desterrar la idea de que nos movemos. Tú estás quieto. Tu ordenador está quieto.

Pensemos en lo que ocurre realmente cuando escribes una dirección en la barra superior. Imagina que tecleas loquesomos.es y pulsas la tecla Intro. En ese momento, tu navegador no «viaja» hacia los servidores de esa web. Lo que hace es comportarse como alguien que hace un pedido por correo ultrarrápido.

  1. La petición: Tu navegador envía un mensaje a través de Internet que básicamente dice: «Hola, servidor  web donde vive loquesomos.es. Soy un ordenador, por favor envíame tu contenido».

  2. La descarga: El servidor web, que no es más que un ordenador potente que siempre está encendido, recibe el mensaje y responde enviando paquetes de datos de vuelta a tu casa. Estás descargando información.

  3. La traducción: Aquí es donde entra la magia del navegador. Lo que el servidor envía no es una «foto» de la página web, sino líneas de código de programación (texto puro, enlaces, instrucciones de como pintar la página o de cómo mostrar una imagen). Tu navegador recibe ese código, lo lee a la velocidad del rayo, lo traduce y lo «dibuja» en tu pantalla para que tú veas imágenes bonitas, textos ordenados y botones funcionales.

En resumen: un navegador no es un vehículo, es más bien un descargador y ensamblador de paquetes que te llegan desde lejos. Te da la sensación de navegar porque limpia la pantalla anterior y dibuja la nueva tan rápido que parece que has cambiado de lugar. «Navegar» por la web consume energía y mucha. Ver películas por Internet es más de lo mismo multiplicado por mil.

Visualizador de páginas HTML

Llamarlo «descargador y visualizador de código HTML» no sonaba muy comercial en los años 90, así que la industria decidió  llamarlo «navegador». La metáfora de navegar (links como puentes, páginas como islas) hace que Internet sea intuitivo y fácil de usar para todos.  Pero la próxima vez que entres a tu diario favorito o a una enciclopedia online, recuerda lo que ocurre de verdad:  no estás viajando por el ciberespacio. Escribes una dirección, y es el mundo entero el que se descarga, pedacito a pedacito, directamente en el disco duro  de tu ordenador o móvil…o tableta

Una vez que entendemos que la función principal de un navegador web es simplemente leer código (principalmente un lenguaje llamado HTML) y dibujarlo en la pantalla, descubrimos otra verdad sorprendente: un navegador no necesita la web para funcionar.

Si un amigo te pasa un archivo con extensión .html en una memoria USB y lo copias en tu escritorio, puedes abrirlo con tu navegador habitual sin estar conectado a Internet. ¿Por qué? Porque en este caso, el navegador no tiene que pedirle el código a un servidor en la otra punta del mundo. Simplemente toma el archivo que está en el disco duro de tu propio ordenador, lee el código que hay dentro y te lo muestra con su diseño, sus colores y sus textos, tal y como si estuvieras en Internet.

Ahora dime cuántas bibliotecas conoces que tengan «libros» HTML que puedas consultar localmente. O mejor dime cuántos archivos HTML tienes en tu casa. El libro, que tiene casi 30 siglos de historia, si podía y puede viajar. Las páginas HTML también (son un formato universal digitalmente hablando).

Las coockies, el archivo  weights.bin y tarzán ocupando piso en Alcobendas

Si ya hemos visto que el navegador es, en realidad, un programa que descarga archivos (textos, imágenes, código) para dibujarlos en tu pantalla, en los últimos tiempos esta capacidad de descarga ha dado un salto gigante, y demasiadas  veces, polémico. Es posinle que tu  Google Chrome, en sus versiones más recientes, descargue en secreto un archivo gigantesco llamado weights.bin que puede llegar a pesar casi 4 gigabytes (4 DVDS, para entendernos). Para un usuario común, ver un archivo tan pesado y con un nombre tan extraño apareciendo de la nada en su disco duro puede ser motivo de alarma. ¿Es un virus? ¿Es un error? ¿Es tarzán ocupando tu disco duro?

No es ninguna de las tres cosas. Antes de continuar, recuerda que cuando visitas la página web de la gran mayoría de diarios online te estás descargando en tu ordenador toda su publicidad. Cualquier ordenador que tenga «navegador» web tiene su disco duro lleno de cientos de miles de cosas completamente inservibles. ¿Cuánto? Pues entre 1 y 3 GB mínimo.

Te pueden poner un chicle pegado en tu disco duro y tú no te darás cuenta.

El objetivo (en teoría) : Una IA que vive en tu ordenador. Una IA okupa.

La palabra weights significa «pesos» en inglés. En el mundo de la Inteligencia Artificial, los «pesos» son básicamente otra metafora para hablar de  las conexiones  matemáticas que un modelo de IA ha aprendido tras meses de entrenamiento, generalmente robado de miles de millones de páginas web que están en Internet.  Son su conocimiento, su diccionario y su lógica, todo empaquetado en un solo archivo.

Google ha empezado a integrar su propia Inteligencia Artificial (una versión ligera llamada Gemini Nano) directamente dentro de Chrome para ayudarte, sin que se lo pidas,  a redactar correos, resumir artículos o traducir textos. Pero aquí viene la clave: Google mantiene que quiere que esa IA funcione de forma local, es decir, directamente en tu máquina, sin necesidad de conectarse a Internet. En principio la idea puede sonar bien ¿no?.

Al descargar ese gigantesco archivo weights.bin en tu ordenador, Chrome logra dos objetivos:

  1. Privacidad extrema: Si le pides a Chrome que resuma un documento confidencial de tu trabajo, esa información nunca viaja por Internet hacia los servidores de Google. Todo se lee y se procesa dentro de tu propio ordenador usando ese archivo gigantesco.

  2. Velocidad y uso sin conexión: Al tener el «cerebro» descargado en tu casa, la IA responde casi al instante y puede funcionar incluso si te quedas sin Wi-Fi.

El dilema ético: ¿Es correcto descargar 4GB sin avisar? Pues no, jefe.

Aquí es donde chocan las, en principio, buenas intenciones tecnológicas con la ética. Aunque los motivos (privacidad y velocidad) suenan bien, la forma de hacerlo ha levantado muchas críticas. ¿Es ético adueñarse de 4GB del ordenador de una persona sin preguntarle primero?  Evidentemente no y no. El problema es que algo así lo hace Windows y Mac de forma diaria. Te pueden poner un chicle pegado en tu disco duro y tú no te darás cuenta. Pero seamos positivos, que diría un buen amigo mío, la ocupación de nuestros discos no siempre busca espiarnos o meternos consumismo en nuestro ordenador. Vamos a decir que lo hace casi siempre pero es en el casi donde está la diferencia entre avanzar y consumir.

Concluyendo. No, no es ético.  Y hay varias razones de peso:

  • El espacio no es infinito: Mientras que los ordenadores modernos tienen discos de 1 o 2 terabytes, miles de millones de personas utilizan ordenadores más antiguos o/y económicos con apenas 128 GB o 256 GB deespacio. ROBARLES 4GB de golpe sin previo aviso para una función que quizás ni siquiera saben que existe (o que no van a usar) es invasivo.

  • El coste de los datos: No todo el mundo tiene fibra óptica ilimitada en casa. Muchas personas navegan compartiendo datos desde el móvil o con tarifas medidas. Descargar 4GB en segundo plano puede agotar la tarifa de datos mensual de un usuario o costarle dinero extra sin que se dé cuenta.

  • ¿Esto contamina? Mucho, pero mucho mucho.
  • El principio de consentimiento: La industria del software lleva años defendiendo las «actualizaciones invisibles y automáticas» por motivos de seguridad (para tapar agujeros contra hackers). Sin embargo, un modelo de Inteligencia Artificial de 4GB no es un parche de seguridad vital; es una función adicional.

Y ahora viene la prueba del algodón

Si tengo una IA en cada puerto, quiero decir, si tengo una IA de 4GB en cada  uno de mis ordenadores ¿Puede desconectar internet y utilizar la IA de Google Chrome y de esta forma contaminar menos cada vez que haga una consulta al oráculo de  Google?

La respuesta es Si. Si  ya se ha completado la descarga de esos casi 4GB en tu sistema, puedes desconectar  la wify, o el cable, o activar el modo avión y la IA seguirá funcionando.

¿No estás dispuesto a que Google Chrome te instale cosas que tú no has pedido?

Mi consejo, entonces, es que utilices Firefox. Mozilla Firefox es libre, no depende de ninguna compañía y no es nada intruso. Es más, incluso necesitan nuestras aportaciones para poder mantenerse a flote (nunca mejor dicho).

¿Por qué es esto posible?

Como explicamos al principio, el «navegador» ya no es solo un visor de páginas  o un descargador de páginas remotas, sino un programa  capaz de ejecutar programas cada vez programas más  complejos por sí mismo. Al tener los «pesos» (el conocimiento de la IA) guardados en tu disco duro:

  • Tu procesador es el que «piensa»: No le estás preguntando a un superordenador en California; es el chip de tu propio portátil o PC el que lee ese archivo weights.bin y genera las respuestas.

  • Independencia total: Al igual que podías abrir un archivo HTML guardado en un USB sin conexión, ahora puedes «ejecutar» una inteligencia artificial sin enviar ni un solo bit al exterior.

Y espera, que ahora viene la UE y pondrá las cosas en su sitio…pero quizás sea buena idea.

La UE no tardará en pedir explicaciones a Google e incluso es posible que multe al gigante por no pedir el consentimiento del usuario. Ahora bien, es posible, seamos positivos, que quizás estemos a las puertas de la Internet del futuro donde «navegar» no sea tan necesario ¿Para qué navegar constantemente si tengo un «oráculo» privado  en mi ordenador? El comportamiento de Google es inaceptable pero, hoy por hoy, marcan las  reglas del juego. Es posible, insisto, posible que sea Google la que redefina el concepto desmadrado (¿generar 0,2 mg de C02 para buscar una calle?)  de  búsqueda y actividades en la web ahorrando, de esta manera,  toneladas de C02 al planeta.

* Miembro de la Asamblea de Redacción de LQSomos.
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