Inteligencia Artificial, ¿la muerte del arte?
La inteligencia artificial generativa, que ya es capaz de producir retratos realistas y paisajes imaginarios, ¿amenaza la profesión de fotógrafo y, por extensión, la de artista? No necesariamente, opina el profesor Ahmed Elgammal, que recuerda que en el siglo XIX la invención de la fotografía se consideró también una amenaza para la expresión artística y que, sin embargo, propició el nacimiento de nuevos movimientos y acabó siendo reconocida como una modalidad de arte por derecho propio. Según él, la IA podría inaugurar también una nueva era de creación.
Por Ahmed Elgammal*
Inteligencia Artificial: ¿peligro u oportunidad para los artistas? En realidad, esta pregunta no significa lo mismo para pintores, fotógrafos, artistas digitales, ilustradores, diseñadores, expertos en efectos visuales o creadores de videojuegos. Cada uno de estos ámbitos interactúa de manera diferente con la tecnología. De todas esas disciplinas, la fotografía es sin duda una de las más afectadas por esta revolución tecnológica, y los efectos de la IA en ella son particularmente interesantes de observar ya que la fotografía, a su vez, constituyó en su momento un punto de ruptura para la historia del arte.
Hasta el siglo XIX los artistas usaban los ojos, las manos y la imaginación para representar el mundo. Desde las pinturas rupestres de la prehistoria hasta las obras maestras del Renacimiento, pasando por la pintura al óleo sobre lienzo o el dibujo a plumilla sobre papel, los creadores trataban de capturar la vida o una perspectiva concreta.
Todo cambió con el surgimiento de la fotografía, que permitió captar la realidad de forma mecánica. Por primera vez, la luz podía “pintar” una imagen sobre una película. Ese salto tecnológico suscitó un debate acalorado: ¿acabará la fotografía con el papel histórico de los artistas?
Hasta cierto punto, eso fue lo que ocurrió. La fotografía vino a suplir ciertas funciones sociales que antes realizaban los artistas. Y fue así, por ejemplo, como se democratizó el retrato, que hasta entonces había sido una modalidad artística reservada exclusivamente a las personas más acaudaladas.
Nuevas maneras de ver el mundo
La llegada de la fotografía no destruyó el arte; simplemente, lo transformó. Los artistas reaccionaron ampliando los límites de su ámbito creativo. Movimientos como el impresionismo, el cubismo y el surrealismo brotaron, en parte, como reacción a la fotografía. En vez de rivalizar con fotógrafos en su misión de copiar la realidad, los artistas empezaron a explorar nuevas maneras de ver el mundo. Se centraron en el ambiente, la emoción, la abstracción y la imaginación.
«El impresionismo, el cubismo y el surrealismo brotaron, en parte, como reacción a la fotografía»
Finalmente, la fotografía misma fue reconocida como un arte de pleno derecho. Algo que al principio solo había sido un proceso mecánico, se transformó en un procedimiento creativo, y los fotógrafos desarrollaron su propia visión estética.
En la actualidad, presenciamos una revolución tecnológica similar, solo que esta vez tiene en su centro a la inteligencia artificial. Esta tecnología está transformando la fotografía y la creación de imágenes de forma similar a lo que la fotografía hizo con la pintura en el siglo XIX. La IA es capaz de generar imágenes de personas, lugares y escenas que nunca han existido, y las empresas pueden incluso realizar campañas publicitarias con modelos virtuales, sin necesidad de sesiones de fotos.
En los archivos gráficos de Internet abundan ya las imágenes generadas por IA: paisajes, interiores, calles, ciudades, puestas de sol… muchas de esas “fotos” no son obra de una cámara, han sido creadas a partir de algoritmos.
¿Acaso esto reemplaza a la fotografía artística? No exactamente. La IA no produce el tipo de obras conceptuales o emocionalmente fuertes que pueden verse en las galerías de arte o en los festivales de fotografía. Pero sí sustituye a muchas de las funciones cotidianas que la fotografía llevaba a cabo.
El objetivo de una cámara tradicional capta la luz de una escena determinada en un momento preciso. Este dispositivo registra la realidad directamente sobre una película o un captor digital. En cambio, la inteligencia artificial capta la luz de millones de imágenes preexistentes. Su “prisma” está formado por datos. Los sistemas de IA descomponen esas imágenes en pequeños elementos (tokens visuales) y aprenden cómo están vinculados a las palabras y a las descripciones (tokens lingüísticos). De esta forma, la IA integra esencialmente el lenguaje visual del mundo.
Este sistema convierte a la generación artificial de imágenes en un derivado de segundo grado de lo real. Las cámaras de fotos captan directamente la realidad. La IA la reinterpreta a través del filtro de millones de imágenes preexistentes y del lenguaje humano. De ahí que esas imágenes parezcan familiares si bien son irreales: están compuestas a partir de la memoria colectiva que almacena Internet.
Nuevos poderes y nuevos límites
Las nuevas tecnologías ofrecen posibilidades inéditas. Una cámara de fotos está limitada por el mundo real: sólo puede captar la realidad física que existe delante de su objetivo. Sin embargo, la IA no está vinculada a la realidad de la misma manera. La IA combina y asocia elementos procedentes de innumerables fuentes para producir escenas completamente nuevas. Puede crear imágenes de lugares que nunca han existido, de personas que no han nacido y de momentos que jamás han ocurrido. Esta capacidad combinatoria le permite producir imágenes que superan los límites del mundo real, un poder que transforma la generación de imágenes en una especie de creación sintética de paisajes oníricos.
La otra diferencia capital tiene que ver con la manera de controlar el proceso: con una cámara de fotos es posible componer una imagen seleccionando un escenario, regulando el objetivo y apoyando sobre el disparador. Con la IA, el objetivo queda reemplazado por el lenguaje. A través de consignas textuales, es posible especificar la composición de un escenario, modular la luz, evocar un ambiente o incluso simular las propiedades de un objeto determinado. Ese proceso, que a veces se denomina, de forma un poco engañosa, prompt engineering o ‘desarrollo y optimización de consignas’, ha llegado a ser un nuevo espacio de creación en sí mismo.
Esto, sin duda, implica nuevos límites. El arte generado mediante IA está limitado por el lenguaje: sólo es capaz de crear lo que se puede describir con claridad. Las palabras son poderosas, pero no siempre son lo suficientemente precisas como para captar los matices de una idea visual.
La realidad reinterpretada
La fotografía es, sin duda, la forma de arte más vulnerable a los trastornos causados por la IA. Antes de que se disparara, muchos fotógrafos ya se enfrentaban a una oferta desbordante de imágenes digitales, y en la actualidad la IA amenaza con automatizar gran parte del trabajo de los profesionales, en especial en sectores comerciales como los bancos de imágenes, el retrato y la fotografía de productos.
«Muchos artistas consideran que la IA es una herramienta poderosa»
Pero, al mismo tiempo, muchos artistas consideran que la IA es una herramienta poderosa y no una amenaza. Esos artistas, que se sienten cómodos con las tecnologías digitales, aprecian la posibilidad de librarse de las tareas repetitivas y de poder generar ideas que ahora son capaces de refinar y desarrollar.
Las imágenes que hoy se generan de manera artificial no siempre cumplen con las normas de calidad que exigen los efectos visuales profesionales o los juegos de vídeo. Pero la tecnología avanza rápidamente. No es difícil imaginar un futuro en el que la IA se convierta en una herramienta creativa indispensable para los artistas de esos ámbitos.
Del mismo modo que la fotografía liberó a los pintores de la obligación de reproducir la realidad y abrió el camino a nuevos movimientos artísticos, la IA podría emancipar a una nueva generación de artistas de las limitaciones del mundo físico.
Porque, a fin de cuentas, son los artistas quienes crean el arte. La diferencia radica en la intención, el sentido y la interpretación. La creatividad humana es indispensable para transformar los resultados de la IA en obras de entidad en el plano emotivo o cultural.
La función del artista no desaparece, sino que evoluciona. Estamos en los albores de un nuevo capítulo de la historia del arte, en el cual la imaginación, la tecnología y la creatividad humanas se entrelazan de una forma que apenas alcanzamos a vislumbrar.
* Ahmed Elgammal es profesor del departamento de informática de la Universidad Rutgers (Estados Unidos) y director y fundador del laboratorio de arte e inteligencia artificial. Artículo publicado en El Correo de la UNESCO.
– Imagen de portada: Hechos Alternativos. Las Múltiples Caras de la Verdad, Ahmed Elgammal – AICAN 2018. La imagen fue creada por AICAN, un programa del Laboratorio de Arte e Inteligencia Artificial de la Universidad de Rutgers (Estados Unidos), capaz de generar imágenes innovadoras de forma autónoma a partir de estilos y estéticas existentes. © Ahmed Elgammal
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