Discriminación y metamorfosis: Kafka y una reflexión para una sociedad inclusiva
Por María Anuch
Tomando La Metamorfosis como base, la reflexión propone que: «La aceptación de las diferencias, como valor universal, impulsa la construcción de sociedades inclusivas y respetuosas.»
De las variadas interpretaciones que ha generado la lectura de “La Metamorfosis”, el celebrado relato escrito por Franz Kafka, me siento más identificada con la idea que pone el foco en mostrar como reaccionamos los seres humanos cuando nos enfrentamos a lo diferente y las consecuencias de la negativa reacción del entorno frente a lo distinto.
Recordemos que en la novela, Gregor Samsa un viajante de comercio que con su salario mantiene a su familia, amanece de un día para otro convertido en un monstruoso insecto.
Me pregunté: ¿la metamorfosis de la que habla Kafka es solamente esa transformación física tan extraña o la transformación más importante es la de las personas más cercanas a él, de la forma que reaccionaron ante lo diferente? Gregor, objeto de la transformación sobrenatural que ha ocurrido durante sus horas de sueño, pasados los primeros momentos de perplejidad y penoso acomodamiento a su nueva realidad, aparece ante nuestros ojos, aunque angustiado, más racional y entero emocionalmente que el resto de los integrantes de su familia.
Es a esta última entonces -a su familia, compuesta por sus padres y una hermana menor- , a su reacción ante la penosa condición artrópoda del único sustento económico del hogar a la que, según entiendo, debemos dirigir nuestra atención. El protagonista del relato es sorprendido por un cambio extraordinario en el orden físico, ajeno a su voluntad, a su control, pero es en la familia -su entorno- donde la metamorfosis se opera en mayor medida.
Llevándolo al extremo del cambio físico, el autor convierte al protagonista en un desagradable insecto; no obstante, notamos que perviven en su interior sentimientos, deseos, pasiones y pensamientos humanos, mas allá de algunas puntuales variaciones en sus hábitos y comportamientos producto de su nueva condición física. Humano, demasiado humano, al punto de morir agobiado por el peso del sufrimiento de las heridas físicas y emocionales inferidas por el trato cruel al que es sometido por sus seres queridos.
En este sentido, vemos que su hermana que inicialmente se compadece e intenta entender su nueva circunstancia, con el transcurrir de los días, se pliega a la inhumana decisión de sus padres de enclaustrarlo en su habitación y suprimir cualquier lazo afectivo con él, transformándose así ellos mismos en los verdaderos monstruos sin sentimientos.
Atemorizados y avergonzados ante la inefable mutación operada en el cuerpo de Gregorio, nada intentan hacer para superar los sentimientos de aversión y rechazo ante lo desconocido que los domina, adoptando, por el contrario, comportamientos autodefensivos que aparecen exagerados y sin razón que los justifique, dada la manifiesta ausencia de agresividad del insecto.
Disiento con las interpretaciones que generalizan “ La metamorfosis puede entenderse como la concreción material (en forma de insecto) de la deshumanización y la enajenación del ser humano ante el mundo”. “El hombre ha perdido su condición humana en un mundo deshumanizado y mercantilizado; se siente extraño e incomprendido en un medio hostil e incompresible.”
Me cuesta entender que Kafka haya querido transmitir un mensaje tan negativo y desesperanzador, por el contrario, pienso que quiso advertirnos el modo en que somos capaces de transformarnos los seres humanos y a qué extremo podemos llegar cuando discriminamos a alguien por su aspecto, su capacidad de producir, o la razón que marque una diferencia, sin considerar su esencia. En la novela, el insecto nunca aparece como deshumanizado y o enajenado, en cambio su familia sí.
Discriminamos cuando damos un trato diferente a las personas que en esencia son iguales a nosotros. Pero generalmente es más que eso; muchas veces implica marginar, excluir, segregar, agredir al diferente por el motivo que sea. Si todos somos esencialmente iguales ¿Quiénes nos volvemos humanamente diferentes cuando excluimos, segregamos, rechazamos a otros por sus diferencias, sean de la naturaleza que sea?
Como dijo Audre Lorde- escritora francesa-“No son nuestras diferencias las que nos dividen sino la incapacidad de aceptar esas diferencias.”
Producto de la ignorancia, del miedo, de la intolerancia, de la insensibilidad, la discriminación arrasa con los derechos fundamentales, niega oportunidades y deriva en situaciones de injusticia y hasta de tragedia; como en el relato de Kafka: rechazo por lo diferente, por la forma de su existencia, sin considerar la esencia.
Coincido con Nelson Mandela, en que nadie nace odiando a otra persona por sus diferencias. Las personas aprenden a odiar, a rechazar lo diferente. De igual forma se puede enseñar a aceptar las diferencias, formando conciencia colectiva para vivir en sociedades más equitativas y diversas.
En mi opinión, es fundamental promover la aceptación de las diferencias como un valor universal, al mismo nivel que la gratitud, la justicia o la lealtad. Pienso que así podremos avanzar hacia una sociedad en la que el consenso se construya sobre la inclusión y el respeto, y en la que la responsabilidad de la exclusión recaiga en quienes practican la discriminación, no en quienes la sufren.
“No hay mayor discapacidad en la sociedad que la incapacidad de ver el valor de una persona”.
Robert M. Hensel.
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