Brindad, brindad malditos

Brindad, brindad malditos

Por Victoria Sáez

Es un contrasentido, es una insensatez, desear en estas fechas mientras medio mundo se muere en guerras, de hambre y enfermedades: Feliz Navidad

Ahora mismo así viven los palestinos de la Franja de Gaza, antes gozando del confort y la intimidad de sus casas en ciudades con vida, aceras por donde andar tranquilamente, comercios, supermercados, cafés, restaurantes y pastelerías con mostradores repletos de pastelitos de diferentes sabores y colores de delicada apariencia y sabores deliciosos, las personas, ciudadanos de Gaza, jóvenes, madres con niños, familias y grupos de amigos, estudiantes, profesionales que iban y venían por su trabajo en diferentes profesiones, en sus comercios o de cualquier ciudadano en una ciudad normal. Paseaban charlaban, sonreían y se saludaban sin temor a sufrir una muerte segura por la caída de un misil o las explosiones selectivas de las bombas de los drones guiados a distancia por la estrategia asesina del ejercito sionista de ocupación.

¿Quién podría imaginar en aquellos días de vida ciudadana, de clases en las escuelas y universidades, movimiento en la zona de oficinas situadas en torres desde las que se veía parte de la ciudad de Gaza hasta el azul del mar que se extiende a lo largo de la Franja? ¿Quién hubiera podido pensar que en un instante de un día de Octubre, cientos de explosiones resonarían entre los edificios de viviendas sin saber si el estruendo por la caída de un edificio, los incendios y los gritos de auxilio, las voces y llantos de los heridos y supervivientes, podrían ser también de ellos, sus vecinos que se apresuraban a salir de las viviendas casi con lo puesto, mientras escuchaban ráfagas de metralletas disparadas por soldados del ejercito invasor israelí, que apuntaban a matar incluso rematar en el suelo si veían a un palestino, hombre, mujer, niño o animal doméstico, moverse entre las ruinas o a la luz de una vela a través de una ventana? ¿Quién les iba a decir que nadie iría en su ayuda?

No hubieran creído nunca que ningún país de la Unión Europea, mIembros de Naciones Unidas, cascos azules o países vecinos, no actuarían de inmediato y solucionarían o plantarían cara a los ataques sionistas, ya que ellos, los gazatíes no tenían ningún ejercito o fuerza disuasoria, menos aún, por no tener no tenían ni un ministerio de defensa.

¿Quién les podría haber augurado una existencia a la intemperie, bajo la lluvia y el viento, sobre la tierra y el barro, cercados por un ejercito asesino, atormentados por la precariedad de una vida inhumana junto a sus padres, tíos, primos, niños, bebés y abuelos?

© WFP/Maxime Le Lijour

Algunos se han quedado huérfanos de padres, hermanos, sin sus hijos ni un miembro de la familia. Ellos, los palestinos que han tenido la suerte de sobrevivir al genocidio, no tienen expectativas de una vida mejor, no escuchan la llegada de barcos con ayuda de los países que se extienden a los largo y ancho del Mediterráneo, un mar de relaciones entre países que igual que Gaza, ve desde hace siglos bañadas sus costas por el mismo mar, la misma espuma al romper las olas, con idéntica vida de fauna marina, con el mismo color de piel más o menos morena que en el interior de Europa o más clara que en el interior de Oriente Medio y África.

En el mismo Gaza hay otros 70.000 o quizás 200.000 o más seres humanos asesinados, muertos y desaparecidos; ellos ya no pueden sufrir las inclemencias del tiempo o las restricciones de alimentos, por la falta de comodidades, la ausencia de asistencia sanitaria. Levantando escuelas donde poder enseñar a leer y escribir o hacer cuentas a los niños tapados con mantas, sentaditos entre las ruinas, a medio tapar el techo, al aire libre, sin salubridad que asegure que no hay epidemias, infecciones, malos olores y falta de higiene. Muchos vecinos, familiares y amigos están sepultados bajo la tierra, ahora convertido en un mar de lodo, en profundas fosas repletas de hileras de miles de cadáveres.

Rotas las vidas, desilachadas las ilusiones entre el polvo y desgarradores fragmentos de lo que un día fue un hogar. Hoy ni si quiera los vivos pueden guardar alguna foto como recuerdo de los que se han ido para siempre asesinados sin saber porqué unos sádicos bárbaros imperialistas, los han ejecutado.

Los palestinos tienen un único objetivo, sobrevivir, ahora y hasta no se sabe cuando, no tienen otros objetivos. Han perdido su identidad sus ilusiones y proyectos. Para los agresores militares ejecutores que utilizan el terror con violencia extrema que desemboca en un odio destructor, asesinar niños y mujeres, gente inocente, a todo aquél que pillan desprevenido, ocultos entre las paredes de lo que fueron sus hogares, hoy edificios en ruinas, semiderruidos, intentando mantener el calor agazapados entre las ruinas, sin electricidad ni gas, sin agua potable, sin techo, suelo sin barro, sin donde almacenar los alimentos si es que ese día tienen algo para comer, para los sionistas, ejercito y colonos, atacar a los palestinos, maltratarlas o sencillamente dispararles, se ha convertido en una diversión psicópata y genocida.

¿Cuantos cuerpos o restos humanos yacen descompuestos, triturados, bajo toneladas de escombros? Nadie lo sabe ni hay un archivo en el Ayuntamiento que eche en falta esos nombres de miles de familias. No existen ni Ayuntamiento, registro, ni archivos, todo se ha quemado, destruido, no queda nada, es como si nunca hubieran existido, se han borrado para siempre sus nombres y apellidos, fotos, descendencia y ascendencia. Es un Holocausto. Familias enteras destruidas que nunca volverán a celebrar nada.

Es triste decirlo, es muy triste desear en las últimas Navidades, en este año 2025, cada día más horrible e injusto mundo: FELICES FIESTAS.

⇒ Palestina en LoQueSomos

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