ASEAN + China + Corea del Sur + Japón: primer mercado mundial, por delante de EEUU
Por François Vadrot et Fausto Giudice*
El 2 de febrero apareció un artículo en el diario económico singapurense The Business Times que nos parece merecer especial atención. Por eso decidimos hacer un breve comentario y una traducción como anexo1. Este diario es una referencia en el Sudeste Asiático, históricamente cercano a los ámbitos financieros, industriales e institucionales de la región.
Los autores del artículo, Dong He (economista jefe) y Allen Ng (economista principal), son miembros de la *ASEAN+3 Macroeconomic Research Office* (AMRO), un organismo intergubernamental creado tras la crisis asiática de 1997-1998 para monitorear los equilibrios macroeconómicos regionales, las vulnerabilidades y los mecanismos de transmisión de shocks. AMRO no es un medio de opinión ni un think tank ideológico: es una institución técnico-macroeconómica, cuyo mandato es ante todo analítico y preventivo.
⇒ Asean+3, not the US, is now the world’s largest market ⇐
Este marco institucional explica el tono deliberadamente sobrio del texto. El artículo no formula ni críticas directas a las políticas occidentales ni proclamas geopolíticas. Se limita a presentar un dato: en 2022, por primera vez, el conjunto ASEAN+3 (Sudeste Asiático más China, Corea del Sur y Japón) superó a Estados Unidos como el principal polo mundial de demanda final, representando un 28% de la demanda global contra un 26% de EEUU. Este resultado se basa en un análisis de valor agregado, que mide no los flujos comerciales brutos, sino el lugar real de absorción final de la producción mundial.
El período de referencia, 2022, merece una aclaración. No es una elección arbitraria, sino una limitación metodológica estructural. Las bases de datos de valor agregado —basadas en matrices insumo-producto internacionales— tienen un desfase de dos a tres años. El año 2022 corresponde así al último dato consolidado disponible a escala regional. El artículo describe entonces un cambio que ya era un hecho en esa fecha, y no una foto en tiempo real de la situación en 2025 o 2026.
Este punto es más importante aún porque el texto está redactado en presente y eso puede malinterpretarse. El artículo no sostiene que el ASEAN+3 se haya convertido recientemente en el primer mercado mundial, sino que ese umbral se cruzó en 2022 y que la estructura de la economía mundial queda modificada de manera duradera. Desde entonces, ningún indicador disponible sugiere una inversión de la tendencia. La demanda china se desaceleró en volumen, pero la demanda regional —impulsada sobre todo por la ASEAN— se amplió. El comercio intraasiático sigue creciendo en valor relativo. Los ciclos económicos asiáticos están cada vez más sincronizados entre sí, y relativamente menos dependientes de los shocks occidentales.
Este diagnóstico aporta una perspectiva útil sobre la política de tarifas de Donald Trump, relanzada desde su regreso al poder. Esta política se basa en una hipótesis implícita: el mercado estadounidense seguiría siendo el centro de gravedad indispensable de la economía mundial, capaz de imponer sus condiciones mediante la presión comercial. Ahora bien, el artículo muestra precisamente que esta hipótesis ya está parcialmente obsoleta. Asia Oriental ya no depende prioritariamente del consumidor estadounidense; produce y absorbe una parte creciente de su propia producción, dentro de un sistema regional cada vez más integrado.
La Unión Europea, por su parte, da la impresión de estar atrapada en una vacilación estratégica. Oscila entre una tentación proteccionista vía impuestos —sin una coherencia industrial común— y una huida hacia adelante en acuerdos de libre comercio (Mercosur, India), que supuestamente compensarían la pérdida relativa de centralidad de sus mercados. Pero estas dos opciones chocan con un doble callejón sin salida. Políticamente, la UE ni siquiera es capaz de cerrar el acuerdo con el Mercosur, por falta de consenso interno. Estratégicamente, el acuerdo con la India, analizado fuera del foco mediático europeo, no juega a su favor: la India ya no es un mercado cautivo a la espera de apertura y ahora negocia desde una posición de fuerza relativa. Esta dificultad europea proviene precisamente de lo que revela el artículo: los socios exteriores ya no están “de rodillas”, porque el centro de gravedad de la demanda mundial se desplazó fuera del Atlántico.
Este re-anclaje de la demanda mundial tiene implicaciones políticas, comerciales y estratégicas que el equipo de Donald Trump, a través de su armisticio comercial con China el otoño pasado y sus sucesivos cambios de postura sobre los aranceles, parece empezar a medir. La Unión Europea, en cambio, da la imagen de un barco sin motor, arrastrado por una corriente que no logra ni torcer ni dominar.
⇒ Asean+3, not the US, is now the world’s largest market ⇐
ASEAN+3, y no Estados Unidos, es ahora el mayor mercado mundial
Los aranceles impuestos por Estados Unidos el año pasado reactivaron un relato conocido: las economías asiáticas dependientes de las exportaciones enfrentarían una amenaza existencial cuando el consumidor estadounidense reduce su gasto.
Según esta narrativa, ASEAN+3 —China, Japón, Corea del Sur y la ASEAN— seguiría siendo básicamente una fábrica al servicio del consumo occidental, vulnerable a cualquier interrupción de la demanda proveniente de las economías avanzadas.
Ese relato hoy está desactualizado. La estructura de la economía global cambió de formas que el análisis convencional tardó en reconocer. ASEAN+3 ya no es solamente la fábrica del mundo. Se ha convertido en el mayor mercado mundial.
En 2022, la región representó el 28 % de la demanda final global, superando a Estados Unidos con 26 %, según un análisis en valor agregado que rastrea los destinos finales de la demanda y no solo los cruces fronterizos.
No se trata de una curiosidad estadística. Refleja una reorganización fundamental del lugar donde la producción global es finalmente absorbida.
Hace dos décadas, casi un tercio de las exportaciones de ASEAN+3 destinadas a la demanda final iban a Estados Unidos. En 2022, esa proporción cayó al 20 %, mientras que la demanda intra-regional se acerca al 30 %. Asia produce cada vez más para sí misma.
Un ASEAN+3 más anclado regionalmente
China está en el centro de esta transformación. Las estadísticas comerciales tradicionales tienden a subestimar su rol como mercado consumidor, ya que gran parte de lo que compran los hogares chinos se ensambla localmente a partir de insumos importados. El análisis en valor agregado corrige esta distorsión y muestra a China como un destino clave de la demanda final, no solo como una estación de paso.
La escala del consumo chino es decisiva. En el sector automotor, China es hoy el mayor mercado del mundo, con casi un tercio de las ventas globales de vehículos —más que Estados Unidos y la Unión Europea juntos— y lidera la adopción de vehículos eléctricos, reconfigurando las cadenas de suministro desde las baterías hasta los semiconductores. En smartphones, concentra más de una quinta parte de los usuarios mundiales, alrededor de cuatro veces la cuota estadounidense.
Estos ejemplos explican por qué las cadenas regionales de suministro se reorientaron. En múltiples categorías, la posición de China como mercado final dejó de ser marginal para volverse central, influyendo directamente en las decisiones productivas en toda la región.
Hace veinte años, Japón era el eje de las redes productivas asiáticas. Hoy ese rol lo ocupa China, no solo como centro manufacturero, sino también como fuente de demanda final, atrayendo hacia sí a las cadenas regionales.
Cuando un fabricante de chips surcoreano o un proveedor japonés decide dónde producir, cada vez piensa más en la cercanía a los consumidores chinos y no únicamente en las fábricas chinas.
Japón envía hoy más de cuatro veces más autopartes a China que a Estados Unidos y la Unión Europea combinados. Casi la mitad de las exportaciones intermedias electrónicas de ASEAN+3 se dirigen a China. Esos bienes ingresan como componentes, pero el comprador final suele ser un hogar chino.
No se trata de una dependencia unidireccional. La relación es mutuamente reforzada: Japón y Corea del Sur aportan insumos tecnológicos avanzados —chips, pantallas, componentes de precisión y equipamiento—; ASEAN contribuye con capacidades de manufactura y ensamblaje intermedio; China aporta escala, creciente sofisticación productiva y una demanda final sustancial.
El resultado es un sistema regional de producción y demanda donde cada parte fortalece a las demás. Otras economías de ASEAN+3 se convirtieron también en las principales fuentes de demanda final para las exportaciones chinas, una interdependencia que distingue a la arquitectura actual de etapas anteriores, cuando la demanda fluía principalmente hacia los mercados occidentales.
ASEAN, con casi 700 millones de consumidores y clases medias en rápida expansión, emerge asimismo como un gran mercado por derecho propio.
Implicaciones para la región
Este cambio estructural tiene consecuencias medibles sobre la propagación de los shocks económicos. Nuestros escenarios muestran que una caída de la demanda interna china afecta hoy al resto de ASEAN+3 cinco veces más que hace dos décadas. En cambio, la sensibilidad a los shocks de demanda de Estados Unidos se redujo relativamente en la mayoría de las economías regionales. Los ciclos económicos están hoy más sincronizados entre sí que con el resto del mundo.
Nada de esto implica inmunidad frente a la política comercial estadounidense. La escalada arancelaria tiene costos reales y los factores globales siguen siendo relevantes. Pero sí indica un nivel de resiliencia que el viejo esquema de “fábrica del mundo para Occidente” no logra explicar.
La base de la demanda regional está hoy más firmemente anclada dentro de la región y menos dependiente de mercados extra-regionales que en cualquier otro momento de las últimas dos décadas.
Para gobiernos y empresas, las implicancias son profundas. Las estrategias basadas exclusivamente en abastecer la demanda occidental deben actualizarse. Las decisiones sobre cadenas de suministro deben incorporar la gravitación del consumo asiático. Y las evaluaciones sobre vulnerabilidad frente a tensiones comerciales deben reconocer que ASEAN+3 construyó algo nuevo: un sistema regional de demanda que combina la escala incomparable del mercado chino, la diversidad y el dinamismo de ASEAN, y la sofisticación tecnológica de Japón y Corea del Sur.
El mapa económico global fue redibujado. En su centro se encuentra ahora ASEAN+3 —no solo como taller del mundo, sino como su mercado más importante.
Nota metodológica. ¿Qué es un análisis en valor agregado?
El análisis en valor agregado no mide los intercambios comerciales a partir de los flujos aduaneros solamente, sino a partir de la demanda final real, es decir, el lugar donde el valor de un bien o servicio es efectivamente consumido.
En las estadísticas comerciales clásicas, un bien se contabiliza de manera integral cada vez que pasa una frontera. Un producto ensamblado en China a partir de componentes japoneses, coreanos y europeos, y luego exportado a Estados Unidos, se registra así como una exportación china a EE.UU. por la totalidad de su valor. Este método sobrestima el rol de los países de ensamblaje y subestima el de los mercados finales.
El análisis en valor agregado corrige esta distorsión. Descompone el valor de un producto según el origen de los insumos y atribuye el valor final al país donde es absorbido, o sea, donde ocurre el consumo o la inversión final. Permite así responder a una pregunta distinta: no quién exporta a quién, sino quién produce para quién.
Aplicado a escala regional, este método muestra que el ASEAN+3 ya no es sólo un espacio de producción orientado hacia Occidente, sino un polo autónomo de demanda final, que absorbe una parte creciente de la producción mundial. Es sobre esta base, y no sobre los flujos comerciales brutos, que se sostiene la afirmación de que el ASEAN+3 se convirtió, ya en 2022, en el primer mercado mundial.
* Publicación original: ASEAN + Chine + Corée du Sud + Japon : premier marché mondial, devant les États-Unis
– Versión en castellano de Fausto Giudice.
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