Cuerda floja

Cuerda floja

Por Francisco Cabanillas

I
Ahora que la vereda se achica, cruzarla es más peligroso que nunca. Cuerda floja; hilo sobre el cual el trumpismo hace caminar a los indocumentados, sobre todo latinos, quienes, si no cruzaran la frontera por necesidad geopolítica, los intereses económicos usamericanos (agricultura, construcción y servicios) los traerían arrastrados por la nariz. A punta de pistola.

Mano de obra clave para el bienestar nacional —¿quién trabaja por menos? — que el frenesí neofascista demoniza (¿pegándose un tiro en el pie?). Cortina de humo que intenta tapar distopías, como la ansiedad ante el poderío creciente de China, los Archivos de Epstein y, de fondo, la cada vez más violentamente desigual distribución de la riqueza nacional. Empobrecimiento. Violencia. Tramoya y cleptocracia. Cacocracia; necropolítica y biopolítica. Exabruptos que el trumpismo dramatiza a quemarropa, mientras lucra en esta segunda y todavía joven presidencia como ningún otro presidente en la historia del país de Chomksy, también vinculado nebulosamente en los susodichos archivos (hoy leí dos breves artículos en Counterpunch, uno de Vijay Prashad y el otro del editor de la revista, Jeffrey St.Clair, en los que mostraban su consternación ante la desgarradora y confusa presencia de Chomsky en el contexto de Epstein).

Tensión. En pleno declive del unilateralismo usamericano, el brote neofascista asoma como una flor de la peste.

El “bumerang imperialista” del que habló hace más de medio siglo Aimé Cesaire, maestro de Fanon, golpea al pueblo usamericano, como ha planteado recientemente el crítico antimperialista estadounidense Chris Hedges en un breve ensayo que termina así: “The machinery of terror, perfected on those we abandoned and betrayed, including the Palestinians in Gaza, is ready for us”/ “La maquinaria del terror, perfeccionada con aquellos que abandonamos y traicionamos, incluidos los palestinos de Gaza, está lista para ser utilizada contra nosotros” (enero, 2026).

Trump trata a sus ciudadanos que resisten su política con la misma violencia que el imperialismo estadounidense ha (mal)tratado a las periferias del sur global.

II
Salto temporal. Brinco estratosférico hacia atrás: del neofascismo trumpista que vivimos hoy como una pesadilla anunciada, al Viejo Testamento. La distancia entre la antigüedad judía y el ahora judeocristiano se achica, acercando dramáticamente a Trump a la figura de Yavé. La violencia y la crueldad protagonizan el acercamiento. Como Trump, Yavé es un ego transaccional: si haces lo que te pide, te recompensa. Si no, te hace mierda.

Desde el Viejo Testamento, Yavé despliega sus dotes transaccionales, trumpistas, demasiado trumpistas, a calzón quitado: o le obedeces y le veneras únicamente a él o, como dicen los mexicanos, te parte la madre. Te destroza a ti y a tu heredad. La ira de Yavé, equivalente al egocentrismo trumpista, desata tempestades. Violencia de un sujeto egocentrado que exige sumisión, docilidad y glorificación incondicional, so pena de sanción vertiginosa.

III
Desde la Argentina, la insensibilidad del presidente anarcocapitalista aporrea a los jubilados, le quita comida a los que menos tienen para comer, se ríe de los que quedan sin trabajo a causa de sus austericidios. En una entrevista televisada, se mofa de los desempleados, asegurándonos que lo único que necesitan hacer es buscar otro trabajo.

La hipótesis del escritor Martín Kohan, expuesta por el periodista de Noticias Juan Luis González, “El goce de Milei es la crueldad,” guarda cierta relación, aunque Trump no fue un niño golpeado por su padre, con el trumpismo:

La crueldad está de moda en la Argentina, cae bien. Milei se regodea con la crueldad que, lejos de ser condenada, es vista como algo aceptable e incluso admirado por algunos sectores” […] Él no concibe a un ser humano como otra cosa que como un productor y un consumidor, que las relaciones sociales son relaciones de beneficio, de oferta y demanda, y que eso es todo en la sociedad. Cualquier otra variable de conducta como el deseo, el placer, el afecto es para él prescindible o engañoso (2024).

En El síntoma de Milei (2025), Hernán Brienza define al anarcocapitalista como “un reaccionario radical, es decir, un sujeto político que quiere borrar la intervención política […] y pretende volver atrás, hacia un pasado inexistente, mediante la violencia política radical.”

IV
Ahora que el Conejo Malo/Bad Bunny ha desafiado a los paramilitares privados del presidente Trump, ICE, en el reciente Grammy Awards del 1 de febrero de 2026, está por verse si, por un lado, el cleptócrata de la Casa Blanca, a quien el antifascista estadounidense Paul Street llama el “cerdo anaranjado” (2019), lo castiga después de su esperado espectáculo de medio tiempo del Super Bowl usamericano este 8 de febrero; o si, por otro lado, en vez de atacar al conejo más famoso de estos tiempos, se venga contra la actual gobernadora trumpista de Puerto Rico, quien, el 2 de febrero, osó felicitar a Bad Bunny por los logros obtenidos en el Grammy Awards en el que la liebre se cagó en la crueldad de ICE, misma que la gobernadora reivindica.

El rapero puertorriqueño Bad Bunny tras ganar el premio al ‘Álbum del Año’ en los Grammy 2026

V
En estos tiempos de tanta brutalidad, ¿conviene releer a César Vallejo o a Pablo Neruda?

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